CÓMO SURGIO LA REPUBLICA MEXICANA

Valle de México

Valle de México

En 1824, después de que se integró el Congreso y la Comisión Constituyente, se promulgó una Constitución que establecía para México una República, federal y representativa, mediante la integración territorial dispuesta en 19 estados, cuatro territorios y un distrito federal. Para esto se tomaron en consideración varias de las estructuras políticas territoriales antiguas que se dieron durante la colonia, como: las jurisdicciones de los corregidores, las intendencias, los gobiernos, las diputaciones provinciales utilizadas para las Cortes españolas y, por supuesto, los municipios. El gobierno se estableció en tres poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial, con una Suprema Corte de Justicia. El poder ejecutivo estaba encabezado por un Presidente y un Vicepresidente. Se dio de todo un poco y para no contrariar a los conservadores, que se encontraban incrustados como “verdaderos luchadores por la independencia”, y también a uno que otro “liberal” del mismo estilo; por ellos, en defensa de sus intereses creados y por su ignorancia de la historia, se estableció la intolerancia religiosa y se declaró la religión católica como la religión exclusiva y oficial del Estado mexicano, quedando México rezagado en el proceso histórico de actualización política de los pueblos.

La prevalencia del Congreso sobre los otros poderes que se había dado en la Constitución de Apatzingán, volvió a manifestarse en la Constitución de 1824, debilitando otra vez al ejecutivo y afectando su desempeño. En todas las ocasiones en que se ha diluido el poder del ejecutivo dividiéndolo, a lo largo de la historia y en cualquier parte del mundo, siempre ha desembocado en lo mismo: en su inefectividad y fracaso, este ha sido el caso de; reinados bicéfalos, triunviratos y hasta tetrarquías, siempre acabaron mal a lo largo de la historia. En esta ocasión y por razones hasta cierto punto justificables, pero en cierta forma para que el Congreso controlara mejor la situación, previamente se había nombrado para el ejercicio provisional del ejecutivo un triunvirato integrado por don Guadalupe Victoria, don Nicolás Bravo y don Pedro Celestino Negrete. Una vez promulgada la Constitución se eligieron a don Guadalupe Victoria como Presidente y a don Nicolás Bravo como Vicepresidente.

Se tuvieron que enfrentar una serie de complejos asuntos de gobierno tanto internos como externos. Para los externos se apoyaron económica y políticamente en Inglaterra. Las logias masónicas de los diferentes ritos que aglutinaron a los diferentes grupos políticos en su búsqueda del poder, se unieron para el propósito. Tanto las logias como los grupos políticos en ellas incluidos, no presentaban grandes diferencias ideológicas (cuando menos abiertamente). En apariencia tanto los yorkinos como los escoceses eran de corte liberal, incluso casi todos estaban de acuerdo en que; el tema de la Iglesia y el Estado era algo que había quedado pendiente de actualizar, para que el Estado mexicano pudiera surgir como Estado moderno laico. Y esto era de particular importancia por la cuantía que significaría la desamortización de los bienes del clero, que era el principal poder económico financiero para aliviar la precaria situación de la hacienda de la República (idea arrastrada desde las reformas borbónicas en España). Sin embargo, también se iban otra vez definiendo poco a poco los grupos irreconciliables de liberales y conservadores, que más tarde se enfrentarían cruentamente por el poder, tanto por las diferencias ideológicas como por los intereses particulares de grupo.

Las reacciones naturales de los Estados de la República como entes independientes, con soberanía compartida con la Federación en su ámbito local, ante la nueva situación tendían a desbordar los ánimos y, en muchos casos, pretendían constituir verdaderos Estados autónomos. Por otro lado, los peninsulares que conservaban sus posiciones claves en el sistema gubernamental y la estructura misma que debía ser reformada para adecuarse al Gobierno republicano, planteaban una problemática difícil de resolver y más con un ejecutivo débil. Mientras tanto, el efímero emperador Iturbide, sin saber que legalmente estaba proscrito con pena de muerte si regresaba, desembarcó en costas mexicanas, por lo que fue apresado y ejecutado en Tamaulipas. En cierta forma, esto ayudó para apaciguar los ánimos de los pocos adeptos que todavía tenían la esperanza de su retorno al poder.

