CÓMO FUE LA INFLUENCIA DE LOS ARABES EN HISPANIA

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Akhila, quien pretendía el reinado visigodo; al solicitar el auxilio de los musulmanes en contra de la que él consideraba una usurpación de don Rodrigo, trigésimo quinto y último rey de los visigodos en Hispania; le sucedió algo similar a lo que le pasó al Pito Pérez[1] de José Rubén Romero, al ir a solicitarle a su jefe que pidiera a su novia, éste sí la pidió, pero para él mismo y no para el pobre de Pito Pérez.

Los árabes del gobernador Musa ibn Nusayr, dependientes del califato de Damasco, estaban asentados en Túnez, en el territorio de Mauritania, en parte de lo que hoy es Marruecos, al noroeste de África. Ahí estaba al mando su lugarteniente Tariq. Los árabes en Mauritania vivían un pleno proceso de preparación para su expansión y habían sido reforzados por los beréberes. Desde hacía casi medio siglo habían esperado pacientemente la oportunidad para cruzar el estrecho de Gibraltar en plan de conquista. La oportunidad se les presentaba ahora “en charola de plata”, al atender, sin perdida de tiempo, el llamado de Akhila. Y no sólo rescataron el trono visigodo, sino que al dar muerte a don Rodrigo, se apoderaron de sus territorios, no en beneficio del “buen” Akhila, sino en el suyo propio. De esta manera, los árabes de Tariq al frente de 12,000 efectivos iniciarían el dominio de Hispania que duraría 781 años, desde el 711 hasta 1492, cuando en la Reconquista los ejércitos de los “Reyes Católicos”, don Fernando de Aragón y doña Isabel de Castilla, toman la ciudad de Granada.

Los musulmanes estaban al acecho y bien preparados para invadir; sus intenciones eran evidentes y congruentes con su proceso de expansión, iniciado desde finales del siglo VII al conquistar a las tribus de beréberes del norte de África y fundar Túnez. Para la conquista de los beréberes, los árabes capitalizaron a su favor las rivalidades existentes entre los diferentes grupos, al enfrentar a nómadas contra sedentarios, venciendo a ambos al final y aliándolos a todos para formar un compacto grupo de árabes y beréberes todos dentro de la religión del Islam. Fue así como se encontraban ahora listos para la conquista de la Península, la cual Akhila, lo proporcionaría ingenuamente sin darse cuenta, cegado por la ambición y el rencor. Era evidente que este miembro de la nobleza visigoda, no merecía el liderazgo de su pueblo. Después de esto, ahora comprendemos la decisión de Vitiza, su padre, al no haberle heredado el trono a él.

La penetración de Tariq al frente de los árabes y beréberes por el estrecho de Gibraltar se dio a través del puerto de Ceuta, hacia Queaclella, al que después denominarían Algeciras. Tras derrotar a don Rodrigo a orillas del Guadalete, y sintiéndose reconfortado y alentado por el triunfo, Tariq decidió avanzar hacia el interior de la Península con el objetivo de llegar al corazón mismo de la Hispania visigoda: a Toledo. Tariq poseía una gran pericia militar; a él se debe en gran parte el rápido avance de los árabes hacia Toledo. El caudillo árabe-berebere encontró muy poca resistencia, y por otra parte realizó una serie de inteligentes alianzas estratégicas con bizantinos y visigodos, asegurándoles a los hijos de Vitiza la posesión de abundantes bienes materiales, pero lógica y astutamente, marginándolos definitiva y absolutamente del poder. De esta manera, se logró consolidar rápidamente la hegemonía de los musulmanes en el territorio ocupado. Tariq continuó avanzando en forma definitiva y contundente, ya que tuvo el cuidado de ir reforzar las guarniciones de las plazas tomadas, consolidando el avance, lo que le permitió penetrar muy al norte, hasta León.

