CÓMO FUE EL GOBIERNO EN MÉXICO DE VICENTE FOX

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Al inicio del siglo XXI, las condiciones favorables para el cambio en México estaban dadas, el nuevo Gobierno debería elegirse en el año 2000 y ya existían mejores condiciones para ejercer la democracia. Lo mejor que le hubiera pasado a México era que realmente en ese momento tuviera verdaderas opciones de cambio benéfico para el país y esto era lo que demandaba en forma mayoritaria su pueblo. Pero desgraciadamente no fue así, como más adelante veremos.

Vistos a distancia, los tres candidatos de los tres principales partidos políticos que se presentaron para buscar la Presidencia de la República en las Elecciones del 2000, tenían muchas fallas: por el eterno PRI, Francisco Labastida, ex-Gobernador de Sinaloa, ex-Secretario de Agricultura y de Gobernación, persona ampliamente experimentada en las lides políticas, conciliador, cierto, pero al fin y al cabo gente del sistema, un candidato tradicional y no podía ser de otra manera, aunque por primera vez, aparentemente éste candidato ya no era designado por el Presidente en turno; sin embargo, parece ser que se dio “machetazo a caballo de espadas”, porque en la elección interna del PRI resultaron más votos que votantes y es que el partido continuaba dominado por los mismos especímenes de siempre, a los cuales el pueblo les ha llamado los “dinosaurios” por ser gente del viejo SPM unipartidista, con las viejas mañas; por parte del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas, el hijo del general Cárdenas, que había nacido en los Pinos y pasado toda su vida política a la sombra del héroe nacional y al amparo del sistema político, ocupando infinidad de cargos. Había sido subsecretario, gobernador priísta por Michoacán, y aunque “hijo de tigre pintito” (solo en cuanto a su ideología), nunca se distinguió por realizar actos de gobierno extraordinarios. Fue Jefe de Gobierno del D.F. por el PRD, y ahora otra vez candidato a la Presidencia de la República; por el PAN, Vicente Fox, que había sido Presidente de Coca Cola México, ex-Diputado Federal en la época de Salinas y ex Gobernador del Estado de Guanajuato por el PAN. Era alguien que le había “madrugado” a su partido postulándose como precandidato a la presidencia de la Republica, adelantándose en forma arbitraria a los tiempos electorales previstos, enarbolando la bandera del “cambio” y la promesa de sacar al PRI de Los Pinos; de esta manera había forzado su elección dentro del PAN, al que había ingresado en 1988. Y es que de no ser así, probablemente nunca hubiera tenido posibilidades de haber sido el candidato a la Presidencia, por su antigüedad dentro de ese partido y porque la cerrada estructura interna exclusivista del PAN, no lo hubiera permitido y no porque no fuera el mejor, sino porque no lo consideraban con “casta” “la que sólo tenían los selectos miembros que se consideraban dueños del partido” obtenida esta no por su calidad, o méritos propios, sino por razones hereditarias, matizadas por los prejuicios sociales históricos con los que fueron educados en el fanatismo religioso íntimamente ligado a la iglesia católica, con lo cual, Fox sí cumplía.

La sociedad civil en México buscaba una transformación, un cambio verdadero. Con los antecedentes de los dos primeros candidatos, no se podía esperar mucho a este respecto. Por lo tanto, en este sentido crecía el candidato del PAN. Sin embargo, aun en estas condiciones, ninguno de los candidatos era electoralmente despreciable por las siguientes razones: el candidato del PRI tenía a su favor toda la estructura nacional, que durante más de setenta años y a través de muchas generaciones había creado; repartiendo su poder y su gracia a diestra y siniestra, con el consiguiente interés electoral, fortalecido con millones de votantes cautivos en toda la República y con la posibilidad de cubrir el 100% de la casillas de votación en todo el territorio nacional con representantes propios y entrenados. El candidato del PRD había sido el presunto virtual “ganador”, (no sin serios señalamientos), de las cuestionadas Elecciones de 1988 y de esta manera ya lo había logrado y aumentaba su experiencia al haber participado también en las pasadas elecciones presidenciales, en donde contó con millones de adeptos en toda la República. Actuaba a su favor también el antecedente positivo de la simpatía que conservaba la figura de su padre. Vicente Fox, por su vigorosa y “enérgica” acción verbal en contra del sistema, por su carisma, simpatía, y por su trato abierto y sencillo, que era lo que la gente quería ver y porque a todos les decía lo que querían oír, porque no reparó en compromisos de toda índole. Pero principalmente porque la sociedad mexicana demandaba una alternativa nueva, entonces llegó a ubicarse también en condiciones de particular importancia nada despreciables.

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Sin embargo, Fox no se sentía seguro para ganar por sí mismo la elección y pretendió sostener una alianza con el PRD, que nunca se concretó y que lo deprimió momentáneamente. Tal vez esto mismo hizo subir sus bonos en cuanto a identificarse como el “verdadero candidato del cambio”. Al final, y sin ninguna necesidad, se alió con el “Partido Verde Ecologista”, un partido familiar, folclórico, que en realidad nada tenía que ver con la ecología, tema que había adoptado sólo por la apariencia y porque que electoralmente era rentable. En estas condiciones, el único que se sentía más o menos seguro era el candidato del PRI, quien tenía a su favor el sistema político mismo y, con ello, al aparato gubernamental (incluyendo recursos ilimitados del erario federal y de los estados) y, al alto mando del sector empresarial tradicionalmente fiel al sistema y más que nada a sus particulares intereses. Esto significaba una grave e injusta falta de equidad para sus opositores y, además, porque la costumbre dentro del SPM era ganar a cualquier costo, como había sido en los casos de Salinas y sus antecesores desde 1929. La fortaleza de Labastida se reflejaba “claramente” en las encuestas de opinión, favorables a su candidatura. Esta situación ponía a prueba el compromiso de Zedillo con la democracia.

Vicente Fox ganó porque la mayoría votó por él y hubo suficientes condiciones democráticas en el proceso electoral y un árbitro realmente independiente, ciudadano; el IFE, y porque los mexicanos vieron en él, o más bien quisieron ver en él una posibilidad real de cambio. De este modo, Fox recibió la mayoría de los votos mediante un sistema electoral confiable, manejado por ciudadanos y a través de consejeros también confiables. Y sobre todo por la voluntad política del Presidente de la Republica que no pretendió influir y respetó a la autoridad electoral e hizo valer los resultados. Hubo un hecho decisivo, a la hora de la verdad y fuera del protocolo normal; en forma oportuna y valiente, el Presidente Ernesto Zedillo actuó con integridad al reconocer públicamente el triunfo de Fox, como el nuevo Presidente de México, cuando ya la tendencia favorable en el resultado de las elecciones era irreversible. De no haberlo hecho; el sistema hubiera actuado de inmediato como era su costumbre, desconociendo el triunfo y haciendo los “arreglos necesarios” para revertir los resultados. Y aunque ahora no resultaría nada fácil, esa posibilidad era muy real.

Vicente Fox no había pasado de ser una persona que había crecido y sido educado en un medio con más prejuicios sociales y religiosos que conocimientos objetivos de la historia, la cultura y la realidad de México; que como estudiante se había distinguido por ser juguetón, “buenote” y vacilador, con estudios universitarios en una buena universidad de jesuitas, que evidentemente no aprovechó, sino solo a medias, en los aspectos técnicos y materiales, para su actividad empresarial. En este campo llegó a ser presidente de Coca Cola México, donde decían que se distinguió como un excelente vendedor de ese producto, y podríamos agregar como un destacado ejecutivo con pensamiento empresarial e identificado con la mentalidad capitalista y ultraconservadora de los republicanos de EU. Que para algunos como él, esa cultura era la meta a seguir e imitar y no lo hacía nada mal.

A Vicente Fox le tocó vivir una época política en la que la gente en México, ya estaba harta del autoritarismo, de la corrupción y prepotencia de los gobiernos priistas, del sistema político unipartidista, harta de los cacicazgos y explotación de los trabajadores y de la gente del campo, a través de sus mismos sindicatos, afiliados al PRI y controlados por éste. Fox llegó a la política por accidente, iniciándose en un sexenio en que el Presidente de la República le debía su presidencia espuria, al PAN.