Se cometió el error, no solo de integrar al nuevo gobierno a los antiguos enemigos realistas y conservadores, muchos de los cuales habían ocupado puestos de relevante importancia durante la colonia, sino también de dejarse impresionar por ellos debido a la investidura del poder personal que tuvieron durante tantos años. Esto fue causado por la falta de experiencia, por la ingenuidad de considerar que podría haber buena fe en gente sin principios y con intereses tan grandes en juego. Sin embargo era explicable por la circunstancia y la falta del manejo político de los insurgentes, pero nunca justificable; más que nada porque este error se seguiría cometiendo en algunas etapas futuras de la historia de México, las últimas, más notorias y dañinas, se darían durante los mandatos de Francisco I Madero y Vicente Fox. La situación es la siguiente: si se está en plan de lucha armada o democrática y se vence a los oponentes; se puede entender que yo sea magnánimo con ellos por un prurito legalista o de compasión mal entendida, aunque no lo merezcan. Lo que es imperdonable es que se les permita que permanezcan en las mismas posiciones de poder, y que en algunos casos se les confíe la seguridad del Estado. Esto, además de ser imperdonable, políticamente es suicida, porque el enemigo, lejos de agradecer el gesto, va a aprovechar la posición que se le ha dejado para tomar ventaja en la primera oportunidad que se presente. Hubo muchos realistas, iturbidistas y miembros de las élites aristocráticas, económicas y religiosas que, como en los últimos ejemplos señalados, no sólo conservaron el puesto sino que en muchos casos ascendieron en las posiciones de poder. Las consecuencias no se hicieron esperar.

Vicente Guerrero

Vicente Guerrero

A Vicente Guerrero, uno de los héroes de la Independencia, que había luchado por más de dieciocho años por la causa y fue firmante del Plan de Iguala, ahora se le consideraba burdo por muchos de los enemigos dejados en el poder, ellos argumentaban que no tenía la educación ni la preparación suficiente para gobernar, si lo vemos comparativamente, solo en cuanto a la preparación pude aceptarse que hayan tenido razón pero era como insurgente quien más méritos y lealtad tenia para servir a su patria. Por lo que al ser considerado candidato para la Presidencia de la República contra Manuel Gómez Pedraza, fue derrotado. Gómez Pedraza era un brillante orador, culto, persona de bien, había sido, al igual que Vicente Guerrero, un gran luchador, mas él en contra de la Independencia, ya que fue realista a las órdenes de Calleja, luchó en contra de Hidalgo y Morelos, en cuya captura él participó, y se distinguió por ser un iturbidista recalcitrante. A pesar de todo esto, paradójicamente fue el elegido por los electores controlados por el Congreso para presidir la República a la que, en cierta manera, él había combatido. Al considerar este hecho como una aberración, los verdaderos insurgentes provocaron el “motín de la acordada” para imponer a Vicente Guerrero. Gómez Pedraza salió exiliado a Francia, después volvería para terminar como Presidente el periodo que no terminó Bustamante, quien fue otro de los realistas conversos, que regresaría posteriormente también en varias ocasiones. Vicente Guerrero asume la Presidencia y le toca enfrentar un ridículo intento de reconquista a cargo del ingenuo comandante español Barradas, a quien vence el omnipresente don Antonio López de Santa Anna. Guerrero rechaza el ofrecimiento para la venta de Texas a los Estados Unidos. Ya retirado fue traicionado vilmente por Bustamante, quien compra a un marino sin escrúpulos que se había ganado la confianza de Guerrero, tal vez por ser extranjero. Mañosamente el marino lo invita a comer a su barco y Guerrero acepta y sin que se dieran cuenta levó anclas apresándolo y lo entregó a la gente de Bustamante por la paga correspondiente. Fue fusilado en 1831. Su falta había consistido en seguir siendo un símbolo de la Independencia y por mantener su principios y la incansable lucha en contra de la aristocracia.

Con el desconocimiento de Gómez Pedraza, surge una vez más el “paladín de la justicia y de las causas nobles” don Antonio López de Santa Anna, que ya no dejaría pasar ninguna oportunidad hasta lograr haber ocupado la Presidencia de la República al menos en siete ocasiones entre 1833 y 1855. Hay que reconocer que reinaba entonces un gran desconcierto y eran varios los presidentes que se alternaban una y otra vez. Todo este desorden fue aprovechado por muchos, de adentro y de afuera, como fue el caso de los Estados Unidos, para escamotearnos sin desembolsar ni un solo centavo ni disparar una sola bala; el territorio más septentrional todavía perteneciente a México,

Territorio de la Nueva España que debieron haber pasado a México

Territorio de la Nueva España que debieron haber pasado a México

lo que hoy son los estados de Washington, Oregon y gran parte de Idaho, sin que el gobierno mexicano ni siquiera se diera cuenta. Ahora los Estados Unidos los señalarían en sus cartas como Disputed Territory[1]. Cuando años antes en tiempos de James Monroe (1817-1825) ellos mismos los señalaban como Spanish-Mexican Territory muy posiblemente esto se haya debido a que Poinsett en su primer visita a México en 1822, todavía no como embajador plenipotenciario sino como agente especial del Presidente James Monroe, quien en 1818 había comprado la Florida a la corona española y sabía del proceso de población que habían tenido los territorios mexicanos con colonos estadounidenses provenientes tanto de la Florida como de Luisiana, y ya que le había “echado el ojo” a esos territorios y a los del septentrión heredados todos de España; Monroe envía a su agente especial Poinsett, con el propósito de sondear con Iturbide la posibilidad de la venta a los EU de estos territorios que, como hemos visto abarcaban desde Texas hasta California hacia el oeste y hasta el Estado de Washington, Oregon y parte de Idaho en el septentrión más alejado. Existe evidencia de que el agente especial Poinsett tuvo contacto tanto con Iturbide como con Santa Anna y en esta ocasión se debió haber dado cuenta que tanto el “emperador” mexicano, como el recién metido a líder “republicano”; Santa Anna, no tenían ni la mínima idea de hasta donde llegaban o cuales eran todos los territorios de la Nueva España y ahora de México, ni cuales en realidad eran estos ya que a ellos sólo les oyó hablar de Texas, California y Santa Fe (en lo que hoy es Nuevo México). Y aunque esto parezca increíble, era muy posible porque los verdaderos intereses de estos seudolíderes eran otros muy particulares de ellos y alejados totalmente de los legítimos intereses de la nueva nación mexicana.