Un año después de la llegada de los musulmanes a Hispania, Musa, el gobernador de Túnez, cruzó el Estrecho de Gibraltar con cerca de 20,000 árabes perfectamente equipados con armas sarracenas y briosos caballos entrenados para el combate. Era impresionante ver los atuendos de guerra y la belleza de los caballos árabes. Musa avanza sobre Sevilla y va como en un desfile triunfal, continúa hasta Toledo, en donde se une con Tariq, y juntos avanzan hacia Zaragoza, teniendo como objetivo el dominio del valle del Ebro. Al regresar Musa a Damasco, deja a su hijo Abd-al-Azis al mando de los ejércitos conquistadores. Éste establece su sede en la milenaria Sevilla y muere en el 716.

El tiempo de la penetración y consolidación de la dominación de los árabes en Hispania fue de aproximadamente 40 años. En el 732, su inercia invasora y de conquista en la Península los lleva a traspasar la cordillera de los Pirineos hacia las Galias de los francos, hasta donde llega su máxima penetración. Las derrotas que sufren en estas tierras frente al Duque de Aquitania, y en Tours y en Poitiers frente a Carlos Martell, sumadas a la derrota de Covadonga frente a don Pelayo, último líder visigodo, hijo de uno de los condes de las provincias visigodas en tierras asturianas, los hacen recapacitar en su intento por continuar más al norte. Más que nada, lo que desalentó a los árabes fue el verse frente a un medio ambiente húmedo y frío, totalmente extraño y hostil a su propia naturaleza, acostumbrada a un entorno totalmente distinto. Esto los disuade de seguir penetrando en Europa e influye indudablemente a que los árabes se concreten a ocupar únicamente la Península Ibérica y en esta, muy particularmente, aquellas tierras semejantes a su hábitat tradicional, por lo que se concentran preferentemente en la parte sur de Hispania y en la Bética, con tierras más cálidas y soleadas. Es así como establecen “Al-Ándalus”, como desde entonces se conoció a la Hispania musulmana, con capital en Córdoba. Este territorio ocupaba una zona un poco más grande de lo que hoy es la actual Andalucía.

Como en el caso de la invasión visigoda, aquí también los conquistadores árabes eran una minoría; algunos historiadores[2] calculan que estos formaban aproximadamente el 10% de la población total existente en la Península, que seguía siendo aproximadamente de 5 millones de habitantes. En esta forma, en la zona dominada por los árabes había un poco más de 4 millones de habitantes. En las regiones independientes, en la región del Cantábrico, vivían alrededor de medio millón de habitantes; este reducto hispano-cristiano, que nunca pudo ser sometido por los árabes, se mantuvo desde la batalla de Covadonga.

La conquista árabe se da a través de capitulaciones y pactos, más que por medio de una lucha cruenta; los pueblos de la península aceptaron al invasor porque las capitulaciones y pactos era congruente tanto con la cultura romana, que los dominó por más de 600 años, como con la visigoda, que duró 300. De ésta manera, el espíritu de la soci siguió imperando. Los mismos pueblos de España, casi 1,000 años después, cuando se empezaron a consolidar como nación y les tocó a ellos el turno de ser los conquistadores, volverían a utilizar el mismo método: tanto mediante la división de los contrarios, como forzando la capitulación impuesta a sus rivales, inspirados en el espíritu mismo de la soci, en algunos casos, o con la deditio[3], sí no había otra salida.

La composición étnica de los musulmanes en su migración para asentarse en Hispania, era una mezcla de razas provenientes de Asia Menor y de África. Los árabes y los turcos eran originarios del Asia Menor y de África, y los beréberes también de África, de su extremo noroccidental. De aquí más tarde llegaron, también los almorávides; probablemente de estos últimos se derive el nombre de “moros”, tanto como abreviación del nombre, como por el color de su piel oscura. Otra versión señala que los romanos nombraron a los beréberes maurus, que quiere decir habitantes de Mauritania; a su vez, de maurus surgió moro y de moro se derivó moreno, que daban al color de la piel oscura. Los beréberes eran nómadas del Sahara y los almohades procedían de la zona montañosa de lo que hoy es Marruecos.

