Cómo fue la Orden de Los Caballeros Templarios

 

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En tiempo de las bárbaras naciones

de las cruces colgaban los ladrones,

ahora en tiempo de las luces

de los ladrones cuelgan las cruces.

Anónimo.

“No codiciarás la casa, ni la heredad, ni el esclavo, ni la esclava, ni el buey, ni el asno, ni cosa alguna de las que no sean tuyas. No mataras, No hurtaras, No darás testimonio falso contra tu prójimo. No tomarás en vano el nombre del Señor Dios tuyo; porque no quedará sin castigo el que por una cosa vana tomare su nombre en boca.”

Cuando menos los anteriores preceptos del decálogo y la esencia misma de la doctrina de Cristo, fueron traicionados por la ambición desmedida de poder y dominio, motivada por la codicia de los papas y de los reyes europeos, durante las tristemente celebres “Cruzadas por la Fe” a finales del siglo XI y durante los siguientes doscientos años.

En los siglos finales del imperio romano y a partir de Constantino (306-337) la iglesia de Cristo, que había sobrevivido durante un poco más de trescientos años a las tentaciones del poder terrenal, político y económico, sucumbió con Constantino y se contaminó mas tarde al ser declarado el cristianismo como la religión oficial del Imperio mediante el edicto de Constantinopla por Teodosio I (379-395), sumiendo a la iglesia católica desde entonces en una dialéctica irresoluble, una dicotomía incompatible, en donde la parte material absorbe y pervierte a la espiritual y la usa como la fachada necesaria para esconder fines inconfesables.

En 1095, Urbano II, primer Papa originario del monasterio benedictino de Cluny, convocó a los reinos europeos a una “cruzada por la fe”; se pretendía concentrar las fuerzas de los reinos europeos en Constantinopla para reforzar al ejército bizantino con el objeto de recuperar “Tierra Santa”. Éste era el mensaje para el vulgo, lo cierto era que el Papa sentía la necesidad imperiosa de consolidar su poder político y la medida escogida, astutamente propuesta por él, tendría un doble efecto: por un lado intentaba unir con mas fuerza en torno a su papado a los reinos europeos y por el otro; tenia el propósito de reconquistar los antiguos territorios, muy importantes regiones en Asia menor por su posición estratégica comercial y por su riqueza. Ocupados estos ahora por los Selyùcidas musulmanes de la dinastía turca que dominaba Irán, Irak, Siria y Anatolia, extensos e importantantes territorios. El líder anterior de esta dinastía turca, había sido Tugril Beg, (993-1063) a quien cabe mencionar por haber sido también el protector del Califa de Bagdad, jefe de los árabes y líder espiritual de los musulmanes suniìes, quienes ahora se les unirían. Y por lo tanto éste sería el grupo musulmán, nada despreciable, compuesto de turcos y árabes con quienes se enfrentarían los cruzados.

Urbano II manejó la situación ante el pueblo cristiano justificando “la cruzada por la fe” para recuperar Tierra Santa, convocando en el Concilio de Clermont, en general a toda “la iglesia de Jesucristo” a una “Guerra Santa”; porque “Dios lo Quiere” (un eslogan bien orquestado que daría magníficos resultados a sus promotores). Llamaba así, a una misión de “santificación”, exaltando el fanatismo popular religioso. Sin embargo éste era solo el pretexto avieso del Papa para lograr involucrar a la mayor parte de los reinos europeos y sus pobladores en su particular empresa. Podría pensarse que no era factible engañar a todos, y en efecto éste era un hecho real, sin embargo, los reyes y nobles europeos, que en su mayoría no eran estúpidos, no desconocían o suponían los verdaderos propósitos del Papa, pero al mismo tiempo reconocían lo atractivo de una acción de 3 conquista con una Europa unida en contra de los ricos musulmanes y sobretodo los movían las altas expectativas por los beneficios económicos que esto podría reportarles. Y por lo tanto, sin dudarlo ni un momento; “fervorosamente” se le unieron arrastrando con ellos a sus pueblos llevados por el engaño que encendía su fanatismo.

