Los Partidos Políticos en México

ACTUALIDAD EN CRISIS

Se podría decir que, dada la circunstancia histórica, los más importantes partidos en México en la actualidad son: el que inicialmente surgió en 1929 como PNR, después se transformó en PRM y ahora es el actual PRI, fundado y concebido en sus orígenes por Plutarco Elías Calles; el PAN que fue fundado en 1939 por Manuel Gómez Morín; y el PRD que nació en 1989 gracias a Heberto Castillo. Estos han sido partidos hasta cierto punto bien nacidos, con un origen claro y congruente con la circunstancia del momento. Dejando a un lado, por un momento, el hecho de que la hegemonía del primero anuló o trató de anular a los demás, y terminó anulándose a sí mismo con el consecuente ascenso de los otros dos. También el contenido ideológico, esencial, de estos partidos fue valido y diferenciado en sus inicios; lógicamente el PRI, dominante, después de la Revolución tomó los principales postulados ideológicos del movimiento social (revolucionario) de principios del siglo XX, heredados del liberalismo y plasmados en la Constitución del 17, demostrando con el tiempo que los utilizaría más como vestimenta superficial que como esencia y auténtico compromiso ideológico, toda vez que en los hechos se volvió conservador y los ideales revolucionarios fueron traicionados; a su vez, el PAN surge como un verdadero partido de oposición, pero es aprovechado por algunos como reacción contraria a la tendencia socialista del régimen cardenista, y para canalizar una corriente de pensamiento ultra conservador, ligado a la estructura de poder de la Iglesia Católica. Aunque como partido aceptó el carácter laico que constitucionalmente le correspondía, y no obstante que el pensamiento personal de su fundador era eminentemente humanista y –yo diría— revolucionario, la tendencia ideológica de la mayor parte de sus miembros, desde el inicio, estuvo más ligada al pensamiento conservador histórico e influenciada más adelante, en la década de 1950, por la manera de vida en los EU. e ideológicamente por el macartismo surgido ahí mismo, con una actitud mas que ideológica, de verdadera paranoia; El PRD, como hemos visto, surge de la coalición de los partidos con tendencia socialista y del Partido Comunista Mexicano, mismos que pudieron existir abierta y legalmente hasta después de la reforma de 1977, hasta consolidarse años más tarde al nacer el PRD a raíz del fraude electoral de 1988. En un principio su ideología no era suficientemente clara: por un lado, era una especie de mezcla de socialismo, representativo del pensamiento derivado de los inicios ideológicos de la Unión Soviética, caracterizado por el marxismo-leninismo y por otro lado una identificación con el socialismo europeo de los últimos tiempos. Esto último fue más bien un deseo que una realidad, pues el pensamiento socialista se polarizó y entró en conflicto en México desde la división entre las corrientes estalinista y trotskista, toda ésta ideología, ya de por sí amorfa, ha estado matizada y podríamos decir contaminada por la actitud seudoideológica de algunos liderazgos marcadamente demagógicos, especialistas en movilización de masas, con actitudes nihilistas y contestatarias, sin ningún propósito claro, sino sólo el logro de su posicionamiento político dentro de su partido y la rentabilidad económica resultante.

Ninguno de los principales partidos políticos le ha planteado claramente al pueblo de México, al electorado; que es lo que piensan hacer en forma concreta con el poder que están buscando en congruencia con su ideología.

En estas condiciones, el ciudadano mexicano sigue en la actualidad sin tener opciones ideológicas partidistas. Ni la posibilidad, para muchos, de participar en política si se tiene vocación y se quiere ocupar un cargo de elección popular, ya que no existe la posibilidad de hacerlo si no es a través de alguno de los partidos políticos registrados, constituyéndose estos de hecho, en un el oligopolio del poder político en México. Paradójicamente han sido subvencionados generosamente por el Estado, a través de gobiernos timoratos en los últimos años, que con actitud medrosa, imaginaron ingenuamente que de esta manera se ivan a granjear a los partidos de oposición, beneficiando de paso al propio. De hecho, los grandes beneficiarios del relativo cambio democrático que no se había dado hasta el gobierno de Ernesto Zedillo, fueron precisamente los partidos políticos, que sin la reglamentación necesaria posterior en las administraciones que siguieron; se convirtieron de esta manera en verdaderas ínsulas de poder, en grupos de presión en contra de la sociedad y en verdaderos negocios para sus “dueños” y usufructuarios.

