Cómo fue el gobierno de LÁZARO CÁRDENAS

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Lázaro Cárdenas (1934-1940), después de los primeros estudios, a los 18 años en 1913, se incorpora a la revolución. Al llegar a la presidencia de la república, con el “visto bueno” del “Jefe Máximo” Plutarco Elias Calles,  era todavía un joven de 42 años, sin embargo ya contaba con 24 largos años de experiencia como destacado revolucionario. Y ahora era también uno de los cinco mas importantes generales postrevolucionarios que ya había sido gobernador de Michoacán, su Estado natal; presidente del PNR; Secretario de Guerra y Secretario de Gobernación. Para la campaña electoral había hecho un extenso recorrido por todos los rincones de la república, sin necesidad porque la elección ya estaba “decidida”. Esto habla bien de él porque demuestra que lo hizo por amor a su pueblo, por responsabilidad como gobernante para darse cuenta de la realidad del país en todas partes, sobre todo de esa gran masa de campesinos y obreros cuyas reivindicaciones sociales habían sido el objeto mismo de la revolución. Ya como presidente, se toma un tiempo de poco menos de dos de los seis años que duraría su gobierno, en ir construyendo la base popular necesaria para fortalecerse y poder concretar los propósitos revolucionarios, como verdadero Jefe de Estado, como verdadero Presidente de la República.

Por dignidad personal y en respeto a la institución de la Presidencia, no permite la intromisión de nadie en los asuntos de Estado por arriba del Ejecutivo (la división de poderes sólo existía por derecho pero no de hecho). Para quitarse el dominio de Plutarco Elías Calles, una vez habiendo consolidado suficiente fuerza política con la base popular de obreros y campesinos y con los generales que tenían mando de tropas; rompe con el “Jefe Máximo”, y haciendo valer el poder de la Presidencia, también le hace saber a él y los que necesitaran entenderlo: quien es el que manda. Y lo despacha al exilio por “la vía más rápida” , que tuvo como primer destino Los Ángeles, California y luego San Diego. Ante el aparente vacío que dejaba la desarticulación del Maximato (que era todo un complejo aparato político), ejerce ahora el poder, sin dilación en forma contundente, apoyándose por convicción, en los grupos de obreros y campesinos, lo cual tenía como objeto también; hacer vigente el artículo 27 constitucional (parte medular de la Constitución de 1917), la base necesaria para la expropiación a las compañías petroleras.

Cárdenas, al considerar la importancia simbólica que había adquirido el “Partido Oficial” creado por Calles, y para no prescindir de tal instrumento de poder factico, en abril de 1938, transformó al Partido Nacional Revolucionario en el PRM “Partido de la Revolución Mexicana”, para revitalizarlo y además quitarle toda reminiscencia del Maximato. Aquí retoma los principios e ideales revolucionarios abandonados por el grupo sonorense.

El presidente Cárdenas, con una visión justiciera, más teórica y humanista, que práctica y económica, al hacer vigente el articulo 27 constitucional, inició la reforma agraria y el reparto de tierras para los campesino en toda la República,  ya que este había sido uno de los principales propósitos de la revolución;  sin embargo no se aseguró de que esta  acción tuviera continuidad en las próximas administraciones. Y lamentablemente al terminar su mandato no se continuó con la tarea de apoyo prevista hasta el largo plazo, lo que ocasionó que no se contara con los soportes tanto científicos como técnicos y de mercadotecnia, ni con las políticas publicas adecuadas para su implementación con el objeto de poder ser aprovechado convenientemente tanto por los propios campesinos como por la comunidad y las diferentes regiones del país que pretendió beneficiar. El reparto agrario lo hacia así también un poco apresurado; para evitar que los mismos jefes “revolucionarios”, los generales, siguieran acaparando las tierras.