Cuando Fox fue Diputado Federal y participó en el proceso de calificación para la validación de la elección de Salinas, en el Colegio Electoral, él mismo nos cuenta: “¿Que es lo que más recuerdo? El proceso del Colegio Electoral, los treinta días más divertidos de toda mi vida”[1]. Evidentemente no tenía la menor idea de lo que estaba pasando. Y es que si con esa frivolidad (¿sensibilidad política?) calificaba Fox al virtual golpe de Estado que había recibido México, definitivamente era otro su mundo.

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Destacó en la Cámara de Diputados por imitar cómicamente a Salinas, subiendo a la tribuna con las orejas agrandadas con las mismas boletas electorales, lo que le ganó las risotadas de los diputados de oposición y la temporal enemistad de Salinas.images-19

Participó en el “grupo San Ángel”; una especie de amasiato de “intelectuales” que aparentaban estar preocupados por la vida política de México y que en realidad; al final demostraron que su única preocupación era por el futuro político de cada uno de ellos. En 1995 volvió a ganar las elecciones para el gobierno de Guanajuato, y cuando sólo tenía dos años en el cargo, irresponsablemente se postuló como precandidato a la Presidencia de la República, él mismo nos dice: “El 6 de julio de 1997 empezó mi camino para obtener la candidatura del PAN. A las 12 horas en el Ejido San Cristóbal donde acudí a votar en las elecciones intermedias, hice pública mi intención de buscar la Presidencia de la República.”[2]

Aunque parecía que había tenido suficiente oportunidad de tener contacto con la realidad de México y que tenía conciencia clara de ella –así trataron él mismo y sus estrategas de campaña de hacerlo aparecer—, evidentemente era inconsciente de esa realidad. En lo que había sido bueno era como vendedor, y siguió demostrando ser bueno en la mercadotecnia, al integrar en su equipo de campaña a especialistas que lo supieron vender a él como producto bien diseñado (sólo para ser vendido), aparentando ser el candidato que necesitaba México, el “Candidato del Cambio”. Y sucedió lo que resulta con la mayoría de los malos productos comerciales promovidos por las campañas publicitarias que en realidad son un engaño. Después, ya demasiado tarde, se comprobó que era un ignorante de esa realidad nacional que pretendía cambiar. Que había sido formado con más prejuicios que conocimientos en su cabeza, y que era una persona manejable. En esta forma, cómo iba a ser posible ya no que liderara el cambio de la realidad nacional; ni siquiera que pudiera entenderla, lo que quedó demostrado, ya siendo Presidente. Porque si lo analizamos bien; la verdad era que él no tenía ningún plan concreto, salvo el de llegar a Los Pinos y aun eso, no supo ni como ni porque se dio.

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Algo se presentía el 2 de julio del 2000, el día en el que los mexicanos creyeron que había llegado efectivamente el momento de iniciar el cambio en México. Sus mismos correligionarios le dijeron a Fox, en el festejo del triunfo ante el Ángel de la Independencia en la Ciudad de México, “¡No nos falles!”, a manera de premonición. A la problemática descrita en el párrafo anterior, desgraciadamente se agregó otro factor que sería definitivo: su encargada de Comunicación Social en el Gobierno de Guanajuato, quien desde 1997, cuando Fox anunció su intención para ir por la Presidencia de la República, ella manifestó que “ya se dedicaba a él en cuerpo y alma”, y ahora con el triunfo y como su vocera oficial se perfilaba como pieza clave de su equipo en la Presidencia; ella se convertiría en su esposa y tendría una influencia determinante en el Presidente y en su administración, que no sería benéfica ni para el presidente ni para el país.

Al final Fox lograba uno de sus anhelos, o quizás el anhelo de quien venía con él utilizándolo como caballo de Troya para también llegar a Los Pinos. Sin embargo, en cuanto a su promesa de sacar al PRI de Los Pinos, lo único que sacó de ahí fue la pintura de Siqueiros con el retrato del Presidente Juárez, con lo que demostró, una vez más, su ignorancia de la historia de México y los prejuicios religiosos con los que fue educado. Fox no sacó al PRI de ningún lado, al contrario, cometió otra vez, por no conocer la historia, los mismos errores que Madero (guardada la proporción) al no someter definitivamente al vencido y darle “la puntilla”. Lo más seguro es que ni siquiera haya sido ese su propósito, lo cual quedó demostrado en los hechos.

El pueblo había sintió real, la posibilidad de cambio. Así lo entendió, o más bien, así lo deseó. Y es que en ese caso, como en tantos otros en el pasado, los mexicanos se han dejado engañar una y otra vez por un falso líder, que solo lo es en apariencia, en la forma, aunque viéndolo bien, y en retrospectiva, en este caso también aquí; el líder que se creía haber encontrado dejaba mucho que desear. En realidad Fox era un líder en el cual había muy poca sustancia, y evidentemente por lo sucedido, ni siquiera la suficiente sustancia gris adecuada y experimentada en el manejo político. Y no la podía haber en alguien que no solo demostró ser ignorante de la historia de su propio país, sino también del sistema político que supuestamente pretendía cambiar. Quedó en evidencia, por los hechos de su Gobierno, que tampoco tenía una idea clara, ni le importaba cuál debería haber sido ese cambio y cómo lo iba a lograr. Pero además él y su partido demostraron no tener ni la capacidad, ni la honestidad, ni la voluntad suficientes para el manejo del poder al máximo nivel y con la mayor intensidad como era necesario. Y sí en cambio un miedo, manifiesto demostrado en su actuar titubeante, miedo a no saber operar la enorme maquinaria del aparato burocrático del Gobierno Federal a la hora de la verdad. Esto parte de lo que lo nulificó e imposibilitó, incluso para siquiera pretender, ya no digamos cambiar el estado de cosas imperante, sino para asumir con decisión y plenitud el poder. Ante su desesperación, con seguridad alguien de su partido o de su Gabinete le dio el mal consejo de recurrir a Salinas, autoexiliado en Irlanda, para que lo asesorara con “su experiencia” y las relaciones que él tenia para el manejo de la cosa publica, los hechos que veremos adelante demuestran que eta asociación nociva para él y principalmente para México, se dio.

En su tiempo, Miguel de la Madrid manifestó un grave síntoma de debilidad política al no hacer valer la autoridad del Presidente de la República y ejercer plenamente el poder; delegando muchas de sus tareas fundamentales que como Presidente debió atender, o al menos vigilar personalmente. Este mismo síntoma ahora se veía reflejado, con mayor intensidad, en el Presidente Vicente Fox, con el agravante de que éste no tenía en su Gabinete gente de la talla intelectual y experiencia política de un Arsenio Farell Cubillas o de un Jesús Reyes Heroles.

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Fox, se puso a las ordenes de “los dueños de México” y de líderes increíblemente corruptos. Como uno de muchos ejemplos, está el de Elba Esther Gordillo la líder “moral” del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), la substituta de Carlos Jongitud Barrios y ahora incondicional de Carlos Salinas de Gortari y con seguridad por recomendación de este ultimo se puso en sus manos entregándole la Dirección General del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, el ISSSTE, con hospitales, tiendas comerciales en toda la República y la construcción de cientos de miles de viviendas a nivel nacional, en el que puso, la señora, a uno de sus incondicionales. Esta entrega de Fox puede interpretarse como pago por esta supuesta alianza a la más pura tradición del sistema priista corrupto, al que se suponía estaba combatiendo. Posteriormente le entregó también la Lotería Nacional y la fortaleció política y económicamente a costa de la educación de México.

El Gobierno de Fox dejó intacta la estructura burocrática viciada, integrando dentro de su Gabinete a figuras prominentes del PRI. En primer lugar, designó como su secretario particular a Alfonso Durazo, ex-secretario particular de Luis Donaldo Colosio candidato del PRI a la Presidencia de la República. Aunque en ese tiempo Durazo ya no pertenecía al PRI, de cualquier manera era muy difícil entender ¿por qué? un puesto de tal confianza podía ser entregado así a una persona ajena por completo al partido que lo había llevado al poder y que además había tenido un protagonismo de primer orden precisamente en el partido que tenía que “sacar de Los Pinos”. Esto no acababa de entenderse después de todas las promesas que había hecho. En las secretarías más importantes, como en la de Hacienda, puso a una gente de toda la confianza de Salinas y Pedro Aspe, pues le vendieron la idea, probablemente Salinas, de que “sería muy bien visto por la comunidad financiera internacional”. En el inicio, solo seis miembros de su Gabinete eran panistas.