El Partido Revolucionario Institucional, el PRI

En la actualidad, la crisis en los partidos es mucho más evidente en el Partido Revolucionario Institucional, que tradicionalmente fue el partido oficial. Más que nada porque al perder en el 2000 las elecciones presidenciales, también perdió a su cabeza, que era el Presidente de la República en turno quien les marcaba la “línea” a seguir. Sin embargo la crisis en este partido inició desde mucho antes. Ésta podemos ubicarla, sin lugar a dudas, en 1968, cuando terminó en forma definitiva, por decisión autoritaria de la cabeza, su proceso de natural evolución y renovaciones periódicas, que históricamente se habían venido dando de acuerdo a la circunstancia que se daba en el país y que incluso incluían hasta el cambio de nombre. Esto sucedió al cancelarse la intención de apertura hacia la democracia interna del partido propuesta por su presidente, en ese entonces, el político tabasqueño Carlos Madrazo, y convertirse así, ya en forma definitiva e irreversible, en un mero instrumento de una oligarquía autoritaria cerrada y represora, que detentaba el poder político para beneficio y negocio de unos cuantos, sin importar los medios, manejando la actividad pública en forma demagógica y patrimonialista, asociando en la realidad al poder político con el poder económico, formando elites empresariales favorecidas con la función pública mediante la decisión política, a través de las cuales han podido lavar el dinero mal habido para así poder continuar usando la máscara del político benefactor de la sociedad, siempre “celoso” de los ideales revolucionarios, actitud que solo a ellos mismos convencía. Esto sucedía a todos los niveles, sin más intención que fortalecer la elite política para que ésta continuara su hegemonía sobre los otros partidos y grupos políticos y sobre la sociedad misma. Se podrá argumentar lo que se quiera en descargo del sistema encarnado por el PRI, pero los hechos son contundentes. Se ha querido poner como ejemplo el relativo progreso económico (no necesariamente para todos) que se dio en México con el sistema político unipartidista, pero no hay que perder de vista que la sociedad es un ente vivo, dinámico, actuante, hasta cierto punto autónomo, y muchas veces el relativo progreso que se da; es a pesar de sus estructuras e instrumentos políticos viciados y sólo en el campo económico     dejando mucho que desear en el aspecto social, como sucedió durante el Porfiriato.

El principal problema para el inicio de la posible renovación del PRI son: los intereses creados, la tibieza de la oposición hecha gobierno que no supo darle la puntilla al monstruo viciado casi agonizante y finalmente sus actuales líderes obsoletos, que difícilmente van a reconocer que lo que hicieron no sólo no estuvo bien, sino que fue y es una traición al pueblo de México, y por lo tanto habrá que operarse un cambio radical. Como hemos visto, muchos de estos líderes además de gastados han sido evidente y comprobadamente corruptos (no hay mas que ver a su actual dirigente). Los más, no se deciden a dejar el poder y dar la oportunidad a nuevas opciones más sanas, menos contaminadas, más jóvenes de edad y sanos de mente. Sería recomendable para ellos analizar lo que sucedió en Polonia, cuando “Solidaridad” derrocó al Partido Comunista, los viejos líderes comunistas totalmente obsoletos, pero con plena conciencia de su realidad, se retiraron y dejaron la renovación del partido en manos de los jóvenes, y así los comunistas pudieron volver al poder. Habría que preguntarse en dónde está la gente joven del PRI y qué papel juega o la dejan jugar en realidad, para poder operar el cambio radical que necesita ese partido. Actualmente los jóvenes solo son utilizados, como los campesinos y los obreros, en forma simbólica electorera, para los propios fines de continuismo de los “dinosaurios”, quienes sí los mencionan, pero sólo en forma apropiada para su propósito, por medio de un discurso difuso, nada concreto, adecuado solo para sus aparentes y en realidad imposibles intenciones de renovación. En todo caso, si se sigue con tales líderes, “los cambios” podrían ser más bien a manera de restauración, como se restauraría a una momia, a la cual tratan de presentar como el nuevo PRI.

