Tartesos, el primer reino en Iberia

Las Joyas del Carambolo, probablemente de origen tartesio

Las Joyas del Carambolo, probablemente de origen tartesio

En el espacio europeo en la misma época del inicio de la cultura Olmeca en América (1,500 años a.C.), la Península Ibérica ocupada hoy por España y Portugal, se encontraba en ese entonces incipientemente poblada por grupos indígenas de origen indoeuropeo, por los iberos, asentados en la costa mediterránea, pueblo de cabellos oscuros y tez oscura relativamente blanca, tal vez autóctono o bien proveniente de lo que actualmente es Libia, en el norte de África, más tarde, por el norte y a lo largo de las costas del Cantábrico, se inicia la formación de asentamientos de una raza de cabellos rubios y ojos claros: los celtas, pueblo guerrero profundamente ritual guiado por los druidas, sacerdotes que llegaron a realizar también sacrificios humanos.

Iberos y celtas, a su llegada a la Península, aunque en diferentes épocas y regiones geográficas, se mezclan entre sí y con las tribus indígenas autóctonas, dando origen a la simiente humana que se habría de cultivar a través del tiempo con las influencias de las diversas culturas conquistadoras y colonizadoras en las diferentes épocas de la península. En plena Era del Bronce, casi en sus postrimerías, se da la primera cultura urbana en la Península Ibérica, la cultura llamada del Argar, denominada así debido al sitio del descubrimiento, hecho por la investigación arqueológica en Almería. Esta cultura nace como consecuencia tanto de la evolución de la cultura megalítica, como de la necesidad de desarrollar la incipiente tecnología metalúrgica que, con la aleación del cobre y del estaño dio origen al bronce, y con esto a toda una etapa cultural e histórica, ya con asentamientos permanentes. La cultura del Argar se extiende por la Península, con algunas ramificaciones al resto del continente. De igual forma, surge en el norte la cultura de los Castros.

La necesidad de obtener el estaño para fundirlo con el cobre y obtener bronce “originó un fuerte movimiento comercial que enriqueció a los pueblos navegantes encargados de transportar las materias primas de la metalurgia; el mundo del bronce, en su deseo de sentar las bases de una mejor organización económica, conoció las primeras luchas por la posición de mercados y materias primas, y así arribaron a las costas de España las naves de la potente talasocracia cretense en busca de cobre y de estaño. En esta época surge, en lo que sería Andalucía,

el reino tartesio.”[1] Juan Maluquer de Motes nos dice [2]: “El desarrollo de la cultura argárica es paralelo a la cultura micénica. De introducirse estos sufijos en este momento, Tartesos habría llegado al Occidente en la época de la cultura del Argar, es decir, a mediados del segundo milenio a. de J.C.”. En 1500 a.C. se dio la erupción de Santorini (que se encuentra a 160 km. de Creta) y con ella el fin de la civilización minoica. A partir de aquí los griegos junto con los fenicios pero cada quien por su lado iniciarían las expediciones por el Mediterráneo hacia “las Columnas de Hércules” .

Con pocas pruebas por parte de la investigación arqueológica, pero suficientes citas históricas de las diferentes fuentes, Tartesos probablemente es la primera monarquía en la Península, mencionada en algunos pasajes del Antiguo Testamento en donde se le denomina Tarsís.[3] La cultura de Tartesos surge en lo que hoy es Andalucía, en el estuario del Guadalquivir, envuelta en lo mítico y lo portentoso, como síntesis de la influencia de las grandes culturas del mediterráneo; micénicos, fenicios, y griegos focenses, debieron enriquecer con sus contactos la cultura indígena para hacer florecer monarquías como ésta, a la que los escritores griegos como Hesíodo y Estrabón le atribuían “portentosas magnificencias”.