Los monarcas europeos sabían que los musulmanes estaban divididos en dos grandes bandos de descendientes del profeta Mahoma; los suniìtas o suniìes, la mayoría, identificados con el Califa de Bagdad y los contrarios a éste que eran los shiìtas o shiìes, seguidores de Alí. Por lo tanto se pensaba que estratégicamente no representarían gran problema para una Europa fortalecida con la unión convocada por el Papa. En estas condiciones la Yihad o Guerra Santa musulmana encontraba, tal vez por primera vez, su justificación defensiva. Y paradójicamente el que exhibía una actitud fundamentalista era el Papa Urbano II con su “Guerra Santa” (muerte al infiel). Esto indudablemente fue el factor decisivo para que más adelante, liderado por Saladino, se uniera el Islam en contra de los invasores europeos como al final sucedió.

No voy a profundizar en el análisis de las cruzadas, esto lo han hecho ya con más propiedad y autoridad muchos autores. Por lo tanto entraré al tema de Los Templarios que es el que me he propuesto. Sin embargo quisiera agregar solo algunas breves reflexiones más sobre las cruzadas, toda vez que estas fueron propiamente el origen de los Templarios y de otras ordenes de caballería de las cuales también muy concisamente me ocuparé.

Aunque la primera cruzada con la recuperación de Jerusalén tomada en 1099 tuvo un relativo éxito, si así se le puede llamar, porque para ello hubo “una gran matanza indiscriminada, por parte de los cruzados, tanto de islámicos, judíos, griegos, así como de cristianos.” A quienes vejaron y despojaron de sus bienes. Ya con anterioridad los ejércitos europeos habían entrado en 4 conflicto con el emperador bizantino por los territorios recuperados y el decomiso de los bienes incautados a los musulmanes y demás pobladores de esas tierras.

Los ejércitos cruzados de la nobleza europea habían llegado Constantinopla entre noviembre de 1096 y mayo de 1097, al principio el emperador bizantino Alejo I Comneno, aliado de los venecianos, estaba encantado con el apoyo que le había enviado el Papa. Pero a medida que la lucha avanzaba y tenían éxito las cruzadas, sintió a los cruzados como una gran amenaza en sus dominios, por lo que los presionó, no sin razón pero en forma burda, para que le devolvieran cualquier antiguo territorio del Imperio bizantino que conquistaran, particularmente los de Siria y Palestina. Naturalmente Los jefes cruzados se sintieron agraviados por estas demandas y aunque solo algunos accedieron, en última instancia todos comenzaron a recelar de los bizantinos. Y lo que parecía ser miel sobre hojuelas empezó complicarse en grado sumo. Las cruzadas lejos de resultar el sueño santo de caballería que muchos se habían imaginado, se convertirían en una verdadera pesadilla. En un principio su popularidad se generalizó con entusiasmo en una sociedad europea que no había tenido ni tiempo ni auténticos guías espirituales para reflexionar en la esencia de la doctrina de Cristo y apoyó este movimiento “de fe” sin reservas.

Es importante considerar el entorno y circunstancia de la época y reconocer que ésta era una sociedad de creyentes, que estimulados en sus mas profundas convicciones religiosas, impregnadas por un dogmatismo viciado, tanto por el papado como por los reinos; tuvo como resultado que en un principio muchos cruzados estuvieran verdadera y plenamente convencidos de que su lucha contra los infieles, además de ser absolutamente necesaria y justa, les garantizaría su salvación espiritual. Y si a esto le agregamos que También era una sociedad militarista, guerrera, acostumbrada a la lucha, a disfrutar con ello y sobre todo sabiendo o al menos esperando que estas 5 hazañas castrenses les traerían además de fama, fortuna. Como en muchos casos así sucedió. Mas tarde las cruzadas demostraron de sobra que no eran la lucha fervorosa por la defensa de la fe cristiana y los lugares santos lo que verdaderamente los movía. Ya que en muchas ocasiones dieron muestra real de sus verdaderas motivaciones, al atacar incluso a pueblos cristianos sin ninguna razón que justificara esa atrocidad. En esta manera comprobaban que sus negros instintos eran motivados en realidad solo por la codicia y el propósito del beneficio material inmoral e inhumano. Incluso llegando al extremo de aprovechar su inercia en la acción guerrera y su potencial de mal y destrucción; que para no tenerlo ocioso, también lo utilizaban en el saqueo y en el abuso de pueblos que se suponían aliados y además lo hicieron con furia inmisericorde y en actitud absolutamente contraria a la fe cristiana; como lo demuestra el caso de la toma de la ciudad húngara de Zara por los cruzados, ubicada en la costa dálmata, enemiga tradicional de Venecia, con la que se alían para asesinanar y saquear a la población y se reparten el botín, sin importar que Hungría hubiera sido también un reino participante en las cruzadas.