Para la verdadera renovación, algo que sería preciso redefinir es la ideología del partido, si se quiere se podrán retomar los ideales de la revolución que no se han cumplido, pero en el proceso de la redefinición se deberá ser lo más preciso posible. Filosóficamente ¿qué es lo que los mueve? o deberá mover a los miembros del partido totalmente renovado, al grado de pensarse ahora en un nuevo partido que surja de las cenizas del anterior, como el ave Fénix. El partido se ha dicho: revolucionario, nacionalista, “de izquierda atinada” pero del dicho al hecho, dice el refrán popular que existe mucho trecho. Y en este caso se confirma, porque podrá haber sido muchas cosas pero no revolucionario ni de izquierda, el sistema político que ejerció puede ser calificado como neoporfirista, y lejos de ejercer un nacionalismo, sus líderes en los hechos siempre fueron entreguistas, solo en el discurso pudieron haber sido pretendidamente nacionalistas y curiosamente el mismo que postuló la “izquierda atinada”, en los hechos atendió a las demandas del macartismo caracterizado por la paranoia anticomunista y además continuó con los asesinatos de los líderes campesinos. En lo que en realidad se convirtió el PRI ideológicamente fue, paradójicamente, en conservador recalcitrante, creó un statu quo que le favorecía y en los hechos ha sido su más ferviente defensor, sin importarles que hayan contribuido de esta manera a que  esté el país empantanado y al borde del colapso. Lejos de ser socialista en los hechos sus líderes han impuesto en México un capitalismo rampante que ha expulsado al trabajador hacia los EU., y ha concentrado el ingreso en unos cuantos que se han convertido en los dueños del país. Algunos de ellos son considerados entre los más ricos del mundo.

La renovación y transformación radical del PRI tradicional es una condición sine qua non para el sano equilibrio político de la República, como lo es también la de los otros partidos principales. El PRI sigue siendo el partido con mas miembros en México y también con varios de los más experimentados políticamente, un partido con tanta gente, cuenta, si se quiere con una minoría reducida pero significativa de gente brillante y todavía no lo suficientemente maleada para que puede ser la cimiente en la renovación y transformación del partido. Probablemente, y en congruencia con sus cambios anteriores, sería recomendable hasta el cambio de nombre. Deberá establecer claras premisas para el cambio: como su compromiso con la auténtica democracia, lograr una redefinición ideológica filosófica, pero traducida también en una opción clara de gobierno, con una visión de lo que se quiere lograr y el compromiso programático a corto, mediano y largo plazo para hacerla realidad, definiendo en un orden prioritario los objetivos y la manera de lograrlos. Será necesaria la substitución de la estructura existente, a base de corporaciones del partido, por la primacía de cada uno de sus miembros organizados como personas libres y con libre albedrío, para evitar, entre otras cosas negativas; la explotación de los trabajadores de la ciudad y del campo a través del sindicalismo afiliado al PRI y su utilización y manipulación como cosa electoral.

En el PRI se deberá realizar también la substitución de la estructura sectorial que no hizo sino crear ínsulas de poder en función de intereses particulares que ahora, con la ausencia de la cabeza, pueden chocar conflictiva y peligrosamente entre sí. La acción partidista deberá ser ahora a través de estructuras mixtas regionales, plenamente identificadas con los intereses y cultura locales y contando con poder de decisión descentralizado, con un enfoque general y solidario a nivel local regional y nacional, por medio de un verdadero federalismo. Deberá explicar la liga al más alto nivel de gobierno con el narcotráfico y el crimen organizado, que se dio durante los gobiernos priistas y que se hizo evidente en el gobierno de Miguel de Lamadrid.

Considerando que gran parte de la legislación existente se dio para fortalecer un sistema autoritario unipartidista que debe ser absolutamente superado, habría que contraer desde ahora el compromiso con los otros partidos para contribuir, con el consenso nacional, para hacer realidad la reforma del Estado, para definir y construir de una vez por todas, en forma plural, el Estado de derecho al que aspiramos los mexicanos que no puede ser en base a una legislación viciada para lo que queremos lograr ser como país.

El Partido Acción Nacional, el PAN

El PAN, como partido político, ha demostrado ser, a lo largo de toda su historia, muy bueno y aceptablemente constante y eficiente, como oposición. Pero como Gobierno ha resultado ser un fiasco, adoleciendo sus gobernantes de muchos de los vicios que decían combatir, como la corrupción, el favoritismo, el amiguismo, el patrimonialismo, el tráfico de influencias,las asociaciones indecorosas  y cuando algunos de ellos con vocación empresarial han llegado al poder; se han podido dar cuenta con regocijo y entusiasmo que en México el mejor negocio es la política. Además han demostrado tener miedo no solo al verdadero cambio radical con el que se habían comprometido, sino también al ejercicio del poder y de la autoridad. En su actuación han manifestado una profunda desconfianza por su inexperiencia para gobernar, razón por la que muchas veces han delegado la responsabilidad de la función pública y han caído en manos de verdaderos rufianes, estos sí con suficiente experiencia, pero para hacer las cosas chuecas a las que han estado acostumbrados dentro del sistema político, aquel que dijeron combatir pero que han decidido adoptar por lo pronto y actuar con el autoritarismo tradicional en la función pública. ¡Qué paradoja!, justamente la razón por la que este partido, como oposición los criticó y ahora no sólo los justifica, sino los adopta.