La población de la Península, desde el punto de vista étnico, estaba dividida en árabes, beréberes, judíos e hispano visigodos. Los árabes eran los dominadores e implantadores de la religión musulmana. Desde el punto de vista religioso y de la aceptación o rechazo de la religión islámica, existían 4 grupos: los musulmanes o dominadores; los que renegaron a su religión cristiana y aceptaron el islamismo, llamados muladíes; los que seguían fieles a su fe cristiana, pero aceptaban en cierta manera la dominación árabe y se adaptaron a su cultura, llamados mozárabes; y finalmente, los que rechazaban la dominación árabe y por supuesto la implantación del islamismo como religión, que podemos identificar como hispano cristianos. Estos últimos se concentraban en el norte de la Península, mientras que el resto se agrupaba al sur, en Al-Ándalus.

Los mozárabes estaban integrados tanto por los hispano-visigodos que se adaptaron a la cultura árabe, como por los árabes mismos que se convirtieron al cristianismo. Conjuntamente muladíes y árabes, se concentraron en las principales ciudades de Al-Ándalus como Córdoba, Sevilla, Toledo y Mérida, teniendo particular importancia su ubicación en Granada, en donde construyen el bellísimo alcázar de La Alhambra con sus incomparables jardines del Generalife.images-1 A pesar del evidente interés de los mozárabes por la cultura y el idioma árabe, este grupo de cristianos sufrió persecuciones y deportaciones, sin someterse nunca del todo al conquistador, hasta que, en 1126, con la sublevación de los mozárabes en Granada, una gran parte de éstos emigra a Aragón, y otra es deportada a Marruecos.

Si bien durante la dominación visigoda, se dio el fenómeno de ruralización en detrimento de las ciudades y de la organización política central; durante la dominación árabe esta tendencia se revierte, y no sólo se vuelve a dar importancia a la concentración urbana con la construcción de recintos amurallados y bellos alcázares, cubiertos con techos de teja de barro; sino que también surgen nuevas ciudades, iniciando por Calatayud, en el 716; Tudela, establecida a principios del siglo IX; así como Lérida, Badajoz y Almería, ésta última fundado por Abd-al-Rahman III como puerto marítimo en el Mediterráneo a mediados del siglo X. Y por supuesto Algeciras, por donde ingresaron las tropas de Tariq.

De esta manera, también las ciudades existentes[4] adquieren particular importancia, entre las que destacan principalmente Córdoba, que llegó a tener 100,000 habitantes en su apogeo, y en donde se construyó la espléndida mezquita, sede primero del Emir y posteriormente del Califa; Sevilla, que era de las principales ciudades, con 40,000 habitantes, contaba con el magnífico alcázar y la torre de la Giralda, a la que posteriormente, en el siglo XVII, remataron en estilo barroco, torre similar a la Mezquita Kutubia de Marraquech; Toledo, la antigua capital visigoda, con 37,000 habitantes; y Granada, el último reducto de los árabes, con 26,000, así como Málaga y Zaragoza, con 20,000.

La cultura árabe y su forma de vida urbana transformó notablemente a las ciudades de la Península al romper con el trazo ortogonal tradicional de la cultura romana, sin cambiar el espacio abierto público, dándole ahora mayor importancia al espacio interior y a la vida interior en casas y alcázares, construidos con sabiduría y belleza arquitectónica, aprovechando las leyes de la naturaleza para lograr el confort, como era su costumbre. Esta influencia más tarde tendrá expresión en la cultura mexicana, al complementarse con la influencia prehispánica iniciada en los palacios y zonas habitacionales de Teotihuacán y terminada en los de la gran Tenochtitlán.