La misma Constantinopla en diversas ocasiones se vio asediada y saqueada por sus supuestos salvadores y aliados; primero en 1203 por los cruzados, también instigados por el Dux de Venecia, Enrico Dandolo y por el emperador alemán, Felipe de Suabia. Y en 1204 cuando se dio la cuarta cruzada, la que se considera como la segunda conquista de Constantinopla por los cruzados, para sofocar la supuesta sublevación de los griegos, la cual tomaron como pretexto para masacrar a la población y dar rienda suelta al saqueo de tesoros y obras de arte de los monumentos bizantinos, provocando la destrucción de los mismos por la estupidez del prejuicio religioso, que en este caso injustificable lo exhibieron como excusa de su atrocidad, sentando así un terrible precedente de barbarie para conquistas futuras “al estilo de las cruzadas” (como la 6 conquista de México). En realidad su objetivo era acabar con el imperio griego y obtener el mayor botín posible, como así sucedió.

A principios del siglo XII, después de haberse recuperado Jerusalén, se iniciaron oleadas de peregrinos que querían visitar los lugares santos. Pronto empezaron a sufrir lo indecible por el largo recorrido por tierra y mar, en donde padecían hambre enfermedades y asaltos. Sin embargo estas mismas necesidades fueron creando la oferta de servicios tanto de comerciantes, como de los mismos reinos ubicados en el trayecto y destino, quienes ofrecían desde la renta de embarcaciones, así como la disposición de guardias para la protección de los peregrinos. De igual manera se dio la oferta de financiamiento para los grupos en lucha, incluso para los reinos y esto, a su vez, dio pie a la comercialización y aprovechamiento de los trofeos de guerra y el botín correspondiente que obtuvieran. En cierta forma una clarísima manera de comerciar con futuros. Dentro de esta dinámica de intereses, motivada por las necesidades de los grupos combatientes y peregrinos, se dio pie también para el surgimiento de nuevas ordenes monásticas que respondían a los diferentes reclamos, tanto de peregrinos como incluso de los reinos en lucha. Surgen así: la Orden de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, orden militar cuyo nombre completo es “Soberana Orden Militar del Hospital de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta”. Su función inicial fue proteger un hospital construido en Jerusalén durante la primera Cruzada, posteriormente ésta fue su especialidad, incluyendo dentro de sus trabajos; la construcción misma de hospitales, hostales y mesones, espacios e instalaciones necesarias para alojar y atender a los cruzados y peregrinos, principalmente a los heridos y enfermos. Sus miembros fueron llamados “Hospitalarios” o “Caballeros Hospitalarios”. La Orden fue fundada después de la formación del reino 7 latino de Jerusalén, aprobada por el papa Pascual II en 1113 y confirmada por el papa Eugenio III en 1153. Los hermanos prestaban juramento de pobreza, obediencia y se comprometían a ayudar en la defensa de Jerusalén y a atender las instalaciones hospitalarias en auxilio de los cruzados. Su primer jefe, Gerard, era llamado rector; los siguientes, recibieron el nombre de grandes maestres.

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Bajo la misma dinámica surgen también los Caballeros Templarios, miembros de una orden medieval de carácter religioso y militar, cuya denominación inicial era Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, posteriormente conocidos en español como Orden del Temple. Este nombre se deba a un error de traducción que mas adelante explicaré. Los Caballeros Templarios Fueron conocidos popularmente como los Caballeros del Templo de Salomón, o Caballeros Templarios, porque su primer recinto en Jerusalén era adyacente a las ruinas del Templo de Salomón. En cierta forma su origen así como paradójicamente su final fue francés, como casi todos sus 23 Grandes Maestres con excepción de 5 de ellos. La Orden se constituyó a partir de un pequeño grupo militar formado en Jerusalén en el año 1119 por dos caballeros franceses, Hugo de Payns, que algunos aseguraban era pariente del Conde de Champagne y Godofredo de Saint Omer. Su objetivo era proteger a los peregrinos que visitaban Palestina tras la primera Cruzada. Desde su nacimiento tuvieron un fin eminentemente militar, por lo que la Orden se diferenciaba a este respecto de las otras dos grandes órdenes religiosas del siglo XII: los Caballeros de San Juan de Jerusalén (hospitalarios) y los Caballeros Teutónicos, fundadas como instituciones de caridad.