Para terminar con los nombramientos, hizo algo verdaderamente increíble y fuera de toda lógica política: les dio la bienvenida, en general, a todo el aparato burocrático federal indiscriminadamente, desde el nivel de subsecretarios hacia abajo. Con esto dejaba intactas sus estructuras viciadas y a sus redes de corrupción, aceptando y ratificando a todos incondicionalmente. De esta manera maniataba e imposibilitaba a sus nuevos secretarios para hacer los cambios lógicos y convenientes que la nueva situación requería, ya no tanto de estructuras, porque era claro que no tenía ningún proyecto para transformar al Estado mexicano, pero cuando menos se imponía la necesidad de un cambio de personas; sometiendo a la justicia a muchos delincuentes. De esta manera; perdió el control político del aparato público. Esto, a la hora del cambio de mandos ni en los mismos gobiernos priistas se veía, por razones lógicas.

El que iba a sacar al PRI de Los Pinos le dio “respiración de boca a boca” y, con esto, nueva vida. Fox dejó intacto el viciado sistema político (SPM), con el agravante de que lejos de que él pudiera utilizarlo, fue éste el que lo utilizó a él. Fox prefirió dejarlos hacer, porque “ellos sí saben como”; creyó que con una actitud condescendiente se los iba a ganar para que lo apoyaran en sus llamadas “reformas estructurales”, reformas que habían quedado pendientes desde la administración anterior; en el campo energético, laboral y fiscal. Las cuales presentó en forma imprudente como un gran paquete legislativo al principio del sexenio, probablemente aconsejado por alguien a quien le interesaba que fracasara, como sucedió con algunas de las iniciativas, por no decir que todas, pues fueron presentadas sin el necesario, suficiente y previo cabildeo y sin ninguna negociación previa. Tal fue, por ejemplo, el caso de la reforma fiscal, en donde no hubo intervención por parte del Secretario de Hacienda para preparar el terreno y donde incluso los propios diputados del PAN se quejaron, con razón, porque “la prensa fue enterada antes que ellos sobre los lineamientos generales de la iniciativa”. Esta reforma fue bloqueada sistemáticamente por el PRI, motivado por conflictos entre su coordinadora parlamentaria (Elba Ester Gordillo) y su presidente (Carlos Madrazo), y por supuesto por el PRD. Pareciera cosa hecha a propósito.

En los hechos aparecía como una especie de sabotaje de su mismo Secretario de Hacienda a fin de que no contara con los recursos necesarios para el crecimiento prometido del 7% anual del PIB, como lo había ofrecido, y que no era imposible, porque con un buen liderazgo, creatividad e imaginación para aprovechar el enorme potencial de México, hubiera sido, sino fácil, si muy factible. Sin embargo, la misma reforma fiscal dejaba mucho que desear. Estaba hecha con un afán recaudatorio y lo único positivo que tenía era que pretendía ampliar la base gravable, pero nada más. No se incluía aquí, en forma complementaria, una reestructuración del gasto corriente con el objeto de hacer más eficiente al aparato burocrático, ni tampoco algún programa de austeridad. Se adoptaron a priori todos los patrones anteriores.

Fox cometió un muy grave error al comenzar su gobierno; al no hacer una liquidación, un recuento de cómo se había recibido la situación económica política y social del país. Esto era elemental y de la mayor importancia, ya que todos los males históricos heredados de anteriores administraciones del sistema; ahora sin el debido acuse de recibo, se le iban a cargar a la nueva administración de Fox. No se daba cuenta de que debería estarse cerrando un capítulo en la vida nacional y que pretendidamente debería iniciarse una nueva era, o cuando menos así se sobreentendía por parte de los que lo habían elegido y por los gobernados en general. En cierta forma, lo que se daba era solo un lamentable paréntesis en la vida nacional. Desaprovechando una oportunidad única.

Para agregar mayor complejidad a la relación con el Congreso, como si la existente fuera poca, y por falta de una planeación estratégica de la Presidencia de la República a través de su Secretaría de Gobernación, también se habían agregado al paquete legislativo enviado al Congreso, las reformas constitucionales en materia de derechos y cultura indígena, con base en la propuesta de Ley de la COCOPA y en cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés Larráinzar, como si lo ya enviado fuera poco, (nada menos que toda “una papa caliente”). Daba la impresión de que se apostaba demasiado al capital político de Fox, logrado con la primera elección democrática, desde Francisco I Madero; o bien, que la apuesta era en base a los supuestos amarres de alto nivel que Fox creyó haber hecho. Porque en éste como en los otros casos, las iniciativas no tuvieron el necesario cabildeo previo, ni los trabajos correspondientes y normales de acercamiento con los partidos y sus legisladores para negociar y garantizar el éxito de la acción.

“En su mismo discurso de toma de toma de posesión, el Presidente Fox anticipó la presentación de la iniciativa de la COCOPA asumida en sus términos como propia y apenas unos días después, el 5 de diciembre del 2000 se oficializó su entrega al Poder Legislativo. En los meses siguientes esa iniciativa ocupó de manera central las discusiones en las cámaras del Congreso de la Unión y fue modificada de manera importante. […] A lo largo de febrero y marzo de 2001 la dirigencia del EZLN llevó a cabo un recorrido por varias entidades que culminó en la ciudad de México, con una continuación de actividades, incluyendo una serie de discursos pronunciados en la misma tribuna de la Cámara de Diputados. Sin embargo, ese intenso intercambio de opiniones, resultó contrastante con la actitud totalmente pasiva del Ejecutivo federal en relación con la iniciativa presentada. Finalmente el 14 de agosto de 2001 fue publicada en el Diario Oficial de la Federación la reforma que modificaba y adicionaba cinco artículos del texto constitucional. Se trató de una reforma ampliamente esperada y que constituía, junto con el retiro de las tropas del Ejército mexicano a las posiciones en que estaba apostado antes del levantamiento zapatista y la liberación de los presos vinculados al EZLN, el eje troncal de la estrategia del gobierno de Fox para resolver el conflicto en Chiapas. Lo que él había asegurado, en campaña, arreglar “en quince minutos”.[3]

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Durante la verbena popular celebrada en el Zócalo de la Ciudad de México con motivo de la toma de posesión del nuevo Presidente; desde el balcón central de Palacio Nacional se oye un chiflido de esos que con maestría emiten los arrieros, seguido de: “¡hey Mijares!, ¡pérame!, orita te alcanzo allá abajo”. Era el Presidente Vicente Fox, que se dirigía al cantante Mijares, y que inauguraba una nueva manera de comportamiento de la figura presidencial y de un actuar improvisado. No entendía que el candidato ya había terminado su trabajo y que ya había ganado las elecciones, que ahora iniciaba el Presidente de la República, así con mayúsculas. Que si estaba bien desacralizar a la tradicional figura autoritaria presidencial, no estaba bien de ninguna manera demeritar a la institución de la Presidencia, faltando al respeto a la figura del Presidente con un comportamiento trivial que además ponía innecesariamente en riesgo su seguridad personal. Esto sería de aquí en adelante el pan de cada día. Ya se había iniciado unas horas antes en el Congreso, dirigiéndose en primer término a sus hijos, con un “hola”, antes que al Congreso de la Unión, en la solemne ceremonia republicana de investidura y protesta como Presidente de la República.

Después del homenaje en el Campo Marte como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, su comentario público fue: “El Ejército está de pelos” (sic.) Y más tarde, en un acto público con su Gabinete, hizo que una de sus hijas le entregara un crucifijo, lo mismo que ya había sucedido en su toma de protesta como Gobernador de Guanajuato. Ahora esto se veía, en el mejor de los casos y para no pocos, como una especie de manifestación indirecta de protesta personal pública, simbólica, aunque totalmente “fuera de lugar”; por la separación de la Iglesia y el Estado en México. Todo demostraba cuando menos falta de tacto político y grandes prejuicios históricos, que acabó por desconcertar a algunos sectores críticos de la población; que no daban crédito a lo que veían y oían.

