LOS DOS ULTIMOS PRESIDENTES DE LA EPOCA “ROMANTICA” EN MÉXICO

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ADOLFO RUIZ CORTINES

El régimen de Don Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958) pagó la factura del “progreso alemanista”, cuyo déficit en la cuenta corriente hizo necesaria la devaluación de la moneda, llegando el peso a $12.50 por dólar. En lo político, don Adolfo mantiene un hábil y firme manejo que le da continuidad al sistema y gobernabilidad al país. Y aunque se habla del enriquecimiento desmedido del ex presidente Miguel Alemán, con múltiples negocios inmobiliarios en el área metropolitana de la Ciudad de México, el Estado de México y Acapulco, y de su sociedad con Emilio Azcárraga en la industria de la radio y posteriormente de la televisión, interviniendo en la creación y propiedad de una nueva línea área; el régimen de Ruiz Cortines, deja resbalar todos los rumores y lejos de actuar cumple una de las “reglas de oro” del sistema; “cúbrele las espaldas al ex presidente si quieres que hagan lo mismo contigo”, no porque el lo necesitara, sino por respeto a los usos y costumbres establecidos por el sistema mismo. Ya que en realidad, nunca se supo de algún enriquecimiento desmedido de don Adolfo.)

Adolfo Ruiz Cortinez, fue el que concedió el sufragio a las mujeres, siempre se le consideró como una persona honesta, buen administrador y mejor político. Aunque toda la clase política y más los presidentes, han poseído bienes que nunca hubieran podido tener con sus emolumentos de burócratas, ése no fue el caso de don Adolfo, quien además fue un excelente administrador público que le exigió a sus colaboradores la honestidad que esperaba de ellos él mismo y el pueblo de México. Sin embargo, al final de su administración se inició un proceso de endeudamiento de los regímenes emanados de la revolución que no terminaría sino hasta el fin del siglo XX. A pesar de su probidad no pudo cambiar el proceso de descomposición que de tiempo atrás ya se había iniciado irreversiblemente; tanto en la burocracia que se fortalecía como en la sociedad misma quien desde entonces ha sido tolerante en extremo y se fue asimilando poco a poco a un sistema político (SPM) que lo propiciaba y poco apoco la fue contaminando y acostumbrando.

Como hemos visto, una de las reglas del sistema era que el presidente saliente fuera quien designase a su sucesor, girando instrucciones precisas a su partido para postular al “ungido”. Mientras tanto, se hacía, astutamente, circular su nombre entre los de otros con el objeto de ir limpiándole el camino, quitándole estorbos y reconociendo lealtades o deslealtades, de tal manera que sólo el presidente sabía cuál era el bueno y desde esa época se dio por llamarle “el tapado”. En esa ocasión fue el desde entonces, sempiterno líder de la Confederación Nacional de Trabajadores de la Republica Mexicana CTM, Fidel Velázquez, quien destapó al Lic. Adolfo López Mateos a finales de 1957.

Contaba el embajador Agustín Leñero, michoacano, paisano y gente de gran lealtad del presidente Cárdenas, que platicando con el ex presidente Ruiz Cortines ya en su calidad de ciudadano común y corriente, que no pretendía él otra cosa, le preguntó: “señor, ¿qué es lo que más extraña de sus tiempos como primer mandatario?”, a lo que don Adolfo respondió sin dudarlo ni un momento: “el timbre Sr. Licenciado, el timbre”. El timbre que tenía bajo el escritorio presidencial y que al accionarlo acudían sus asistentes, de inmediato y presurosos para atenderlo. Esta actitud, en un principio, de atención y servicio de los allegados del presidente, mediante el sistema se fue haciendo servil y perjudicando a la presidencia misma.

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ADOLFO LÓPEZ MATEOS

Durante el régimen de López Mateos (1958-1964), joven líder del movimiento vasconcelista por la presidencia de la república, abogado, con predilección por el derecho internacional y comprobado político conciliador en materia laboral. Por lo buen orador y la simpatía de la persona, renació en el pueblo de México la esperanza de un cambio favorable, ilusión que sucede casi siempre al principio de cada sexenio. Y es que muchas veces los mexicanos nos olvidamos de que no existen las soluciones mágicas y que el cambio no depende de una sola persona, que mientras el pueblo de México, la sociedad civil, no tenga el poder verdadero de la decisión democrática que le concede el artículo 39 constitucional, ni el tino y la capacidad de análisis critico para escoger verdaderos líderes, estadistas con integridad en sus principios, que puedan trabajar para iniciar un proceso de cambio radical de las estructuras, no será factible ningún cambio verdadero.

