CÓMO ERA MEXICO ANTES DE LA CONQUISTA

Fusión de dos culturas

Fusión de dos culturas Jorge González Camarena

Introducción

El origen del hombre americano se encuentra fuera del continente. De acuerdo a las investigaciones antropológicas, pobladores provenientes de los actuales territorios de Mongolia, China, Siberia, Japón Corea y personas de más al sur de Asia, llegaron a través de las diferentes migraciones por los territorios congelados de lo que hoy es el Estrecho de Bering. Las mismas investigaciones señalan que estos flujos migratorios iniciaron hace más de 30,000 años en el ultimo periodo glaciar que registraba variaciones o cambios climáticos muchas veces con climas parecidos a los actuales, lo que propició el flujo migratorio cuando todavía era posible hacerlo caminando de continente a continente; posteriormente se dieron probables expediciones náuticas, tanto por lo que hoy es el Océano Pacífico como por el Atlántico, por supuesto en menor escala, de tal manera que desde hace 20,000 [1] años ya existían vestigios claros de la actividad del hombre en América. La historia de la humanidad es la historia de sus migraciones; éstas se han dado siempre por el afán de búsqueda, de superación, muchas veces de supervivencia, y también por la esperanza de poder descubrir y encontrar “la tierra prometida”.

En el espacio americano, el principal desarrollo cultural se da en Mesoamérica [2], la parte central de América; en donde el medio ambiente propició el nacimiento y desarrollo de las culturas que alcanzaron mayor grado de avance, sofisticación y esplendor. (en el sur con los Incas del Perú hubo también un desarrollo importante). Hacia el 1,500 a. C. [3] surge la primer civilización de gran importancia: la olmeca; ésta influye en los zapotecas y en los mayas, influencia que da pie a una simbiosis cultural que involucra principalmente a los huastecos, los teotihuacanos, los toltecas y las culturas del Anáhuac hasta llegar a los mexicas. México-Tenochtitlan, fue fundada por los aztecas en 1325, en esta forma nace teniendo como base un desarrollo cultural ecléctico, alimentado y determinado con la esencia de las culturas mesoamericanas. El fundador de México-Tenochtitlan fue el sacerdote Tenoch, a quien probablemente deba parte de su nombre la gran metrópoli. Después del dominio teocrático de éste, según el consenso de los historiadores y antropólogos especializados en la cultura mexica, el primer señor de los mexicas fue Acamapichtli, un descendiente del “desposeído rey de Culhuacán”, a su vez descendiente directo de la nobleza tolteca; el segundo fue Huitzilihuitl, hijo de Acamapichtli, quien se casa con la hija de Tezozómoc, el señor de los tepanecas, Rey de Azcapotzalco, el más importante y aguerrido del valle de Anáhuac. El tercero fue Chimalpopoca, hijo de Huitzilihuitl y nieto de Tezozómoc. Existe la hipótesis de que posiblemente Chimalpopoca haya sido ejecutado a la muerte de Tezozómoc, su abuelo, por un aparente acto de tibieza o cobardía, frente a Maxtla, su tío, líder de los tepanecas de Azcapotzalco.

Como sucesor de Chimalpopoca sube al trono Izcóatl, hijo de Acamapichtli, y, aconsejado por Tlacaelel —un personaje de gran influencia política entre los mexicas— establece lo que sería el principio de la consolidación de la hegemonía del Imperio Mexica: la Triple Alianza, conformada con Netzahualcóyotl, de Texcoco, y Totoquihuatzin, de Tlacopan. Izcóatl es sucedido por Moctezuma Ilhuicamina, quien también, ayudado y asesorado por Tlacaelel, consolida la hegemonía mexica en el valle, lo que más tarde haría surgir al imperio mexica. Le sigue su nieto Axayácatl, gran conquistador que manda labrar la Piedra del Sol (El llamado Calendario Azteca) para la inauguración del Templo Mayor. Le sucede su hermano Tizoc. Posteriormente sube al trono el hermano de ambos, Ahuitzotl, héroe de mil batallas. Él es quien expande a su mayor extensión el imperio mexica, al cubrir propiamente casi todo Mesoamérica. Este es sucedido por su sobrino Moctezuma Xocoyotzin, hijo de Axayácatl.

Cuando Moctezuma Xocoyotzin muere [4] por una lesión en el cráneo ocasionada por un guijarro lanzado con gran fuerza desde una de las hondas de su propia gente, lo sucede su hermano Cuitláhuac, quien muere contagiado de viruela, padecimiento que, junto con el tifo, la tosferina y el sarampión, fue una de las terribles plagas que llevaron consigo los conquistadores a América y contra las cuales los organismos de los indígenas no tenían defensas. Cuitláhuac previamente se había declarado en franca rebelión contra los españoles y su propio hermano. Cuando muere Cuitláhuac, los nobles eligen al hijo del gran Ahuitzotl: a Cuauhtémoc (águila que desciende), último emperador mexica, cuyo significado de su nombre fue un presagio del fin que tendrían él mismo y su imperio. En seguida revisaremos con más detenimiento este proceso hasta la conquista.

LOS OLMECAS

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Si nos trasladamos en el pasado hasta 1,500 años a. C., podríamos asistir, en medio de la exuberancia de las selvas tropicales de México, en lo que hoy son los estados de Veracruz y Tabasco, al nacimiento de la cultura madre en Mesoamérica: los olmecas, “habitantes de la región del hule”, talladores escultóricos de grandes piedras basálticas monolíticas, productores de cerámica tanto ritual simbólica como de uso práctico y cotidiano, e iniciadores de la teología y cosmogonía mesoamericanas. La belleza y elegancia del monarca de la selva americana; el jaguar, quedó inmortalizada en su teogonía, sus diseños relacionados con este precioso animal, tales como la cabeza, manchas, belfos y garras, los encontramos en su espacio de influencia cultural por todo Mesoamérica. El juego de pelota y su arquitectura monumental, que se desarrolla en forma espléndida, continuaría en las culturas mesoamericanas posteriores pero tuvo su origen entre los olmecas, en donde hábiles jugadores golpeaban la pelota de hule macizo en un juego ritual, utilizando sólo las articulaciones, hasta pasarla por el aro de piedra labrada dispuesto en un muro. La influencia del mundo olmeca se extendió por toda Mesoamérica, desde un océano al otro y desde el Altiplano hasta Centroamérica; esto conforma ya una verdadera cultura, con importantes asentamientos como La Venta, San Lorenzo, Tres Zapotes, Laguna de los Cerros, en Veracruz y Tabasco, entre los más importantes centros ceremoniales, extendiendo su influencia y alimentando a otras culturas que la sucedieron en forma inmediata, casi en paralelo, como la zapoteca y la maya.

Los grandes monolitos de piedra basáltica, las misteriosas cabezas olmecas, son mudos testigos de esta importante cultura que surge en lo feraz de la selva mexicana, se extiende vigorosamente por todo Mesoamérica, dejando su huella impresa con la creación de grandes conocimientos para el mundo americano, tales como la numeración, el calendario, la escritura jeroglífica. Fueron los olmecas los primeros en tallar el jade y las piedras verdes, iniciaron el sistema de estelas como pétreos heraldos de acontecimientos importantes y deidades cosmogónicas, dejaron el jaguar, la víbora de cascabel y la serpiente acuática como deidades relacionadas con la tierra y la lluvia, además de que se puede afirmar que son los iniciadores de la cultura del maíz en América y en el mundo. Como presagio de algo parecido a lo que más tarde se daría en Europa con el coliseo romano, algunas lápidas de Izapa quedaron grabadas con la decapitación de jugadores derrotados en el juego de pelota, costumbre iniciada por los olmecas. El concepto de Atlante, que posteriormente encontramos en las culturas tolteca y maya, surgió originalmente entre los olmecas. Este pueblo conocía la navegación fluvial y marítima, que practicaban en la región del Pánuco y en los ríos y costas de Mesoamérica, aunque a nivel rudimentario, relativamente hablando, si la queremos comparar con las llamadas, un poco exageradamente, “talasocracias” del Mediterráneo (por ejemplo la cretense, su contemporánea).

Los olmecas tenían profunda veneración por la naturaleza y celebraban ceremonias agrícolas rindiendo culto al maíz, además de que fueron los iniciadores del culto a los muertos. Durante casi mil años, ésta cultura madre prevalece en Mesoamérica, mientras dominaba y ejercía su hegemonía guerrera y cultural sobre los otros pueblos. Los olmecas Logran su apogeo probablemente en el 1200 a. C., con su expansión por todo Mesoamérica y la construcción de importantes centros ceremoniales, y sobre todo con la amplia difusión de su cultura, que comprende vastos conocimientos científicos, como la observación y registro de la mecánica celeste, la astronomía aplicada a la agricultura, la numeración, la herbolaria medicinal, la expresión artística y religiosa, y el uso y manejo del poder político. En el centro ceremonial de La Venta, en los límites de los estados de Veracruz y Tabasco, situado originalmente en una isla rodeada por el Río Tonal, se observaba la planificación de los espacios con referencia a un eje norte-sur, que después se va a repetir como una constante en el trazo de los centros ceremoniales de las culturas posteriores durante casi tres mil años. Aquí se empieza a manejar por primera vez el talud corto en los montículos de tierra y barro, y también se utilizan columnas monolíticas de basalto, aunque en este caso probablemente para delimitar el patio ceremonial relativamente hundido con relación a los otros basamentos.

Los olmecas practican la deformación craneana, misma que adoptarían los mayas, y la perforación en los dientes, tal vez como elementos de distinción de castas. En las cuevas de Juxtlahuaca y Oxtotitlán, en Guerrero, se encuentran pinturas con símbolos religiosos de la cultura olmeca, como el jaguar y la serpiente. La pintura mural tendrá desde los olmecas un magnífico desarrollo en las diferentes y subsecuentes culturas, con gran expresión de arte poli cromático descriptivo y representativo de deidades, monarcas, personajes y acontecimientos con situaciones o actos trascendentes. Aproximadamente en el año 600 a. C., con el declive de La Venta, se sitúa también la decadencia de los olmecas. Todavía la antropología no ha podido dar respuesta a muchas interrogantes sobre los orígenes de los autores de esta primera gran cultura mesoamericana. De lo que estamos seguros es de que estos habitantes de la región del hule, a través de muchas generaciones, durante más de mil años, extendieron su influencia cultural y política por todo el ámbito mesoamericano, y de que fue esta civilización, junto con la teotihuacana y la mexica, las que logran llevar su influencia a toda Mesoamérica y dejaron su impronta cultural grabada durante un largo proceso que abarca más de tres mil años.

El trópico entrañable
sostiene en carne viva la belleza
de Dios. La tierra, el agua, el aire, el fuego,
al Sur, al Norte, al Este, y al Oeste
concentran las semillas esenciales
el cielo de sorpresas la desnudez intacta de las hora
y el ruido de las vastas soledades.[5]

LOS ZAPOTECAS

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La cultura zapoteca surge en el 900 a.C. y empieza a florecer en el Valle de Oaxaca, entre los años 800 y 500 a. C. La acrópolis de Monte Albán es una de sus grandes expresiones urbanas. La gran aportación de la cultura zapoteca a las culturas mesoamericanas fue la edificación de la arquitectura en piedra y el tratamiento de edificios y espacios abiertos con grandes extensiones de escaleras, formando grandes plazas (la de Monte Albán tiene 60,000 m2), o explanadas en nivel inferior que nos recuerdan la plaza hundida del centro ceremonial de los olmecas en La Venta. En la acrópolis de Monte Albán, en su centro ceremonial; los espacios están dispuestos siguiendo un eje norte-sur; en las lápidas de “Los Danzantes”, el primer edificio importante de la acrópolis, se observa una escritura jeroglífica que poco a poco irá perfeccionándose. Las bases del calendario, que servirían posteriormente para un desarrollo mucho más sofisticado en las culturas subsecuentes, entre ellas la maya; también podrían considerarse como aportaciones zapotecas. Monte Albán se logró desarrollar como una acrópolis ceremonial, política y urbana cuya construcción sólo pudo realizarse gracias a un gran poder hegemónico que sojuzgara a otros pueblos tributarios, esto lo comprendemos mejor si consideramos la ubicación de difícil acceso a la extensión de ciudad en la acrópolis con grandes templos, la carencia de agua y la necesidad de nivelación de la cúspide para la construcción, lo que debió implicar una actividad portentosa.

Esta civilización ejerció su dominio sobre grandes territorios de Mesoamérica, en donde podemos observar su influencia cultural. La ciudad llegó a tener miles de habitantes, probablemente miembros de la aristocracia y sus séquitos de servidumbre, dándole así gran relevancia al sitio en donde celebraban rituales con gran esplendor; los habitantes de la acrópolis, acentuaban más su poder hegemónico con el dominio visual que desde la ciudad tenían sobre el hermoso valle de Oaxaca. Sus pinturas murales nos hablan de un pasado místico y teocrático espléndido.

La acrópolis esta situada a 2,000 metros sobre el nivel del mar, los zapotecas la destinaron, en un principio como centro de resguardo estratégico para su asentamiento inicial aristocrático cuando había poca población, y posteriormente, con el florecimiento de su cultura le otorgaron un carácter ceremonial y mortuorio destinado a los grandes señores zapotecas, a quienes se les edificaron tumbas a través del tiempo. Es de suponerse también que los zapotecas desarrollaron una importante actividad económica, principalmente practicando la agricultura en las fértiles tierras del valle de Oaxaca, en donde utilizaron los primeros sistemas de riego canalizado aplicados a la producción agrícola heredados de la cultura olmeca, en forma más rudimentaria; convirtiéndose éstos ahora en una aportación más a la ciencia agrícola mesoamericana. La investigación arqueológica ha dividido en cuatro etapas el desarrollo de la cultura zapoteca en Monte Albán, para su estudio, llamándole, Monte Albán 1, Monte Albán 2, Monte Albán 3.A, y Monte Albán 3.B. Estas etapas abarcan mil ochocientos años, desde el 900 a.C. hasta el 900 d.C. La cultura zapoteca prevalece durante este tiempo, y transmite la influencia olmeca y la suya propia a las culturas del Golfo, del Altiplano y del Occidente, principalmente, hasta que en el siglo IX de nuestra era Monte Albán fue ocupada por los mixtecos, quienes limitaron el uso de la acrópolis, en forma exclusiva, a necrópolis.

En Izapa, Chiapas, 200 años a. C., y durante 400 años, se desarrollaría una cultura que podríamos considerar como de transición entre la olmeca y la maya. En esta zona “se desarrolla un estilo escultórico en el que sobresalen las lápidas con bajorrelieves, a veces asociadas con altares (zoomorfos) colocados al frente de la plataforma de los centros ceremoniales, costumbre que seguirá con las estelas mayas. En estas lápidas predominan las escenas costumbristas y religiosas sin inscripciones calendarias ni jeroglíficas, pero llenas de simbolismo y conceptos que luego encontramos en culturas más avanzadas.