Con la derrota de los omeyas en el 747, el califato de Damasco desaparece y se traslada el poder de los árabes a Bagdad. Por ésta razón y aprovechando la circunstancia; la organización política hispanomusulmana se separa del Califato de Bagdad e inicia en el 758, con Abd-al-Rahman I de los omeyas, en Al-Ándalus, como Emir, con sede en Córdoba, creando en la Península Ibérica un Estado musulmán independiente con carácter de monarquía absoluta y hereditaria.images-4 El emirato fue la pieza clave en la estructura de este nuevo Estado hispanomusulmán, centralizado, apoyado en el poder político y en el uso de la fuerza legítima a través del Ejército. Todo esto gira en torno a la religión del Islam, legitimada por el sometimiento del poder político a Dios. La doctrina política adoptada fue en base a la de la escuela jurídica de Malik de Medina, una doctrina ortodoxa radicalmente observada y defendida por los alfaquíes, juristas, teólogos, que pugnaban por la unidad dogmática con una especie de fundamentalismo que no permitía desviación alguna. De ésta manera, los omeyas sientan sólidas bases para el nuevo Estado en Al-Ándalus.

A finales del siglo VIII, los francos de la dinastía carolingia realizaron una serie de penetraciones con el objeto de establecer una barrera definitiva, no solamente física –como lo constituía la enorme y bella mole natural de los Pirineos—, sino a manera de presión política y guerrera para contener a los árabes definitivamente fuera de la tierra de los francos. Esto da pie a una de las primeras obras de la literatura épica en la Península, “El Cantar de Roldán” (778). El texto describe una de las incursiones de Carlo Magno a Hispania, por el puerto de Roncesvalles, y la actitud heroica de Roldán y sus gentes, que al regreso se niegan a seguir con Carlomagno para así cubrir su retaguardia y “son derrotados y muertos por los árabes en combate desigual”, precisamente antes de cruzar los Pirineos en lo alto del puerto de Roncesvalles. Aunque en realidad se dice que en este caso no fueron los árabes quienes derrotan a Carlomagno, sino los vascos y navarros, fieros guerreros defensores de su territorio –lo cual es muy creíble toda vez que eran los únicos habitantes de la región y propiamente sus guardianes más celosos—.

A finales del siglo VIII y principios del siglo IX, tiene lugar el reinado del tercer omeya de al-Ándalus: Al-Hakam I (796-822); a él le tocó precisamente enfrentar tanto las presiones de los francos de Carlomagno como las tensiones sociales derivadas de la lógica discriminación económica y social de los conquistadores árabes sobre los conquistados, lo que ocasionó los levantamientos de muladíes en Zaragoza, Toledo y Mérida. Al-Hakam I resuelve estos problemas por la fuerza de la represión, lo que ha sido una constante histórica muy efectiva, que también adoptaría Napoleón con eficacia. En estas condiciones se prepara el terreno para el advenimiento de Abd-al-Rahman II (822-852), en donde se consolida una sólida economía comercial con base monetaria, inspirada en las estructuras político-administrativas persas, de tradición autocrática y centralizadora, Esto es un ejemplo más de cómo la experiencia cultural se transmite al futuro a través de los vasos comunicantes que son las mismas civilizaciones.

En el 912, llega al emirato Abd-al-Rahman III, quien no conforme con todo el poder absoluto que centralizaba el Emir, se autoproclama Califa en el 929 para acentuar más la fuerza y la soberanía del Estado islámico de Al-Ándalus y su independencia de Bagdad, enmarcado todo esto con un cierto fausto y esplendor cortesano. Aunque de esta manera se pretendía realzar más la majestad del soberano, por otro lado se ahondaba más la diferencia ya de por sí grande entre éste y sus súbditos. Es justo reconocer que Abd-al-Rahman III consolida y profesionaliza al Ejército y delimita con mayor claridad las fronteras de al-Ándalus. Con ello confirma el poder musulmán en la Península. Durante su reinado, se desarrolla la astronomía y la aplicación de la ciencia matemática. A él se le considera como el más ilustrado de los omeyas de al-Ándalus. Lamentablemente muere en 976. En 981, sube Abú Amir, que se convierte en Almanzor, dictador de al-Ándalus. Previamente, utilizando astucia y manipulaciones políticas, había hecho que triunfara la candidatura del príncipe Hisham al Califato. Ya que siendo él, el administrador de su hacienda y propiedades, no le sería difícil, como lo fue, relegar a Hisham, que era menor de edad, relegándolo a una mera figura decorativa con función “espiritual”; para él tomar el poder y convertirse en virtual rey. Al encerrarlo en el Palacio de Córdoba, concentra despóticamente para sí el poder político. Más tarde, deja su reinado a su hijo Abd-al-Malik, quien lo conserva hasta su muerte en el 1008, cuando es sustituido por Abd-al-Rahman Sanchuelo, persona incapaz y sin tacto político que exige al Califa su nombramiento como sucesor. Sólo duró 6 meses en el trono. Ante tal desprestigio, surgieron cada vez más revueltas sociales en contra del Califato y, al aparecer diferentes grupos en pugna por el poder. Y en 23 años terminan con el Califato y con el Estado musulmán de Al-Ándalus. Todo por la exaltación artificial del poder por el poder mismo, sin tener ellos mismos un objetivo claro.