La verdad es que el PAN como partido político, cundo llegó al poder en los estados y a la Presidencia de la Republica; no tenía suficiente maduración, ni cultura política, ni los recursos humanos suficientemente calificados. Y a la hora de la verdad no se decidió a iniciar el verdadero cambio en forma radical. No hubo la voluntad de ejercer el poder a plenitud en beneficio de la sociedad. Y la realidad es que muchos de sus miembros no respetan los principios de doctrina a los que se habían comprometido. En cambio, pesaron más sus prejuicios sociales, religiosos e históricos, sus intereses ilegítimos y también su ignorancia del medio público, sobre todo a nivel federal, todo esto los ha hecho en muchos de los casos claudicar o tener una actitud titubeante en el mejor de los casos, cuando no igual de irregular y viciosa o peor que la que pretendían desterrar.

Hay que reconocer que el PAN llegó al poder de varios de los gobiernos de los estados y al Poder Ejecutivo Federal primero por méritos propios y por su constancia de muchos años, preparándose para una “brega de eternidad”, como decía su fundador. Pero también y principalmente ayudado de una manera definitiva por la misma circunstancia y por el agotamiento del partido oficial y la corrupción de muchos de sus líderes obsoletos, más que por su propio peso específico como partido político. La necesidad del pueblo que optaba por un cambio radical de estructuras y de personas y la circunstancia; los tomó sin la preparación y el liderazgo necesarios. En el caso de la llegada a la Presidencia de la República, la separación inicial del partido respecto al Presidente fue uno más de los desatinos políticos, por la falta de experiencia, pero en este caso, incluso, por falta de sentido común, ya que existe una gran diferencia entre partido único, partido de Estado, que es algo ilegal, como era el caso del PRI, y el concepto de partido “en el poder”, en donde debe existir una relación independiente pero armónica y de apoyo recíproco entre el Presidente y su partido, respetando su libertad y autonomía como algo perfectamente lógico y justo dentro de los cauces legales.

El PAN y sus gentes en la función pública, han exhibido actitudes contradictorias y poco serias, que van desde las actuaciones como las del famoso diputado de los primeros tres años de Fox, “Pancho Cachondo”, y tantos otros legisladores y funcionarios públicos que han hecho de la actividad política una actividad “divertida” (para ellos) o un lucrativo negocio, como ha sido el caso del senador Diego Fernández de Cevallos, sin importarles mucho lo que deberían representar ni los principios de doctrina de su partido instituidos por Gómez Morín; hasta los muchos que hacen de su actividad política una lucha constante por el bien de México y la dignidad de los mexicanos, con actitudes valerosas y honestas como la del senador por Chihuahua, Javier Corral, en su lucha –-casi solo— en contra de la Ley de Radio y Televisión, y muchos de los panistas iniciales que ayudaron desinteresadamente a forjar el partido con actitudes verdaderamente heroicas.

La falta de experiencia y de conocimiento de la cultura política y la extracción empresarial o clerical de muchos de los políticos panistas, aunada muchas veces a una falta crónica de capacitación política por el partido, los hace tener una visión de manejo de negocios en la actividad política, que si bien pudiera ser compatible y complementaria con los conceptos de eficiencia en la administración pública, es totalmente incompatible con el concepto de rentabilidad empresarial. Esto se da porque algunos no entienden que la rentabilidad en la función pública, aunque hubiera casos excepcionales, no puede ser monetaria. Ésta es, habitual y conceptualmente; una rentabilidad social, reflejada en el bienestar de los gobernados o en la bondad misma de la acción para la sociedad y su calidad de vida. Aunque en algunas paraestatales necesariamente tengan que manejarse como empresas privadas, o algunos de sus proyectos lleven el prerrequisito de “auto financiable”, lo cual también es válido, pero el resultado final no puede medirse de la misma manera que la rentabilidad empresarial.