Además la cultura de Izapa cuenta con una cerámica del período llamado protoclásico, en la que no faltan rasgos como los soportes mamiformes, las vertederas, las molduras, etc. Se hayan también vasijas cubiertas por una capa de estuco, pintadas en colores rosa, amarillo y azul más que bellas, piezas antropomorfas vigorosamente realistas que indican el dominio de la artesanía.”[6] La escultura expresada en sus lápidas muestra rasgos definitivamente olmecas y algunos que posteriormente se desarrollaron plenamente en la cultura maya, como es el caso de las estelas. Es importante hacer notar que quizás, por primera vez, aparece aquí el monstruo de la tierra; el lagarto Cipactli.

LOS MAYAS

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La cultura del maíz, iniciada por los primeros pobladores de América y por los olmecas, en forma ya sistemática, fue reforzada y continuada por los mayas. La infinita proliferación en el tiempo (durante más de 1,800 años) y en el espacio (más de 300,000 km2) de la exquisita arquitectura de sus centros ceremoniales, con sus magníficos edificios hechos con piedra labrada, soberbiamente diseñados, urbanísticamente bien planificados e inteligentemente integrados al medio ambiente natural, dotados de una gran riqueza espacial y de una armonía que refleja belleza en sus conjuntos, establece un precedente histórico en América y el mundo. El urbanismo y la arquitectura Maya reflejan físicamente las características superiores de esta cultura que supo conjugar el conocimiento científico, la técnica matemática, la astronomía, el conocimiento sensible en expresión de lo bello y su cosmogonía, nacida tanto de la herencia cultural olmeca y zapoteca como de sus propias concepciones, producto de la observación de los fenómenos naturales mediante el profundo conocimiento de la astronomía, (llegaron a calcular el mes lunar sinódico en 29.5 días) y de su propia manera de interpretar la realidad. Esta civilización de gran expresión literaria como el Chilam Blam y el Popol Vuh, debió haber dominado además; el arte de la política, de la guerra y de la administración de grandes territorios. Los mayas desarrollaron el sistema de numeración vigesimal, aplicándolo a sus calendarios mediante ciclos astronómicos y rituales; ellos utilizaban dos tipos de calendarios: el solar, de 365 días de duración (haab’), y el ritual, de 13 veintenas, (260 días) (tzolk’in). Ambos calendarios se combinaban a través de la Rueda calendárica de 52 años que posteriormente daría lugar a los ciclos rituales de las culturas posteriores y del Fuego nuevo que practicaban los mexicas a la llegada de los españoles.

Uaxactún (en el Petén guatemalteco), es uno de los centros ceremoniales más antiguos de la cultura maya, se remonta a unos 200 años a.C. con una posible influencia de Monte Albán. En esta región del Petén, en Guatemala, proliferan los asentamientos y centros ceremoniales mayas, de los cuales se deriva tal vez uno de los más importantes: Tikal, que data de aproximadamente 250 años d.C. Aquí se desarrolla con el tiempo una soberbia arquitectura que podemos apreciar actualmente en sus restos arqueológicos.

Entre los años 500 y 900 d.C. es cuando se produce el florecimiento máximo de la cultura maya. El inicio, ya como una cultura superior perfectamente estructurada; lo podemos situar entre 300 y 200 años a.C., ubicando simbólicamente su final en 1521, con la derrota del imperio mexica y el dominio del imperio español. Cabe señalar que en esta fecha se da el término de todas las culturas que prevalecían en Mesoamérica antes del arribo de los españoles, por el avasallamiento y la destrucción material y documental, increíblemente llevados a cabo por el conquistador como sistema. En el Chilam Blam de Maní hay una profecía sobre la llegada de los conquistadores españoles: en las postrimerías del k’atún trece Ajaw “será arrollado el Itza y rodará Tancah”, describiéndose a los extranjeros como ‘huéspedes barbados’ que vienen del oriente y en cuyas palabras ‘no hay verdad’ [7] . Profecía o no, la mentira fue una de sus aportaciones.

La cultura maya alcanzó arquitectónica y urbanísticamente una producción infinita de gran calidad; sus grandes centros ceremoniales y espléndidos templos construidos en piedra labrada, son restos que pueden admirarse en la actualidad además de Tikal, en Palenque, Uxmal, Chichén-Itzá y Tulum , entre muchos otros. Existen cientos de sitios arqueológicos más, aún inexplorados. El juego de pelota, los espléndidos espacios exteriores de gran armonía con templos y edificios, el empleo científico de la astronomía y de la numeración que utiliza el concepto del cero [8]. Todo esto hace de los mayas una de las civilizaciones más sofisticadas de la antigüedad. En la cuenca del río Usumacinta encontramos ciudades como Piedras Negras, Yaxchilán, cuya edificación aprovecha los accidentes del terreno para crear una sucesión de explanadas y acrópolis. Palenque, a 100 Km. de Yaxchilán, tiene un emplazamiento excepcional, situado en las primeras estribaciones de la Sierra de Chiapas, desde donde se dominan las ricas tierras de Tabasco, que también fueron cultivadas por los mayas.

En Palenque, como en Izapa, Chiapas, en lugar de estelas se tienen lápidas esculpidas delicadamente en alto relieve. Una de estas lápidas, de belleza y simbolismo excepcional, es la de la tapa del sarcófago del Templo de las Inscripciones. [9] Esta lápida es un bloque sólido de 3.79 m de largo por 2.20 de ancho y 25 cm de espesor. Representa al rey Pecal (que es quien estaba dentro del sarcófago) después de su muerte y su paso por los tres mundos de los mayas (inframundo, mundo de los vivos y mundo superior o firmamento). Es una lápida ricamente labrada, rematada por un pájaro-serpiente, con un árbol de Ceiba en forma de cruz, aderezado en sus extremos por crótalos de la serpiente tradicional y característica de la mitología mesoamericana. En Palenque existe una proliferación importante de templos y mausoleos como el de las Inscripciones. Paul Gendrop [10] nos dice: “aquí es donde se da una revolución en la arquitectura maya, la concepción de un tipo de edificios de doble crujía.” El arte maya presenta varias corrientes estilísticas; podríamos mencionar la de Puuc, la del Río Bec y la de los Chenes, lo cual le da una gran variedad de expresiones a la cultura maya y demuestra una cierta sofisticación y refinamiento en su arquitectura y desarrollo urbano, sobre todo en sus centros ceremoniales. Algunos de ellos como Etzná, Labná y Kabáh son ejemplo de ello. Éste último posee un gran arco carente de adornos situado a la orilla de la ciudad para marcar el paso al sacabe o calzada que une a Kabáh con Uxmal, que es otro centro con edificios de magnifica expresión urbana y una refinada arquitectura, entre ellos, el impresionante Cuadrángulo de las Monjas, o la Pirámide del Adivino. Aquí existe una sensación de mesura y orden propia del estilo Puuc, no carente de cierta exuberancia.

Dentro del proceso simbiótico de alimentación y retroalimentación que se dio entre las diferentes civilizaciones mesoamericanas en el siglo XI de nuestra era, la cultura maya recibe los nuevos alientos de otra casi en extinción, la tolteca, cuya impronta ha quedado plasmada en la gran Chichén-Itzá, con infinidad de templos y edificios como el Templo de Kukulkán principalmente, en donde se encuentra el sello mágico del Quetzalcóatl agonizante y redivivo, la deidad tolteca llamada Chac Mool y el jaguar en forma de trono. La exuberante arquitectura de Chichén Itzá, con el Templo de las Mil Columnas, similar al de Tula, el magnífico juego de pelota, la orientación de la pirámide de Kukulkán, para lograr el efecto visual de descenso de la serpiente a través de las sombras proyectadas sobre las alfardas de la escalinata durante los equinoccios y efectos del sol también en los solsticios, la estructuración urbana y la exaltación de sus edificios en el marco de la selva yucateca, con la inconfundible impronta tolteca, nos plantea enigmas indescifrables. La antigua Chichén –Itzá, con influencia del Río Bec, Chenes y Puuc, imprime un renacimiento con la venida de los itzaes y se establece un nuevo estilo maya-tolteca único, que se distingue de la tradición arquitectónica maya anterior.

Mayapán, en la parte septentrional de la Península de Yucatán; sigue reteniendo el control político hasta 1460 y representa la decadencia de la cultura maya. Sin embargo, dentro de esta decadencia, como dice Paul Gendrop, se da un ejemplo brillante y alegre, tal vez por su medio ambiente; Tulum fue un importante puerto comercial maya en el Caribe y probablemente uno de los primeros vestigios de la cultura maya vistos por los españoles en 1518 en la expedición de Grijalva: “Tulum representa una silueta alegre y se organiza en un conjunto armonioso que la selva rodea en tres de sus costados, mientras que en el cuarto son bañados sus acantilados por las aguas color turquesa del Mar Caribe”, con playas de blancas arenas, pobladas de hermosas palmeras que al ritmo del paso del viento; arrullan a este bello conjunto.

TEOTIHUACÁN

En idioma náhuatl, Anáhuac significa cerca del agua. Con este nombre se conocía al Valle que comprendía a las riberas del gran lago compuesto por muchos cuerpos lacustres que llevaban diferentes nombres: Chalco, Xochimilco, Texcoco, Xaltocán y Zumpango. Juntos formaban una gran superficie lacustre, de agua dulce en algunas partes, y salobre en otras, rodeada de una agradable y variada vegetación con un clima de eterna primavera, sin duda el lugar más agradable y bello del Valle de México en el Altiplano. “La región más transparente del aire”, como sería llamada por Alfonso Reyes en el siglo XX. Cien años antes de Cristo Surge un asentamiento humano al nororiente del Valle de Anáhuac, lo que después sería Teotihuacán. Si bien las riberas del Lago de Texcoco no estaban lejos, los pobladores del asentamiento escogieron este lugar por la abundancia de manantiales que garantizaban durante todo el año la permanencia de aguas puras y cristalinas que además potencialmente podían regar una extensa plataforma de ricas tierras aluviales buenas para la agricultura. Las montañas circundantes propiciaban el abasto de madera y leña, y existían en el lugar; importantes yacimientos de obsidiana utilizada para la fabricación de instrumental cortante y en abundancia piedra caliza, tezontle y alabastro. Con una temperatura media templada, el lugar era espléndido, sólo superado por las riberas del sur y del poniente del valle, en donde abundaban también los manantiales y el agua del lago era dulce.

Al sur del Anáhuac, y desde mediados del primer milenio a. C., se desarrollaron varios asentamientos humanos como Tlapacoya, Copilco y Cuicuilco entre otros, con influencia olmeca y zapoteca que debieron acumular durante siglos un importante acervo cultural. Cuicuilco llegó a tener un importante centro ceremonial en donde uno de sus templos está construido a base de plataformas circulares, en talud de piedra acomodada, con una escalera central y alfardas. La base de este templo circular es de aproximadamente 150 metros de diámetro. Actualmente se pueden observar sus vestigios al sur de Ciudad Universitaria, en la Ciudad de México.

Con relación al origen de Teotihuacán es de considerarse como muy posible la siguiente hipótesis: con las erupciones del volcán Xitle, que comienzan aproximadamente en el 50 a.C. y terminan a mediados del siglo I, los habitantes del Anáhuac cercanos al volcán, entre ellos los de Cuicuilco, que invadidos por el torrente de lava, atemorizados por las continuas erupciones y por el avance de la masa ígnea incandescente, que en algunas partes cubrió totalmente las poblaciones; debieron haber buscado refugio en el lado nororiente del valle y; Su migración implicó una importante aportación cultural para aquel asentamiento que más tarde sería Teotihuacán, la ciudad más grande e importante del Altiplano y posiblemente de Mesoamérica.

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A partir del inicio de la era cristiana se consolida la cultura teotihuacana, que prevalece durante casi 750 años, imponiendo su hegemonía tanto teocrática como guerrera a las civilizaciones circundantes, tales como la totonaca, la huasteca, las del Valle del Anáhuac, de Tlaxcala, y a los pueblos llamados chichimecas, así como a los principales reinos de Mesoamérica, aun a los más alejados como los mayas. Al convertirse Teotihuacán en un verdadero imperio, sostiene una red tributaria que hace posible la edificación de su grandeza y la transmisión del conocimiento y la riqueza cultural que llegaron a poseer. Pero un imperio no se puede descuidar, porque los pueblos dominados acaban con el imperio que los dominó, lo cual seguramente sucedió durante el declive de esta gran cultura, a la que los mexicas, casi mil años después de su apogeo cultural, calificarían como: la cuna de los dioses, el origen de Quetzalcóatl, de los Macehuales y de la cultura con la cual se inició el Quinto Sol. Fueron los mexicas quienes la llamaron Teotihuacán; la “Ciudad de los Dioses”. Así como los romanos tomaron de la Grecia de Alejandro de Macedonia la inspiración para el diseño de su imperio, así probablemente los mexicas se inspiraron también en los teotihuacanos para la construcción del imperio mexica de la Gran Tenochtitlán.

La influencia recíproca de las culturas mesoamericanas se hace patente en aquellas que surgen a principios de la era cristiana, principalmente en la civilización teotihuacana, que deja ver su impronta proveniente de la cultura zapoteca y al mismo tiempo influye en Monte Albán, en el soberbio centro ceremonial de la cultura totonaco-huasteca, el Tajín y en las civilizaciones mesoamericanas anteriores y posteriores como la maya. Una prueba de esto es el uso del tablero y el talud en la arquitectura de sus templos, el cual se generaliza a partir de la cultura teotihuacana en todo Mesoamérica; de igual forma, aunque no es factible precisarlo, es muy posible que en Teotihuacán se haya consolidado el uso del idioma náhuatl y que, debido a su influencia, se haya generalizado en la mayor parte de Mesoamerica.

Cuando aún era de noche,
cuando aún no había día,
cuando aún no había luz,
se reunieron,
se convocaron los dioses
allá en Teotihuacán.[11]

Grandeza espiritual y una concepción mística y poética, pero también de dominación guerrera, fueron necesarias para crear una gran ciudad Estado como Teotihuacan, capital de un extenso imperio que llevó sus dominios sobre gran parte de los reinos mesoamericanos. Esta cultura y su ciudad reflejan una teogonía que concedía a los dioses proporciones inconmensurables, pero que también reconocía en los hombres el poder físico e intelectual suficiente para expresarse con generosidad en la creación del ámbito terreno, de los dioses y de los hombres, a través de la monumentalidad y la belleza de sus templos y edificios, y en la gran riqueza y presencia de su espacio urbano. “Es frecuente que se imagine a todas las sociedades prehispánicas como tiranías en las que un grupo inmensamente rico sometía a comunidades de productores a un trabajo extenuante con un férreo control político, y ciertamente no eran democracias, pero su estructura interna era más compleja y justa de lo que sugiere el prejuicio.