En esta forma, en el siglo XI se da el desmembramiento del Estado musulmán al fraccionarse en diferentes reinos llamados de taifas, que ubican sus cabeceras en las ciudades más importantes como Toledo, Zaragoza, Badajoz, Granada y Sevilla. La división de estos reinos y el enfrentamiento entre ellos debilitaron el poder de los árabes, que solamente se ve renovado con dos nuevas invasiones de almorávides y almohades. Ante esta situación, a los hispanos cristianos del norte, principalmente a los castellanos, se les facilita el inicio de la reconquista tan esperada y se da poco a poco el avance hacia el sur. Eran estos los tiempos del legendario Cid campeador, don Rodrigo Díaz de Vivar, cobrador del tributo feudal que los reyes castellanos imponían a los reinos de taifas, él es quien se vuelve el azote de las tribus invasoras de almorávides. Alfonso VI, que había sucedido al rey castellano Sancho II; por celos orilla al Cid a convertirse en un mercenario, por esta razón lo encontramos ahora sirviendo a Yusuf Al-Mu’Tamin, cabeza del reino taifa de Zaragoza. Sin embargo, más tarde, ambos se reconcilian, y Alfonso VI le encarga al Cid, Levante, estableciendo su base en Valencia. Y así, en el 1085, se recupera Toledo. Al morir el Cid, se convierte con justa razón en una de las grandes leyendas de la época medieval al escribirse, en 1207, el poema del “Mío Cid”, valiosa obra literaria de la épica castellana que narra las andanzas de don Rodrigo Díaz de Vivar y la hazaña que describe la importancia que tiene el simbolismo en el ánimo de la gente al utilizar el cadáver del Cid para triunfar en la batalla con él, aun después de muerto.

Mientras tanto, en 1118 se recupera también Zaragoza, en el siglo XIII, el rey de Castilla se apodera de Córdoba y Sevilla, y el rey de Aragón conquista Valencia y Murcia, así como las Islas Baleares. Se fortalecen los reinos de León (que incluía Asturias y Galicia), el de Castilla y Portugal, y el de Navarra y Aragón, que incluye Cataluña, Sicilia y Nápoles. En el 1200, la provincia vascongada de Guipúzcoa se une a Castilla, quedando los musulmanes reducidos al reino de Granada, que comprendía Almería, Málaga y Gibraltar. En esta forma, y en plena acción sistemática de la reconquista surgen en España los mudéjares, como musulmanes que se adaptaron al reconquistador cristiano y al que ahora pagaban tributo. También se llamó mudéjar al estilo arquitectónico que floreció durante la Reconquista. La mayor parte del comercio y la industria se encontraba en manos de mudéjares y judíos: “Por fin, los mudéjares o musulmanes residentes en territorio cristiano comenzaron a jugar un papel demográfico a partir de la dominación del valle del Ebro, acrecentado después con las conquistas de Levante y Andalucía; se trataba, en general, de una masa de población fundamentalmente rural que optó por acogerse a los pactos de capitulación propuestos por los reconquistadores cristianos; incluían inicialmente el respeto a las costumbres y la conservación de algunas de sus autoridades, al menos las que ejercían su jurisdicción en las ciudades (reminiscencias de la soci) en donde los mudéjares quedaron relegados a barrios extra muros –la morería –, aislados del resto de la población urbana.”[5]

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El río Guadalquivir

va entre naranjos y olivos.