Existe la hipótesis de que el descubrimiento de la ignorancia increíble de los “líderes” mexicanos de inmediato fue utilizado por los EU para establecer una estrategia que les hiciera posible apropiarse de dichos territorios, sin problema, como así sucedió, sin embargo la formalización definitiva la dejaron astutamente hasta que se concluyó la guerra con México, de acuerdo a sus mismos planes, al establecer la nueva frontera entre México y los EU. en la parte sur; del atlántico hasta el pacifico, con lo cual todo territorio al norte de esta línea, quedaba automáticamente incluido en el nuevo territorio estadounidense.

En lo externo se tuvieron dos grandes intervenciones en forma directa: la guerra contra los Estados Unidos y la Intervención Francesa. Cuando se dio la Independencia de México, los Estados Unidos eran ya una nación con pleno dominio de sí misma y en franco proceso de expansión territorial. En esa época el nuevo Presidente de los Estados Unidos, John Quincy Adams (1825-1829), acreditaba al primer Embajador en México. Por razones obvias se designó a Poinsett [2]. Se producen varios acontecimientos que se originan, posiblemente, de una estrategia integral encaminada al objetivo de anexar los territorios mexicanos del “septentrión” a los EU. Todas sus tácticas realizadas durante 16 años para lograr el objetivo terminan con éxito, pero, al final con resultados cruentos. Y México pierde más del 50 por ciento de su territorio original a través de cuando menos tres acciones jugadas con astucia, suficiente información, sin escrúpulos éticos, planeación estratégica y paciencia, mucha paciencia por parte de ellos. Ayudándoles los mexicanos a través de sus “altezas serenísimas”: el “emperador” don Agustín de Iturbide y “El Águila Imperial”, “el gallero”, don Antonio López de Santa Anna.

Las tres acciones llevadas a cabo por los EU., que les posibilitaron quedarse con los territorios antes mencionados, son las siguientes:

PRIMERA, la misión en 1822 de Poinsett como agente especial del Presidente James Monroe, ante el “Imperio Mexicano” que tenia como objeto recabar la información necesaria. Y habiéndose dado cuenta del desconocimiento de los líderes mexicanos; se preparan primero para la anexión de los territorios del septentrión, que sorpresivamente culminó con la anexión inmediata de estos territorios septentrionales extremos. Pero además el gobierno mexicano les facilitó el camino con la primera Constitución política en donde quedaba de manifiesto la ignorancia ya exhibida por Iturbide y por Santa Anna y ahora por el Constituyente; con relación a los territorios de México. Esto lo pudieron comprobar los EU., cuando se enteraron del contenido del articulo 5. de la Constitución mexicana, en donde al definir los nuevos estados; se excluían como territorios de México; a una gran parte del territorio que perteneció realmente a la Nueva España y por lo tanto era de la nueva nación mexicana, incluyendo aquí la parte más septentrional con la que ya se habían quedado. Con estos conocimientos y el informe de inteligencia de Poinsett; los Estados Unidos, que necesitaban el acceso a la costa del Pacifico, vieron esta posibilidad muy real por lo que diseñaron su estrategia a largo plazo para quedarse con los deseados territorios mexicanos.

SEGUNDA, el movimiento revolucionario de colonos encabezados por Sam Houston, por la Independencia de Texas en 1836, habiéndose dado ésta de hecho y no por derecho, pero para el caso fue lo mismo porque se perdió el territorio. Y además, lo más grave, llevaba prevista su anexión a los Estados Unidos, misma que se realizó diez años más tarde trayendo como consecuencia la

TERCERA acción ya programada; ésta fue la guerra de los Estados Unidos en contra de México, la cual declararía su presidente James K. Polk, el 12 de mayo de 1846, con motivo de la anexión de Texas y con el objetivo de despojar a la Nación Mexicana del resto de los territorios que a los EU. les interesaban. Los EU., alegaron como justificación para emprender esta guerra, el hecho de “cruentos enfrentamientos de los mexicanos en territorio de los Estados Unidos”. Aseveración falsa, y sólo entendible dentro del plan previsto para apoderarse de los territorios, ya que Texas todavía no estaba considerado como territorio estadounidense, sino sólo planeado, por ellos, que así lo fuera, y al darlo por hecho, con esta aseveración ellos mismos se ponían en evidencia. Aunque, desde luego, quedaba claro que esto era sólo el pretexto necesario para “justificar” la guerra, que terminaría en 1848 con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo y la enorme pérdida de sus territorios. Llegándose al extremo de establecer en el articulo XII de dicho Tratado firmado el 2 de febrero de 1848, entre México y los Estados Unidos con motivo del fin de la guerra; lo siguiente:

“En consideración a la extensión que adquieren los limites de los Estados Unidos, según queda descrito en el articulo quinto del presente Tratado, el Gobierno de los mismos Estados Unidos se compromete a pagar al de la Republica mexicana la suma de quince millones de pesos”[3],….. Esta ridícula cantidad, por dondequiera que se le vea era sólo una especie de previsión de ellos; un “dulce” para que el Congreso mexicano no se tardara mucho en ratificar tan vergonzoso tratado.

Aunque en 1848 se definieron los límites entre México y los Estados Unidos, estos serían modificados en forma definitiva más tarde, a favor de éste último con una acción adicional complementaria: la firma del Tratado de la Mesilla o Gadsden en 1853. Por medio del cual López de Santa Anna20140318_IMG_0013_14846022 habiendo sido nombrado Dictador por los conservadores; les vendió más de 100,000 Km.2 del norte del Estado de “Sonora y Sinaloa” por diez millones de pesos, incluyendo además en la cláusula octava; el libre tránsito de mercancías, personas y armas de Estados Unidos a través del Istmo de Tehuantepec. Cláusula esta última que tratarían de ampliar años después, mediante solicitud de los EU. al gobierno de Juárez para compensarlos por los perjuicios sufrido por los intereses de ciudadanos estadounidenses durante la guerra civil mexicana, lo que dio motivo a la firma del Tratado de McLane-Ocampo. A partir de aquí la Doctrina Monroe, “América para los Americanos”, se hace evidente y adquiere su verdadero sentido.

Se dice que Ulysses S. Grant, el (18th) Presidente de los EU., calificó a la guerra de secesión de su país como castigo de Dios, por el despojo a México de sus territorios. El Tratado de la Mesilla sería derogado más tarde, por Lázaro Cárdenas, aunque ya la pérdida del territorio adicional era irreversible, sólo se anulaba la cláusula octava mencionada.

Benito Juárez García

Benito Juárez García

Juárez jugó un papel definitivo en el establecimiento de la base jurídica para que México fuera una verdadera República Representativa y Federal. También ejerció una influencia fundamental en la modernización política de México y de sus estructuras republicanas, no sólo restaurándolas sino actualizándolas y consolidándolas, dejando plenamente establecido y vigente para México; el concepto de Estado moderno laico y el concepto de “Estado de derecho”. La personalidad de Juárez es de características excepcionales, sin embargo también ha sido una de las más controvertidas y calumniadas en la historia política de México, por todos los intereses ilegítimos de los grupos de poder que resultaron afectados por las reformas para el bien del Estado mexicano.

Hay que reconocer que la rectitud y actitud de Juárez, con su definición como persona de estrictos principios y un misticismo patriótico movido por el gran amor a su patria, a su gente y su gran sentido de responsabilidad en su encomienda política; fue congruente con respecto a la circunstancia histórica que se estaba dando: el país estaba experimentando un proceso revolucionario de grandes cambios, había terminado la etapa virreinal que había prevalecido durante 300 años, se estaba viviendo el inicio de la Independencia y el nacimiento del Estado mexicano con base en la Constitución de 1824. Juárez sentía que debía estar del lado del cambio libertario para consolidar la República, la cual se veía amenazada, en un principio por el Imperio espurio de Iturbide y en paralelo por los conservadores metidos a “libertadores”. Después de las primeras elecciones y cuando se convocaron otra vez en 1828, Juárez era todavía un estudiante de derecho y las opciones que tuvo para elegir fueron: un conservador que había luchado en contra de la Independencia de México, don Manuel Gómez Pedraza, y un liberal, don Vicente Guerrero, héroe insurgente de la lucha armada por la independencia. Su decisión fue por el liberal al que admiraba y con el que se identificaba plenamente. En 1829 llega al ayuntamiento de la ciudad de Oaxaca como regidor. En 1831 y en 1833 fue electo diputado al Congreso del Estado.

A partir del inicio de la carrera política de Juárez, éste se convierte para muchos en un adversario temido, y es arduamente combatido por aquellos que no podían aceptar ser rebasados y superados por un “indio”, a los que sus antepasados y ellos mismos, consideraban inferiores. Tampoco aceptaban que Juárez pretendiera cambiar el estado de cosas que ellos sentían aceptable y favorable, principalmente para quienes detentaban el poder; no les importaba que en el inicio del Estado mexicano todavía se viviera en “la edad de piedra política” y que pareciera prevalecer todavía la época del oscurantismo de la edad media, en donde prevalecía la intolerancia religiosa y el clero político contaminaba la salud del Estado mexicano. Precisamente, por ese clero político y sus allegados; personas que por su ignorancia y el cumulo de prejuicios ancestrales, educados en la mentira y el fanatismo religioso; Juárez se vería injustamente calumniado hasta los últimos días de su vida y aún mucho después de su muerte, e increíblemente, incluso todavía hoy, en la actualidad su integridad sigue siendo víctima de la ignorancia supina de muchos de la clase “preparada”.