Continuó con las reivindicaciones obreras; como el derecho de huelga, asentado en la Constitución pero que había estado nulificado por Calles. Sin proponérselo, dio la impresión de estar en contra de los empresarios, cuando sólo quería equilibrar los factores de la producción en beneficio del trabajador que en algunos lugares seguía siendo explotado. El Presidente consideraba tanto al trabajador como a la empresa, fundamentales para el desarrollo del país, lo cual se comprueba con la creación de la ley de Cámaras de Comercio e Industria, en 1936, que fe el origen de la consolidación de todas las organizaciones patronales y empresariales de la República. El problema de la imagen contraria, fueron los medios de la prensa, que él nunca reprimió, dominados por el poder económico y los “políticos revolucionarios” de derecha, así como la retórica  utilizada por sus seguidores, en muchos actos de la vida política, basados en el dogmatismo de las teorías socialistas en boga, además de la propaganda anticomunista de los conservadores de los EU. y locales, que asustaban con “el petate del muerto”. Esto fue lo que dio pie a una serie de rumores infundados que exhibieron al Presidente como una persona contraria a los empresarios y a los intereses del país, situación ridícula cuando menos al pretender hacer creer que los intereses de los empresarios eran los mismos que los del país. Lo que si se ha comprobado con el tiempo es que los intereses representados por esos empresarios ni siquiera eran los intereses de la totalidad de la clase empresarial, ya que empezaron a darse muchos pequeños empresarios y sistemas de empresas cooperativas. Aquellos sólo eran los intereses de una elite privilegiada que siempre ha medrado con dicha “representatividad” y se negaba a ver afectado el statu quo que le favorece.

Durante la administración cardenista, los miembros más radicales de izquierda pretendían el establecimiento de la educación socialista en México por la vía de la reforma constitucional. La contradicción estribaba en que, entre otros argumentos, se esgrimía el de hacer realidad la educación laica que establecía la Constitución, sin tomar en consideración que el espíritu y el sentido de la ley en la Carta Magna, al establecer la educación laica, era precisamente para que la educación fuera objetiva y estuviera libre de prejuicios por las ideas religiosas, y aunque para algunos fuera muy válido el pensamiento socialista, no lo era para todos y lo mismo sucedía con la religión. No se recordaban que la razón misma del laicismo la provocó la concepción del Estado confesional del pasado. Por lo tanto, establecer ahora la educación socialista en México, por analogía iría en contra del espíritu de la ley, como lo estableció el Congreso constituyente del 1917, por lo que el Presidente retiró la propuesta.

La cuestión del pensamiento socialista en tiempos de Cárdenas llegó a situaciones paradójicas, como fue el enfrentamiento ideológico entre dos baluartes del muralismo mexicano; Rivera y Siqueiros, ambos miembros del Partido Comunista Mexicano, aunque el primero trotskista y el segundo estalinista. Tal vez en la mente de los dos vibraban con emoción los acordes de “la internacional”, pero uno, Rivera, por su amistad personal con Liev Trotsky, quien era partidario de la teoría de la revolución internacional, “la revolución permanente” para poder construir en el largo plazo el socialismo en todo el mundo, y el otro, Siqueiros, seguramente sin mucho conocimiento de las atrocidades que estaba cometiendo en la URSS José Stalin, se inclinaba hacia el socialismo nacionalista. Incluso llegó al extremo de verse envuelto en uno de los intentos de asesinato de Trotsky durante su exilio en México. José Stalin al final realizó su propósito enviando a Ramón Mercader, en agosto de 1940 quien asesinó Liev Trotsky asestándole, al gran revolucionario y teórico del socialismo, un brutal y mortal golpe en la cabeza, con un piolet de escalar.

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El episodio de la expropiación petrolera pinta claramente a los depredadores del exterior y del interior; que la nación mexicana ha tenido que soportar a lo largo de toda su historia, devastadores del patrimonio de la nación que han contado con la complicidad de algunos políticos y de grupos sindicales (obreros y patronales) influyentes en la economía y la política, que no viendo más que por sus propios intereses mezquinos, movidos por la codicia han traicionado los intereses de la nación.