Otro aspecto crítico que tendría que ser superado por el PAN, es su estructura y reglamentación interna para la selección de candidatos a los puestos de elección popular. Los procedimientos de selección de candidatos se han viciado hasta llegar a constituir redes construidas ex professo por algunos grupos o candidatos, en algunos casos verdaderas mafias que llegada la oportunidad, las utilizan para, antidemocráticamente, lograr la postulación interna del partido a un determinado puesto de elección popular; sin importar si se es o no la mejor opción con que la que se cuenta y al final de cuentas su principal objetivo no es llegar al poder para servir sino para servirse. Más aún, con esta actitud y comportamiento se va en contra de los principios de doctrina de su propio partido y de la ética más elemental. No han sido raros los casos en los que se ha llegado a comprar el voto de los consejeros; se ha dado muchas veces la ocasión en que el partido postula a candidatos que lograron ganar con facilidad la elección interna, pero no tienen ni la mínima posibilidad de ganar la elección general. Y se ha llegado a postular candidatos porque estos hicieron su trabajo astuto (de madrugada) “muy bien hecho” y ya no quedaba de otra (tal fue el caso de Fox). El partido, por su debilidad y falta de respeto a sus principios, se ha visto forzado a soportar a funcionarios públicos panistas en puestos importantes de elección popular; a verdaderos delincuentes que han fabricado sus propias redes y las siguen cultivando y fortaleciendo; utilizando las antiguas prácticas viciadas priistas de colocar personas incondicionales en la burocracia, tanto con fines electorales como de negocio, vía la corrupción. Cuando menos será difícil desactivarlas en el corto plazo y mientras tanto seguirán siendo un gran descredito para el partido.

Otro lastre que se ha incrustado en éste como en otros partidos, es la obligación de cubrir forzosamente cuotas llamadas de género, tanto para los puestos de elección como para los cargos de gobierno, y que podría entenderse y hasta llegar a justificarse por propiciar mayor participación de las mujeres, que normalmente éste es el propósito. Pero sería más justo y conveniente si se tomara nada más como una seria recomendación y no como la estricta obligación de cubrir la cuota a toda costa, porque entonces se incurre, en muchos casos, en desatinos y nombramientos sin la adecuada capacidad y, lo que es peor, en el desplazamiento inconveniente para el mismo partido, para la sociedad y para el mejor desempeño de la función pública, de personas con mayor capacidad.

En este partido, también no muy diferente de los otros, se han creado verdaderas mafias que se creen los dueños del partido y en muchos casos actúan como si lo fueran. Pero aquí estas “elites” han establecido mediante reglas no escritas que para poder ser candidato a un puesto verdaderamente importante; no solo deben pasar por su tamiz, sino tener lo que algunos de ellos llaman “casta”, esto es que su ascendencia, principalmente, pero también su pensamiento político y religioso sean compatibles con el “linaje” que ellos piensan tener, con toda la cauda de fobias, prejuicios sociales, históricos y religiosos que arrastran. Generalmente estas mafias regionales y nacionales son inspiradas por algunos de los descendientes de los fundadores del PAN o por figuras prominentes actuales, sin aparecer ellos mismos como los lideres pero si manipulando para quitar y poner e incluso manejando a los lideres formales.

Ahora el Partido Acción Nacional tiene una doble responsabilidad por ser el partido en el poder a nivel federal. La primera y más importante es con el manejo responsable del poder, no solamente utilizándolo para lograr satisfacer las necesidades básicas más apremiantes de los mexicanos, sino para demostrarse a ellos mismos que lo están haciendo en forma sobresaliente y distintiva, como lo requiere la circunstancia, además de saber qué es lo que quiere y necesita el pueblo de México y poder demostrar que existe un rumbo bien definido a dónde se quiere ir y cómo lograrlo, dicen que no habrá viento propicio para la nave que no tiene rumbo, y es cierto, uno de los grandes errores del ejecutivo federal pasado y presente ha sido precisamente ése. La segunda responsabilidad es interna, con el mismo partido, primero para lograr su reestructuración y limpiar de vicios internos, tanto de personas como de prácticas viciadas, y para desactivar feudos de poder sin importar los niveles ni las antigüedades. Sería deseable que esto lo hicieran nuevos dirigentes, menos viciados y sin compromisos. De ser posible gente joven independiente, inteligente con capacidad y voluntad suficiente, decididos a emprender la gran tarea, con procedimientos radicales, toda vez que se impone también una redefinición ideológica porque, entre otras cosas, por los últimos acontecimientos y la realidad de América Latina se está tratando de identificar a este partido con la ideología de los grupos ultra conservadores en el mundo, los MacCarthystas del siglo XXI. Y bueno, si esa se decide que sea su ideología, añorando la épica de la cristiada y la pugna por el regreso al Estado confesional, adelante; pero que lo sepa el electorado mexicano, para que estén consientes de a quienes están eligiendo y la misma gente que pretende postularse por ese partido debe saberlo. Aunque yo estoy seguro que esa no era la idea de don Manuel Gómez Morín, que incluso reprobaba la liga con la democracia cristiana por ir en contra del Estado laico, ni es tampoco la de mucha gente valiosa dentro del PAN.