En Teotihuacan hay datos arqueológicos suficientes para comprender, al menos, cuatro asuntos básicos relacionados con la estratificación social: 1] La base de la sociedad estaba formada por grupos corporativos, a manera de clanes, que adoptaron la forma de barrios urbanos. 2] Estos clanes tenían una diferenciación interna; había algunas familias más ricas que otras. Los conjuntos habitacionales en donde vivían los jefes solían ser algo más amplios y ricos que otros de su mismo barrio. Los restos de los individuos de más alto rango dentro de cada barrio recibían un tratamiento funerario especial. 3] Los barrios de artesanos, agricultores y otros trabajadores contaban con una infraestructura urbana (calles, acceso al mercado, drenaje, vivienda sólida y duradera) que nos impide definirlos como una masa empobrecida. Dicho en otros términos: la vivienda popular urbana en general no era de una calidad sustancialmente distinta de la vivienda de los sectores dirigentes. 4] Efectivamente hay edificios cuya rica decoración mural y amplias habitaciones los delatan como vivienda de una clase noble. Los conjuntos situados al este de la Pirámide de la Luna y al norte de la Pirámide del Sol, parecen haber sido la morada de dirigentes políticos y militares. También hay algunos conjuntos habitacionales que parecen haber albergado a monjes, dedicados por completo a las tareas religiosas.”[12]

La riqueza del espacio exterior, la armonía y magnífica disposición de la estructura urbana, que aprovecha un medio ambiente privilegiado integrándose a él, que lejos de sufrir demérito es exaltado por la acción del hombre, ponen en evidencia características extraordinarias de esta cultura por medio de su urbanismo magnificente y refinado, con gran expresión artística. En la primera etapa de Teotihuacán (0 al 150 d.C.), la ciudad empieza a construirse a lo largo de un eje rector. La traza urbana de Teotihuacan es reticular y siguen el eje Norte-Sur 15° 25’ al Este y una orientación Este-Oeste de 16° 30’ al Sur con una variación 1° 2’ del ángulo recto. Han sido encontrados petroglifos que pudieron haber servido para el trazo de la ciudad, considerándose que éstos datan del principio de la era cristiana. La ciudad se desarrolla al sur del Cerro Gordo, que fue su principal fuente de abasto de agua potable y está situado convenientemente al Norte, con manantiales a un nivel superior al de la ciudad, lo que le daba la posibilidad de conducir por gravedad el agua a todas sus partes. En esta época se construyen la Pirámide del Sol y de la Luna, denominadas así más tarde por los mexicas; la Pirámide del Sol, con una altura aproximada de 63 metros y un basamento cuadrado de aproximadamente 50,600 m2, es el templo más importante del complejo urbano y fue edificado sobre uno de los manantiales existentes. Fue construido originalmente a base de cuatro grandes plataformas en talud recubiertas de piedra, superpuestas una sobre otra con un ángulo aproximado de 47°, aunque en la reconstrucción llevada a cabo a finales del Porfiriato ,por Leopoldo Batres, le hayan resultado cinco plataformas.

La Pirámide de la Luna, en el extremo norte, de menor altura, tiene su cúspide coincidente con la Pirámide del Sol por el declive del terreno. Desde lo alto de las dos pirámides se tiene una magnífica vista, en la lejanía y hacia el sur, aparece el Valle de Anáhuac con su gran lago, que debió conformar desde Teotihuacan un bello paisaje natural digno de los lienzos de José María Velasco, que captaron, más de mil seiscientos años después, la mágica belleza del Valle de México. Algunas versiones de la investigación arqueológica estiman que en la segunda etapa, que va del 150 al 250 d.C., la ciudad inicia su expansión hasta lograr su máxima extensión territorial. La cual seguramente sucede al final de la etapa que va del 250 al 450. Al inicio de este periodo, se construyen la Plaza de la Ciudadela y el Templo de Quetzalcóatl, éste último con tableros ricamente decorados con figuras de gran belleza y policromía, representando cabezas de serpientes con plumas de quetzal y caracoles esculpidos en piedra. Las últimas excavaciones hechas en este templo han revelado la posibilidad de prácticas rituales relacionadas con los sacrificios humanos, realizados desde entonces por los teotihuacanos. De igual forma se han encontrado algunas evidencias que suponen la existencia de incendios en templos y palacios alrededor del 550.

De acuerdo también con la investigación arqueológica, existe una etapa de reconstrucción de la ciudad. Teotihuacán empieza a crecer sobre sí misma; algunos templos son recubiertos por estructuras superpuestas. Esto tal vez suceda al final de su época de esplendor, probablemente a finales del siglo VI, toda vez que los trabajos de restauración, hechos por Manuel Gamio en el Templo de Quetzalcóatl a principios del siglo XX, demostraron que la estructura inferior era superior en calidad y refinamiento escultórico a la superpuesta.

La ciudad de los dioses

La ciudad de los dioses

En el 450, Teotihuacan era ya una ciudad estructurada con conjuntos habitacionales integrados con barrios intercomunicados por calzadas y callejuelas pavimentadas con piedra. En estos barrios no era excepcional encontrar pequeños templos oratorios. No se sabe si los teotihuacanos tuvieron dioses domésticos como los penates de los romanos. En la ciudad existían infinidad de plazas interiores, jardines y palacios; la ciudad contaba con una extensa red para canalizar el agua potable así como las redes adecuadas de alcantarillado que hacían de esta una ciudad limpia y bella, con gran cantidad de jardines y flores variadas. En esa época la ciudad tenía más de 15 km2 de extensión y aproximadamente 65,000 habitantes. Teotihuacan alcanza un máximo esplendor probablemente del año 400 al 600; en ese tiempo, la metrópoli seguramente superaría a los 100,000 habitantes permanentes más una importante población flotante o itinerante; su superficie posiblemente rebasaría las 2,000 hectáreas. Estas cifras son por supuesto aproximadas, pues existen diferentes versiones de diferentes investigadores, pero en promedio y por los hechos, se pueden calcularlas conservadoramente en esta forma. Ya en esta época es de suponerse que tanto la actividad humana, como por supuesto la agrícola, absorbían la mayor parte del agua de los manantiales del Cerro Gordo.

La teotihuacana era una sociedad bien estratificada en diferentes clases; sacerdotes, guerreros, artistas, constructores, artesanos, comerciantes, agricultores, peones, etc. Una sociedad en armonía dedicada a la adoración de los dioses, al dominio de los reinos mesoamericanos, a la producción agrícola, al comercio, a la producción artesanal, al entretenimiento, a la observación de los astros y al disfrute de la gran ciudad por medio de una vida urbana sofisticada y de gran esplendor. Existían barrios especializados e identificados por las diferentes regiones o reinos del imperio. Y por otro lado se encontraban, de manera muy importante y característica de la ciudad, las áreas dedicadas al entrenamiento de guerreros y juegos rituales, como parte importante de la necesidad de sojuzgar y controlar a sus tributarios por medio del poder impuesto por la fuerza.

Una constante en las culturas mesoamericanas fue también la observación sistemática, racional y científica, del movimiento cíclico de los astros y sus efectos en los fenómenos naturales relacionados con la agricultura. En Teotihuacan esto se realizó estimulado por los grandes templos y los puntos o sitios fijos en la cúspide de cada templo, que propiciaban la observación y medición astronómica. Convirtiéndose de esta manera en virtuales observatorios del movimiento celeste. Esto, combinado con el dominio de las matemáticas y el manejo de los calendarios, les proporcionaba una valiosa herramienta científica aplicable a la agricultura y a la prevención de los fenómenos naturales. A partir del 650, y durante un siglo, se da la declinación de la cultura teotihuacana hasta casi su total desaparición en el 750, no sin antes transmitir a las civilizaciones posteriores su influencia cultural expresada en su manera de vida, su agricultura, su teogonía, su concepción cosmogónica de plenitud y grandeza en la vida terrena y de trascendencia superior después de la muerte. La extinción de la influencia teotihuacana en Mesoamérica dio posibilidad al surgimiento y florecimiento de nuevas culturas como la tolteca.

Como una pintura
nos iremos borrando,
como una flor
hemos de secarnos
sobre la tierra,
cual ropaje de plumas
del quetzal, del zacuán,
del azulejo, iremos pereciendo.
Iremos a su casa.

Aún en estrado precioso,
en caja de jade
pueden hallarse ocultos los príncipes:
de modo igual somos, somos mortales,
los hombres, cuatro a cuatro,
todos nos iremos,
todos moriremos en la tierra.

Nadie esmeralda,
nadie oro se volverá,
ni será en la tierra algo que se guarda:
Todos nos iremos
hacia allá igualmente:
nadie quedará, todos han de desaparecer:
de modo igual iremos a su casa [13]

Como herencia de Teotihuacan quedó un valioso legado de múltiples y variadas facetas: su mitología transmitida a las culturas posteriores, su panteón de dioses, el nacimiento de Quetzalcóatl y de la gente del Quinto sol, y el inicio mismo del Quinto Sol. Sus vestigios arquitectónicos, su gran complejo urbano, la calzada de los muertos, sus grandiosas pirámides del Sol y de la Luna, la Ciudadela, el Templo de Quetzalcóatl, el Palacio de Quetzalpapalotl, sus pinturas murales interiores y tantas otras maravillas como sus barrios habitacionales, alimentados de agua potable corriente, convenientemente drenados y generosamente estructurados, sus jardines en floración permanente, su armonía y limpieza urbana y sus calzadas pavimentadas. Y en suma, todo ese gran complejo urbano que debió haber sido en su época de esplendor; una apoteosis de luz y de color bajo un cielo azul añil, expresión física de una gran cultura, con una concepción mística y generosa de la vida y de la muerte, que dejó su impronta indeleble y trascendente en todo Mesoamérica. Como hemos visto, la vocación imperial se dio también en América, aunque con otra concepción mucho más generosa, espiritual, mística y teocrática. Si bien sobre bases similares de expansión guerrera y dominio político, usufructuando mediante el tributo el esfuerzo de los pueblos dominados y, con cargo a ellos, la edificación de la grandeza del imperio.

LOS TOLTECAS

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En el siglo VI de nuestra era, se inicia la decadencia de Teotihuacan. A ciencia cierta no se sabe a qué se debió la extinción de este gran imperio mesoamericano; lo más probable es que los mismos reinos tributarios y las no pocas frecuentes invasiones de chichimecas hayan acabado con la cultura del inicio del Quinto Sol, en su última fase ya debilitado el imperio. Sin embargo la gran cultura transmitió parte importante de su acervo de conocimientos y experiencia a las otras subsecuentes. A finales del 700 de nuestra era, surgen en el Altiplano algunas culturas con características propias, tales como Xochicalco, Cacaxtla, Teotenango, Cholula y principalmente la de los toltecas en Tula. En todas estas se refleja claramente la impronta teotihuacana, tanto en su arquitectura como en su cosmogonía, teogonía y expresión cultural. Xochicalco y Tula destacan con particular importancia por un factor común: la deidad Quetzalcóatl, que posee una dualidad de gran importancia, el Quetzalcóatl como Dios que se reflejó claramente en la cultura teotihuacana, y el Quetzalcóatl que como hombre nace en Xochicalco, en el actual Estado de Morelos, al sudoeste de Cuernavaca; como “Ce-Ácatl Topiltzin”; Ce-Ácatl, el año en que nace, y Topiltzin el nombre.

La tolteca fue una de las grandes culturas mesoamericanas, heredera de la gran riqueza cultural teotihuacana y, con ella, del resto del acervo mesoamericano desde los olmecas. Aparentemente el nombre de tolteca tenía el mismo significado que el de “artista”. Sin duda alguna el arte floreció en Tula distinguiéndose principalmente por el trabajo de la pluma multicolor en pendones y tapices, por la arquitectura y por la escultura que utilizan en sus templos y edificios, con el tablero y el talud como herencia teotihuacana, aunque expresados ahora con características propias y con una manifestación artística de gran policromía bellamente conjugada. Son aportación de los toltecas: las columnas en forma de serpiente con la cabeza en el piso y la cola con los cascabeles del córtalo hacia arriba, y las cariátides llamadas atlantes, labradas en forma cilíndrica, de más de 4 metros de altura y compuestas por 4 cilindros monolíticos perfectamente ensamblados.

La cultura tolteca gira en derredor a la figura de Quetzalcóatl. De acuerdo a la mitología teotihuacana, se creía firmemente que Quetzalcóatl era el que volvería a crear la humanidad. Para esto, los dioses le encargaron bajar a donde estaban guardados los huesos de los hombres: en el Mictlán, lugar de los muertos y morada de Mictlantecuhtli, señor del inframundo. Su propósito era dar vida otra vez a los hombres. El dios de las profundidades, de la muerte, se opone a esta misión y la dificulta grandemente poniéndole varios obstáculos a Quetzalcóatl. Xólotl, su gemelo, lo ayuda a vencer a Mictlantecuhtli y una vez que consigue tener los huesos preciosos de los hombres, se le caen en un agujero, una trampa que le habían puesto; sin embargo, Quilaztli Cihuacóatl, deidad terrestre, los rescata y, moliéndolos, se los entrega a Quetzalcóatl. Él hace penitencia sangrando su pene sobre las cenizas de los huesos de los hombres, iniciándose así el nuevo Sol y al mismo tiempo dándole vida a los macehuales (a los hombres). El nombre de macehualli significa “el merecido por el sacrificio”. En esta forma, todos los dioses hacen sacrificio en Teotihuacán, como homenaje a la creación del Sol y la Luna, dando, de esta manera, principio a la vida de los hombres y del Quinto Sol.