Ignacio Comonfort tomó posesión de la presidencia el 1 de diciembre de 1857, habiendo designado a Benito Juárez, quien ya había sido gobernador de Oaxaca, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y en tal calidad como virtual Vicepresidente de la República. El 17 de ese mismo mes los conservadores, a manera de golpe de Estado lanzaron a sangre y fuego el Plan de Tacubaya, que abolía la constitución de 1857, según el mismo plan, Comonfort seguiría al mando, y a Benito Juárez y al presidente del Congreso los hicieron prisioneros. El 11 de enero Comonfort pone en libertad a Benito Juárez. Abandona el mando y acompañado de varios generales salió rumbo a Veracruz desde donde, más tarde el 7 de febrero, se embarcó hacia los EU., en donde fijaría su residencia. Juárez defendiendo la legalidad de la República se traslada a Guanajuato y apoyado por varios estados de la República estableció ahí su gobierno lanzando el 19 de enero de 1858 un manifiesto a la nación que establecía que. “El Gobierno constitucional de la República, cuya marcha fue interrumpida por la defección del que fue depositario del poder supremo, queda restablecido.” Esta fue la respuesta al artero golpe de Estado que era el Plan de Tacubaya y a la ausencia de Comonfort que se había prestado al mismo plan y nunca estuvo a la altura de su responsabilidad de Presidente en el mandato constitucional.

Analizando el surrealismo de la Intervención Francesa; dos factores la hicieron posible: la guerra de secesión de los Estados Unidos y el arribo de don Benito Juárez al poder. Los Estados Unidos estaban ocupados en su contienda doméstica y no tenían atención para otra cosa; de otra manera, y de acuerdo con la propia “Doctrina Monroe”, no lo hubieran permitido, no por defender a México sino a su propia hegemonía. Por otro lado, a los ultra conservadores, herederos según ellos del más “puro linaje” español, les parecía un “verdadero sacrilegio que ocupara la más alta magistratura de la nación un indio zapoteca y para colmo, de ideas liberales”.

La Intervención Francesa es otra de esas etapas vergonzosas de la historia política de México, en donde grupos de gente poderosa, de pensamiento conservador a ultranza y quemadores de incienso a lo extranjero, vuelven a manifestar su complejo de inferioridad y vocación servil, al solicitar a la monarquía de Napoleón III que viniera a gobernar a México un noble de la casa francesa que diera “rienda suelta” a sus afanes y sueños de pompa “aristocrática”, perdidos por los conservadores con el termino del “imperio” de Iturbide; y al mismo tiempo cancelara las “heréticas” reformas juaristas. Maximiliano de Habsburgo sólo los complace en lo primero, porque era un verdadero amante, (por no decir maniático) del ceremonial y la pompa aristocrática; sin embargo, ideológicamente resultó ser un liberal puro, con integridad. Aunque, para su desgracia, terminara siendo ejecutado por la justicia mexicana. Sin obtener el perdón de un Juárez implacable, que le negó el indulto porque con su muerte tenía que sentarse un precedente simbólico, para desanimar en el futuro a la ambición del extranjero y a la alcahuetería de los traidores locales potenciales.

Augusto Emperador: Por donde quiera

que me lleve mi instinto vagabundo,

llevaré un buen recuerdo hasta que muera

de nuestro buen encuentro en este mundo.

Ambos hemos venido a estas regiones

predicando la paz. Voz con grandeza

imperial, con corona en la cabeza,

con oro, con poder y con legiones,

mas en la mano al par con ansia viva

mostrando al pueblo de la paz la oliva.

Yo vine solo aquí con la nobleza

del corazón leal del castellano,

extraño a las políticas pasiones

ajeno a odios de raza y opiniones

a visitar, cortés, a un pueblo hermano [4]

Dadas las circunstancias, para el gobierno de la República el apoyo y reconocimiento del gobierno de los Estados Unidos, era vital pero implicaba riesgo por las contraprestaciones a que estaban acostumbrados. Sin embargo esto era necesario, en parte para dar solución al reclamo de los EU., que amenazaba con la invasión si no se llegaba a un convenio para compensar (como siempre) la afectación de los intereses estadounidenses por la guerra civil mexicana y para conseguir su apoyo económico. Ya desde antes, cuando se definieron el partido liberal y el conservador en 1849, don Lucas Alamán clamaba: “si no viene la Europa en nuestra ayuda somos perdidos”. No se sabe si don Lucas se refería a la Patria o a su grupo y partido conservador.