El Partido de la Revolución Democrática, el PRD

Los antecedentes del PRD se pueden encontrar en el proceso de evolución de los diferentes grupos y partidos de izquierda, cuyo reconocimiento en la reforma electoral del 77 los hizo abiertamente partícipes en las contiendas electorales y cuya tendencia a la coligación en los últimos años se hacía evidente bajo el liderazgo del Ing. Heberto Castillo, autentico líder político con gran autoridad moral. En esta forma, esta tendencia se vio reforzada por los miembros de la corriente democrática expulsados del PRI. (En tiempos de Miguel de la Madrid H). De esta unión salió la postulación de Cuauhtémoc Cárdenas por el Frente Democrático Nacional (FDN), como su candidato a la Presidencia de la República. Con posterioridad al fraude sufrido en las elecciones de 1988, y por el fraude mismo, se integró el PRD el 5 de febrero de 1989 en el Centro Asturiano de la Ciudad de México, mediante la cesión de la franquicia del registro oficial del Partido Mexicano Socialista a la unión de grupos de izquierda, se acordó formar el Partido de la Revolución Democrática, PRD, que, tras la conformación de su asamblea constitutiva en mayo de 1989, quedó integrado oficialmente.

El PRD, a pesar de lo que pudiera creerse, fue uno de los partidos políticos más favorecidos con las elecciones del 2006. Por lo pronto desplazó al PRI como la segunda fuerza política y aumentó considerablemente sus miembros en el Congreso de la Unión, dominando la Asamblea Legislativa del GDF y ganando otra vez por amplio margen la Jefatura de Gobierno del D.F. esto nos habla de una nueva tendencia en el sufragio y que mucha gente de escasos recursos, que es la mayoría, estaba optando por lo que se imaginaban que  ofrecía este partido. Sin embargo, con la forma irracional de protestar en contra del resultado de las elecciones presidenciales, sobretodo sin el suficiente fundamento probatorio necesario y con la postura resentida e intolerante de AMLO, el capital político del partido fue disminuyendo considerablemente al grado de perder las elecciones en Tabasco, en la misma tierra de Andrés Manuel y bajar considerablemente en las elecciones del 2009. Aun así, la izquierda o el pensamiento identificado con la izquierda inteligente, progresista, del corte de la izquierda racional europea, (no contestataria ni dogmática) es una opción que México tiene que ensayar, por el solo hecho de la necesidad de lograr una sana alternancia ideológica de gobierno y recuperar el equilibrio perdido por tantos sexenios de gobiernos de derecha y con el objeto de hacer realidad en México el pluralismo ideológico, básico e indispensable para conseguir el equilibrio político de todas las fuerzas con oportunidad de actuar y fortalecer el proceso de la transición hacia la democracia. Es importante no caer en el error de identificar exclusivamente a la izquierda mexicana con el actual PRD y sus partidos satélites, porque dadas las circunstancias y hechos, pienso que no hay nada más alejado de la realidad que eso.

Aunque es innegable que existe una tendencia hacia los gobiernos de izquierda en el mundo, en Latinoamérica, ésta presenta una clara división en cuanto a las interpretaciones del pensamiento de izquierda, identificada con dos grandes grupos de países y sus líderes. Por un lado, está una izquierda caracterizada por un populismo radical, dogmático y demagógico, muchas veces autoritario e intransigente con todo lo que no esté en su línea preestablecida. Este grupo podría estar liderado por Venezuela o Cuba y lo podríamos llamar de izquierda fundamentalista. Por el otro lado está una izquierda ilustrada, que busca el progreso de la sociedad en su conjunto, con acciones políticas para beneficiar directamente a la sociedad con un énfasis en los más necesitados, sin descuidar a los demás, a quienes considera como parte de la solución. Este grupo podría estar liderado por Chile o Uruguay, y lo podríamos llamar de izquierda progresista. Los dos grupos coinciden en defender la propiedad y el control del Estado sobre los recursos naturales, particularmente los energéticos, pero como se podrá observar, no son iguales ni utilizan los mismos medios y constituyen opciones totalmente diferenciadas.

