LA BOLA, La Revolución mexicana

El pueblo de México A la revolución el pueblo le llamó “la bola”; por la bola de intereses mezclados, la bola de participantes con sus distintas motivaciones, la bola de ideas y estandartes que como madeja se enredan unos con otros desordenadamente; como los postulados de los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón por un cambio radical hacia el socialismo, o los de Emiliano Zapata de “Tierra y libertad”, los que se mezclaron con desventaja con la actitud reformista y mercachifle de los llamados revolucionarios, de pensamiento conservador y pequeño-burgués, quedando al final todo revuelto dentro de una gran bola de polvo que difuminó e hizo confusas las siluetas, los ideales, extraviándolo todo, confundiéndolo todo.

Una bola que castigó a muchos inocentes, personas inermes que ni la debían pero sí la temían. Una bola que en pos de la justicia cometió grandes injusticias, que acabó con muchas fuentes de trabajo, de riqueza y con muchas vidas, que propició el despojo indiscriminado, principalmente del más débil, que dejó impunes a muchos criminales y saqueadores, cuya descendencia vino a convertirse, paradójicamente, en grandes personajes de la “clase política” y empresarial.

Una bola que repartió la tierra para volver a acumularla en los generales “victoriosos” que reclamaban su botín; una bola que, como en las fundiciones, hizo que la escoria subiera a las capas superiores que es en donde permanece actualmente, con el camuflaje de la vestimenta que proporciona la riqueza, sin importar que haya sido mal habida.

Y sin embargo, en cierta forma esto era necesario para romper con la inercia de tanta injusticia existente en ese tiempo y que, al igual que en las fundiciones, también el proceso revolucionario, en este caso, pretendía rescatar para preservar lo mejor que yace adentro; en las entrañas de México.

De poco sirvió el gran esfuerzo y sacrificio de su pueblo, porque, aunque la acción de muchos buenos mexicanos logró avances relativos; la causa, de los que hicieron de la revolución su propia causa, fue el establecimiento de un saqueo sistemático, por medio de la creación de un sistema político; del “Sistema Político Mexicano” (SPM), para explotarlo todo en su beneficio; por medio de lo que aparenta ser pero que no es, a través del engaño y la simulación. El SPM, que fue creado entonces, ha trascendido hasta nuestros días y está plenamente vigente, por el refrendo que le dio “la oposición” en el siglo XXI, quienes lo adoptaron por ignorancia, estupidez y codicia; traicionando la confianza del pueblo de México, para seguir defraudando y permitir el secuestro del Estado mexicano. Hoy, los autodenominados “revolucionarios” convertidos en “Delincuencia Organizada”, en gobierno; se han apoderado de México, de su gente, de su patrimonio y de sus recursos naturales; mediante la corrupción, la impunidad para el poderoso y la ausencia total del Estado de derecho.

Hoy 20 de noviembre, los mexicanos no tenemos nada que celebrar

Antonio Fuentes Flores.

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