Los dos ríos de Granada

bajan de la nieve al trigo

¡Ay amor

que se fue y no vino!

 El río Guadalquivir

tiene las barbas granates.

Los dos ríos de Granada

uno llanto y otro sangre

¡Ay amor

que se fue por el aire!

 Para los barcos de vela,

Sevilla tiene un camino;

por el agua de Granada

sólo reman los suspiros

¡Ay amor

que se fue y no vino!

Guadalquivir, alta torre

y viento en los naranjales.

Dauro y Genil, torrecillas

muertas sobre los estanques

¡Ay amor

que se fue por el aire!

 ¡Quien dirá que el agua lleva

un fuego fatuo de gritos!

¡Ay amor

que se fue y no vino!

Lleva azahar, lleva olivas,

Andalucía, a tus mares.

¡Ay amor

que se fue por el aire![6]

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La aportación de los árabes a la cultura española y, a través de ésta, a la mexicana, fue valiosa y de enormes proporciones. Finalmente llegamos a las dos grandes y diferentes civilizaciones la mexica y la española, que fueron las destinatarias del proceso de culturización que se dio durante más de 3000 años, a través de las influencias culturas que hemos visto y que, poco a poco, las fueron alimentando y preparando para su encuentro y fusión. En realidad yo no sé si realmente estarían preparadas. Yo creo que no; ninguna de ellas lo estaba, no lo podían estar, no tenían porque estarlo, pero la circunstancia histórica se dio propicia para la colisión de las dos culturas que nos llevó a una forzada fusión. Y sin proponérselo nadie, ésta se iniciaría en el siglo XVI, con todas las consecuencias que se viven ahora en lo que es el México del siglo XXI.

Textos tomados del Ensayo “México y su Realidad” 3a Edición de Antonio Fuentes Flores

 

[1] La vida inútil de Pito Pérez (1938), del novelista y poeta michoacano José Rubén Romero.

[2] Miguel Artola y José García de Cortázar, coords. La Época Medieval .Tomo 2 de Historia de España. p. 63.

[3] Esta forma fue la que utilizaron los conquistadores españoles al no dejar “piedra sobre piedra” de la México-Tenochtitlan.

[4] Miguel Artola y José Ángel García de Cortázar, coords., La Época Medieval, Tomo 2 de Historia de España. De acuerdo a Leopoldo Torres Balbas y Henri Terrasse en Ciudades hispanomusulmanas (Madrid: Instituto Hispano-Árabe de Cultura, 1985).

[5] José Ángel García de Cortázar, La época medieval 172

[6] Federico García Lorca, “Baladilla de los tres ríos,” Romances y canciones (Madrid: Mondadori, 1998) 13-14.

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3 pensamientos en “CÓMO FUE LA INFLUENCIA DE LOS ARABES EN HISPANIA

  1. Pues si, esta fue una de las causas por la que los españoles hambrientos de poder y solucionar su situacion buscaron nuevas fuente de ingresos y se les presento con el descubrimiento de estas nuevas tierras, saqueadolas y arrebatandoles tanto su cultura como sus riquezas, ademas de que cunado llegaron encontraon una cultura muy superior a la ellos, en cuanto a medicina, astronomia, y artesania.

  2. Este es un excelente ensayo.
    Comento: Andalucía es una distorsión de VANDALUCÍA, o país de los vándalos. Así llamaban los moros a esta región del reino germánico.
    Y Guadaquivir, es una contración de dis palabras árabes.
    Guadal es río.
    Y al q’br significa grande.
    Y Guadalajara es el río de la basura.
    Y Zaragoza es una dustirsión de Cesar Augusta.
    La ciudad del Cesar Octavio.
    ABUR, que significa hasta la vista amigos.

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