Permítaseme una fantasiosa especulación a manera de analogía, acompañada de un hecho real: pareciera ser que Marta Sahagún fue envolviendo poco a poco a Fox en una especie de sutil telaraña que a él mismo no le disgustaba, y en el término de un año, con la ayuda de amigas, amigos, curas y santones, y tal vez acompañado de la infusión de alguna pócima, se lo tragó; se casó con él, y como por arte de magia, de esta unión surgió algo inédito en la vida política de México: la “Pareja Presidencial”, asimilando su pareja por completo al Presidente. No conforme con este sacrificio, por medio del cual obtuvo, con premeditación, alevosía y ventaja el poder. Y ahora pretendía trascender y perpetuarse en él a la manera de una Evita Perón rediviva como la futura presidenta de la República. Y aunque esto no pasara de ser una idea peregrina de la señora Marta, como respetuosamente la llamaba su consorte; adelantando vísperas, ella se dedicó a realizar una serie de urdimbres que nulificaron casi por completo a su marido. Con ello complicó enormemente la situación política del país, que ya de suyo era bastante compleja.

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El hecho real representativo de lo que estoy comentando es que a escasos tres meses del alumbramiento de la “Pareja Presidencial”, el precoz producto ya hacía de las suyas a costa del interés y del patrimonio de la nación, del pueblo de México. El 10 de octubre del 2002 se publicaba un decreto del Presidente, en el Diario Oficial de la Federación en el cual se reducía hasta en un 90% el tiempo de transmisión que las estaciones de televisión y radio estaban obligadas a proporcionar al Estado mexicano. Este atraco, no tenía más explicación sino que la “señora Marta” quería agradar, interesadamente para sus propósitos electorales a futuro, al vicepresidente de Televisa que en esa precisa fecha terminaba su gestión al frente de la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión, CIRT. “El propio Gómez, de acuerdo con testimonios publicados y que nunca fueron desmentidos, propició la redacción y cabildeó la aprobación del decreto que modificó aquel 12.5% del reglamento de la Ley Federal. Algunas versiones aseguraron que esos documentos fueron discutidos y afinados por funcionarios de Televisa y por Marta Sahagún, la esposa del Presidente, en la cabaña en donde vivían los Fox en Los Pinos. El Presidente o su esposa tenían prisa para que esos ordenamientos fueran aprobados porque querían entregárselos como regalo a Gómez, que el 10 de octubre concluiría su gestión como directivo de la CIRT. Por eso, de manera inusitada, el Diario Oficial de la Federación publicó una edición vespertina que estuvo impresa a tiempo para la Asamblea de la Cámara. En el Decreto Presidencial de esa fecha, el 12.5%, que equivalía a 180 minutos diarios en las emisoras que transmiten de manera continua, quedó disminuido a 18 minutos diarios en las televisoras y a 35 minutos diarios en las estaciones de radio. Gracias a ese decreto del Presidente Fox, el país perdió el 90% y más del 80%, respectivamente, del tiempo que el Estado tenía derecho a utilizar en tales medios”.[4]

Si se sabe lo que cuesta un minuto de tiempo por TV podremos calcular el tamaño del regalito que recibían de por vida “los pobres” de la industria del radio y la TV. Esto no sería más que el preludio de otro suceso vergonzoso que se dio más adelante, en la historia parlamentaria de México. El 1 de diciembre del 2005, la LIX Legislatura de la Cámara de Diputados, con el voto unánime de 327 diputados y en 7 minutos, aprobó las reformas a las leyes federales de telecomunicaciones y de radio y televisión, favorables a Televisa y a TV Azteca, propiamente hecha a la medida de sus intereses. Las razones que tuvieron los diputados de todos los partidos para aprobar estas reformas fueron exactamente las mismas que tuvo Marta Sahagún y Fox para ordenar que se emitiera el decreto del 10 de octubre del 2002., despojando injusta y arbitrariamente al erario de cuantiosos recursos del pueblo, para su beneficio personal. La impunidad reinante en México y el mismo sistema político, les evitó el merecido castigo a ella y los miembros del Congreso y sólo la historia los recordará como lo que realmente fueron.

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El propio secretario particular de Fox nos dice: “El activismo de un cónyuge presidencial es válido solo cuando juega un rol institucional, no cuando juega su propio juego; sin embargo, Marta Sahagún lo vio como una vía para incursionar en el inventario de aspirantes a suceder a su esposo en la propia Presidencia de la República. […] Al alcanzar el primer tercio del sexenio, prácticamente nadie tenía dudas del apoyo presidencial a su proyecto político. […] Incluso el PRI, cuyos militantes tienen en general ese sentido de Estado, no lo abordó con seriedad. Como si se tratara de una de sus ilustres militantes, insistió por boca de su presidente Roberto Madrazo en animar a Marta Sahagún en su proyecto presidencial. Se trataba, por supuesto, de una burla que si se hacía realidad, culminaría con el suicidio electoral del PAN en el proceso del 2006. […] Marta Sahagún confundió las consideraciones que recibía en condición de primera dama con méritos políticos personales para suceder a su esposo en el cargo. Sin elementos éticos suficientes para acotar sus anhelos, con una carrera política muy singular—apenas en sus cimientos—y con una tenacidad digna de mejor causa, Marta Sahagún se puso en esa campaña de dudoso éxito por muchas razones. En principio, si sus aspiraciones presidenciales hubieran sido en su propio derecho, las debió haber acreditado antes de su matrimonio, pero antes no se le reconocían mayores créditos propios. Fue aliada y vocera del Presidente durante su campaña y los dos primeros años de su Gobierno; ése era el currículo que portaba para aspirar a dirigir los destinos de nuestro país. Sus prendas intelectuales tampoco eran impresionantes. Superficialidad y lugares comunes sobre la mujer, la infancia y la familia –retórica habitual de toda primera dama– formaban su ideario […] En ese contexto yo meditaba que si aspiraba por sus propios méritos podría suponérsele un atenuante en sus ambiciones. Pero no era así, toda su fuerza política personal derivaba de su nuevo estado civil. […] Las críticas al Presidente repuntaron y se amplió el círculo de sus críticos, pues se suponía que difícilmente Marta Sahagún podría embarcarse en una pretensión de esa naturaleza sin el consentimiento político del presidente Fox. […] El problema era mayor puesto que las aspiraciones presidenciales de Marta Sahagún no eran producto de una ocurrencia sino de una estrategia perfectamente procreada. “Estamos investigando si es más conveniente que sea una figura como Evita Perón o como Hillary Clinton”, me dijo el Presidente. Una vez que optaron, su activismo pudo haber sido positivo, pero sus aspiraciones presidenciales no. A partir de esa decisión hubo un claro paralelismo entre la estrategia del candidato Fox y la de Marta Sahagún. El precandidato Fox, años antes de la campaña del 2000, no era bien visto por el establishment del PAN –igual que Marta Sahagún—, pero terminó por imponer su candidatura sobre la base de las preferencias electorales que lo favorecían. A esto le apostaba nuevamente la ahora pareja presidencial.”[5]

Fue necesario que Alfonso Durazo, secretario particular del Fox, tuviera que renunciar después de tres y medio años de Gobierno y denunciar las pretensiones presidenciales de la Primera Dama, para detener su carrera desbocada y a todas luces perniciosa para su esposo el Presidente de la Republica, misma que si, como Durazo dice, fuera por méritos propios y podríamos agregar en buena lid, no tendrían demasiados inconvenientes. Pero incluso también quedó en evidencia que, usaron el enorme poder que tiene el Presidente de la República en México para tratar de hacer a un lado al principal posible candidato para la competencia presidencial: al Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, a quien le montaron “el teatro del desafuero” para de esta manera poder eliminarlo. Con esto, la pareja presidencial dio muestras sobradas de un concepto muy sui generis de “refinada democracia”. Todo ello quedó asentado en la misma denuncia del secretario particular en su libro Saldos del Cambio, publicado en el 2006.