Se dice que Balduino II, monarca de Jerusalén, vio como se distinguía en la lucha armada contra los infieles un francés Hugo de Payns, que comandaba un grupo de 8 hombres que lo seguían, tanto en el combate como en la pretensión de abrazar la vida monástica y terminar sus días en la ciudad santa. Necesitado como estaba el monarca, de guerreros que lo apoyaran y escaso de recursos, Balduino convenció a de Payns de que no solamente había compatibilidad, sino también complementariedad en la lucha contra el infiel y la vida monástica y sus buenos propósitos de abrazar la religión cristiana como destino de sus vidas. Y por lo tanto los invitó a que lo ayudaran en la defensa de Jerusalén y de los peregrinos que a ella concurrían, formando parte de su caballería como grupo especial, por lo que les asigno un recinto adyacente a las ruinas del Templo de Salomón, de Payns y su gente aceptaron y tomaron muy en serio su doble misión guerrero-religiosa. No solamente siguieron distinguiéndose como excelentes y esforzados guerreros sino que empezaron a estructurar su Orden monástica tanto en la esencia y filosofía de su misión, como en la forma, y esto tenia que ver con la forma de comportarse y de vestir, desde entonces se les empezó a conocer como “los caballeros del Templo”. En su acuerdo con ellos y a falta de efectivo, Balduino también les cedió algunas aldeas para su subsistencia por lo que de inmediato se organizaron para la buena administración y el manejo de estas aldeas encomendadas, que era lo que los proveería de bastimentos y de recursos para su sostenimiento; lo que vino a resultar trascendente mas adelante, en sus relaciones con otros reinos y en ir creando poco a poco y desde sus inicios un sistema económico que no solo les daría patrimonio e independencia sino grandes posibilidades en el futuro, incluso para “dar y prestar”.

Los Templarios se auto impusieron reglas de vida monástica, comunitaria y una estricta disciplina. Por sus características sui generis y por su efectividad en el combate, por la protección exitosa de peregrinos y por su relación con el Templo de Salomón; su fama empezó a crecer en la región y a trascender en los países europeos, y 9 se les empezó a idealizar como la esencia del verdadero espíritu de los caballeros cruzados, poco a poco se fueron convirtiendo en un mito, y desde el principio fueron surgiendo descripciones increíbles de sus hazañas, mas que nada producto de los devaneos de mentes febriles que los presentaban como seres portentosos, llegándose a afirmar que habían descubierto importantes tesoros en excavaciones en el Templo de Salomón y en algunas cuevas de Jerusalén, de los cuales se convirtieron en sus guardianes. Inventándose cuentos come el del santo grial y de la lanza con que fue herido Cristo en el costado, (que no sabemos si existieran en ese entonces, pero en caso de que así fuera ¿porque tenían que estar ahí después de más de mil años?). Lo cierto es que en un principio los Templarios fueron gentes honestas, esforzadas, muy disciplinados, y no tenían más tiempo que para cumplir con la misión encomendada por Balduino por lo que no podían, ni se iban a dedicar a otras actividades como las que les atribuyan de “buscadores de tesoros”.

Precedidos los caballeros Templarios de toda esta fama, ganada con base real pero más ficticia, y ante su reconocimiento por la iglesia católica al mas alto nivel; se inició una demanda creciente de caballeros o aspirantes a serlo, de entre lo mejor de los guerreros y entre la misma nobleza y realeza europea; quienes estaban dispuestos tanto a pertenecer a ellos como a patrocinarlos entregándoles, en muchos casos, su hacienda o valiosas posesiones como las iniciales que les había entregado Balduino. Pronto adquirieron hábitos característicos y establecieron reglas para la aceptación de novicios.