Aquí en México se inicia la guerra civil entre conservadores y liberales, don Manuel Doblado, Gobernador de Guanajuato, como hemos visto, había acogido a Juárez y lo respalda. En Jalisco es salvado por don Guillermo Prieto de ser asesinado y es quien pronuncia la famosa frase “Los valientes no asesinan” ante un destacamento de soldados que tenían orden de darle muerte. Tuvo que salir por Manzanillo, Colima y rodear por Panamá para llegar a Veracruz. Ahí Apoyado por el Gobernador Gutiérrez Zamora, establece el Gobierno de la República. Ya en Veracruz, y en base a la Constitución de 1857, expide el Presidente Juárez las Leyes de Reforma, que nacionalizan los bienes eclesiásticos y establecen la separación de la Iglesia y el Estado, la Ley del Matrimonio Civil, la Ley de Libertad de Cultos, la extinción de las ordenes monásticas, la secularización de los cementerios y estableció también el Registro Civil. El 12 de julio de 1859 expidió la Ley de Nacionalización de Bienes Eclesiásticos, para hacer efectiva la desamortización de los bienes de la Iglesia, que ahora ya no pasarían a manos de los rentistas, lo que mañosamente la iglesia había anulado con la amenaza de excomunión. El objetivo del presidente era “para que subsistiera solo el sistema individual de propiedad” lo cual era valido también para los indígenas cuyas propiedades comunales habían sido escamoteadas primero por los encomenderos y luego por los grandes terratenientes. El País se encontraba en “Estado de guerra civil”. Por un lado, el Gobierno de la República apoyado por los Liberales y encabezado por el Presidente Juárez, y, por el otro, los conservadores golpistas.

En 1859 los Estados Unidos, presididos por James Buchanan, quien había sido Secretario de Estado de James K. Polk cuando la guerra contra México y la firma del Tratado de la Mesilla o Gadsden. Ahora su gobierno reclamaba al gobierno mexicano la salvaguarda de los intereses estadounidenses afectados por la guerra civil, para lo cual envió a Veracruz al comandante Turner al mando de una flotilla estadounidense. Por otro lado, pero dentro del mismo proceso el Ministro de Relaciones Exteriores, Melchor Ocampo, solicitaba el reconocimiento y apoyo de los EU. Estos otorgarían dicho reconocimiento por medio de Robert McLane ministro plenipotenciario, del presidente Buchanan, que había sido designado para el efecto, reconocimiento y aceptación en principio, pero condicionado a la firma de un tratado en el que México debería, según ellos, proceder a la cesión del territorio de la baja California (el que se mencionaba en la opinión publica estadounidense, con la peregrina idea de que sería destinado a ser tierra de explotación de esclavos) y además se debería aceptar la ampliación del Tratado de La Mesilla o Gadsden, particularmente en su cláusula octava, modificándola ahora, para que además del paso por el Istmo de Tehuantepec se ampliara con los cruces libres para los EU. en la frontera norte, por Matamoros y Camargo Tamaulipas vía Monterrey hasta Mazatlán y otro más por Nogales hasta Guaymas Sonora. Después de intensas negociaciones, estableciéndose como premisa puesta por Juárez a Melchor Ocampo, que la cesión de cualquier parte del territorio nacional estaban absolutamente fuera de discusión; se procedió a ceder en el resto ya que el apoyo de los EU., era considerado vital. En términos generales y al final, se convino sólo en la modificación de la mencionada cláusula octava del Tratado de la Mesilla mediante un nuevo convenio, mejor conocido como el tratado “McLane-Ocampo”.

Aunque el Tratado fue firmado y se recibieron el reconocimiento de los EU y la mitad del apoyo económico; el Senado de los EU., lo rechazó, primero por causas pueriles postergándolo y al final, entre otras cosas, porque era una aberración jurídica que iba en contra de uno de los principios generales del derecho: “A lo imposible nadie está obligado”, toda vez que en los hechos afectaría a la soberanía de un Estado, lo cual era inaceptable de acuerdo con la concepción del Estado Moderno, constitucionalista y del derecho Internacional. En esta forma, Melchor Ocampo hábil jurista, que ya conocía junto con Juárez la improcedencia jurídica de la cláusula 8ª del “Tratado de la Mesilla”, lejos de ir en contra de los intereses del Estado mexicano, se salió con la suya sin ceder territorio como era la pretensión inicial de Buchanan en las instrucciones dadas a Robert McLane y sin afectar más la soberanía nacional. Aunque esto sirviera a sus enemigos, los conservadores para denostar a Juárez llamándole vende patrias, cundo precisamente su oposición, en el pasado, al Tratado de la Mesilla le había costado a él y a Ocampo el encarcelamiento y el exilio en Nuevo Orleans por parte del gobierno de Santa Anna, tan admirado por ellos.