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En un principio, Vicente Fox trató de hacer efectiva su alianza, comprada a un altísimo costo, con Elba Esther Gordillo, quien ahora era la coordinadora parlamentaria de la bancada del PRI en la Cámara de Diputados. Aunque esta posición era muy importante; por si sola valía muy poco, toda vez que como coordinadora, forzosamente tenía que contar con Roberto Madrazo, presidente del PRI. Sin embargo, todos los acuerdos a los que se comprometía Roberto Madrazo con Vicente Fox, que supuestamente habían sido arreglados por su aliada, eran los mismos en los que a la hora de la verdad éste se hacía para atrás. No se sabe si se trataba de un juego previamente acordado entre la coordinadora y su presidente del partido, o si todo se debía a la existencia de grandes conflictos de poder entre ambos o a una combinación de todo. El hecho fue que esto no le funcionó a Vicente Fox como él lo esperaba. En estas condiciones, el Presidente se encontró con las fracciones parlamentarias del PRI, aparentemente titubeantes y ciertamente divididas, y del PRD, que demostró una actitud contestataria, abiertamente hostil y contraria. Fox no estaba preparado para la negociación y el cabildeo político necesarios en estos casos, por lo que quedó de manifiesto, desde el inicio, que era muy poco lo que se podía avanzar en materia de reformas legislativas y en su relación con el Congreso.

Una vez que ambos partidos le tomaron la medida al nuevo Presidente, se dedicaron a bloquear cuanta iniciativa era presentada por su Gobierno o por su partido, sin importar si se perjudicaba al país. Solamente aceptaban aquellas iniciativas que a ellos y a sus partidos les convenían. Lo verdaderamente importante para ellos era debilitar a la nueva Administración y hacer ver como inepto al jefe del poder ejecutivo, que no daba pie con bola y que no sabía cómo hacer las cosas, aunque con ello se llevaran de encuentro al país. Lamentablemente los partidos de oposición lograron su propósito, el cual por supuesto tenía fines electorales. Aun así, hubo logros positivos; se consiguió aprobar una iniciativa de la mayor trascendencia, que también había sido un reclamo del EZLN: la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública y con ella, se creó el IFAI, Instituto Federal de Acceso a la Información Pública, quedando aprobada el 11 de junio del 2002 como el instrumento legal que desde esa fecha “garantizaba” el derecho de todos los mexicanos a conocer la información pública y, por consiguiente, por primera vez se propiciaba la “rendición de cuentas” de los servidores públicos como prerrequisito básico, que indudablemente contribuiría al fortalecimiento del Estado de derecho. La ley fue aprobada porque era un clamor de los mexicanos, cansados de tantos años de mentiras, simulaciones y ocultamientos, pero circunstancialmente y más que todo, porque el PRI y el PRD la consideraron como un valioso instrumento para exhibir al Gobierno de Fox, que sin la experiencia ni la malicia preventiva consecuente, pisando sobre el terreno minado que significaba el aparato burocrático anterior intacto, y sin haberse deslindado de los resultados de las administraciones anteriores; ahora con este nuevo instrumento legal sería fácil blanco de ataques de todo tipo. También, como un hecho positivo en materia legislativa durante este régimen, aunque no precisamente de su iniciativa, puede considerarse la aprobación de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, y la creación del CONAPRED, Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación.

Pareciera ser que las llamadas “reformas estructurales” eran una premisa definitiva y casi única, como condición insalvable del Gobierno de Fox, para la solución de la problemática. (una visión verdaderamente pobre) Y cuando estas se toparon en duro con la barrera construida por la intransigencia del PRI y del PRD, en el Congreso y al no tener un plan alterno (algún “plan B”) para enfrentar la contingencia, quedó en evidencia que no existía una planeación general de su gobierno, como el marco necesario para encuadrar todas las acciones. Entonces el Gobierno, por él encabezado, inició de manera titubeante, sin ninguna estrategia, cuando menos visible, en ninguno de los campos de la Administración Pública. El nuevo régimen se dedicó sólo a dar continuidad a las políticas existentes y a “reaccionar a bote pronto” ante las contingencias; se abandonó a las manos del aparato burocrático pasado, para que cuando menos la operación siguiera adelante. Esto le dio la oportunidad a la mayor parte del aparato anterior para que refinara todos sus vicios, porque ya se habían dado cuenta de que “no pasaba nada” con la existencia de estos. Como se le oyó decir a un alto ejecutivo, adicto a la corrupción, cuando le preguntaron “¿Cómo te va con el nuevo gobierno?” “¡Ahora la cosa está mejor!”, fue su respuesta. La reacción inicial de la opinión pública, sin tener suficiente información ni capacidad para el análisis, fue a favor de Fox y en contra de la oposición, “que no hacía otra cosa que bloquear la aprobación de las reformas del Presidente”. Sin embargo, poco a poco fue quedando en evidencia, desgraciadamente solo para una minoría con capacidad de análisis crítico, la falta de capacidad política del ejecutivo; su disposición casi nula para la negociación; su falta de previsión; la poca creatividad e imaginación para la búsqueda de salidas alternas y la ausencia de objetivos claros en su gobierno. Esto de hecho, evidenciaba la falta de un timonel confiable que supiera a dónde quería llegar y cómo pretendía lograrlo.

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Al principio de cada sexenio, dentro del sistema político que por supuesto seguía intacto, vigente y actuante y ahora en cierta forma refrendado por esta administración de Fox que lo había adoptado; generalmente a los nuevos gobiernos, con motivo de algún problema existente, se les suele dar una “cala”; por parte de los principales grupos de poder o de presión, para saber a qué atenerse en el futuro y conocer cuáles son las limitaciones del nuevo régimen y hasta a dónde se puede llegar con él. Esto se dio en el Gobierno de Fox; con el primer gran proyecto que el nuevo régimen pretendía llevar a cabo: el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Independientemente de si el manejo de la licitación fue limpio o no, de si su resultado y la ubicación eran lo más apropiado para el interés público. Otra vez salió a relucir la falta del manejo político y de la previa negociación necesaria con los actores más críticos, lo que naturalmente complicó la realización del proyecto. En este caso la situación se agravó por la valoración ínfima de las tierras ejidales a expropiar (en algunos casos $6.00 pesos por m2.), alegando que eran tierras salitrosas, cuando en muchos casos se probó que estaban en pleno cultivo. El decreto expropiatorio se dio de todas formas, sin el debido convencimiento y la necesaria negociación previa con los ejidatarios. Todo esto representaba un marco idóneo para propiciar la agitación que surgió allí mismo, sin mucha ayuda.

Las protestas estallaron el 22 de octubre de 2001 en el ejido y pueblo de San Salvador Atenco, del Estado de México. El PRI y el PRD no tuvieron mucho problema para avivar la hoguera, a la que se sumó el Verde Ecologista sin haber sido convocado y al que Fox había hecho a un lado. Infinidad de agrupaciones surgieron, y otras que ya existían se agregaron a la causa, dando ahora una dimensión mayor al problema. Así, un grupo que se decía representar al Frente Zapatista de Liberación Nacional enarboló el lema: “¡Zapata vive la lucha sigue y sigue!”. Se agregaron de inmediato el Consejo General de Huelga CGH (siempre en estado latente y al acecho de la primera oportunidad, sin importar si tiene o no relación directa con la universidad), el Sindicato de Trabajadores de la Universidad de Chapingo y por supuesto los contingentes populares convocados por el PRD y el PRI. Aquí surgieron nuevos lemas: “Zapata dijo: “La tierra es de quien la trabaja”, Fox dice: “La tierra es de quien te la baja”. Los machetes salieron a relucir, sacando chispas al azotarlos contra el pavimento, mientras los manifestantes los blandían en forma amenazante y en son de guerra. Así surgía en México, una nueva manera paradigmática de protesta pública, que proliferó en muchas partes ante la omisión, atemorizada de la autoridad para hacerse valer y aplicar la legalidad.

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Algunos que se autoproclamaron, de inmediato, líderes del pueblo de San Salvador Atenco, vieron con esto un posible modus vivendi. El Gobierno de Fox entró en pánico, o cuando menos esa fue la impresión que dejó, y se negó a ejercer la autoridad que además, cuando menos moral, en este caso no la tenía. Finalmente la Administración dio marcha atrás con el proyecto en forma definitiva, afectando la debida preeminencia del Estado de derecho, y esa fue su tónica durante todo el sexenio. Muy pronto sus enemigos y falsos aliados supieron qué cartas jugar con el nuevo Presidente y cómo.