En cuanto a los grupos llamados de izquierda en México, también existen diferentes grupos y tendencias históricas. Curiosamente estos grupos casi coinciden con las dos tendencias que hemos señalado para Latinoamérica: la progresista y la fundamentalista, ésta última tendencia, por lo que se vio con anterioridad, aquí en México bien podría estar liderada por Andrés Manuel López Obrador. La otra, la tendencia ilustrada o progresista, si viviera Heberto Castillo, él sería el líder indiscutible. Me parece que en este momento, lamentablemente, no existe un líder visible, auténtico, de la izquierda progresista en México.

Para superar la crisis interna del PRD, pero sobre todo para que el pueblo de México sepa cuál sería la opción ideológica con éste partido, es completamente necesaria una clara definición ideológica. Si se pretende representar a la izquierda mexicana, la definición ideológica será un imperativo y debería aportar lo suyo propio—. Si esto se hubiera sabido con anterioridad al proceso electoral, los compromisos partidistas hubieran sido claros y la campaña de miedo no hubiera tenido efecto, siempre y cuando la identificación fuera más con la tendencia ilustrada y progresista como la izquierda europea. Para que el PRD sea la opción para lograr una mejoría verdadera en las clases más necesitadas en México, como el resto de los principales partidos, deberá sufrir una profunda catarsis y aprovechar la oportunidad para liberarse de mucho lastres tales como: el peso muerto que significa la gente oportunista y corrupta, mercachifles y vividores de la política; de los demagogos sin escrúpulos que utilizan a la gente como instrumento para sus propios intereses mezquinos; sacudirse los prejuicios dogmáticos de ideologías obsoletas (cuando menos). Deberán organizarse como un partido de vanguardia. Pero sobre todo; con el firme compromiso de todos sus miembros, de buscar y tratar de alcanzar el poder cuando verdaderamente tengan una idea clara de cómo van a utilizar ese poder, que esperan lograr con él y cuando tengan la capacidad y honestidad de darlo a conocer al pueblo y convencerlo con la verdad, para que le permita, a ese partido, servir realmente a México.

El PRD como los anteriores partidos políticos, si pretenden el poder, lo cual es el objeto principal de cualquier partido político, deberá dejar claro para que lo quiere, que es lo que pretenden hacer para lograr el bien de todos y como visualizan la problemática y cuál será la solución que ellos estarán dispuestos a darle y mediante que acción programática. Y hacia a donde quieren llevar al País. Y desde su punto de vista cuál será el modelo de desarrollo no solo económico sino integral que nos pueda llevar a un crecimiento sustentable, aprovechando el entorno mundial globalizado, con el claro objetivo de mejorar la calidad de vida para todos.

Durante el transcurso del tiempo, desde la segunda mitad del siglo XX y todavía en la actualidad, se han creado partidos políticos menores, la mayor parte de ellos mal nacidos, con ideologías simuladas o difusas, creados por el mismo sistema político, por personas y grupos con intereses diferentes al interés político legítimo, unas veces para dar la impresión de la existencia de un verdadero juego democrático y otras para ser usados como instrumentos en sus manipulaciones políticas, generalmente contrarias a los cauces legales y para propósitos aviesos, todos con compromisos inconfesables. Durante mucho tiempo, algunos de estos partidos fueron conocidos como “partidos comparsa”, y muchos de ellos siguen siéndolo, incluso ahora, han llegando a constituirse algunos de ellos como negocio familiar o de grupo, a un gran costo económico para el erario. El hecho de que aún con las reformas en el IFE la sociedad no se los haya podido sacudir, nos da una idea del poder de los intereses detrás de ellos. Es importante considerar también el hecho de que su aceptación por alguna gente de buena voluntad, casi siempre engañada, ha creado con la acción y el ejercicio político, una inercia difícil de romper por los derechos y los intereses de estos miembros ingenuos. Desgraciadamente, también a los partidos mal nacidos les sucede lo que a los ríos cuando son contaminados con porquería; a lo largo del trayecto y con la corriente, se van poco a poco lavando (quedando tan limpio como el dinero producto del narcotráfico y de la delincuencia organizada). Y es que con el ingreso de estas personas, algunas de ellas de buena fe y sin tener pleno conocimiento de los antecedentes, poco a poco les va dando cierta relativa validez y al mismo tiempo dificulta su eliminación, como sería lo deseable porque nunca se les va a quitar el estigma de su origen. Algunos de ellos se han convertido en mercenarios electorales, vendiendo demasiado caro su amor a la gente o partidos sin escrúpulos ni ética ni por supuesto capacidad para ganar por si solos las elecciones.