Miramón había sido investido como presidente por los conservadores golpistas, el 2 de febrero de 1859 y su objetivo era la plaza de Veracruz en donde estaba la cabeza del gobierno, por lo que se preparó para sitiar, por mar y tierra, al gobierno de la República establecido en ese puerto. Miramón mandó al Almirante Tomás Marín a comprar dos barcos de guerra en Cuba, a los que denominaron el “Márquez de la Habana” y el “General Miramón”, para destinarlos al sitio del gobierno de la República por mar. Y por tierra, él personalmente encabezaría a los ejércitos para el sitio con más de 7,000 efectivos y estaba totalmente confiado en el éxito de su plan. Pero no contaban con la inteligencia estratégica del gobierno de la República: Los ejércitos constitucionalistas, recibieron estrictas ordenes para proceder de inmediato a quemar sembradíos y destruir la infraestructura de comunicaciones y dejaron a los ejércitos de Miramón, aislados y sin la posibilidad de abastos ni para acercarse al puerto, además que dentro de esta misma estrategia Degollado, siguiendo el principio de que “la mejor defensa es el ataque” atacó a la ciudad de México en donde tenia su sede el gobierno golpista y Miramón se vio obligado a regresar a defender la capital. Con relación al sitio por mar el Almirante Marín llegó frente a Veracruz con los barcos mencionados y se fue a fondear a Antón Lizardo, a unos 25 km al sur del puerto. Las gentes del gobierno Juarista le comunicaron al comandante Turner al mando de la flotilla estadounidense fondeada en Veracruz, que esos barcos no eran reconocidos por el gobierno de la República, quien los consideraba piratas por la actitud de guerra en que venían. Y “al buen entendedor pocas palabras”, esa misma noche la escuadra de los EU tomo los barcos y a sus tripulantes por sorpresa, llevándoselos a New Orleans en donde posteriormente la tripulación fue liberada.

Después de la batalla de Calpulapan a finales de 1860, en donde los ejércitos juaristas al mando del general Jesús González Ortega junto con Ignacio Zaragoza y Leandro Valle, derrotan a las fuerzas conservadoras de Miramón, Márquez, Negrete y Vélez; hace Juárez su entrada triunfal a la Ciudad de México, el 11 de enero de 1861, considerándose esta fecha como el fin de la Guerra de Reforma que ocasionó la guerra civil. En ese mismo año termina el período que dejó inconcluso Comonfort, y Juárez es electo Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

Debido al inmenso deterioro económico de la República, Juárez se vio obligado a declarar la moratoria de pagos de la deuda externa el 17 de julio de 1861. Como consecuencia, España, Inglaterra y Francia, reunidos en Londres en octubre de ese año, decidieron conjuntamente intervenir en México, enviando navíos de guerra que atracaron en Veracruz, a fin de año. El Gobierno de la República de inmediato entró en negociaciones, y logró mediante el Tratado de la Soledad, que España e Inglaterra se retiraran. En cambio Francia, de acuerdo con los conservadores, que ya tenían planeada su intervención para imponer a Maximiliano de Habsburgo como Emperador de México, aprovechó la ocasión.

Como prologo y al mismo tiempo epilogo anticipado de la intervención francesa; los ejércitos de Francia al mando del general Lorencez son derrotados en Puebla el 5 de mayo de 1862, por los ejércitos de la República al mando del general Ignacio Zaragoza, unificando a la mayoría del pueblo de México en contra de esta intervención. Más tarde el general Forey con nuevos refuerzos derrota a las fuerzas de la República y obliga al presidente Juárez a mantener un gobierno trashumante que anda “a salto de mata” hasta llegar a la frontera con los Estados Unidos, en Paso del Norte. Forey instala un gobierno en la capital a manera de Junta, con los conservadores y la alta jerarquía de la Iglesia Católica. Éstos declaran la monarquía. Y como siguiendo el guión de una obra de teatro, le ofrecen la Corona a Maximiliano de Austria. Para sorpresa de todos, y desencanto del grupo conservador, llega Maximiliano y ratifica todas las reformas juaristas, la tolerancia de cultos, la separación de la iglesia y el Estado, la nacionalización de los bienes eclesiásticos, etc. Confirmándoles con esto a los conservadores y al alto clero, que lo que Juárez hizo no fue en contra de la iglesia católica, fue sólo modernizar la situación política de México en el mundo, actualizarlo a su tiempo y hacer justicia, quitándole el poder político y económico a quienes lo detentaban.

El 1 de diciembre de 1865 Juárez termina su período presidencial pero, dadas las circunstancias, decreta prorrogadas las funciones del actual gobierno. Lo cual era muy entendible, ya que entrar en una contienda electoral a la mitad de una guerra, hubiera sido torpe y de consecuencias funestas. Sin embargo, esto provoca airadas protestas de todos, incluso de los mismos liberales. No hay duda de que Juárez tenía razón y actuaba con responsabilidad de estadista. Del exterior vino el apoyo moral y solidario de los pueblos de América, y la confirmación de que se estaba actuando en el camino debido. El Congreso de Colombia decretó, en nombre del pueblo que representa, que “en vista de la abnegación y de la incontestable perseverancia que el señor Benito Juárez, en calidad de Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, ha desplegado en la defensa de la independencia y la libertad de su Patria, declara que dicho ciudadano ha merecido bien de la América”, firmado por el Congreso de Colombia el 2 de mayo de 1865 64. Apoyo solidario y oportuno que reconoce la trascendental tarea de Juárez y su proyección continental.

