LOS OLMECAS

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Si nos trasladamos en el pasado hasta 1,500 años a. C., podríamos asistir, en la exuberancia de las selvas tropicales de México, en lo que hoy son los estados de Veracruz y Tabasco, al nacimiento de la cultura madre en Mesoamérica: los olmecas, “habitantes de la región del hule”, talladores escultóricos de grandes piedras basálticas monolíticas, productores de cerámica tanto ritual simbólica como de uso práctico y cotidiano, e iniciadores de la teología y cosmogonía mesoamericanas. La belleza y elegancia del monarca de la selva americana, el jaguar, quedó inmortalizada en su teogonía, sus diseños relacionados con este precioso animal, tales como la cabeza, manchas, belfos y garras, los encontramos en su espacio de influencia cultural por todo Mesoamérica. El juego de pelota y su arquitectura monumental, que se desarrolla en forma espléndida, continuaría en las culturas mesoamericanas posteriores pero tuvo su origen entre los olmecas, con hábiles jugadores que golpeaban la pelota de hule macizo en un juego ritual, utilizando sólo las articulaciones, hasta pasarla por el aro de piedra labrada dispuesto en un muro. La influencia del mundo olmeca se extendió por toda Mesoamérica, desde el Golfo de México hasta el Pacífico, y desde el Altiplano hasta Centroamérica; esto conforma ya una verdadera cultura, con importantes asentamientos como La Venta, San Lorenzo, Tres Zapotes, Laguna de los Cerros, en Veracruz y Tabasco, entre los más importantes, extendiendo su influencia por todo Mesoamérica y alimentando a otras culturas que la sucedieron en forma inmediata casi en paralelo, como la zapoteca y la maya.

Los grandes monolitos de piedra basáltica, las misteriosas cabezas olmecas, son mudos testigos de esta importante cultura que surge en lo feraz de la selva mexicana, se extiende vigorosamente por todo Mesoamérica, dejando su huella impresa con la creación de grandes conocimientos para el mundo americano, tales como la numeración, el calendario y la escritura jeroglífica. Fueron los olmecas los primeros en tallar aquí el jade y las piedras verdes, iniciaron el sistema de estelas como pétreos heraldos de acontecimientos importantes y deidades cosmogónicas, dejaron el jaguar, la víbora de cascabel y la serpiente acuática como deidades relacionadas con la tierra y la lluvia, además se puede afirmar que son los iniciadores de la cultura del maíz en América y el mundo. Como presagio de algo parecido a lo que más tarde se daría en Europa con el coliseo romano, algunas lápidas de Izapa quedaron grabadas con la decapitación de jugadores en el juego de pelota, costumbre que iniciaron los olmecas. El concepto de Atlante, que posteriormente encontramos en las culturas tolteca y maya, surgió originalmente entre los olmecas. Este pueblo conocía la navegación fluvial y marítima, que practicaban en la región del Pánuco y en los ríos y costas de Mesoamérica, aunque a nivel rudimentario, relativamente hablando, si la queremos comparar con las llamadas, un poco exageradamente, talasocracias del Mediterráneo (por ejemplo la cretense, su contemporánea).

Los olmecas tenían profunda veneración por la naturaleza y celebraban ceremonias agrícolas rindiendo culto al maíz, además de que fueron los iniciadores del culto a los muertos. Durante casi mil años, esta cultura madre prevalece en Mesoamérica mientras dominaba y ejercía su hegemonía guerrera y cultural sobre los otros pueblos. Logran su apogeo probablemente en el 1200 a. C., con su expansión por todo Mesoamérica y la construcción de importantes centros ceremoniales, y sobre todo con la amplia difusión de su cultura, que comprende vastos conocimientos científicos, como la observación y registro de la mecánica celeste, la astronomía aplicada a la agricultura, la numeración, la herbolaria medicinal, la expresión artística y religiosa, y el uso y manejo del poder político. En el centro ceremonial de La Venta, en los límites de los estados de Veracruz y Tabasco, situado originalmente en una isla rodeada por el Río Tonal, se observaba la planificación de los espacios con referencia a un eje norte-sur, que después se va a repetir como una constante en el trazo de los centros ceremoniales de las culturas posteriores durante casi tres mil años. Aquí se empieza a manejar por primera vez el talud corto en los montículos de tierra y barro, y también se utilizan columnas monolíticas de basalto, aunque en este caso probablemente para delimitar el patio ceremonial relativamente hundido con relación a los otros basamentos.

Los olmecas practican la deformación craneana, misma que adoptarían más tarde los mayas, y la perforación en los dientes, tal vez como elementos de distinción de castas. En las cuevas de Juxtlahuaca y Oxtotitlán, en Guerrero, se encuentran pinturas con símbolos religiosos de la cultura olmeca, como el jaguar y la serpiente. La pintura mural tendrá desde los olmecas un magnífico desarrollo en las diferentes y subsecuentes culturas, con gran expresión de arte policromático descriptivo y representativo de deidades, monarcas, personajes y situaciones o actos trascendentes. Aproximadamente en el año 600 a. C., con el declive de La Venta, se sitúa también la decadencia de los olmecas. Todavía la antropología no ha podido dar respuesta a muchas interrogantes sobre los orígenes de los autores de esta primera gran cultura mesoamericana. De lo que estamos seguros es de que estos habitantes de la región del hule, a través de muchas generaciones, durante más de mil años, extendieron su influencia cultural y política por todo el ámbito mesoamericano, y fue esta civilización, junto con la teotihuacana y la mexica, las que logran llevar su influencia a toda Mesoamérica y que durante un largo proceso que abarca más de tres mil años dejaron su impronta cultural grabada en forma indeleble en la cultura mexicana.

El trópico entrañable

sostiene en carne viva la belleza

de Dios. La tierra, el agua, el aire, el fuego,

al Sur, al Norte, al Este, y al Oeste

concentran las semillas esenciales

el cielo de sorpresas

la desnudez intacta de las horas

y el ruido de las vastas soledades. [1]

 

Textos tomados de el Ensayo: “México y su Realidad 3a Edición de Antonio Fuentes Flores

[1] “Esquemas para una Oda Tropical”. Fragmento. Carlos Pellicer.

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