Por otro lado, y aun existiendo las candidaturas independientes que hasta ahora no existen, el monopolio para acceder al poder político, casi sólo lo seguirán teniendo los tres grandes partidos. Por eso es recomendable hacer una verdadera limpia eliminando a todos los partidos comparsas que sea posible, y que solo queden los auténticos, sin importar que sean grandes o pequeños. De esta manera, el dinero que los mexicanos gastamos en ellos podría rendir verdaderos frutos y no alimentar parásitos.

En toda la historia de la humanidad, la prostitución de la actividad política hace que ésta sea considerada como de muy alta rentabilidad y el problema estriba que es aceptada como algo normal por la sociedad. En realidad, muchas de las organizaciones empresariales, de negocios al amparo del poder político, creadas o auspiciadas por ex presidentes, gobernadores y políticos encumbrados, podrían también tipificarse como una cierta forma de delincuencia organizada, que de hecho lo son. Sin embargo, el delito no está contemplado y menos tipificado en el Código Penal, aunque debería de estarlo. De igual forma, algunos de los partidos políticos mal nacidos que hemos señalado, son también indiscutiblemente una forma de delincuencia organizada, nada más hay que ver el resultado económico de algunas de estas organizaciones que se han convertido en verdaderos y lucrativos negocios financiados por el erario para burlar la soberanía popular.

En la lucha desesperada por obtener el poder a toda costa, los partidos políticos en México han demostrado un abandono de sus principios y su ideología, y se han vuelto rehenes de quienes los apoyan económica y clientelarmente, quienes casi sin excepción son personas proclives a la corrupción, con intereses generalmente ilegítimos y, por lo tanto, diferentes y contrarios al interés del Estado mexicano. El nacionalismo revolucionario proclamado por el PRI, es una absoluta y categórica mentira, utilizado en forma demagógica para esconder el hecho de que en realidad, el actual aparato no tiene ninguna ideología y su apoyo principal son los cacicazgos y el sindicalismo corrupto; creados y alimentados durante el largo tiempo que han detentado el poder. Éstos están extendidos por todo el país para el control electoral, y la explotación de la población, por lo que el partido ha pagado y siguen pagando generosamente con mas corrupción mediante la explotación de los trabajadores en el caso de los sindicatos, con los cuales contribuyen también los gobiernos medrosos permitiendo la explotación perene del pueblo por las diferentes mafias sindicales. No es posible que México se resigne y que esta forma de delincuencia organizada vuelva otra vez a manipular la democracia y usurpar una vez más el poder político en nuestro país.

Mientras que la verdadera Sociedad civil, la verdadera, (no los actuales grupos que dicen representarla), adquiere la suficiente fuerza especifica para fortalecerse y actuar mediante la reforma del Estado, tal vez con el soporte legal que le diera una nueva Constitución política; sería conveniente que para el 2012 haya una alianza; entre partidos y gentes de izquierda y de derecha; para optar por la Presidencia de la Republica con un candidato de izquierda, si es que éste reúne los requisitos necesarios y el peso especifico suficiente para captar el voto mayoritario; simple y sencillamente porque ya es tiempo de que se corrija este desequilibrio predominante a favor de la derecha por más de 90 años, con resultados catastróficos. Y porque este contrapeso sería absolutamente necesario por todo el manoseo que la oligarquía y los monopolios están tratando de hacer por todos los medios a su alcance, para lograr que los artífices del sistema político que tanto nos ha perjudicado, regresen al poder y los sigan beneficiando a ellos y sus negocios, aunque el pueblo truene y tenga que seguir emigrando en busca de un poco de esperanza.

21 de noviembre de 2011

Trabajo basado en “México y su Realidad” e-book de Antonio Fuentes Flores publicado en http://www.planeacionestrategica.net y

en http://www.amazon.com/dp/B005X0MSVQ

 

 

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