Ante la decisión de Napoleón III de retirar el apoyo de las fuerzas francesas a Maximiliano para reforzar su defensa de Prusia, éste pierde fuerza y es derrotado en diversos frentes. Finalmente es vencido en Querétaro por los ejércitos de la República al mando del general Mariano Escobedo y sus “Cazadores de Galeana”, terminando así la Intervención Francesa el 15 de mayo de 1867. Algunos días más tarde, el 19 de junio, Maximiliano y los generales Miramón y Mejía, fueron fusilados en Querétaro, en el Cerro de las Campanas.

Terminada la guerra con los franceses se convocó a elecciones generales para renovar mandos políticos en la nación, incluyéndose en la acción política electoral un plebiscito sobre la Constitución del 57, que tanta controversia había causado, alegándose que no todos los sectores de la población habían sido tomados en consideración, y mucho menos consultados. La Constitución fue ratificada y Juárez reelecto en esta ocasión para un nuevo período presidencial, de diciembre de 1867 a julio de 1871, si bien legalmente era una reelección, en la realidad era el primer período que iba a tener Juárez para gobernar en paz. Y fue ésta precisamente una de las pocas épocas de paz que ha tenido México para que, mediante un régimen de derecho, el cual utilizó el Presidente como su principal herramienta, se pudiera restaurar la República casi deshecha y consolidarla jurídicamente.

Personas de brillante inteligencia y patriotismo, acompañaron al Presidente Juárez en la difícil tarea de licenciar a las tropas y restaurar la economía precaria que se tenía. Una de sus virtudes fue saber rodearse de gente de valor, como un verdadero estadista lo hace, sin miedo a ser opacado por ellas, y a respetar y valorar su actuación. Renovó la concesión para que los ingleses continuaran con la magna obra del ferrocarril. Al final de su periodo presidencial en 1871, Juárez convocó a elecciones y consideró a ésta su primera reelección. Era explicable que después de haber enfrentado tantas vicisitudes no quisiera abandonar el poder, incluso que hubiera sentido la obligación de conservarlo. Pero ahora sí se antojaba discutible la decisión de aferrarse a él, sin darle la oportunidad a su misma gente para que tomara la estafeta. En esta ocasión se enfrentaría con su amigo y más brillante colaborador, Sebastián Lerdo de Tejada, y con su antiguo rival y paisano, Profirió Díaz. Ante el hecho de que en estas elecciones ninguno de los tres candidatos obtuvo la mayoría absoluta de votos, el Congreso designó a Juárez para un nuevo periodo de 4 años. Sin embargo ya no lo terminaría, muere en 1872 de un problema cardiovascular, siendo substituido por don Sebastián Lerdo de Tejada, a quien legalmente correspondía sucederlo, en su calidad de presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Juárez fue un ser humano con vicios y virtudes, como cualquier persona, sin embargo algo especial hubo en él para poder trascender al tiempo y al espacio, convirtiéndose en un personaje de la historia universal. Fue un hombre íntegro, una persona excepcional, un verdadero estadista precursor de los gobiernos civiles en vez de los militares, precursor, con Lerdo de Tejada, del Senado en nuestra Constitución y del fortalecimiento del Estado de derecho. Juárez fue de ese tipo de líderes que México no tuvo en sus inicios desde su Independencia, y que tanta falta le hicieron, y le siguen haciendo: esa clase de gobernantes que anteponen todo, familia, patrimonio y bienestar personal, por el bien del Estado, por el bien de la República. Como hemos visto, Juárez fue un personaje único por el gran esfuerzo que hizo por vencer, en primer lugar, la enorme adversidad personal y, posteriormente, la no menos grande adversidad nacional. Además, su significativa contribución para la construcción del Estado mexicano y la restauración de la República, hablan por sí solos.

 [1] Wilson, Vincent .The Book of the Presidents (Brookville, Maryland,: Jr. American History Research Associates, 1997) 16 y 18.

[2] Poinsett, además de político y diplomático era un experto botánico. Durante su estancia en México encontró la flor “noche buena” y ni tardo ni perezoso la registró con su nombre en el registro botánico internacional, por lo que desde entonces nuestra flor de navidad lleva el nombre de poinsetia.

[3] Tratado Guadalupe Hidalgo, 1848

[4] Poema del autor de “don Juan Tenorio”, José Zorrilla en la corte de Maximiliano. Luca de Tena, Torcuato, Ciudad de México en tiempos de Maximiliano (Barcelona: Planeta, 1989) 118.Fuentes Flores

Textos tomados de “México y su Realidad” 3a Edición  de Antonio Fuentes Flores

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