LOS FENICIOS en Iberia

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En el siglo XII a.C., las aguas del Mediterráneo se “tiñen de púrpura” con el predominio marítimo de los fenicios sobre el sistema creto-micénico, a quienes desplazan, convirtiéndose este pueblo de mercaderes, de origen semítico; en la nueva talasocracia que dominaría las aguas del Mediterráneo. Fenicia estaba comprendida por una estrecha franja de territorio en la costa occidental de Siria, frente a la isla de Chipre, resguardada por los montes del Líbano. El poderío de los fenicios en el Mediterráneo se extiende aproximadamente del año 1170 a 700 a. C. Estos grandes comerciantes se convirtieron también en grandes navegantes, heredando la técnica de navegación marina a sus descendientes los cartagineses.

Procedentes de Tiro, la gran metrópoli fenicia, los fenicios llegan a las costas de la Península Ibérica al navegar a través de “las islas”[1] hacia el Occidente en busca de las Columnas de Hércules. Estos llaman a Iberia Ispahán, o Sphan, o Shphán que para ellos quiere decir costa de los conejos o tierra de conejos y también tierras del norte. Probablemente de aquí se derive el nombre de Hispania, que finalmente le dan los romanos a toda la Península basados en el nombre de Ispahán que también usaban los cartagineses al denominar estas tierras y del cual se deriva probablemente el nombre de España.

Los fenicios tienen gran influencia en la monarquía de los tartesios, con quienes se dedican a comerciar, llevando de Ispahán principalmente metales como el oro, la plata, el cobre y el estaño. Dada la intensidad de la actividad comercial, los fenicios necesitaban un puerto que les permitiera atracar sus múltiples naves para comerciar. Por lo tanto aproximadamente 1,000 años a.C., fundan Gadir, que después sería Gades, lo que hoy es Cádiz, en territorio de la monarquía de Tartesos, y tienen gran influencia cultural en la Península Ibérica, tanto en los asentamientos del Mediterráneo como en los de la región de Huelva y el estuario del Guadalquivir.

La influencia fenicia deja en los indígenas ibéricos grandes conocimientos sobre la navegación, la construcción, el comercio y la industria, particularmente en lo referente a la metalurgia y a la producción del vidrio y las salazones de pescado y carnes. Una de las grandes aportaciones de los fenicios a la cultura universal y particularmente a la ibérica fue el alfabeto, que construyeron por la imperiosa necesidad de comunicación que conlleva la actividad comercial, de este se derivan muchos de los alfabetos posteriores en el mundo, entre ellos el griego y el latino, éste ultimo uno de los más usados. La antropología ha descubierto restos de la cultura fenicia en ciudades como Algeciras, Málaga, Sevilla, Huelva y por supuesto Cádiz, en donde edificaron un templo a Hércules o Heracles. Cádiz fue el principal puerto desde donde salían y llegaban las mercaderías entre Fenicia e Ispahán o Tartesos.

Del pragmatismo y la visión materialista pero muy creativa de los padres del comercio, regresaremos ahora a la poesía de las tierras del faisán y del venado, del preciado quetzal por su bello plumaje y del imponente jaguar en los bosques de niebla en donde habita la esplendorosa águila arpía con su penacho de plumas blancas y negras. Aquí fue en donde uno de los pueblos mesoamericanos con características étnicas únicas llegó a desarrollar una de las grandes culturas de la antigüedad y a ser uno de los más prolíficos en cuanto a la construcción de bellas ciudades y centros ceremoniales, uno de los más tradicionales e independientes pueblos de Mesoamérica que tenía un hábitat tan particular y característico que hoy se conoce como el “mundo maya” (lo veremos el próximo miércoles)

[1] Se refiere a las actuales islas de Chipre, Creta, Sicilia, Córcega y Cerdeña, y las Baleares.

Textos tomados del ensayo: “México y su Realidad” 3a Edición de Antonio Fuentes Flores

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