Con relación a la libertad de opinión su gobierno contrastó con la represión de los gobiernos del Maximato y particularmente de Calles, que incluso utilizaron el exilio para los periodistas contrarios. Oigamos la opinión de uno de esos exiliados, don Nemesio García Naranjo, comentando con el Lic Agustin Leñero, secretario particular del Presidente: “El presidente Cárdenas, con mucho menos cultura, pero con intuición más clara que sus antecesores, no sólo me dejó vivir en paz, sino que no opuso la menor objeción a la publicación de mis artículos periodísticos que criticaban los actos de su gobierno”. Su gobierno creo PIPSA la empresa comercializadora del papel de prensa y el DAPP, Departamento Autónomo de Prensa y Publicidad, en donde participaban representantes de los dueños de los periódicos. En esta época surge Ultimas Noticias de Excélsior.

Quien no se respeta a sí mismo no merece el respeto de los demás; las compañías petroleras casi en la misma forma que las compañías deslindadoras, y algunas desde ese tiempo, se habían hecho legal y fraudulentamente de grandes extensiones de tierra, y ante este hecho y la virtual no vigencia del artículo 27 constitucional, que sólo había servido para una regulación parcial de las concesiones que explotaban ahora las reservas petroleras de la nación y a sus trabajadores, en forma casi indiscriminada e impune pagándole al Estado únicamente el impuesto del timbre (1% de la producción). Precisamente, un reclamo de los trabajadores a las compañías petroleras, fallado a su favor por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, dio pie a la expropiación petrolera.

El escritor Joaquín Martín Moreno nos describe la siguiente escena:

“El 7 de marzo, Lázaro Cárdenas sufrió probablemente el peor insulto de su carrera.

En una de las reuniones con los petroleros, señaló:

–Señores, es conveniente asegurarles a ustedes que los 26 millones de pesos se concretaran a esa cantidad y en ningún caso se verán incrementados con pretexto alguno.

–¿Y quién o qué nos garantiza que se respetara esa promesa?

Cárdenas, seguro de sí mismo respondió:

–Se lo garantiza a ustedes el Presidente de la República.

Se produjo un silencio y una voz lo rompió:

–¿El Presidente de la Republica y quién más?

Cárdenas se puso de pie. Cerró su carpeta sin ninguna violencia y, antes de retirarse, comento:

–Señores, hemos terminado.

Los pasos no apresurados del presidente se escucharon en el Salón Panamericano de Palacio Nacional. Cuando sonó el pasador de la puerta, los asistentes entendieron que empezaba una nueva época en la historia de México.” [1]

Cárdenas en realidad ya tenía la decisión tomada, era una situación insostenible porque legalmente las compañías petroleras eran propiamente dueñas del subsuelo en donde estaban los yacimientos. Considerando este hecho Cárdenas sólo esperaba una oportunidad como ésta, que la soberbia y estupidez de las mismas compañías petroleras se la dieron y el 18 de marzo de 1938, Cárdenas haciendo valer el artículo 27 constitucional, decretaba la expropiación petrolera. Esto, motivó grandemente al pueblo de México que contribuyó con entusiasmo con pertenencias personales, incluso de valor sentimental; para destinarlas al pago de la expropiación decretada, participando incluso los más humildes y con seguridad, no precisamente la aristocracia

Como un factor externo positivo puede calificarse la llegada a México de una parte de la intelectualidad española integrada por los republicanos que el presidente Cárdenas acogió en México con motivo de la guerra civil española y que indudablemente significaron un enriquecimiento y una valiosa aportación a la vida cultural y científica de la nación. La fundación del Colegio de México, por el Presidente Cárdenas en 1940, fue estimulada en buena parte por estos valiosos pensadores republicanos. Grandes obras del presidente Cárdenas fueron sin duda la creación del Instituto Politécnico Nacional, orientado a la investigación tecnológica y a los estudios superiores en esta materia, con estímulos para el ingreso de la población de escasos recursos económicos; El Instituto Nacional de Bellas artes; el Instituto Nacional de Antropología e Historia, INAH; rodeándose también de intelectuales de gran valía a los cuales promovió su gobierno como Alfonso Reyes, Daniel Cosío Villegas y Octavio Paz, entre muchos otros.