La Orden obtuvo la aprobación del Papa Honorio II quien en 1128 convocó ex professo al Concilio eclesiástico de Troyes en Francia, para considerar su aceptación. Ya existía una Bula anterior que en 1114 (curiosamente 200 años antes de que quemaran en la hoguera al ultimo de sus grandes maestres) en esta Bula llamada Milities Templi se ordenaba al clero la protección de los Templarios. Con la aprobación de la Orden recibió ésta unos preceptos austeros que seguían estrechamente las pautas de la orden monástica de los cistercienses, parece ser que Bernardo de Claraval, uno de los iniciadores de los monasterios cistercienses, era amigo de Hugo de Payns e influyó positivamente. Recibió también la Orden en 1128 su denominación oficial que le dio el Concilio, siendo la misma de la Bula de 1114: Milities Templi, textualmente “soldados del Templo”, mencionándose esta denominación también en francés como “Ordre des soldat Templiers o du Temple” de esta ultima palabra que en francés significa Templo, viene la confusión al mencionársele en español como “La Orden del Temple”, (un vicio de traducción muy común entre los españoles como decir: los caballeros de la “tabla” redonda, the knights of the round “table”), en el caso de los Templarios debió haberse dicho “La Orden del Templo” no del Temple. La Orden Templaria estaba encabezada por un Gran Maestre (con rango de príncipe), por debajo del cual existían tres rangos: Caballeros, Capellanes y Sargentos. Los del primer rango eran los miembros preponderantes y los únicos a los que se les permitía llevar la característica vestimenta de la Orden, formada por un manto blanco con una gran cruz latina de color rojo en su espalda. Ahora solo dependerían del Papa, y se establecería una liga indisoluble de los Templarios con el Papa. Estos estaban exentos del pago de impuesto y en una Bula posterior se les liberaba de cualquier sometimiento a leyes y poderes tanto seculares como eclesiásticos. De esta manera no solo serian económicamente autosuficientes, como habían demostrado serlo desde un principio, sino también políticamente independientes, debiendo rendir cuentas exclusivamente al Papa.

El cuartel general de los Caballeros Templarios permaneció en Jerusalén hasta la caída de la ciudad en manos de los musulmanes de Saladino en el año 1189, el líder que unió a los musulmanes y que siempre luchó, él sí, motivado verdaderamente por un ideal religioso, habiendo sido este gran guerrero quien los expulsó de la ciudad santa. Más tarde localizaron la sede de los Templarios, sucesivamente, en Antioquia, Acre, Cesárea y Chipre.

Sus miembros se multiplicaron en progresión geométrica, así como sus dominios y posesiones, llegaron a tener castillos y templos, tanto adquiridos por donaciones como construidos por la Orden en toda Europa; armada naval y flota mercante para transporte de todo: bastimentos, personas, productos y mercancías; poseían ejércitos y grupos armados en diversas regiones de Europa y principalmente en Asia menor; así como tierras de cultivo agrícola y sistemas de intercambio comercial y producción de instrumentos agrícolas y armamento; incluyendo muchas veces bajo su jurisdicción y dominio: aldeas y pueblos completos.

La importante organización de los Templarios respondía a que tuvieron múltiples usuarios de sus servicios, principalmente deudores; dentro de los cuales se contaban nobles, aristócratas, miembros de la realeza, reyes y más tarde a miembros de la burguesía; de esta nueva clase naciente, de personas muy hábiles para los negocios y para generar riqueza, muchas veces sin importar los medios, salieron también muchos de sus asociados con quienes se ligaron económica, comercial y administrativamente. Como los Caballeros Templarios tenían que enviar regularmente dinero y suministros desde Europa a Palestina, desarrollaron un eficiente y seguro sistema de transporte de mercancías y principalmente monetario y de valores, complementándolo con el establecimiento de lugares estratégicos para el resguardo de las monedas y los valores. En esta forma fueron estableciendo, un sistema bancario en el que los gobernantes y la nobleza de Europa acabaron por confiar plenamente, convirtiéndose así gradualmente, en los banqueros de gran parte de 12 Europa, lo que les permitió consolidar una considerable fortuna y sobre todo un gran poder.

La orden Desarrolló una verdadera corporación trasnacional para el manejo de tan basto emporio, asociándose en muchos casos con grupos especializados en las diferentes actividades. En muchas ocasiones llegaron a dominar y en cierta forma controlar la actividad de las cruzadas, porque no era casual ni raro que en muchas oportunidades se les solicitara además del apoyo de fuerzas guerreras para la participación en éstas, también el financiamiento de las mismas y el apoyo e instrumentación de la logística de guerra. Poco a poco por su gran poder y la seguridad que ofrecían y porque en esto no tenían competencia, todo aquel que recurría a ellos quedaba estrechamente ligado y comprometido con ellos.

Extendieron sus dominios y aprovecharon sus relaciones por toda Europa y oriente medio, especialmente en Francia, España, Portugal (desde 1130), Inglaterra y Escocia. En 1192 Ricardo Corazón de León intentó regresar a Inglaterra disfrazado de Templario. Poco a poco y durante su apogeo la organización y actividad corporativa de los Templarios, asociados a diversos grupos económicos; fue teniendo una influencia determinante en el desarrollo y florecimiento de diversos campos de la economía de Europa y probablemente un influjo inicial determinante en el éxito de la burguesía misma.