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Según el Códice Chimalpopoca, en el año 830 inició la cultura tolteca y en el año 947 nació Ce-Acatl Topiltzin, Quetzalcóatl, quien en el año 974 llegó a Tollantzingo (Tula) y en el 977 se convierte en el señor de Tula. El imperio tolteca domina todo el valle de México, y sus principales ciudades son Tula, Otoyán y Culhuacán, fundadas por Mixcoac, que fue el gran guerrero de los toltecas, conquistador y padre del Quetzalcóatl hombre, que concebido con Chimalman, mujer con características mágicas o milagrosas, Quetzalcóatl nace en el Estado de Morelos y es educado de niño en Tepoztlán bajo la influencia de la cultura de Xochicalco. Quetzalcóatl regresa a Tula para vencer al usurpador del reino de su padre y rescatar los restos de éste. Una vez teniéndolos en su poder, los entierra en el Cerro de la Estrella, con lo que inicia su reinado aproximadamente en el 977. Bajo Quetzalcóatl proliferaron las artes y las buenas costumbres, además de que eliminó del ritual teocrático a los sacrificios humanos, sustituyendo a los prisioneros por algunos animales, como serpientes y mariposas. Esto le atrae ciertos antagonismos con los sacerdotes de Tezcatlipoca[14], quienes no querían dejar los sacrificios humanos y profesaban una religión politeísta contraria a la monoteísta de Quetzalcóatl. Cuenta la mitología tolteca que los sacerdotes de Tezcatlipoca lograron que el rey Quetzalcóatl aceptara verse en un espejo, quien, al ver su vejez, se impresiona fuertemente y siente la necesidad de beber. Los sacerdotes se aprovechan para embriagarlo con pulque y acostarlo con una mujer, lo que va en contra de sus principios. Algunas versiones aseveran que esa mujer era su hermana. Según el Códice Chimalpopoca, Quetzalcóatl, después de esto, sale avergonzado de Tula y se dirige hacia la Tierra del Rojo, probablemente Yucatán, lo cual es posible si observamos la gran influencia tolteca en la arquitectura de Chichén Itzá, por ejemplo, en los templos de Kukulkán y el de las 1,000 columnas, en el Chac Mool y el juego de pelota. Finalmente, según la mitología; Quetzalcóatl desaparece en el mar convirtiéndose en la estrella Venus. Desde entonces, es venerado como Tlahuizcalpantecuhtli, (lucero de la tarde y de la mañana). El simbolismo de esta transfiguración –la desaparición o muerte de Quetzalcóatl en el mar—, y la fecha de su nacimiento —en un año Uno Caña (Ce-Acatl), coincidente con la fecha de la venida de Cortés— tendrían más tarde un gran impacto simbólico-religioso en Moctezuma Xocoyotzin, señor de los mexicas, habiendo sido esta una de las causas por las que Moctezuma no los atacó y los recibió como Teules lo que en cierta forma explica en la rapidez asombrosa con que se consumó la conquista del su Imperio.

Durante la migración de los aztecas, denominados así porque procedían de Aztlán, un lugar mítico en donde abundan las garzas, situado en el noroeste de México, pasaron por Tula y se establecieron en Coatepec. De este contacto con la cultura tolteca, asimilaron su esencia cultural, incluidos usos y costumbres, además de que adoptaron el panteón teotihuacano-tolteca. En éste se encuentra incluido el mito del nacimiento de su deidad principal, Huitzilopochtli, quién los guiaría hasta su establecimiento definitivo en México-Tenochtitlán motivados por la necesidad de liberarse de los toltecas. En realidad debería llamarse renacimiento de Huitzilopochtli, toda vez que en el mito original, es él, ésta deidad, quien los impulsa a salir de Aztlán en búsqueda de “la tierra prometida”. Huitzilopochtli, en el mito de la creación, “recibe los nombres de Omitecutli, ‘Señor Hueso’, y Maquizcóatl, ‘Serpiente de Dos Cabezas’ también era conocido como Mxitli. En las tradiciones históricas, es el patrón de los aztecas. Durante su migración les hablaba anunciándoles su destino. Según el mito, nació en Coatepec, cerca de Tula. Su madre, Coatlicue, ‘Naguas de Serpiente’ o ‘diosa de las flores’, lo concibió al guardarse en el seno una bola de plumas que encontró cuando barría. Nació todo armado y derrotó a los huitznahuas, sus hermanos que, incitados por su hermana Coyolxahuqui, querían matar a su madre por haberse empreñado a hurto.” [15]

LOS MEXICAS

La Gran Tenochtitlan

La gran Tenochtitlán fue fundada en 1325 bajo la guía y el liderazgo del sacerdote Tenoch. Los aztecas inician aquí una teocracia que alimentaría y conformaría a la gran cultura mexica, precisamente con la fundación de esta ciudad, que después sería la gran metrópoli sede de los poderes de su imperio. Unos años antes de la fundación de México-Tenochtitlán en los inicios del 1300, los aztecas, guiados por Tenoch y por Huitzilihuitl I, llegaron al valle y se asentaron en lo alto de cerro de Chapultepec. Si todavía hoy en día es impresionante y bella la vista de los volcanes en días claros, en ese entonces; desde allí se dominaba el hermoso Valle de Anáhuac, con sus poblaciones, lagos y la multitud de volcanes, tanto los pequeños como los señoriales, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl. Al pie del Cerro del Chapulín se contaba con abundantes manantiales de agua cristalina y con un denso bosque de gran variedad de árboles en donde predominaban los centenarios ahuehuetes (Taxodium mucronatum).

El señor de los aztecas en esta época era Huitzilihuitl y Tenoch era el sumo sacerdote. Sus costumbres, derivadas de su cosmogonía y teogonía, incluían los sacrificios rituales de prisioneros tomados de otros pueblos para ser ofrendados a su dios Huitzilopochtli. Esta circunstancia, así como el termino, en ese tiempo, de uno de sus ciclos rituales de 52 años con la ceremonia de encendido del Fuego Nuevo, a fin de celebrar y asegurar el término del ciclo y la salida del nuevo Sol—Es lo que hace a los aztecas desafiar temerariamente a los pueblos de las riberas del lago en busca de prisioneros para ser sacrificados. En estas condiciones, los aztecas se confrontan con los tepanecas de Azcapotzalco, el pueblo mas poderoso, quienes además se aliaron con los de Culhuacán para expulsarlos de Chapultepec. Después de cruentas batallas; paradójicamente el Señor Huitzilihuitl y su esposa son apresados por el rey Cox Cox de Culhuacán y muertos en un sacrificio ritual.

Ya como vasallos y tributarios del rey Cox Cox, los aztecas le solicitan un espacio propio; entonces, el rey de Culhuacán les asigna un lugar inhóspito para que se asentaran. En esta forma, el Señor de Culhuacán los envía a Tizapán, al sur de las riberas del lago, cerca de lo que hoy es San Ángel y en el lugar que actualmente lleva el mismo nombre. En esta zona existían una gran cantidad de serpientes, muchas de ellas crótalos. Contrario a lo esperado por el rey culhúa; el lugar no les vino mal, pues las mismas serpientes les sirvieron de alimento. Sin embargo, los aztecas no se resignaban a permanecer ahí. Después del desastre de Chapultepec y la muerte de Huitzilihuitl, los aztecas fueron guiados por Tenoch, el sumo sacerdote. Pasaron aproximadamente 14 años azarosos de guerras y humillaciones hasta poder consolidarse y superarse distinguiéndose como fieros guerreros. Tenoch le pidió al rey culhúa Cox Cox que les diera a su hija Toci como Señora de los aztecas y abuela del dios Huitzilopochtli, a lo que el rey accedió. Sin embargo, lo que hicieron fue terrible mas no malévolo, ya que era parte de uno de sus rituales: la desollaron, y con su piel se vistió a un mancebo para ofrendar al dios, habiendo sido invitado el padre de la princesa desollada a la ceremonia, el Rey Cox Cox, al darse cuenta de la atrocidad, atribulado y desconcertado, montó en cólera, los combatió y expulsó del lugar.

Después de enfrentar la ira de Cox Cox, los aztecas huyeron en forma dispersa hacia el lago, y luego de varios días de esconderse, Tenoch los concentró en unos islotes. Ahí, éste los motivó grandemente al decirles que el signo indicado por su dios Huitzilopochtli, que habían estado buscado por tanto tiempo: un águila real posada sobre un nopal y rocas devorando una serpiente, se había dado en uno de los islotes y por lo tanto, ahí fundarían la ciudad que sería su sede permanente. La llamaron México-Tenochtitlan. En realidad, la razón y significado del nombre no la sabemos con exactitud, pero es muy probable que haya sido en honor al dios Mexitli, otro de los nombres de Huitzilopochtli, que unido a Tenochtitlán que significa tierra de Tenoch, en honor al gran sacerdote y líder de los tenochcas. A quienes gobernó hasta su muerte, ocurrida en 1363 o 1372, según el Códice Mendocino. Aunque el islote era grande, estaba dividido en dos partes y no era el lugar más adecuado desde el punto de vista estratégico y productivo, pero era el lugar designado por su dios y esto, además de la influencia ejercida por el gran liderazgo religioso y guerrero de Tenoch, fue más que suficiente para emprender una intensa tarea tanto de edificación del nuevo asentamiento, como de reorganización política y militar. Una vez que hubieron logrado la fuerza suficiente, los tenochcas combaten fieramente contra el rey de Culhuacán, al que derrotan.

Tras una estrategia inteligente, mediante una negociación favorable y diplomática, se sometieron voluntariamente al reino más poderoso del Anáhuac, el de los tepanecas de Azcapotzalco. Como tributarios, los tenochcas pretendían obtener su favor y su fuerza, y al mismo tiempo evitar así la amenaza de los otros reinos. En esta forma, ahora serían súbditos de Tezozómoc, el Señor de Azcapotzalco. El rey Quinatzin era el señor de Texcoco, quien al morir fue sucedido por su hijo menor Techotlala; Tezozómoc, al morir, fue sucedido por su hijo del mismo nombre. Según Ignacio Bernal, más tarde, en 1367, habrían destruido Culhuacán. Y ante la inexistencia de una dinastía, a la muerte de Tenoch, y con el deseo de cambiar el gobierno teocrático por uno político aristocrático, decidieron elegir tlatoani a “un descendiente del desposeído rey de Culhuacán” [16], los cuales además eran descendientes directos de la nobleza tolteca, esto pudieron hacerlo porque inteligentemente no se lo habían pedido a los de Azcapotzalco. Sin proponérselo daban de esta manera inicio a la gran dinastía de los mexicas, la de Acamapichtli de donde saldrían todos los gobernantes de lo que después sería el gran Imperio mexica, que si bien tuvo una duración relativamente corta, la asimilación de la riqueza heredada por un proceso cultural de más de 2,800 años les trasmitía una inercia cultural y un importante acervo que capitalizaron, dándoles características de una grandeza indiscutible.

Con el surgimiento de México-Tenochtitlan y su Dinastía se inicia la cultura mexica. En diferentes ocasiones ha surgido la duda de quiénes eran los aztecas y quiénes los mexicas, en realidad unos y otros eran los mismos, sin embargo al conseguir los aztecas asentarse definitivamente en donde su dios Huitzilopochtli les había indicado, termina la migración de los aztecas y comienza la cultura mexica.

Entre la muerte de Tenoch y la elección del primer tlatoani, medió el gobierno militar de Mexitzin. La elección de Acamapichtli, primer tlatoani de los mexicas después de la fundación de México-Tenochtitlan, ocurrió en 1376, y se registra que contó con el refrendo y entusiasmo popular. Acamapichtli significa “puñado de cañas” que simbólica y metafóricamente significa, a su vez, poder y unión. En esta forma, una vez fundada la ciudad y muerto Tenoch, el gran sacerdote, el primer gobernante o señor de los mexicas [17] fue Acamapichtli, quien gobernó de 1376 a 1396 [18]. La esterilidad de la reina Ilanchueitl hizo que Acamapichtli procreara muchos hijos con otras doncellas de la nobleza, entre ellos a Huitzilihuitl e Izcóatl, iniciándose de ésta manera la dinastía mexica.

A 13 años de la fundación, algunos disidentes capitaneados por Atlacuahuitl, Hucto, Opchtl y otros más, fundaron Tlatelolco en el islote adjunto, en donde con el tiempo se establecería el impresionante gran mercado de México-Tenochtitlán. Más adelante la ciudad se dividió en 4 calpullis o barrios que agruparon a los diferentes clanes: Cuepopán, Moyotla, Atzacoalco y Teopán-Zoquipán. Mientras Tezozómoc extendía el dominio de los tepanecas por el lago dulce y llegaba por él hasta Tenayocán. Azcapotzalco se constituía como el reino más importante y poderoso del Anáhuac. Techotlala el Señor de Texcoco, gobernaba a los pobladores de origen náhuatl y chichimeca y hacía prosperar su reino, convirtiéndolo en uno de los más grandes y cultos del valle. Su influencia contribuyó a expandir la cultura náhuatl, el arte y la gran tradición heredada de las diferentes civilizaciones mesoamericanas durante el transcurso de los siglos, principalmente la de la cultura teotihuacana.

A la muerte de Acamapichtli, eligen gran tlatoani a su hijo, Huitzilihuitl, con la entusiasta aprobación del pueblo. El nombre de Huitzilihuitl significa “pluma de colibrí”, nombre que probablemente recibió en honor Huitzilihuitl el señor de los aztecas que gobernó en Chapultepec junto con Tenoch, y sucumbió en manos de los de Culhuacán. Como medida diplomática, los mexicas piden a Tezozómoc, rey de Azcapotzalco, a una de sus hijas para casarla con Huitzilihuitl. El monarca acepta y concede a su hija Ayhuachihnatl en matrimonio, del cual nace Chimalpopoca. El creciente enfrentamiento entre Texcoco y Azcapotzalco hizo a Techotlala pedir a Huitzilihuitl una hija para casarla con su hijo Ixtlixóchitl, en 1402. De esta unión nace Nezahualcóyotl, el gran personaje multifacético, el rey poeta de Texcoco. Techotlala fue un gran señor de su pueblo, interesado en impulsar la cultura y las artes, que alcanzaron su máxima expresión precisamente en tiempos de su nieto Nezahualcóyotl. En esta forma, se fueron entrelazando las familias reales del valle, dándose como consecuencia lógica la asociación política y dinástica.

Tezozómoc fue un gran monarca y un hábil político que extendió cada vez más su hegemonía sobre los pueblos vecinos, hasta cercar a Texcoco. Al morir Techotlala, Señor de Texcoco, deja una sólida organización social y cultural, sin embargo a su hijo Ixtlixóchitl, su heredero, lo deja débil desde el punto de vista militar. La prudencia, inteligencia, astucia y coraje de éste monarca de Texcoco le hizo resistir y ganar muchas batallas desiguales contra los tepanecas, hasta que en el año 1417, éstos toman y saquean Texcoco. Ixtlixóchitl escapa con su hijo Nezahualcóyotl y sus guerreros leales. Después de dos años de constantes huidas y de comprobar deslealtades de sus antiguos tributarios, muere valientemente, escondiendo, preservando y salvando para la historia a su hijo Nezahualcóyotl.