Se dice que en Tartesos existieron tres dinastías míticas y una histórica. La primera dinastía corresponde al primer monarca de Tartesos, Gerión. De éste se decía que era un ser de tres cabezas; Hesíodo, en el siglo VII a.C., menciona el carácter tricéfalo del personaje. Sin embargo, esto debe haber sido una descripción en cierta forma metafórica, ya que Alfonso X el Sabio, en su General Estoria, señala el dominio de Gerión sobre tres reinos, esto es, ser cabeza de tres comunidades. Alfonso X señala a Gerión como el primer rey que hubo en España, y narra la llegada de Hércules al Peñón de Gibraltar y Cádiz, donde coloca pilares o columnas a manera de mojoneras, conociéndose esta región desde ese entonces como las “Columnas de Hércules”. Éste se enfrenta a Gerión y lo vence. De la primera dinastía sólo conocemos a Gerión, monarca de los Tartesos, y a su nieto Norax, monarca también de los mismos, que emprendió una expedición colonizadora a la isla de Cerdeña, en donde funda una ciudad que lleva su nombre: Nora. En la segunda dinastía de los reyes tartesios conocemos dos nombres, el del rey Gargoris y de su hijo Hadis. La última dinastía, que es la que podríamos llamar histórica, debe haberse iniciado en el siglo VII a. C. y no se conoce sino el nombre de un monarca hasta finales de dicho siglo, que fue el de Argantonio, de quien Herodoto decía que había vivido 120 años. Este fue probablemente el último monarca de los tartesos.

El reino tartesio abarca desde finales del segundo milenio hasta mediados del primero. Su origen data desde mediados de la Edad de Bronce y su final se sitúa en la dominación de la Península por los cartagineses. La riqueza de los tartesos se fundamentaba en la minería, en la metalurgia, en la explotación de la plata, del estaño que traían del norte, del plomo, del oro y en la fabricación del bronce. Las salazones de pescado y la agricultura eran también parte fundamental de la economía tartesia. Por otro lado, se le atribuía una sofisticada expresión artística.

Probablemente por esos tiempos, surgen en la Península los orígenes de lo que sería la fiesta brava, culto festivo a los toros seguramente transmitidos por los cretenses, que muy posteriormente y, con los ejercicios ecuestres de los árabes, a base de la pica de toros bravos, y después de una necesaria y larga evolución, pudo haberse convertido en en la “fiesta brava”. A los tartesos se les señala como los inventores de la apicultura, la agricultura y del dictado de las primeras leyes. En la Biblia, Ezequiel, al referirse a la Elegía sobre Tiro, dice: “Tarsís traficaba contigo porque en ti había abundancia de toda suerte de riquezas: con plata, hierro, estaño y plomo pagaban sus mercaderías.” Se dice que era tanta la abundancia de plata en Tartesos, que al conquistar los cartagineses la Turdetania en el siglo III, pudieron comprobar que los indígenas utilizaban la plata incluso para la fabricación de objetos domésticos como toneles o barreños. Toda esta riqueza metalúrgica favoreció irremediablemente al conquistador dentro de la lógica del proceso histórico. La principal riqueza de Tartesos probablemente se debió al comercio con los fenicios en primer lugar, y posteriormente con los griegos; sin embargo la monarquía tartesia dejó de tener interés para los fenicios cuando éstos tuvieron acceso directo a las distintas fuentes de riqueza. Se supone que los gaditanos descubrieron la ruta del estaño que venía de Bretaña a raíz de la gran expedición de Himilcón que con una escuadra púnica exploró minuciosamente las costas atlánticas de la Península. Como el viaje de Himilcón se realizó hacia el año 500 a.C., ésta es la fecha probable que se acepta para la desaparición de Tartesos.

La monarquía de Argantonio, último monarca conocido de los tartesos, estuvo muy ligada a la amistad con los griegos focenses. Probablemente esta liga y esta amistad influyeron también considerablemente en la desaparición de Tartesos como reino. La decadencia de los focenses, tras la batalla de Alalia en el año 535 a.C., en la que se enfrentaron contra los etruscos y los cartagineses en lo que hoy es Córcega, tuvo consecuencias funestas para los griegos y consecuentemente para los tartesos. Los tartesos transmiten como herencia la organización urbana de una sociedad estratificada con plena actividad económica, fundamentada en la industria de la metalurgia; en la actividad agrícola; con la vid, el olivo, la ganadería, y en la existencia de una estructura política de carácter monárquico. Para su desarrollo posterior en la Península Ibérica influyó particularmente la cultura turdetana que se desarrolló en el valle inferior del Guadalquivir.

[1] Texto de la Historia de España, escrita por el maestro Don José Manuel Lozano Fuentes, Doctor en Filosofía y Letras y Catedrático de la UNAM. Pág. 31.

[2] Juan Maluquer de Motes, Tartessos: la ciudad sin historia (Barcelona: Destino, 1990) 67.

[3] Salmos 72:10; Isaías 2:16, 23:1; Génesis 10:4; Ezequiel 10:8; Jonás 1,2,3.

Textos tomados del ensayo “Mexico y su Realidad” 3a Edición, de Antonio Fuentes Flores

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