Después de muchos años, tal vez demasiados, todo llega a su fin, (habían transcurrido casi dos siglos) y muchas generaciones de Templarios. Y cuando las últimas cruzadas degeneraron y fracasaron, y las motivaciones iniciales que les dieron vida, primero fueron abandonadas y luego desaparecieron, y el interés en una política agresiva contra los musulmanes también desapareció, porque entre otras cosas resultaba contradictorio y contraproducente económicamente, ya que, poco a poco se fueron creando 13 nuevas ligas comerciales entre Asia menor y Europa, (los de Venecia nunca dejaron de ejercerlas). Entonces los esfuerzos que en forma desesperada, entendibles más no justificables, que hiciera el líder de los Templarios en ese tiempo, el Gran Maestre Jacques de Molay, para mantener viva la necesidad de la continuación de las cruzadas; también fracasaron como consecuencia lógica de todo este eclipse de intereses, voluntades, y causas. Y como las cruzadas habían sido precisamente la causa que les habían dado vida a los Templarios y constituían su justificación misma. Entonces ya no existía más la razón de ser de la vieja y obsoleta Orden.

La inmensa riqueza el enorme poder probablemente habían corrompido a los Templarios, pero mas que esto se volverían en contra de ellos al despertar la envidia y la codicia tanto del poder secular como del eclesiástico. Y esto dio pauta para que en el año 1307 el económicamente arruinado Felipe IV “el Hermoso”, Rey de Francia; con la anuencia, por no decir complicidad, de su protegido el Papa Clemente V, quien llevaría mas tarde en 1309 la sede del papado a la ciudad francesa de Aviñón, iniciando uno de sus periodos mas corruptos; idearon un plan para acabar con los Templarios y no solo librarse, el hermoso, de la enorme deuda que tenia con ellos, sino también para quedarse él y sus cómplices con sus riquezas, como si estas estuviesen solo al alcance de la mano. Por razones similares Felipe IV el Hermoso, había decretado la expulsión masiva de los judíos, “confiscándoles” sus bienes.

Los Templarios fueron convocados con engaños ante el Rey en Paris, y un viernes 13 (desde entonces esta fecha es de mal agüero) en octubre de 1307; aprovechándose de su confianza e indefensión, se ordenó el arresto del Gran Maestre de la Orden y de los principales responsables de la organización corporativa Templaria: el francés Jaques de Molay y la plana mayor de los líderes Templarios, y al mismo tiempo a más de 140 de ellos en toda Francia. Para el resto el Papa emitió una Bula el 22 de noviembre en donde convocaba a 14 reyes europeos a realizar una especie de embargo preventivo o precautorio, deteniendo a los templarios y confiscando sus bienes con el carácter mencionado. A los detenidos en Francia e Inglaterra los acusaron de sacrilegio, de actividades y dichos heréticos, de prácticas satánicas, de ser sodomitas, de blasfemos etc., etc. Y los hicieron confesar su supuesta culpabilidad por medios que los franceses conocían a la perfección, ya que ellos fueron los iniciadores de la Inquisitio Haereticae Pravitatis Sanctum Officium y aunque podían ser culpables de muchas faltas, ciertamente no lo eran de estas que falsamente les atribuyan. Sin embargo por sus exquisitas artes, como he dicho, los hicieron confesar todos los cargos.

Los principales dirigentes Templarios fueron posteriormente quemados en la hoguera acusado de sacrilegio y de prácticas satánicas. Aunque existen versiones de que muchos de ellos en el año siguiente a su detención habían sido juzgados y exculpados en la prisión de Chinon Francia, incluyendo al gran Maestre Jaques de Molay, esta sentencia por alguna razón nunca fue ejecutada. La Orden fue disuelta en 1312, mediante la Bula: Vox Clamantis, sin una condena expresa hacia los Templarios por parte del Papa Clemente V, quien al final se arrepentiría de su oprobiosa acción. En 1313 las propiedades patrimoniales legales, visibles y cuantificables, de los Templarios; fueron asignadas ad providam, a los Caballeros Hospitalarios. Aunque la mayor parte de aquéllas, en realidad ya se las habían apropiado Felipe IV el hermoso, Rey de Francia y el rey Eduardo II de Inglaterra, el cual acabó con la Orden en su país.