Huitzilihuitl había engrandecido a Tenochtitlán, moral y materialmente; había convertido y confirmado a los mexicas en pueblo de fieros guerreros tanto en tierra como en las aguas del lago, lo que contribuiría en el futuro a consolidar su poder. En 1415 muere, y su hijo Chimalpopoca es coronado Huey Tlatoani, gran señor de los mexicas. Éste contaba además con el cariño y apoyo de su abuelo Tezozómoc, quien le concede el agua de Chapultepec y los materiales necesarios para construir el acueducto que conduciría el agua hasta la ciudad. En este tiempo se construyó la Calzada de Tlacopan, hoy Tacuba, que unió desde entonces a México-Tenochtitlán con los dominios de Azcapotzalco. Tlacaelel, hijo de Huitzilihuitl y medio hermano de Chimalpopoca, heredó de su abuelo Acamapichtli la dignidad de gran sacerdote Cihuacóatl. Esta dignidad sacerdotal era de verdadera importancia para el manejo del poder político-religioso, y en el caso de Tlacaelel, sirvió también para desempeñar el papel de juez, gran consejero y muchas veces para ejercer “el poder detrás del trono”, aunque siempre para bien, solo cuando era absolutamente necesario y con actitud de gran humildad. Tezozómoc se proclama rey de Anáhuac y divide el reino entre sus hijos. Varios parientes de Chimalpopoca y de Nezahualcóyotl piden a Tezozómoc que deje de perseguir a éste y se le asigne un señorío. Él accede y le otorga el Palacio de Silán, en Texcoco, poniéndole como condición que no pase de Tenochtitlán ni de Tlatelolco.

En 1428 muere Tezozómoc como un gran y poderoso rey en posesión de varios dominios. Chimalpopoca y Tlacocol aclaman a Tayatzin, su hijo, señor de Azcapotzalco, porque su padre así lo había dispuesto. Pero Maxtla, rey de Coyoacán, el hijo mayor de Tezozómoc, se rebela y se autoproclama señor de Azcapotzalco después de darle muerte a Tayatzin su hermano, quien a su vez quería matarlo. Maxtla se prepara de inmediato para hacer la guerra a México-Tenochtitlán y someter a los mexicas. Existen diversas versiones sobre el comportamiento y muerte de Chimalpopoca en esta circunstancia; lo cierto es que su muerte y sucesión dan pie para que mediante el sabio y oportuno consejo de Tlacaelel se unan mexicas, tezcucanos y los tepanecas depuestos, en contra de Maxtla. Izcóatl, hijo de Acamapichtli, es electo y proclamado Huey tlatoani de México-Tenochtitlán por el consejo mexica en 1428. Maxtla, el autoproclamado rey tepaneca de Azcapotzalco, hijo de Tezozómoc, presenta frente de batalla y se apresta para invadir la isla. Por otro lado, Maxtla expulsa a Nezahualcóyotl de Texcoco, quien se alía con los tlaxcaltecas y otras naciones para recuperar Texcoco y a su vez, como hemos visto, para aliarse con su tío Izcóatl, quien como gran tlatoani arenga elocuentemente al pueblo para la guerra y pone al ejército bajo el mando de Moctezuma Ilhuicamina, altamente motivado para encabezar sus escuadrones con los fieros y emblemáticos guerreros águila y guerreros tigre (jaguar). Después de más de 3 meses de cruentas batallas, y a pesar de la superioridad de los tepanecas, los ejércitos aliados toman Azcapotzalco. En esta ocasión, Netzahualcóyotl da muerte a Maxtla y con sus propias manos: le arranca el corazón con un cuchillo de obsidiana para ofrendarlo a su padre Ixtlixóchitl.

En ese mismo año se extiende la conquista, liderada por Izcóatl, contra los otros pueblos de la cuenca lacustre. Se presume que fue Nezahualcóyotl quien, viendo la necesidad de que la fortaleza adquirida con la unión se consolidara, propone que la triple alianza con su tío Izcóatl y Totoquihuatzin, señor de Tlacopan, sea permanente, decisión que apoya Tlacaelel sin vacilar. Lo cierto es que tanto para los mexicas como para los aliados la oportunidad fue única y muy favorable porque, por un lado se terminaba con una hegemonía que había ejercido sabiamente Tezozómoc sobre el valle de Anáhuac. Ahora había que substituirla tanto para restablecer el orden militar, como para administrar la complejidad política a la que habían llegado los reinos del Anáhuac.

En 1428 se da uno de los actos más trascendentes en la historia de Mesoamérica al consumarse la Triple Alianza entre mexicas, tezcucanos y tepanecas. El asunto álgido para el acuerdo era la repartición de los botines de guerra. Al final acordaron repartir dos quintas partes para cada uno de los vencedores, mexicas y tezcucanos, y una quinta parte para los tepanecas, que se reducían ahora solo al reino de Tlacopan. En estas condiciones firman la alianza: por Texcoco, Nezahualcóyotl; por Tlacopan, Totoquihuatzin; y por México- Tenochtitlán, Izcóatl; quien seguiría, en realidad y en los hechos, ejerciendo la hegemonía y el liderazgo de la Triple Alianza. Esta supremacía se transformaría de hecho en la base del imperio mexica. De aquí en adelante, las elecciones de los señores mexicas las harían los nobles dentro de los miembros de la dinastía proveniente de Acamapichtli, reunidos en una asamblea ex professo, presidida por el imprescindible Cihuacóatl y siempre con el visto bueno de los señores de Texcoco y de Tlacopan. De esta manera, se elegía en forma colegiada al Huey tlatoani, que era la cabeza política y guerrera; de este modo quedaba sellada la Triple Alianza, que fue fundamental para la consolidación del Imperio mexica en todo Mesoamérica y que seguiría operando con firmeza y lealtad hasta sus últimos días.

El señor de Tlatelolco, quien con necedad y soberbia pretendía estar en el mismo nivel de los mexicas, conspiró contra Izcóatl al verse marginado de la Triple Alianza. Sin embargo, éste lo descubre y, con prontitud y firmeza, simplemente lo manda ejecutar. En consecuencia, Tlatelolco debe ahora pagar tributo a México-Tenochtitlán, integrándose definitivamente a la isla. La labor de Izcóatl al frente de los mexicas y de la Triple Alianza, sabiamente aconsejada por Tlacaelel, sirvió para consolidar la organización política, económica y administrativa de un Estado que, al responder a las circunstancias con una visión de futuro, estaba siendo preparado para convertirse en un Estado imperial, labor que terminarían los sucesores de Izcóatl, todos miembros de la dinastía de Acamapichtli.

A la muerte de Izcóatl en el año de 1440, reunido en asamblea el consejo de los principales con la guía del Cihuacóatl, Tlacaelel, con el aval de los señores de Texcoco y Tlacopan, y atendiendo a los grandes méritos guerreros demostrados en las recientes contiendas, se designó a Moctezuma Ilhuicamina como el sucesor. El nuevo Huey tlatoani era también hijo de Huitzilihuitl, y había estado al frente de los ejércitos en las campañas que le dieron poderío y fama a los mexicas y sus aliados. Se hizo la ceremonia de consagración sacrificando prisioneros a Huitzilopochtli, para lo que atacaron a los chalcas en represalia por no haberlos ayudado contra los tepanecas en el sitio de Azcapotzalco, y también para sentar precedente.

El gran sacerdote, el Cihuacóatl, tomaba el juramento al Huey tlatoani de mirar a sus súbditos como sus hijos y reinar con justicia y ver con empeño las cosas de la guerra y el servicio de los dioses. Después de prestar juramento, se le vestía solemnemente con toda la parafernalia de las insignias reales, bajaba del teocalli y, después de 4 días de ayuno, oración y recogimiento, tomaba posesión de su trono. Pasadas todas las ceremonias, proclamado y reconocido Moctezuma I, como el nuevo líder de los mexicas y de la Triple Alianza, continúa con la campaña de Chalco. Hay que advertir que los mexicas tuvieron cuidado de no aparecer jamás como promotores de guerra; aparentaban no ser hostiles hacia ningún pueblo, pero sí aprovechaban cualquier afrenta a su honra para declararles la guerra y posteriormente someterlos. Llegaron a organizar tan bien esta política, que establecieron una especie de embajadores que, a título de comerciantes (pochtecas), se introducían a los reinos que les interesaba dominar. Después, con el menor pretexto, se hacían encarcelar o maltratar tras alguna provocación, lo que daba motivo a los mexicas para vengar la afrenta y dominar al reino “hostil”. En esta forma, y poco a poco, conformaron y extendieron territorialmente una gran estructura imperial.

En los años de 1452 a 1455, después de sufrir varias inundaciones, en la isla se abate una hambruna sobre los mexicas como consecuencia de grandes heladas y sequías. Moctezuma, entonces, ordena abrir los graneros para alimentar a los macehuales. Después de 29 años de reinado muere el gran Moctezuma Ilhuicamina, en octubre de 1468. Tras de sí deja una estructura política preparada para el inicio de un verdadero imperio, con una sólida organización económica, social y guerrera de férrea disciplina, que castigaba sin miramientos y con crueldad los vicios y la corrupción, y premiaba generosamente los méritos y las virtudes de los individuos. La educación desde entonces fue fundamental y contribuyó grandemente a la fortaleza del imperio, a los mexicas se les enseñaba desde pequeños a ser fuertes de cuerpo y espíritu mediante el sacrificio corporal (se punzaban con espinas de maguey), y a llevar una forma de vida con disciplina, austeridad y orden en todos los aspectos, con gran pulcritud en todos los sentidos. Esto último es una constante en las sociedades que buscan forjar una estructura sólida y es lo que generalmente les ayuda en su ascenso hasta lograr su apogeo como civilización. Hacer lo contrario sería síntoma de su decadencia.

El antiguo y tradicional ciclo del tiempo, desde los aztecas, duraba 52 años [19]. Al término de cada uno empezaba el Fuego Nuevo que había de ser encendido acompañado de sacrificios humanos. De acuerdo con Moctezuma Ilhuicamina y por encargo de este; en esta época Nezahualcóyotl, que también poseía grandes dotes de ingeniería, construye el albarradón en el lago de Texcoco, a manera de dique, con una extensión que iba en dirección de lo que hoy es el Cerro del Tepeyac hasta el Cerro de la Estrella, al oriente de Iztapalapa. Tenía por objeto separar las aguas dulces que rodeaban a la isla de México-Tenochtitlán, provenientes de los manantiales de Xochimilco, de las aguas saladas adyacentes a Texcoco. También servía para disminuir el oleaje en las épocas de mucho viento proveniente del norte, acompañado de lluvias tormentosas que azotaban periódicamente a la gran Tenochtitlán y causaban inundaciones. En esta misma época, se inicia la construcción del Templo de Huitzilopochtli también conocido como Templo Mayor. Moctezuma I dejó varias hijas, una de las cuales fue madre de 3 Tlatoanis: Axayácatl, Tizoc y Ahuitzotl. Moctezuma Ilhuicamina fue sin duda uno de los grandes señores mexicas. En esta forma Izcóatl, Tlacaelel y Moctezuma Ilhuicamina son los arquitectos de lo que sería, en tiempos de Ahuitzotl, el gran Imperio mexica.

A la muerte de Moctezuma I, al no haber opción entre sus hijas y siendo Axayácatl –el mayor de sus nietos— todavía muy joven, Tlacaelel, hermano del rey, es electo tlatoani. Sin embargo éste declina con prudencia, sabiduría y tino –cualidades que siempre lo caracterizaron—, haciendo que se proclamara al joven Axayácatl Huey tlatoani de los mexicas, con el compromiso personal del Cihuacóatl de acompañarlo y orientarlo, sobre todo en los primeros años. El consejo elector, Nezahualcóyotl de Texcoco y el señor de Tlacopan consintieron con agrado la decisión.

En 1466 se terminó el acueducto para traer el agua de Chapultepec, acto apadrinado por el rey Nezahualcóyotl, que muere en 1472. Sin embargo, antes de morir, hace lo que su padre Ixtlixóchitl había hecho con él: tomó a su hijo Nezahualpilli, que tenía 7 años, y lo proclamó rey de Texcoco. De esta manera, las dos partes más importantes de la Triple Alianza quedan en aparentemente indefensas, por lo que los tlatelolcas tratan de aprovechar la circunstancia y preparan un ataque sorpresa, aliados con otros pueblos sojuzgados por los mexicas. Sin embargo, no contaban con la lealtad de muchos pueblos, como los de Cuautitlán, que no sólo no se alían, sino que alertan a Axayácatl. Tampoco contaban con la sagacidad de Tlacaelel, que iba a ser fundamental como guía y consejo para el joven emperador, que actuó con valentía e inteligencia. Axayácatl, que inició como Huey tlatoani en 1469, resultó ser un magnífico guerrero: fue el “héroe de mil batallas” que extendió considerablemente el imperio mexica en ésta época (1479). Para celebrar la terminación de una de las fases del Templo Mayor, mandó esculpir la Piedra del Sol, la cual se creyó que era un calendario cuando se encontró a finales del siglo XVIII enterrada bajo la Catedral de México. Y en cierta forma lo es, por eso se le llamó, “Calendario Azteca”, aunque debe ser llamada “Piedra del Sol”. Cuando se inauguró el Templo Mayor, se sacrificaron 700 prisioneros, arrancándoles el corazón entre Axayácatl, Tlacaelel y 13 sacerdotes, uno por cada deidad.

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Axayácatl llevó la conquista hasta el Golfo de México, dominando a los totonacas. Sin embargo, a los que no pudo doblegar en Occidente fue a los purépechas. El gran emperador había tomado por esposa a la reina Azcaxóchitl, (nombre poético que significa llena de flores), hija del gran Nezahualcóyotl, con quien tuvo dos hijos y una hija. Los hijos fueron Moctezuma Xocoyotzin y Cuitláhuac. El gran Axayácatl murió en 1481. El encargado de comunicar la muerte de Axayácatl al consejo supremo y gran elector fue Tlacaelel. Se presentaron de inmediato los señores de Texcoco y de Tacuba, Nezahualpilli y Totoquihuatzin, quien dio un sentido discurso. Ambos hicieron grandes regalos y ofrendas. Dispuso Tlacaelel un gran banquete para todos los que vinieran a ofrendar por el duelo. Inmediatamente después se reunió el consejo en asamblea, con la presencia de los otros dos miembros de la Triple Alianza y el Cihuacóatl. Fue Tizoc, hermano de Axayácatl, quien en esa ocasión resultara electo Huey tlatoani de los mexicas. Posteriormente se procedieron a celebrar las honras fúnebres de Axayácatl, con una imponente ceremonial como correspondía al gran emperador que había sido.