Habiendo probado la debilidad del ejecutivo; al año siguiente los gobernadores de los estados, mayoritariamente de la oposición, principalmente del PRI, idearon un sindicato de gobernadores (la CONAGO) Conferencia Nacional de Gobernadores, “para fortalecer el federalismo” lo cierto es que en realidad era para unir fuerzas y hacerle contrapeso al ejecutivo federal. Paradójicamente ni la Secretaría de Gobernación, que sería la más directamente afectada, ni los pocos gobernadores panistas y mucho menos el Presidente, visualizaron el mal que se estaba gestando y no se opusieron a ello, e ingenuamente consintieron en la creación de este engendro, que iba a engrosar las filas del fatídico corporativismo nacional, un grupo sindical de poder más, con intereses sectarios, como si no hubiera suficientes. El error era políticamente imperdonable.

El Presidente Ernesto Zedillo, durante su mandato, atinadamente había otorgado la “Autonomía del banco de México”. Afortunadamente Fox la respetó y esto se vio reflejado en los indicadores macro económicos; las reservas llegaron a superar cifras récord arriba de los 83,000 millones de dólares, que daban una buena imagen a los inversionistas extranjeros, disminuían el “riesgo-país” (medalla que cuelgan arbitrariamente las calificadoras estadounidenses a los otros) y se vacunaba contra las tradicionales crisis económicas de final de sexenio. Otros factores que en el aspecto económico ayudaron considerablemente al régimen de Fox fue el precio del petróleo en los mercados mundiales, que alcanzaron cifras récord sobre todo en los últimos años de la Administración, con precios superiores a los 60 dpb en el Brent del Mar del Norte. También los envíos de dinero provenientes de los emigrantes mexicanos en los EE.UU. a sus parientes en México, que en el 2006 superaron con creces los 20,000 millones de dólares y que aunque representan una ayuda enorme, no dejan de ser una vergüenza y de confirmar la tragedia que eso implica.

Aun así, el manejo de la economía dejó mucho qué desear. En un inicio, la Secretaría de Economía era dirigida por un secretario sin la suficiente visión, en cierta manera frustrado por no haber alcanzado la SHCP, su verdadero deseo; no tuvo una estrategia clara a seguir y solo continuó con los programas previstos por la anterior Administración. Continuaron en sus puestos los funcionarios ya existentes en la Secretaría, que se habían distinguido por complicar enormemente el comercio exterior con normativas contraproducentes y sin sentido, que solo encarecían los productos de importación, además de entorpecer también el funcionamiento de las maquiladoras, que ya de por sí es un sector con un beneficio marginal muy pequeño. Increíblemente algunos de estos funcionarios fueron promovidos a puestos superiores, sin más mérito que solo el conocer y manejar al dedillo la operación entorpecedora y no promotora de la Secretaría, porque eran muy buenos para decir “no”, sin preocuparse en buscar él como “sí”. En estas condiciones, el entorno mundial globalizado y una actitud inteligente y agresiva de China, encontraron a la Secretaría de Economía “papando moscas” y le arrebataron a México posiciones vitales que ya tenía ganadas en el comercio exterior, entre ellas el importantísimo mercado de los EU., ahora dominado por China quien pasó a ocupar el lugar que México tenía. Resulta evidente que los mexicanos no hemos sabido aprovechar nuestra magnifica ubicación geopolítica para el beneficio propio a pesar de la vecindad con los EU., mientras los chinos si lo pudieron hacer a pesar de estar en las antípodas, a miles de kilómetros de distancia, pero con otra actitud muy distinta; teniendo claro su objetivo y como lograrlo, con creatividad, inteligencia y visión. Pero sobretodo buscando beneficiar a su gente.

La Secretaria de Hacienda tuvo una actitud contradictoria durante toda la Administración, benéfica para algunos sectores y perjudicial en otros. Por ejemplo, en materia de aduanas simplificó el tráfico de mercancías al menudeo, que son las que cruzan los particulares en la frontera, principalmente con los EU., y también para los que vienen por avión, disminuyendo así considerablemente el atraco a que eran sometidas las personas por parte de las autoridades aduaneras, publicitando además los artículos a los que se tenían derecho a pasar. Pero en el comercio al mayoreo además de continuar con el encarecimiento de los productos de importación, por la multitud de tramites e intermediaciones, el país se vio inundado de mercancía de contrabando, lo que afectó diversas ramas de la actividad comercial e industrial. Los hechos y las evidencias indicaban que ellos seguían teniendo el control del manejo del contrabando y los provechos que de éste se derivan, como sucedía en los gobiernos del sistema unipartidista y seguramente para el mismo objeto: financiar al SPM, y a ellos mismos, lo que seguían haciendo sin que el nuevo Presidente se diera cuenta. Sólo de vez en cuando, asestaban algunos golpes espectaculares, desde el punto de vista mediático, como sucedía, por ejemplo, contra el comercio informal de Tepito en el D.F., o contra algunas compañías o particulares que se “saltaban las trancas”. Esto era solo para dar la impresión de que se estaba combatiendo al contrabando, cuando los hechos demostraban lo contrario. La actitud de la SHCP fue eminentemente recaudadora, lo que se manifestó de múltiples formas. Puedo mencionar la restricción al comercio exterior por medios aparentemente contradictorios, como por ejemplo la aparente promoción, a finales de 2002, de los recintos fiscalizados estratégicos que tienen grandes beneficios, pero en los hechos hicieron todo para retrasar o impedir su implementación y puesta en marcha, alegando como excusa el control del contrabando, cuando una de las ventajas de este tipo de recintos es precisamente en ese sentido.

Como un hecho positivo se dio la sistematización para facilitar los procesos de declaraciones de ingresos y la atención al contribuyente. Por otro lado, la SHCP entró en conflicto con las otras secretarias del Ejecutivo, principalmente las directamente relacionadas con ésta, por el apoyo que siempre tuvo de la Presidencia, siempre se salió con la suya en todos los sentidos. En los hechos, los resultados finales de esta Secretaría fueron como una labor de zapa en contra del mismo Presidente y del país, aunque él no lo percibía así por algunos aspectos excepcionales de eficiencia en esta Secretaría, como los que hemos señalado, y porque estaba embelesado por su manejo de la macroeconomía, sin darse cabal cuenta de que eso dependía en mucho mayor proporción del Banco de México y del mismo Ejecutivo, en el área de su responsabilidad en general, más que de la propia Secretaría de Hacienda en lo particular.

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Las relaciones exteriores que durante el sistema unipartidista habían estado caracterizadas por el aparente rechazo a los EU., solo en el discurso y una total sumisión a ellos en los hechos; en el Gobierno de Fox se caracteriza por la continuación de esa dependencia injustificable pero ahora en algunos casos en forma abierta y servil. Quedó de manifiesto la disposición especial del Presidente para, en forma solícita y acomedida, atender a todos los gustos del presidente George W. Bush, rallando en lo ridículo. Con una sola, afortunada y digna excepción para el pueblo de México, que fue cuando nuestro gobierno se opuso a la guerra en contra de Irak en congruencia con la tradicional política mexicana de no intervención y por supuesto en contra de enviar soldados mexicanos al exterior. Fox centró su política exterior con los EU. en una visión parcial de la problemática, enfocada en el problema migratorio, tal y como estaba en ese momento y sin tocar para nada sus causas y planteó coloquialmente, a través de Jorge Castañeda, su secretario de Relaciones Exteriores, una fórmula mágica por llamarla de alguna manera: “Queremos la enchilada completa”. Aparentemente una payasada que nunca se supo en realidad qué quería decir con esto, ya que el problema migratorio en los EU relacionado con México es una verdadera tragedia y si nuestros gobernantes tuvieran vergüenza además de reclamarle a los EU. por el trato a los migrantes; deberían estar trabajando seriamente para que esto no suceda más.

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Se registraron para la historia anécdotas y hechos de ignominia, vergonzosos por la acción misma y por el servilismo que se denotaba hacia el Presidente de los EU. Un ejemplo lamentable de esto se dio cuando, durante los trabajos de la cumbre de la ONU sobre el Financiamiento para el Desarrollo, celebrada en Monterrey el 21 de marzo de 2002. Para “tranquilidad” del Presidente de los EU., estoy seguro de que nadie se lo había pedido, Fox le pidió al Jefe de Estado cubano, Fidel Castro, que una vez que asistiera al banquete de recepción y comiera, se retirara. Acción increíble y vergonzosa para todos, tratándose de una relación entre jefes de Estado. Se hizo célebre la frase “comes y te vas”, que pasó a formar parte de una canción en la que se hacía burla del tema, a “ritmo guajiro, chico”. Ante los rumores de que algo anormal debía haber sucedido, Fox mintió negándolo categóricamente. Sin embargo, un mes más tarde, el 22 de abril, Fidel Castro dio a conocer una grabación en donde se comprobaba lo que había negado, poniéndolo en evidencia pública como lacayo de Bush y el embustero que era.