El 18 de marzo de 1314, el Gran Maestre de los Templarios, Jacques de Molay, después de desmentir y maldecir a sus verdugos, tanto a los directos como los instigadores; fue quemado en la hoguera, frente a la catedral de Notre Dame en Paris. Después de la desaparición de la Orden de los Templarios, sucedieron hechos inexplicables que abrieron la puerta a la especulación en el campo de lo sobrenatural. Ya que los dos monarcas culpables del desmantelamiento de la Orden de los Templarios, y el Papa ejecutor Clemente V; por extrañas circunstancias sufrieron daños personales el mismo año en que quemaron en la hoguera al gran Maestre Jaques de Molay. Felipe IV el Hermoso, de Francia ya no pudo disfrutar de sus fechorías porque murió en octubre 29 de 1314. El Papa Clemente V perdió la vida en en abril 20 del funesto año de 1314, un mes después de Jaques de Molay. Y Eduardo II de Inglaterra fue derrotado por Robert I (Bruce) Rey de Escocia, simpatizante de los Templarios, en el asedio al Castillo Stirling, Bannockburn en 1314 y substituido de inmediato en el gobierno de Inglaterra por el conde de Lancaster, muriendo mas tarde en 1327 cuando fue obligado a abdicar, siendo asesinado por sus captores.

Como prueba de que los Templarios nunca recibieron condena alguna; para agrupar a los que ya no tenían Orden se fundaron algunas ordenes monásticas nuevas, como ejemplo mencionaré a dos: en España se funda la Orden Montesa en 1317; en 1319 se establece la Orden de Cristo en Portugal, y en 1331 Juan XXII, permite a los Templarios ingresar en otras órdenes, (la que mas le conviniere a cada quien en lo personal). En Escocia también los acoge el Clan Sinclaire. Lo cierto es que no todos los Templarios tenían vocación monástica y muchos de ellos, la gran mayoría, estaban abocados a las actividades económicas de la gran corporación que habían formado los Templarios y seguramente se las arreglaron para seguir operando, ahora en lo particular o agrupados, pero en forma independiente, sin ostentarse como Templarios, ya que la Orden sí desapareció definitivamente y con ésta, legalmente también los Caballeros Templarios. Pero no sus actividades que eran muchas, muy variadas y complejas, con infinidad de intereses creados; los que previendo que se acercaba el fin, y tratándose de gente pensante como lo eran, seguramente ya habían tomado las debidas precauciones.

Sin embargo, lo que nunca previeron ni los Templarios ni sus socios fue un final tan vil, como el que tuvieron sus principales dirigentes a manos del Rey de Francia, con la complicidad del padre putativo de los Templarios, en ese tiempo, el Papa Clemente V.

Los Templarios, después de la abolición de la Orden, se pueden dividir en dos grandes grupos: los primeros, la minoría, que eran aquellos con verdadera convicción y vocación religiosa y fueron los que ingresaron en las ordenes nuevas que hemos señalado, y en las otras existentes pero ya alejados totalmente de la actividad de guerreros, concentrados únicamente en el ejercicio de su vocación religiosa y su actividad monacal. Los segundos, la gran mayoría, fueron los operadores de la gran corporación ahora desarticulada, pero en plena actividad en muchas de sus áreas, con suficiente conocimiento y experiencia en las diferentes especialidades y ligados a los socios externos de la Orden, muchos de los cuales habían salvado la mayor parte de los activos, y no se resignaban a abandonar tan productivo quehacer y “tirar por la borda” un crédito comercial que les había costado mucho tiempo y esfuerzo construir. Probablemente existieran también algunos idealistas todavía inspirados, aunque ahora sin causa; en la filosofía de la Orden. Pero todos absolutamente todos coincidían en que los Templarios habían terminado definitivamente, que esto era lo mejor para todos. Y que nadie, menos ellos; dado el fin que habían tenido sus compañeros y las bárbaras acusaciones que se les imputaban; querían arriesgarse a ser identificados con la antigua Orden.

Tanto en los principios como en el fin de esta Orden de los Caballeros Templarios, surgió la mitomanía, que seguiría trascendiéndolos en el futuro con todo género de historias esotéricas y fantasiosas.

Antonio Fuentes Flores

San Pedro Garza García Nuevo León, México 7 de enero de 2008.

 

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