Quiso Tizoc imitar a su abuelo Moctezuma I y tomar prisioneros para su iniciación. Por esta razón ataca a los huastecos, tras lo cual más que resultar victorioso termina casi derrotado, pudiendo tomar solamente 40 prisioneros. En 1483, el mal éxito en las campañas de Michoacán y Mextitlán hizo que Tizoc ordenara la construcción de un nuevo teocalli para atraerse el favor de los dioses, con lo que inicia así una nueva fase del Templo Mayor en la gran Tenochtitlán. El reinado de Tizoc (1481-1486) pasó sin pena ni gloria. En la política, hay personas con intuición creativa y don de mando, que junto a un gran poder de decisión, resultan exitosos. A Tizoc no se le dio ni lo uno ni lo otro; actuó sin la orientación de Tlacaelel el gran Cihuacóatl, que tal vez por su ancianidad, no lo pudo ayudar con tanto acierto como a los demás. Enseguida vendría el padre de Cuauhtémoc, el gran Ahuitzotl (1486-1502), octavo gran tlatoani, quien expande todavía más el imperio mexica y lo consolida, distinguiéndose como un gran guerrero, valiente y honorable.

Los mexicas, asimilando la tradición de las culturas mesoamericanas que los precedieron y la de las propias culturas vecinas en las riberas del lago, impusieron no solo dentro de la Triple Alianza, sino en el valle de Anáhuac y en todo el Imperio, una estructura político social religiosa, característica, acorde con la naturaleza de su cultura ecléctica, acorde también a su propia naturaleza humana y espiritual, manifiesta a lo largo de su historia. Esta estructura era la que prevalecía a la llegada de los españoles. La estratificación social en el centro de México comprendía dos grandes estamentos, el de los nobles, llamado pipiltin (singular pilli), que significa literalmente “los hijos”, aludiendo a su carácter hereditario, y el de los macehualtin (singular macehualli), la gente común, nombre que entró al castellano como macehuales.

El estamento dominante incluía tres rangos fundamentales designados cada uno mediante una palabra náhuatl de uso general. El rango más elevado era el de rey o tlatoani (en plural tlatoque o tlatoanime), que literalmente significa hablador, mandón o gobernante. También era normal que bajo la autoridad suprema del tlatoani de una ciudad como México o Texcoco, hubiera varios otros señores con el mismo título, jefes de ciudades dependientes. La distinción se marcaba llamando al de mayor autoridad Huey tlatoani o gran señor. El tlatoani era la autoridad suprema de su señorío y combinaba funciones civiles, militares y religiosas, judiciales y legislativas; era generalmente noble de nacimiento, miembro de un linaje reinante (tlatocatlacamecayotl) y, en la terminología de la región tramontana, de una casa señorial o teccalli.

El segundo rango era el de señor, tecutli (o tecuhtli, en plural teteuctin o tetecuhtin). Estos eran títulos de estatus variable, que podían haber sido creados por un tlatoani y que en todo caso requerían su aprobación. El mismo tlatoani tenía también titulo de tecutli. El tecutli era jefe de una casa señorial llamada teccalli, en la región tramontana, y tecpan (palacio), en el valle de México. Estas casas disponían de tierras y de gentes del común llamadas teccalleque(“gente de la casa señorial”), o tecpanpouhque (“pertenecientes al palacio”), que rendían sus tributos y servicios al tecutli en vez de darlos directamente al tlatoani. Un tecutli estaba a cargo de la administración de esta gente y, además, ocupaba puestos de la organización política bajo el poder supremo del rey […] Por lo común, estos títulos se transmitían mediante herencia, siguiendo reglas semejantes a la sucesión de la realeza, si bien era necesaria la sanción del rey […] En Huexotzingo, a la muerte de un tecutli, todos los nobles de su casa señorial se reunían en asamblea para escoger sucesor, de manera semejante como se escogía en Tenochtitlán a un nuevo rey.

El tercer rango en el estamento superior es el de noble o pilli (en plural pipiltin), el mismo término que se usa para todo el estamento superior. El significado literal de “hijo” se puede comparar con los términos “infante” o “hijodalgo”, en castellano. Eran pipiltin todos los hijos de un tecutli o tlatoani, de modo que los reyes y señores eran también nobles de nacimiento. Aunque en sentido limitado, también se usa para los nobles que no han alcanzado el rango de rey o señor. Los macehuales que subían de categoría por méritos en la guerra también eran considerados como un grupo especial de pipiltin. Las fuentes escritas en castellano llaman principales a todos los pipiltin […]

Los macehuales eran los gobernados y tenían la obligación de pagar tributos y servicios personales. Estaban organizados en unidades territoriales llamadas calpules, barrios que poseían la tierra en común y que eran también unidades para la recolección de tributos y servicios.”[20]

Así, la población se iba estratificando también en las ciudades por las diversas actividades de cada quien, tales como agricultores, comerciantes, artesanos, etc. Algunos grupos como los artesanos y comerciantes, por ejemplo, no estaban obligados a ir a la guerra y gozaban de ciertas prerrogativas y privilegios. Por otro lado, había guerreros que constantemente se estaban preparando para la contienda y, si no morían en la guerra, de viejos enseñaban en las escuelas a los guerreros jóvenes. Todos estos grupos podían tener esclavos, y los tenían, pero se convivía con éstos e incluso se podían tener matrimonio con ellos. Los calpules agrupaban a todos, pipiltin y macehuales; urbanísticamente no existía una marcada diferencia entre los lugares de habitación de unos y otros: todos contaban con la misma infraestructura y equipamiento. Sí había, por supuesto, diferencia en las viviendas y la extensión de las mismas. Aunque a la nobleza se llegaba por nacimiento, algunos de origen macehual podían ascender a pipiltin, por méritos tenidos en su desempeño distinguido en la sociedad mexica, principalmente por méritos guerreros.

Flores de luz erguidas abren sus corolas,
donde se tiende el musgo acuático, aquí en México,
plácidamente están ensanchándose,
y en medio del musgo y de los matices
está tendida la ciudad de Tenochtitlan:
la extiende y la hace florecer el dios:
tiene sus ojos fijos en un sitio como éste,
los tiene fijos en medio del lago.[21]

CONQUISTA DE MÉXICO

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Hasta el palacio de Moctezuma Xocoyotzin llegaron las noticias de extrañas moles flotantes cruzando frente a la costa del mar por donde sale el sol. Corría el año de 1517, y lo mismo sucedió al año siguiente. Antes de Moctezuma; Ahuitzotl había ascendido al trono mexica en 1486, a raíz de la muerte de su hermano Tizoc. Fue electo por el consejo supremo que presidía todavía su tío Tlacaelel. Él sería el último señor de los mexicas orientado y aconsejado por el gran Cihuacóatl. A este nuevo Huey tlatoani de los mexicas podría, sin lugar a dudas, dársele el nombre de el “Gran Ahuitzotl”, porque así como Trajano lo hizo con el Imperio Romano, (guardadas las proporciones), éste extiende a su máximo tamaño el imperio mexica, que llegó desde el norte medio de México hasta el istmo de Panamá por el Sur; y desde el Pacífico hasta el Golfo. De este modo cubría la totalidad de Mesoamérica y sus pueblos y reinos con algunas excepciones como los purépechas de Michoacán en el centro, a quienes no pudieron dominar y los mayas en el sureste con quienes convivieron, pero su dominio no fue total.

Ahuitzotl, octavo señor de los mexicas, se casó con la princesa Tiyacapantli [22], la hija mayor del tlatoani Moquihuix, último señor de Tlatelolco. Juntos engendraron a Cuauhtémoc, “Águila que desciende”, quien fue el último emperador de los mexicas. Es Ahuitzotl quien termina de edificar el Templo Mayor, al rematarlo en su cúspide con el doble altar adoratorio para Tláloc, dios de la lluvia, y para Huitzilopochtli, su dios principal. Se dice que al final de la campaña contra los huastecos, se sacrificaron en forma continua a miles de prisioneros en el Templo Mayor y en otros templos, durante cuatro días y sus noches, tanto a manos Ahuitzotl como de otros sacerdotes. Aun considerando que los sacrificios humanos eran parte fundamental del ritual religioso, y que tanto sacrificadores como sacrificados lo aceptaban en esos términos, no podemos dejar de reconocer que este acontecimiento fue un verdadero exceso que refleja un aspecto negativo en la personalidad de Ahuitzotl. Por otro lado, este tlatoani deja un imperio fuertemente consolidado y en pleno esplendor, que ejercía su poder desde la gran Tenochtitlán, la capital del imperio que representaba físicamente, la síntesis de lo más refinado de las culturas mesoamericanas a través del tiempo.

La cultura mexica fue una cultura ecléctica, del mismo modo que lo fue la española; éstas se nutrieron con lo mejor que quisieron y pudieron seleccionar y asimilar de las civilizaciones que las antecedieron durante 3,000 años, compuestas con virtudes pero también con vicios. Las dos culturas interactuaron a través de las acciones de conquista, dominación y fusión cultural. A decir de los conquistadores españoles, la ciudad de México-Tenochtitlan era de un esplendor nunca visto, comparable solo con las más destacadas ciudades de la Antigüedad como Roma o Constantinopla, y por supuesto, con Venecia, con la cual encontraban un relativo parecido por su gran número de canales. La ciudad en la isla estaba trazada con un eje norte-sur, como la mayoría de los centros ceremoniales de Mesoamérica. Tenía grandes avenidas pavimentadas con una piedra clara parecida al mármol blanco sin pulir, con un trazo recto casi perfecto, adornadas con múltiples pendones de plumas multicolores (herencia tolteca); estas calzadas se abrían a grandes explanadas o plazas definidas por grandes templos ceremoniales, jardines en floración continua y palacios de gran belleza y esplendor. Los pobladores circulaban por la ciudad, algunos en canoas de diferentes tipos, capacidades y funciones; los más iban a pie, ataviados de diversas formas y colores, desde los ricamente vestidos, como los pipiltin –algunos llevados en andas—, hasta los macehuales, más modestos pero, por lo general, aunque en forma austera; ordenada y acicaladamente vestidos.

La gran Tenochtitlán tenía una presencia impresionante por la altura y disposición de sus templos, edificios, palacios, jardines, plazas y su gente, con una gran policromía y magnificencia que reflejaba su refinada cultura. Sin embargo, algo en lo que los españoles no repararon en un principio sino hasta después, quedando altamente impresionados, fue la gran cantidad de sacrificios humanos que se realizaban en lo alto de los templos, manchando las escalinatas de ocre rojizo. La ciudad estaba rodeada por las aguas del lago y por el sistema de canales de circulación interna y chinampas [23] que, dispuestas en forma reticular se conectaban también por canales para facilitar la circulación y aumentar la superficie de tierra cultivable en la isla, estaban siempre verdes produciendo una gran cantidad y variedad de flores y legumbres. De este modo, la ciudad poseía un carácter urbano único, enmarcada por un medio ambiente natural excepcional. En la zona existían otras ciudades no tan grandes y espectaculares, pero no menos interesantes, y todas formaban un conjunto armónico, integrando una especie de megalópolis.

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El paisaje natural del lago, sus riberas y de la ciudad era espectacular. Escuchemos a Bernal Díaz del Castillo[24]:

Y otro día por la mañana llegamos a la calzada ancha y vamos camino de Ixtapalapa. Y desde que vimos tantas ciudades y villas pobladas en el agua, y en tierra firme otras grandes poblazones y aquella calzada tan derecha y por nivel como iba a México, nos quedamos admirados, y decíamos que parecía a las cosas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadis [25], por las grandes torres y cúes y edificios que tenían dentro en el agua, y todos de calicanto, y aún algunos de nuestros soldados decían que si aquello que veían si era entre sueños, y no es de maravillar que yo escriba aquí de esta manera, porque hay mucho que ponderar en ello que no sé como lo cuente: ver cosas nunca oídas ni aún soñadas, como veíamos.

La gran Tenochtitlan debió haber tenido en ese tiempo una población superior a los 100,000 habitantes en una superficie aproximada de 1,000 hectáreas, misma que incluía el sistema de canales y chinampas perimetrales utilizadas para el cultivo de alimentos. Aunque debió haber tenido también una población flotante equivalente a otro tanto, suposición que podemos fundamentar si nos atenemos a las descripciones hechas por Cortés de la muchedumbre que asistía al mercado de Tlatelolco: “Discurren por ella (la plaza del mercado) diariamente -quiere hacernos creer- sesenta mil hombres cuando menos”, nos dice Alfonso Reyes, parafraseando una explicación de Cortés sobre el mercado, que aunque le pareciera exagerada, esto ya nos da una idea aproximada. [26]

La isla estaba comunicada con tierra firme a través de tres calzadas donde había instalados sistemas de puentes móviles: al sur, Iztapalapa; al poniente, Tlacopan o Tacuba; y al norte, Tepeyac. Por la calzada de Tacuba transcurría el acueducto con el agua dulce de Chapultepec, que Tezozómoc, gran señor de Azcapotzalco, le había concedido 100 años atrás a su nieto Chimalpopoca.

México-Tenochtitlán fue fundada en una isla, flanqueada por otras islas menores que con el tiempo quedaron unidas, incluida la de Tlatelolco. Juntas formaron un solo conglomerado urbano que, como hemos dicho, estaba dividido en cinco grandes barrios. A la venida de los españoles el gran cuerpo lacustre ocupaba una superficie aproximada de 600 Km.2

En ese entonces, Moctezuma Xocoyotzin, hijo de Axayácatl, era la cabeza del imperio mexica y señor de la gran Tenochtitlán. Él era quien había sucedido a Ahuitzotl en 1502 como el noveno emperador de los mexicas y líder de la Triple Alianza. Como siempre, el Huey tlatoani había sido electo por la asamblea, cumpliendo así con el protocolo tradicional del visto bueno de los señores de Texcoco y Tacuba. Además de ser miembro de la dinastía de Acamapichtli, Moctezuma II se había distinguido en su juventud por su bravura y valentía, razón por la cual el consejo supremo no dudó en elegirlo.

La costumbre del ejercicio del poder absoluto y del disfrute de un ambiente de grandeza heredada, así como las alabanzas continúas y cotidianas de los más cercanos y de sus cortesanos, enfermaron de soberbia a Moctezuma II. Y sin tener un Cihuacóatl como Tlacaelel –muerto a finales del siglo pasado— que lo orientara y no le permitiera perder el contacto terrenal, el tlatoani se convirtió en un monarca absoluto y engreído como ninguno de sus antecesores; estaba prohibido mirarle a los ojos, y los pocos privilegiados que tenían acceso a él, debían saludarlo diciéndole Señor, mi Señor, Gran Señor, y retirarse de su presencia caminando hacia atrás sin darle nunca la espalda. Estas actitudes e ínfulas no son ajenas en algunos funcionarios del sistema político mexicano actual (y no únicamente de los primeros niveles), quienes como Moctezuma II son “candil de la calle y oscuridad de su casa”, muy solícitos y hasta serviles ante los extranjeros y poderosos; adustos, extremadamente serios y muchas veces hostiles ante sus subalternos e incluso ante sus gobernados a quienes olvidan que su deber es servirlos.