Más tarde, la acción depredadora de las relaciones continuó contra muchos de los líderes de países latinoamericanos como Argentina, Brasil, Venezuela, Bolivia, etc. La pérdida del liderazgo de México en Latinoamérica se hizo evidente cuando el Canciller mexicano en turno, al negársele la posibilidad de contender como precandidato de su partido a la Presidencia, pretendió contender por la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), la cual México perdió fácil y vergonzosamente frente a Chile. El Canciller no tenía ningún mérito, fuera de exhibir la política exterior irresponsable del Gobierno de Fox, que solo dividió a los países latinoamericanos y puso en evidencia al país. Fox viajó 52 veces al exterior con resultados muchas veces desastrosos, como en el caso en que confundió el nombre de Jorge Luis Borges por el de “José Luis Borgues” ante los Reyes de España y las autoridades de la Real Academia de la Lengua Española. Sin poder siquiera mediar en los problemas internos de México, el Presidente pretendió arreglar los problemas del mundo. En noviembre de 2006 el Congreso le puso un alto al negarle el permiso para viajar, recordándole que había problemas más graves que atender primero en México, como el conflicto de la APPO en Oaxaca, y además porque no se justificaba el viaje al continente australiano, que en primer lugar tenia como razón un motivo personal: visitar a su hija Paulina quien estaba estudiando allá.

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Probablemente la “Pareja presidencial”, en estos años de convivir con los extremadamente ricos, perdió todavía más la noción de la realidad nacional; el Presidente anunció que dejaba un país en jauja y que se iba muy satisfecho. Por supuesto, es justo reconocer que la grave situación de la pobreza en México no es hechura de Fox, data de muchos años de explotación e injusticia y tiene como uno de tantos efectos negativos, los intentos desesperados a través de la migración de alrededor de 500,000 personas cada año. Desde siempre “el ataque” a la pobreza en México, hecho por los gobiernos “revolucionarios” y ahora por los confesionales, y las “fuerzas Vivas” ha sido dándoles cosas, despensas, pisos de cemento en sus miserables viviendas, recursos económicos a los agricultores que acaparan los caciques y que nunca llegan a los más necesitados, caridad; limosna en una palabra. En vez de preocuparse por crear las condiciones necesarias para que ellos mismos salgan de su situación de miseria, para que el trabajador perciba mejores salarios y deje de ser explotado por muchos con la ayuda y complicidad de los sindicatos corruptos. Pero eso no sería rentable electoralmente y ya no habría más con quienes practicar la bondadosa caridad y la “filantropía”, con la que muchos creen que pueden comprar su buena imagen y su “salvación”. “El salario mínimo” en México es de los más bajos del mundo y los diferentes gobiernos, el de Fox no fue la excepción, lo han mantenido así para que sea un atractivo para la “Inversión Extranjera” con la complacencia de las cúpulas empresariales y para desgracia del trabajador mexicano.

Xóchitl Gálvez, fue uno de los contados aciertos de Fox al designarla Presidenta de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas; tenía suficiente conocimiento de causa, y pasión para su trabajo por lo que ayudó a desarrollar mejor esta importantísima función relegada por tantos años de gobiernos priistas que solo utiliza el folclore de los indígenas y sus vestimentas, dentro de la escenografía y parafernalia de sus actos políticos con fines electorales, o para manifestar con oportunismo su aparente preocupación por los pueblos indígenas, sólo en la forma y ante los medios. Xóchitl canalizó cientos de millones de pesos de las diferentes secretarías del ejecutivo en obras de infraestructura de comunicación y para mejorar, las condiciones de vida de los pueblos indígenas, bajo la tesis acertada de que lo que necesitan estas comunidades no es limosna, sino apoyo para poder ayudarse ellos mismos a salir de su atraso y superar las condiciones adversas para su gente. Además de que se les garantice el respeto a sus usos y costumbres, a su manera de vida y a su propia manera de comunicarse entre sí y con los demás, sobre todo al ser juzgados.

Durante la Administración de Fox, se instituyó el Seguro Popular, que en teoría es una gran ayuda sobre todo para los más desprotegidos económicamente y que debiera ser un derecho para todos. No está suficientemente claro si las razones que dieron origen a esta idea tuvieron motivos electorales, entre otros para contrarrestar el “populismo” de López Obrador, y favorecer a Marta Sahagún cuando ésta pretendía la Presidencia, o fue una verdadera causa de Estado, justa y noble como lo es auxiliar a gran parte de la población que no cuenta con seguridad pública ni privada en materia de salud y establecer ésta como un derecho ciudadano. Aparentemente, según informes del mismo Gobierno de Fox, durante su administración quedaron inscritas cinco millones cien mil familias, lo que sería un logro importante si no fuera únicamente la inscripción, sino también la prestación eficiente de ese servicio médico, porque tengo entendido que de hecho hasta el 2007 no existía la capacidad instalada para este propósito. De hecho el servicio medico en las instituciones del Estado dejaba mucho que desear, en muchos casos deficitario y con desabasto de medicinas y especulación con los suministros por practicas corruptas.

La justicia que Vicente Fox prometió hacer realidad en México todavía funciona en forma proporcional a la capacidad económica de las personas. Esto quiere decir que aproximadamente un poco más del 75% de la población, cuando menos, no tiene acceso a ella; el que tiene dinero para pagar la fianza y para un poco más no pisa la cárcel. Existen miles de ejemplos de personas que por delitos menores y ante la imposibilidad del pago de la fianza purgan penas de varios años. En lo civil sucede algo similar. La impunidad para el que lo agrede es la regla que tiene que sufrir la mayoría del pueblo de México. Esta es era una de las causas del éxito de la delincuencia organizada; la impunidad reinante. Si bien no se puede decir que la justicia en México está a la orden del mejor postor –sería injusto para muchos verdaderos juristas, algunos de ellos esforzados jueces y magistrados que durante toda su vida profesional han hecho honor a su nombre y al derecho mexicano—, lo que si es una realidad es que la corrupción e ineficiencia en el aparato judicial son públicas y notorias en la actualidad, agravándose esto por la cultura de la corrupción que se le ha impuesto a la sociedad y por su tolerancia debida a la costumbre. Una de las prácticas más dañinas que se ejerció también en el gobierno de Fox es la de los jueces de consigna, utilizados por la autoridad para orientar la justicia publica a su conveniencia o a la de sus favorecidos, ya sea para que procedan y decidan en determinada forma, o se desistan y exoneren de toda culpa a verdaderos delincuentes. Fueron múltiples los ejemplos de casos como los anteriores que se dieron en la Administración de Vicente Fox, sobre todo al final de su mandato, como los ligados con el TEPJF y la misma SCSJN.

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El Gobierno de Fox no supo o no pudo aprovechar la inercia del régimen anterior para darle seguimiento y continuidad a las importantes reformas emprendidas en materia judicial, estableciendo políticas públicas bien definidas que consolidaran y dieran continuidad a la reforma en esta materia, emprendida por Zedillo. Otra vez aquí vemos cómo la falta de una idea rectora, nacida de la plena conciencia de lo que se quiere para el país en forma total, en este caso en materia judicial, y cómo lograrlo; esto evitó la congruencia y continuidad en los actos de gobierno ya establecidos y que solo tenia que darles continuidad y seguimiento. Había mucho que hacer en materia de reforma judicial. Incluso promesas de campaña como por ejemplo, la necesidad de eliminar la intervención directa del Ejecutivo en muchas áreas de la justicia; el más representativo y urgente de solucionar era en el campo de la justicia penal, en lo que se refiere al Ministerio Público, tanto federal como estatal, entre muchos otros casos críticos, para que el Ejecutivo no siga actuando como juez y parte, y para que verdaderamente se dé la separación de poderes. Seguía existiendo pues, un gran vacío legislativo en materia de seguridad pública.