El Presidente Cárdenas le dio un amplio impulso a la educación en todo el país; creo el “Fondo de Cultura Económica”; auspicio la autonomía de las universidades. Amplió la red ferroviaria y carretera del país, impulso las comunicaciones y el transporte, los sistemas de irrigación y el crédito agrícola, creó pequeñas comunidades industriales cooperativas.

Lázaro Cárdenas, de ideas claramente socialistas, para nombrar a su sucesor tuvo que decidir entre varias personas, una de ellas, el general Francisco J. Múgica, su amigo entrañable, pero radical de izquierda, y el general. Manuel Ávila Camacho, de derecha moderada. Paradójicamente y pensando no precisamente, en qué era lo mejor para él y su grupo; sino dadas las circunstancias del momento histórico y geopolítico, virtualmente en el inicio de la segunda guerra mundial; pensó única y exclusivamente en qué era lo que al País le convenía y aceptaría sin mayor controversia. Y se decidió por el último, porque si bien su alter ego profesaba sus mismas ideas y fortalecería a su grupo de izquierda, él sabía que era una persona extremista, partidario dl concepto de la “lucha de clases” y esto, en ese momento, no le convenía al país; por lo tanto, exhibiendo dotes de verdadero estadista, aun en contra de sus preferencias personales, llevó a la Presidencia al general Manuel Ávila Camacho. Sin embargo, lo hizo siguiendo las reglas del sistema, a cualquier costo y por medio de una elección cuestionada por su proceso y resultados oficiales, que como siempre no eran claros y que daban como ganador a Manuel Ávila Camacho, en contra del candidato del Partido Revolucionario de Unificación Nacional (PRUN) general Juan Andrew Almazán, candidato de la derecha y de algunos empresarios, a quien una buena parte de la opinión pública, ligada con estos, daba el triunfo. El presidente Cárdenas dispuso que se  contentara al general Almazán con espléndidos regalos de consolación, con la actitud de “dueño y señor” del patrimonio nacional, actitud que siempre ha caracterizado al grupo en el poder; de esta forma, Juan Andrew Almazán “vende caro su amor” por sus “ideales” y los intereses de quien representaba, y asunto arreglado.

Se puede decir que el Presidente Cárdenas es un paréntesis en el grupo postrevolucionario, un verdadero estadista que retomó los ideales revolucionarios por los que había luchado el pueblo de México y ofrendado su vida para que hubiera un verdadero cambio que impidiera seguir la explotación impune de su pueblo y de sus recursos naturales, como había sido desde la colonia; ideales traicionados por los primeros gobiernos “emanados de la revolución” y vueltos a traicionar por los gobiernos posteriores al régimen cardenista, hasta, incluso, los gobiernos en el siglo XXI.

[1] Joaquín Martín Moreno, México negro, una novela política (México: Joaquín Mortiz, 1986).

Textos tomados del Ensayo “México y su Realidad” 3a Edicion de Antonio Fuentes Flores

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13 pensamientos en “Cómo fue el gobierno de LÁZARO CÁRDENAS

  1. Y la economía como le ha ido a México.De la patada con el sindicalismo corrupto y la gasolina que es nuestra es mas cara que donde la trabajan los extranjeros y nosotros solo matenemos a los lideres corruptos de pemex

  2. Toño, haces una labor extraordinaria que nos educa al aclarar pasajes importantísimos de nuestra historia. Para empezar, sus personajes eran de carne y hueso, sentían, temían, tuvieron aciertos y errores. Tu labor ayuda a desmitificarlos. Saludos Helios
    PD Al presidente Cárdenas le debo mi vida, Llegué a México en 1939 a la edad de dos años con mis padres como exiliados políticos.

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