Sí a la personalidad difícil de Moctezuma Xocoyotzin; le agregamos que era fiel creyente de la mitología heredada de los toltecas, que establecía el regreso de Quetzalcóatl en un año Ce-Acatl, coincidente con el año del arribo de Hernán Cortés, entonces podemos comprender por qué consideró a los españoles como “teules” (dioses). Quizás también por esto podríamos explicar, en parte, cómo Cortés pudo emprender rápida y exitosamente, al frente de tan solo un poco mas de 400 españoles, la conquista del Imperio mexica, el más poderoso y temido por los reinos de Mesoamérica. Sumado a esto el hecho de que a través de sus primeros contactos en Veracruz con los zempoaltecas y posteriormente con los tlaxcaltecas, y al ver cómo los emisarios de Moctezuma eran recibidos por los pueblos dominados, Cortés pudo conocer las debilidades de su rival. Se dio cuenta, además, del alto potencial que existía para establecer alianzas con los reinos subyugados, por lo tanto, además del prejuicio religioso de Moctezuma; he aquí otra parte de la explicación de la velocidad y relativa facilidad de la conquista; Cortés y sus hombres realmente solo motivaron y encabezaron a grandes ejércitos de reinos tributarios descontentos con los mexicas, lo cual no resta mérito.

A partir de la fundación del Ayuntamiento de la Villa Rica de la Veracruz, a mediados del mes de agosto en 1519, se inicia propiamente la conquista de México, que tuvo una duración de aproximadamente dos años. Aliado primeramente con los cempoaltecas, la primera gran batalla que tuvo lugar fue contra los más de 50,000 guerreros tlaxcaltecas de Xicoténcatl. Previamente Cortés ya había enviado avanzadas de zempoaltecas para proponerles una alianza similar a la que tenía con ellos, en contra de los mexicas. Estos dudaban, pero además se encontraban divididos entre sí y en cierta forma atemorizados al considerar también la posibilidad de que los españoles realmente fueran teules. Esta idea se acentuaba al ver con ellos animales que no conocían, como los caballos que, montados por el hombre ataviado con armaduras formaban ante sus ojos un ente desconocido; o los lebreles, que les parecían tigres o leones de montaña al servicio de estos extraños y mágicos personajes con truenos mortíferos. Los españoles ganaron esta batalla con el apoyo de los zempoaltecas, hecho que les sirvió para obtener gran fama y respeto no sólo entre los tlaxcaltecas; la noticia llegó rápidamente hasta Moctezuma quien, impresionado, les envió una embajada con ricos presentes de oro (error craso) y la invitación para que fueran a la gran Tenochtitlán, misma que los españoles aceptaron de inmediato.

Cortés se dirigió enseguida a Cholula, donde le sería tendida una emboscada, que pudo evitar gracias al aviso oportuno de los mismos zempoaltecas y al apoyo de sus recientes aliados tlaxcaltecas. Todo esto aumentaba su fama de seres extraordinarios. Y la posibilidad de que verdaderamente fueran los emisarios de Quetzalcóatl, fue algo que influiría sobre manera en el ánimo del señor de la gran Tenochtitlán. Cortés avanza hacia el corazón del imperio mexica guiado por los zempoaltecas y los tlaxcaltecas, cruzando a través de la imponente grandeza natural de los volcanes –el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl– teniendo uno a la siniestra y el otro a la diestra desde donde divisa la “tierra prometida”, el valle del Anáhuac. La increíble belleza natural y material de lo descubierto motiva y alienta cada vez más la empresa que se han propuesto. En esta forma los españoles al mando de Cortés arriban al valle del Anáhuac y hacen su entrada triunfal en la gran ciudad, donde fueron recibidos por el propio y legendario emperador del imperio más grande y poderoso de América. Como atestigua Bernal Díaz del Castillo, aquello parecía cosa de ensueño; lugares nunca vistos de una belleza inenarrable, poblados de personajes ricamente vestidos que, como salidos de un cuento de fantasía, los recibían como si fuesen seres sagrados.

Confirmando la creencia del emperador de que los españoles eran teules, estos fueron alojados en la calidad reservada para los más altos niveles de la jerarquía imperial: los alojaron en el palacio de Axayácatl, padre del Emperador, que tenía grandes estancias, huertos y jardines que los visitantes disfrutaron durante cuatro días continuos, gozando además del trato especial correspondiente a la jerarquía, no a la que en realidad tenían, sino a la que se les habían asignado por órdenes de Moctezuma. Después de este placentero descanso, Cortés solicitó visitar el Templo Mayor; el Emperador accedió y quiso adelantarse para recibir a los españoles en la parte superior. Cortés aprovechó la oportunidad para visitar los principales lugares de la gran metrópoli, tales como el impresionante mercado de Tlatelolco, los principales palacios y templos con sus explanadas y jardines que proporcionaban un agradable marco y una adecuada perspectiva para la apreciación de adoratorios y edificios. Recorrieron la gran Tenochtitlán en una caminata libre e informal durante una espléndida mañana de las que solían darse en el valle; caminaron por donde ellos quisieron, guiados por acompañantes asignados por el emperador, a través de plazas y calzadas admirablemente pavimentadas con baldosas blancas en condiciones de gran pulcritud, se admiraron del orden de la actividad cotidiana, del trafico por los canales y en derredor de la isla por medio de canoas de diferentes tipos y tamaños, del barullo de la gente con vestimenta vistosa, diferente y del gran colorido predominando el blanco y la magnificencia y policromía de los edificios. Los españoles se encontraban asombrados sobremanera.

Después del recorrido llegaron a la plaza frente al Templo Mayor, una explanada inmensa rodeada de otros templos y palacios, que lucían impresionantes al reflejar su vívido colorido y su riqueza arquitectónica y urbana en esa mañana de sol brillante. Un gran muro (de gran extensión) adornado con serpientes de piedra policromada circundaba al centro ceremonial. A pesar de la larga caminata y el sol, los españoles todavía no sentían calor; tenían solo una rara sensación, mitad incertidumbre, tal vez temor, y mitad admiración. No se sentían muy seguros de sí mismos y estaban ahí, parados frente a la gran escalinata del Templo Mayor que tendrían que subir flanqueada por alfardas. Después de haber ascendido trabajosamente los 114 peldaños con una inclinación pronunciada, Cortés encontró en la cúspide al Emperador vestido con sus mejores galas, con su gran penacho de plumas de quetzal de fulgurante color verde esmeralda que el viento acariciaba y en donde el sol se reflejaba con intensos destellos dorados provocados por la orfebrería de su imperial tocado. Moctezuma estaba rodeado con su séquito y sus principales sacerdotes, ricamente ataviados, quienes les mostraron desde lo alto, con mucho comedimiento y cortesía, sin dejo de presunción, una espléndida vista del valle de Anáhuac; con todas las ciudades vecinas que con la gran metrópoli lacustre como centro, constituían una vasta megalópolis. Desde ahí se veían las tres grandes calzadas que comunicaban a la gran Tenochtitlan con tierra firme, incluyendo a lo lejos la vista del albarradón de Nezahualcóyotl. Todo este paisaje estaba enmarcado en lontananza con la bella silueta de los volcanes nevados y el azul añil profundo del cielo de “la región más transparente del aire”, como la llamaría trescientos noventa y seis años después Alfonso Reyes.

En la parte superior del Templo Mayor, y como razón de ser del mismo, se encontraban los dos adoratorios y recintos de las principales deidades mexicas: Tláloc, dios de la lluvia, y Huitzilopochtli, dios de la guerra y principal deidad mexica. Los ídolos estaban cada uno en su respectivo recinto, y aunque el espacio estaba ricamente decorado con piedras preciosas y finos trabajos de oro, a los españoles les impresionó profundamente el hecho de que ahí mismo se realizaran sacrificios humanos en los que (se enterarían posteriormente) se les extraía el corazón a las víctimas, aún con vida, quedando los vestigios de la sangre esparcida en muros y pisos; era imposible que otras culturas que no fueran similares a la mexica aceptaran costumbres y rituales como estos.

Cortés aquí comete un error de diplomacia y de sentido común elemental al proponerle a Moctezuma la construcción de una cruz y de un altar para la Virgen María en la cúspide del Templo Mayor, una especie de sincretismo religioso que el Emperador y sus sacerdotes rechazan con prudencia pero enérgica y categóricamente. Los españoles abandonan el Templo, ahora sí sumamente cansados por el esfuerzo que habían hecho al subir y por el trajinar durante el día. El Emperador y su séquito se quedaron haciendo oración y sahumando a los dioses con el aromático copal en desagravio de la ofensa recibida con la propuesta del extranjero.

Cortés solicitó a Moctezuma la posibilidad de construir un altar para sus oficios religiosos en el Palacio de Axayácatl, a lo cual Moctezuma accede. Esto da pie para que por casualidad, detrás de un muro tapiado recientemente, los españoles descubrieran una cámara con el tesoro de Axayácatl. El cual consistía, según sus mismos descubridores, de un cuantioso número de piezas labradas en oro y multitud de piedras preciosas y objetos de arte de gran valor. Astutamente, y por supuesto traicionado la confianza de quienes les habían brindado su hospitalidad, no dan aviso y deciden dejarlo discretamente como estaba para sus planes futuros, con lo que demuestran cuál era su verdadero interés y propósitos. Los tlaxcaltecas, aliados de los españoles, les habían prevenido y ahora les confirmaban que los planes de los mexicas eran hacer que tomaran confianza como sus huéspedes para después matarlos a todos. Tras la emboscada de Cholula, en donde la prevención y la ayuda de los zempoaltecas y tlaxcaltecas los había salvado, esto hacía que ahora confiaran en ellos. Aunado a esto, se dio un hecho lamentable que en confirmaba como justificado el ambiente de sospechas: les informaron que Juan de Escalante, lugarteniente de Cortés y seis españoles más que componían el destacamento dejado en la Villa Rica de la Vera Cruz, habían sido muertos por los mexicas, quienes seguían cobrando tributo a los zempoaltecas a través de sus aliados totonacas.

En esta forma, Cortés y su gente no ven otra salida inmediata que tomar a Moctezuma como rehén, medida temeraria que si no hubiese sido por la actitud pasiva y amedrentada del Emperador, nunca les hubiera dado resultado. Cortés fue hasta el palacio de Moctezuma; entró con engaños, y luego puso como pretexto el acontecimiento reciente en la Villa Rica de la Vera Cruz para tomar de improviso a Moctezuma. Éste, en lugar de alertar a sus guardias, mintió a los suyos explicando que iba a acompañar a los españoles y pasar unos días con ellos en el palacio de su padre Axayácatl, desde donde seguiría gobernando. El cautiverio de Moctezuma en la gran Tenochtitlán fue sui generis, toda vez que aparentemente, como hemos dicho, éste seguía siendo el Huey tlatoani de los mexicas e incluso seguía haciendo prácticas rituales en el Templo Mayor en honor a Huitzilopochtli con el consentimiento de Cortés. Sin embargo, esto no era nada bien visto por los demás señores de la Triple Alianza; Texcoco y Tacuba, que empezaban a cuestionar y reprobar fuertemente esta situación, despertándose entre ellos mismos la inquietud por el ejercicio del poder en la gran Tenochtitlán y por el futuro de la Triple Alianza, puesto en grave riesgo.

Cacamatzin, señor de Texcoco, empezó a urdir la liberación de Moctezuma mediante el ataque masivo y frontal a los españoles, lo cual hubiera sido relativamente fácil a no ser porque “el Emperador” se enteró y se lo comunicó a Cortés. Éste solicitó a Moctezuma que desautorizase esta acción, a lo cual el Emperador procedió de inmediato. Al rebelarse Cacamatzin, el todavía emperador lo hizo traer a su presencia, lo tomó preso y lo destituyó. Acción esta injustificable y arbitraria que reflejaba el poder que todavía tenía sobre su pueblo. Lo que facilitaba al máximo este vergonzoso proceder. Además, hay que considerar, que no era difícil, que Moctezuma Xocoyotzin creyera fielmente que su dios Huitzilopochtli deseaba que él permaneciera preso de los españoles en la gran Tenochtitlán.

Al ver esto los señores mexicas, y sin saber si lo de su señor preso era cobardía, verdadero comedimiento con sus dioses o simplemente desquicio mental, se plantearon que; precisamente sus dioses eran quienes les ordenaban la expulsión o destrucción de los invasores. Lo anterior fue comunicado a Moctezuma, y lógicamente éste se lo comunicó a Cortés quien, sorprendido y preocupado; por toda respuesta solo explicaba que necesitaba tiempo para volver a construir las naves necesarias, pues en las que había venido habían quedado inservibles. En realidad, lo que Cortés pretendía era ganar tiempo para urdir su estrategia primero de supervivencia y en seguida de escape. Y una vez logrado esto, tener suficiente tiempo para preparar la conquista de tan codiciado imperio, plan que estaba seriamente amenazado por la reacción de los nobles mexicas.

Poco a poco y cada vez más, Moctezuma se convence de que sus captores son verdaderos teules y es manejado por éstos en el gobierno del imperio que admirablemente seguía ejerciendo, a tal grado que les concede todo lo que piden y lo hacen reconocer al emperador Carlos V como su señor y abjurar de sus propias creencias religiosas a favor de las de los españoles, no sin antes verter, cobardemente, abundantes lágrimas por la congoja que todo aquello le producía. Por su parte, los nobles mexicas no podían dar crédito a toda la pesadilla que estaban viviendo, y ya no veían el momento para sacudirse al Emperador que ya no lo era, y al invasor que era la causa misma de su desasosiego.