Durante este régimen todavía prevalecía y se intensificó un nacionalismo nacido, más que del amor a lo mexicano, de la manipulación demagógica y por la necesidad de entretener al pueblo con algo que lo motivara. Así se da la expropiación de la industria eléctrica que estaba parcialmente en manos de una empresas extranjera, la que ya habían entrado en conflicto con el gobierno porque no les autorizaba las nuevas tarifas y si les exigía mayor inversión en infraestructura. Por otro lado no había otra justificación. En la actualidad, tienen a las empresas estatales del sector eléctrico, encabezadas por la Comisión Federal de Electricidad (CFE), a punto de la quiebra, y demandando grandes subsidios para seguir operando cargándole al consumidor el costo de su ineficiencia y corrupción arrastrada ya desde ese entonces y agravada por las prebendas y privilegios sindicales, que dificultan y encarecen enormemente la operación del sector eléctrico. Y por los manejos deshonestos, la introducción de infraestructura eléctrica sin costo para los ranchos de los políticos encumbrados, por mencionar cuando menos uno de tantos ejemplos. Además de la corrupción en la contratación y realización de obras, así como en la adquisición de equipos, dentro de muchos otros vicios; Cabe mencionar y lo veremos más adelante; la importante decisión que se tomó en el caso de Luz y Fuerza del Centro y su sindicato el SME. Durante el gobierno de Felipe Calderón.

Aunque López Mateos declaró que su régimen era de “izquierda atinada”, paradójicamente en esa época su régimen asesinó al líder agrario Rubén Jaramillo y a toda su familia, incluyendo los niños pequeños, acribillando su choza, aunque posteriormente, como a Zapata, se les rindan homenajes y se construyan monumentos y escuelas con sus nombres. He aquí la gran incongruencia de los hechos cobardes con los dichos hipócritas, falsarios y demagogos del sistema político que los masacró y al mismo tiempo pretende construirles pedestales.

Siguiendo con las incongruencias, el régimen de López Mateos integró al Código Penal Federal el delito de “disolución social”, y con este instrumento persiguió y encarceló a los intelectuales de izquierda como David Alfaro Siqueiros, Valentín Campa, activista del partido comunista, al ingeniero Heberto Castillo, uno de los más auténticos líderes de la izquierda mexicana, y a Demetrio Vallejo, líder del el movimiento de los ferrocarrileros. Con ello logró la represión total del movimiento. Resultó muy sospechoso que esta batida “anticomunista” se diera después de la entrevista que tuviera en Acapulco en febrero de 1959 con Dwight D. Eisenhower, presidente de los EU., precisamente al término de la década que había tenido sumido a ese país en la paranoia e histeria colectiva del anticomunismo, con enfermos mentales haciendo de las suyas, como el senador McCarthy. En estas condiciones y para completar el teatro, se expulsó a dos miembros de la embajada soviética, sin aclarar oficialmente las razones, haciendo creer a la opinión pública que desde esta embajada se estaba manejando el movimiento ferrocarrilero. Según Valentín Campa, Renato Leduc denunciaba desde la revista “Siempre” que un agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los E.U. de supuesto nombre Dean Stephansky, asesoraba al gobierno para la represión del movimiento ferrocarrilero y su manejo ante la opinión pública. Lucha que se había radicalizado, en parte por culpa de las autoridades gubernamentales y que verdaderamente, era manejado sólo por los mismos líderes ferrocarrileros.

A López Mateos se debe; la reforma para la participación de los trabajadores en las utilidades de las empresas, lo cual significó un paso importante en el proceso de la justicia laboral en México; la creación de la Comisión Nacional del Libro de Texto Gratuito, de gran beneficio para los niños, sobre todo en regímenes como estos, autodenominados “revolucionarios”, que han generado una gran cantidad de población en la miseria o en el mejor de los casos que no la han podido sacar de ahí como resultante de su rapacería. Aquí se dio también la incongruencia de la creación del Instituto de la Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado, (ISSSTE), medida que resultó no tanto de la organización administrativa para beneficio del trabajador, sino de control y beneficio político para el sistema, toda vez que la creación previa del IMSS lo hacía innecesario.

López Mateos creó la fórmula de “diputados de partido”, con el objeto de estimular a la oposición, tan necesaria para la validación del sistema y para guardar las apariencias de una democracia que en realidad era inexistente. Viajó a muchos lugares del mundo con la investidura de Presidente de la Republica, lo cual, aunque muchas veces no esté justificado, es muy gratificante para la persona y su familia, por supuesto a costa del erario. En este caso si hubo logros positivos; como la proyección de México en el concierto internacional, el Tratado de Tlatelolco para la proscripción de armas nucleares en América latina, la creación del Banco Interamericano de Desarrollo, “la Sede” para las Olimpiadas, etc.

Adolfo López Mateos, además de carismático, tenía fama de mujeriego, lo que lógicamente en un medio “machista” le atraía la simpatía popular. Impulsó un fuerte gasto público, más motivado por un sentimiento de complejo de culpa y de verdadero afecto por su pueblo, que derivado de un serio análisis racional. Logró un fuerte crecimiento de la economía, pero de igual manera un gran desequilibro en la balanza comercial, teniendo que continuar con el proceso de endeudamiento del país, a pesar de que tenía una persona excepcional como secretario de Hacienda: el Lic. Antonio Ortiz Mena, promotor del BID. Al final de su mandato, se ganó el afecto popular, y un mal cerebral que terminó con su vida, lamentablemente mediante una larga agonía.

Textos tomados del ensayo “México y su Realidad” 3a Edición de Antonio Fuentes Flores

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