En la forma como inició Vicente Fox su régimen, estaba visto que la lucha contra la corrupción no podía avanzar, sino que retrocedió, al asociarse políticamente y ponerse en las manos de muchos de los más corruptos, tanto del área política como del área empresarial y del clero, dejando crecer la penetración del narcotráfico y viciando todavía más las estructuras políticas. El 19 de enero del 2001, las autoridades del penal de Puente Grande, propiciaron la fuga de uno de los más poderosos miembros de la delincuencia organizada, el Chapo Guzmán. Lo más probable es que esta “fuga” haya sido producto de una negociación con este cártel llamado de Sinaloa. Pero ¿cual era el objeto de asociarse a uno de los más grandes miembros de la llamada delincuencia organizada? conociendo ahora las motivaciones de Fox y quien lo aconsejaba; podría habérsele convencido de que podría tener acceso a cantidades ilimitadas de dinero no contabilízale, muy útil sobre todo para los procesos electorales que les permitirían la continuidad en el poder. Pero no se daba cuenta de que también podría ser un factor importante para jugar con la estabilidad del poder en México. Una vez en este ambiente, él mismo claudicó y se dejó llevar por la cómoda corriente, en un contexto en que como por arte de magia todo está al alcance de la mano. Y ya en el Paraíso, se encontró con una Eva que lo animaba y guiaba constantemente, haciéndole ver que “todas las personas y cosas que le habían dicho que eran malas, como el sistema político que había prometido combatir y cambiar, no solo no eran malas, sino muy buenas para muchos “propósitos”. En estas condiciones, le pareció apropiado y conveniente negociar con el PRI el llamado “Pemexgate”, presunto fraude de la Administración anterior para desviar sumas multimillonarias de la paraestatal para dedicarlos a la campaña del candidato oficial, intercambiándolo por el asunto de “Amigos de Fox”, en donde también presuntamente se había utilizado dinero proveniente de orígenes dudosos para fines electorales. Aunque no hubiera proporción entre unas y otras cantidades ilícitas; esto se negoció en igualdad de condiciones.

Los problemas con los maestros en Oaxaca al final del régimen de Fox, los complicaron en grado extremo porque el mismo Gobierno Federal los dejó crecer a propósito sin la aplicación de una solución inmediata y definitiva, que en un principio no hubiera sido difícil, porque se reducía solo al problema de los maestros de la Sección 22 del SNTE que solicitaban una rectificación de la zonificación para mejorar su salario. Sin embargo, mal aconsejado y deslumbrado por la posibilidad de culpar al PRD con el consiguiente beneficio electoral, en consecuencia el problema se dejo crecer. Seguramente a Fox le dijeron que podía además matar dos pájaros de un solo tiro, ya que el Gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, era del PRI el otro partido que también contendería en las elecciones presidenciales. En realidad, la que mató tres pájaros de un tiro fue la consejera presidencial Elba Esther Gordillo. Aunado a esta actitud reprobable del Gobierno Federal estuvo la falta de previsión y visión, ya que Oaxaca es un verdadero polvorín por el cúmulo de problemas que existen en sus múltiples comunidades, en donde sus pobladores han sido agraviados desde tiempos ancestrales, como sucede en Chiapas.

Por otro lado, también se agravó la situación por el nulo ejercicio de la autoridad pública por parte de un gobierno estatal, sin autoridad moral, lo que es tradicional del sistema. Todo esto desembocó en un conflicto que se fue complicando a un grado extremo, que dificultó las condiciones de vida de los habitantes de Oaxaca y ahuyentó al turismo. Se ha proyectado una pésima imagen al exterior a través de la prensa internacional, que difundió imágenes en donde la barbarie hace de las suyas en medio de la total ausencia de la autoridad. Esto solo ha contribuido a reafirmar los prejuicios y engaños sobre México que mucha gente sostiene en el exterior. Grandes pérdidas materiales y también de vidas humanas –se calculan en 20 las muertes— que significó la criminal decisión de dejar que el conflicto se agravara. Además se dejó a los niños y jóvenes de Oaxaca sin la posibilidad de asistir a clases durante la mayor parte de ese tiempo. Las declaraciones del Secretario de Educación, asegurando que los niños de Oaxaca no iban a perder nada y que el tiempo escolar se iba a recuperar, dejan ver la ignorancia que del problema tiene la autoridades, o bien su falta de respeto a la capacidad de entendimiento de los mexicanos.

Los acontecimientos que se dieron demuestran una probable alianza temprana de Fox con Carlos Salinas de Gortari Aunque no existan pruebas los hechos son muy claros, su influencia en Fox fue determinante y se refleja en muchas de sus alianzas y sus acciones, Lejos de ayudarle a Fox esta alianza, cada vez lo hicieron hundirse poco a poco en un pantano que mancha al mejor plumaje, arrastrando en esto a su partido y a su bancada. Estos, aunque estaban obligados a denunciarlo, lo tuvieron que justificar y encubrir, tal vez porque algunos se veían en el mismo espejo. De esta manera Carlos Salinas pudo regresar a México con la seguridad de obtener la impunidad que da la alianza con el más alto nivel, pudo también sacar de la cárcel a su hermano Raúl Salinas en el penúltimo año de la administración de Fox. No habría espacio aquí para reseñar todos los malos manejos de Fox y sus familiares, ni tampoco es mi propósito, ya diversos autores se han encargado de publicar acerca de estos sucesos en forma ampliamente documentada. Todo es reprobable, pero lo más lamentable es que también se haya complicado al más alto nivel la situación política de México y la seguridad de su población, cuando el compromiso había sido otro muy distinto. Y ciertamente se perdió la gran oportunidad y las expectativas del pueblo de México, esperanzado con el cambio, quedaron frustradas una vez más.

Textos tomados del Ensayo “México y su Realidad” 3a Edición de Antonio Fuentes Flores

[1] Vicente Fox Quesada, A Los Pinos (México: Océano, 1999) 69

[2] Vicente Fox Quesada 182.

[3] Adolfo Sánchez Rebolledo, comp. ¿Que país nos deja Fox? (México: Norma 2006) 40.

[4] Adolfo Sánchez Rebolledo 10.

[5] Alfonso Durazo, Saldos del Cambio (México: Plaza & Janés, 2006) 191, 193, 194, 196, 197 y 237.

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7 pensamientos en “CÓMO FUE EL GOBIERNO EN MÉXICO DE VICENTE FOX

  1. Definitivamente como observador de ese sexenio secundo lo qie compartes. Dejo mucho por hacer y se le treparon las hormigas al grado de convertirlo en mas de lo mismo.

    Zedillo hizo lo impensable para que la opocision llegara y esta le fallo a Mexico por falta de un diagnostico tropiclizado y no ino mercadologico de producto extranjero.

    No se que ganas con este trabajo valiosisimo, pero si esto llega a mas hogares tendremos gente mas culta que se inspire en el pasado para desde ahi reparar los errores y ber por un niebo horizonte sin empantanarnos mas!
    Se puede pero se requiere voluntad y constancia, paciencia y sabiduria.

  2. Para mí Fox tuvo la gran oportunidad de realizar un cambio en la política de México pero Martha fue quien gobernó e hizo todo lo que se le antojo porque en realidad fue la primera presidenta hubo tanta corrupción o más que con los pristas demasiados errores y del brazo de Elva Ester el sistema educativo no mejoró al contrario los familiares de Elva se posesionaron de puestos altos solo para su beneficio la falta de experiencia en el equipo de Fox fue notoria y a pesar de que el precio del petróleo fue muy bueno no se aprovechó para beneficio del pueblo en Pemex se posesionaron los panistas solo para mamar todo lo que pudieron en fin de lo que se quejaban lo hicieron en versión mejorada demasiada corrupción y desorden

  3. Gracias por tan valiosa información, tengo una pregunta espero y me la puedan responder,
    En el sexenio de Fox como se estuvo la cultura en México?
    Gracias Saludos!!

  4. YO PIENSO QUE SUS BUENAS INTENCIONES, ERAN IMPOSIBLES, TENIENDO TANTA RATA EN GOBIERNOS PRIISTAS Y EL CONGRESO CON SUS FRENOS EN LAS REFORMAS

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