Otra gran y audaz decisión de Cortés fue la construcción de tres bergantines, pequeños barcos que podían navegar impulsados por velas o por remos para poder salir de la isla con todo lo necesario. Para esto, comisionó a un hábil constructor con experiencia en los astilleros de Sevilla, a don Martín López, a fin de que revisara el diseño y dirigiera la construcción. Se obtuvo de Moctezuma la madera y materiales necesarios, incluyendo el calafateo por medio de chapopote y brea, abundantes en los dominios mexicas. La construcción de estos primeros bergantines inspiró y dio origen a la construcción posterior de otros más que serían de gran ayuda en el asedio y sitio de la gran Tenochtitlán, hecho que más tarde sería definitivo para el dominio español. Diego Velázquez, que no perdonaba a Cortés por haberlo traicionado, envió una expedición con 18 barcos y alrededor de 1,300 soldados que desembarcó en abril de 1520 en San Juan de Ulúa al mando de Pánfilo de Narváez para combatir y apresar a Cortés. Éste dejó la ciudad de México-Tenochtitlán y a su rehén imperial en manos de Pedro de Alvarado; salió acompañado del ejército tlaxcalteca a combatir a Pánfilo de Narváez, a quien vence y lo deja mal herido. Tras la victoria, Cortés se quedó con su gente, armas y bastimentos, con los que regresa a la ciudad. Ésta se encontraba en pie de guerra, debido a la matanza de nobles mexicas que durante su ausencia encabezó Pedro de Alvarado; con una actitud prepotente y un fanatismo que lo llevó a creerse el arcángel San Miguel asesinando casi impunemente –le habían matado a 6 soldados— a una gran cantidad de nobles mexicas que hacían sacrificios rituales a sus dioses, en desagravio por tan vergonzosa situación. Estas actitudes seudoreligiosas de conquistadores como Alvarado, respondían al gran cargo de conciencia que levaban por su mezquindad y codicia que era lo que realmente los movía. Y en este caso lo podía hacer casi impunemente porque los mexicas sabían que proceder en contra de ellos era como proceder en contra de su Emperador.

Al regresar Hernán Cortés con los refuerzos que le había quitado a Pánfilo de Narváez, ya no encontró la ciudad igual; desde su llegada a Texcoco, notó gran frialdad y los extrañamientos que le hacían y, al entrar a la gran Tenochtitlán, la encontró desolada sin entender la causa; pensó que tal vez era en señal de duelo por la muerte de los nobles. Manifestando una soberbia y prepotencia injustificada y fuera de lugar, le enfureció que el mercado de Tlatelolco estuviera cerrado, porque quería enseñárselo a las gentes de Pánfilo de Narváez que venían con él. Le pidió a Moctezuma que lo abrieran de inmediato. Éste sugirió que fuera consigo un noble allegado a él acompañándolo con las gentes de Pánfilo de Narváez; Cortés escogió a Cuitláhuac, hermano de Moctezuma y señor de Iztapalapa, que había sido apresado por los españoles. Dicen que el que se enoja pierde, y Cortés perdió, porque la ira no le dejó ver que a quien estaban liberando era nada menos que al líder más importante de los mexicas y, por supuesto, su enemigo acérrimo. Sin embargo, para Cuitláhuac significó obtener; el imperio y la posibilidad de acabar con los españoles, pero también la muerte.

Entre Moctezuma y Hernán Cortés había surgido una fuerte relación afectiva, una simbiosis en donde Moctezuma sacó la peor parte; “es la mujer de los españoles”, decían sus más fieros críticos, confundiendo la figura femenina con la actitud aparentemente cobarde y complaciente del monarca. Lo cierto es que ya no le tenían ningún respeto y, de hecho, lo habían desconocido. Cuitláhuac, después de abrir el mercado acompañando a los españoles recién llegados y al verse libre, procedió de inmediato a organizar a los mexicas para tomar el Palacio de Axayácatl y el Templo de Texcatlipocatl, en donde se encontraban los españoles, aún a costa de su propio hermano, el Emperador, quien ya no era considerado como tal por muchos de ellos, lamentando profundamente su comportamiento desquiciado que ya no correspondía al de un Emperador mexica. Esto sucedía a finales del mes de junio de 1520.

Posterior al regreso de Cortés, los españoles pretendieron tomar el palacio de Moctezuma y el Templo Mayor, pero fueron contra atacados, ahora si por miles de guerreros mexicas al mando de Cuitláhuac que, de no ser por los tlaxcaltecas, los hubieran aniquilado. Moctezuma trató de defenderlos, hablándole a su pueblo desde la terraza del Palacio de Axayácatl, en donde se encontraba con los españoles que lo guardaban, pidiéndoles enfáticamente que no los combatieran. Todo fue inútil; una lluvia tupida de proyectiles caía sobre el palacio. El propio Emperador, quien indudablemente era uno de los objetivos, recibió tres heridas de piedra, una de ellas mortal, que le hundió el cráneo. La muerte del Emperador suspendió momentáneamente la agresión. El cuerpo de Moctezuma fue entregado a los mexicas para las honras fúnebres que, dadas las circunstancias, no correspondieron a las exequias de un Huey tlatoani mexica; simplemente lo incineraron sin mayor trámite. Contrastaba enormemente aquel despojo humano, casi solo, abandonado, siendo consumido por las llamas que lo envolvían acompasadas por chisporrotear de la leña. En esta forma la silueta del otrora déspota al, que ni siquiera se le podía mirar a los ojos, era consumido por el fuego implacable y por el desprecio de su pueblo.

Es posible que los mexicas hayan elegido a Cuitláhuac nuevo emperador de México-Tenochtitlan, aún antes de la muerte de Moctezuma, por las mismas presuntas causas por las que fue depuesto y ejecutado Chimalpopoca 108 años atrás. Cuitláhuac tuvo un desempeño fiero y valeroso, a pesar que ya se encontraba enfermo de muerte lucho con plena entrega hasta el final. El breve contacto con los españoles traídos por Pánfilo de Narváez y venidos con Cortés ocasionó que se contagiara de la terrible enfermedad de la viruela, propagada recientemente en Cuba, y contra la cual no existía en América ni cura efectiva ni resistencia en los organismos. La viruela, junto con la tos ferina y el tifo, también traídas por los españoles, causarían enormes estragos y miles de bajas entre los indígenas. Sin proponérselo, paradójicamente los conquistadores fueron los primeros introductores de armas biológicas. También trajeron otros males más dañinos; como la codicia, el fanatismo religioso y la corrupción, que siguen haciendo estragos hasta el presente.

Para evitar una derrota total, a principios de julio, Cortés decide abandonar sigilosamente la gran Tenochtitlan bajo el resguardo de la noche. Se dirigió hacia tierra firme por la Calzada de Tacuba; llevaba con él lo más indispensable, pero también lo más preciado para ellos: el oro. Habían previsto la colocación de vigas de madera en los puentes que habían sido levantados; estas las habían obtenido desmantelando los techos del Palacio de Axayácatl. Llevaban gran parte del oro que les había regalado Moctezuma, y también del que se habían apropiado robando el mismo tesoro de Axayácatl. Se dice que cargaron una yegua con oro para el emperador Carlos V. A los caballos les habían envuelto las pezuñas con trapos para amortiguar el ruido y poder salir con el mayor sigilo. Cortés iba a la vanguardia y Pedro de Alvarado a la retaguardia, cada uno de los españoles iba cargado, en lo personal con el oro que se había apropiado.

Apenas fueron sentidos, los mexicas salieron por millares en pie de guerra, atacándolos en la Calzada por los flancos en cientos de canoas y, por la retaguardia, con arqueros que dejaron caer sobre sus enemigos una verdadera andanada de flechas, abundantes piedras y proyectiles lanzados con hondas. Fue una cruenta huida la de los españoles y sus aliados tlaxcaltecas; perdieron mucha gente y caballos, a tal grado que los huecos de los puentes móviles se llenaron de cadáveres de personas y bestias. Los cargamentos que al final no pudieron llevar también sirvieron de relleno, así, muchos de los que lograron salir tuvieron que pasar sobre este macabro puente improvisado.

En su huida, Cortés se dirige hacia Tlaxcala, pero Cuitláhuac envía a su Cihuacóatl a seguirlo y acabarlo. En los llanos de Otumba le dan alcance y le presentan batalla muy desigual, ya que mientras los españoles eran poco más de 300, muy fatigados y heridos, con aproximadamente 20 caballos más los cientos de guerreros tlaxcaltecas aliados, el ejército mexica se contaba por miles. Durante varias horas pelearon con furia. Cortés, al divisar a lo lejos y sobre una colina al Cihuacóatl, rodeado de los capitanes mexicas con grandes y vistosos penachos y estandartes, sin darse por vencido y como acción desesperada, junto con varios de sus lugartenientes a caballo, se les echan encima a galope tendido y con tal determinación que matan a los principales y al Cihuacóatl mismo, eliminando así al estandarte que orientaba a los guerreros. Los escuadrones mexicas al ver desaparecer los estandartes, se sorprenden y se repliegan desconcertados cuando tenían el triunfo asegurado. Esto le da oportunidad a Cortés de un importante respiro mientras llegan los refuerzos tlaxcaltecas con miles de guerreros, logrando escapar así, de una muerte casi segura.

Muerto Cuitláhuac por la viruela, los mexicas con el visto bueno de Texcoco y Tlacopan, eligen señor de México-Tenochtitlan a Cuauhtémoc, hijo del gran Ahuitzotl, con la encomienda de defender la capital del asedio de los invasores. Cortés no da margen para la acción; de inmediato solicita y obtiene el apoyo urgente de los tlaxcaltecas con miles de guerreros adicionales. Por su parte, los mexicas no pueden recurrir a sus antiguos súbditos porque son odiados por ellos y éstos estaban al acecho solo esperando aprovechar la situación, que se presenta ahora que los ven en condiciones difíciles.

Cuauhtémoc, de la familia real mexica, miembro también de la dinastía de Acamapichtli, de conducta impecable y educado con gran esmero y en el Calmécatl –la escuela para los nobles— con una férrea disciplina personal, valiente y noble guerrero respetuoso del ritual ceremonial y de sus dioses, hizo honor a su estirpe. Pero el destino estaba escrito. Por más esfuerzos, sacrificios y fiero desempeño como gran guerrero que era, al final sucumbió ante la adversidad y el invasor aliado no solo con cempoaltecas y tlaxcaltecas sino ahora con muchos otros de sus antiguos tributarios. En agosto de 1521 es capturado el décimo primer y último emperador mexica, termina así su imperio al ser detenido en el lago por uno de los bergantines de Cortés cuyos guerreros navegantes no podían creer que se tratara del mismísimo Emperador de los mexicas. De esta manera, se cumple la premonición que encerraba el significado de su nombre y con él, también la caída del imperio mexica. Sin embargo, con su descenso se incubó el germen que 300 años más tarde también acabaría con la vigencia del otro imperio y daría nacimiento a una nueva Nación.

Todo esto pasó con nosotros,
Nosotros lo vimos:
en los caminos yacen dardos rotos,
destechadas están las casas,
enrojecidos tienen sus muros.
Gusanos pululan por plazas y calles
Rojas están las aguas, están como teñidas…
Golpeábamos los muros de adobe,
y era nuestra herencia una red de agujeros.
Con escudos fue defendida la ciudad,
pero ni con escudos pudo ser ya sostenida.

Antiguo poema náhuatl,

escrito muy poco después de la Conquista. [27]

Textos tomados del libro “México y su Realidad” 2ª Edición

De Antonio Fuentes Flores 3a Edición

https://www.amazon.com/author/antoniofuentesf

Este libro se puede bajar para leerlo completo en Tableta o iPad

De la pagina http://www.planeacionestrategica.net mediante el

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San Pedro Garza García Nuevo León julio 21 de 2014

[1] Paul Rivet, Los orígenes del hombre americano (México: Fondo de Cultura Económica) 68.

[2] Término utilizado y propuesto por el maestro Paul Kirchhoff.

[3] Según Jacques Soustelle, Los olmecas (México: Fondo de Cultura Económica) 14.

[4] De acuerdo a la descripción hecha por Bernal Díaz del Castillo en Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (México: Fernández, 1961) 291; y por Hugh Thomas, La Conquista de México (México: Patria) 450.

[5] “Esquemas para una Oda Tropical”. Fragmento. Carlos Pellicer.

[6] Román Piña Chan, Historia, arqueología y arte prehispánico (México: Fondo de Cultura Económica) 14- 17.

[7] INAH, CALENDARIO MAYA, Colección lo Esencial, ARQUEOLOGIA

[8] Aunque es importante hacer notar que la numeración maya no es posicional como la arábiga que a su vez procede de la hindú, donde surge el cero como nosotros lo conocemos.

[9] Actualmente se encuentra en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México.

[10] Paul Gendrop, Quince ciudades mayas (México: UNAM, 1984)

[11] Miguel León Portilla, “Textos indígenas del mundo náhuatl del siglo XVI”, Los antiguos mexicanos (México: Fondo de Cultura Económica, 1961) 25.

[12] Pablo Escalante Gonzalbo, ed. Nueva Historia Mínima de México: El México Antiguo (México El Colegio de México, 2005) 27-28.

[13] Nezahualcóyotl, “Como una pintura nos iremos borrando”, Traducción del padre Garibay, Nezahualcoyotl, vida y obra, por José Luis Martínez (México: Fondo de Cultura Económica) 203-204.

[14] El nombre de este dios significa “espejo humeante negro”.

[15] Pedro Carrasco, Historia general de México (México: El Colegio de México, 2000) 205.

[16] Ignacio Bernal, Tenochtitlán en una isla (México: Fondo de Cultura Económica) 129.

[17] La cultura mexica va de 1325 a 1521, fecha en que es apresado Cuauhtémoc. Pienso que solamente en este período se les puede llamar mexicas. Anterior a la fundación de México-Tenochtitlán, a esta cultura debe llamársele azteca, período que comprende desde la migración con la salida de la mítica Aztlán (sin precisar la fecha) hasta el nacimiento de la cultura mexica en 1325.

[18] Aunque las fechas en la sucesión de los señores mexicas difieren según los diferentes especialistas, coincidiendo casi todas en el inicio y terminación de la dinastía, en este caso se escogieron las propuestas del maestro don Miguel León Portilla. Óp. Cit.

[19] Según don Miguel León Portilla, Moctezuma Ilhuicamina murió en el año 2-pedernal (1468), después de 29 años de reinado.

[20] Pedro Carrasco, Historia general de México (México: El Colegio de México, 2000).

[21] Poema de Nezahualcóyotl traducido por el padre Garibay, según J.L. Martínez en Nezahualcóyotl:Vida y Obra (México: Fondo de Cultura Económica) 132.

[22] Carlo Coccioli, Yo, Cuauhtémoc (México: Secretaría de Educación Pública) 33.

[23] Parcelas flotantes utilizadas en el cultivo de vegetales

[24] Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera

[25] Se refería Bernal Díaz del Castillo al Amadís de Gaula, que había sido editado en Sevilla en 1519, paradigma de los libros de caballería tan en boga en ese tiempo.

[26] Alfonso Reyes, Visión de Anáhuac (México: Fondo de Cultura Económica) 16.

[27] Miguel León-Portilla, Micro historia de la Ciudad de México

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5 pensamientos en “CÓMO ERA MEXICO ANTES DE LA CONQUISTA

  1. Excelente presentación, me gustaría leer la obra completa.

    Gracias por compartir trabajos de investigación y dedicación de tiempo.

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