Cómo fue la cultura griega que influyó en Iberia

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Antes de que se diera la hegemonía política de Atenas sobre el mundo griego, éste estaba dividido en dos bandos: el de Samos-Calcis y el de Mileto-Eretria. Los foceos, pertenecientes al primer grupo, habitantes de la ciudad-estado de Focea, colonia griega del Asia Menor perteneciente a Jonia, cerca de la isla de Samos, desarrollaron una gran destreza marítima surcando y colonizando las costas del Mediterráneo por medio de la operación de grandes naves de 50 remos, construidas por ellos para largas navegaciones que unas veces en forma rítmica por medio de los remeros, y otras por medio de velas empujadas por los vientos propicios; cruzaban las aguas de azul profundo del Mediterráneo. Con su gran flota, los foceos iniciaron las navegaciones fuera del Mar Egeo en el siglo VII a.C., lo que les permitió extender sus colonias mediante migraciones hasta el sur de Italia y Sicilia, mediante expediciones a través de “las islas” hacia el Occidente casi desconocido por ellos, en esta forma ampliaron la magna Grecia hasta confines insospechados. Según Herodoto, fueron los primeros en descubrir las costas del Adriático, del Tirreno, Etruria y Liguria. Por descripción del mismo historiador, sabemos que un marino de la isla de Samos llamado Colayos, hacia el año 638 a.C., descubre accidentalmente Tartesos, en la costa ibérica y más allá de las Columnas de Hércules[1]. Informada Focea de este descubrimiento, se envía una expedición y, a partir de esta época, y durante más de un siglo, se estableció una fructífera y amistosa relación con Tartesos, de donde llevaban el oro, la plata, el cobre y particularmente el estaño que utilizaban para la producción del bronce en Calcis.

A partir del siglo VI a.C., los foceos iniciaron una serie de colonizaciones en el Mediterráneo occidental, movidos por su tradición colonial, por las demandas de espacio para su crecimiento demográfico, y por la seria y constante amenaza de invasión de los persas. Así, fundan Massalia (Marsella) en el año 600, cerca de Liguria. En ese mismo siglo fundan también su centro comercial más importante en la Península Ibérica: Emporión (Ampurias), habiendo sido precisamente los griegos quienes, como ya hemos visto, le dan el nombre de Iberia a toda la península en base al nombre de su río más grande, el río Iber o Ebro. Se atribuye también a ellos las fundaciones de Sagunto, Hemeroskopeión, Callípolis (Tarragona), Tiris (Valencia), Queaclella (Algeciras), entre otras colonias ibéricas. Anterior a esto, según Estrabón, los rodos fundaron Rodhe (Rosas) en la costa de Gerona. Esto sucedió antes de la primera Olimpiada (776 a.C.) y, muy anterior a estas épocas, según la mitología, los griegos vinieron a Iberia y realizaron portentosas hazañas y varias fundaciones a través de Hércules. Alfonso X el Sabio [2] nos describe que Hércules vino a Iberia con diez naves:

E desque ouo esto fecho, de las diez naues que el troxiera, dexara la una de comienço en Caliz, e leuara las nueve consigo a Galizia; e desi mando que fincassen las ocho alli e quel aduxiessen la nouena; e al logar o ella arribo semeiol que auie y buen logar de poblar, e mando fazer y una uilla, e pusol nombre Barca nona, que quier dezir tanto cuemo la nouena barca; e agora llaman le Barcilona. Desque Hercules ouo conquista toda Esperia e tornada en so sennorio, ouo sabor dir andar por el mundo por las otras tierras e eprouar los grandes fechos que y fallasse; empero non quiso que fincasse la tierra sin omnes de so linage, en manera que por los que el y dexasse, fuesse sabudo que el la ganara; e por eso la poblo daquellas yentes que troxiera consigo que eran de Grecia, e puso en cada logar omnes de so linage. E sobre todo fizo sennor un so sobrino, que criara de pequenno, que avie nombre por amor del camio el nombre de la tierra que ante dizen esperia e puso nombre Espanna.

Aunque los griegos y fenicios coincidieron en un tiempo y se podría decir que coexistieron pacíficamente en el Mediterráneo, los griegos aprovecharon el asedio de los asirios por Nabucodonosor II y el sitio que el Rey de los babilonios impuso a la ciudad de Tiro. Cuando ésta cayó en sus manos, los griegos reforzaron su actividad en el Mediterráneo para ampliar sus mercados y posiciones estratégicas. Sin embargo; con la caída de Tiro, Cartago hereda la hegemonía púnica y el potencial comercial fenicio en buena parte del Mediterráneo, con todos sus intereses en el Occidente, particularmente en Ispahán y su principal asentamiento en Gades. Ante el dominio sobre la costa sur del Mediterráneo, primero por los fenicios y luego por los cartagineses, y particularmente por el establecimiento de sus bases permanentes en Ebussus (Ibiza) y Gades (Cádiz), llegando a controlar propiamente “las Columnas de Hércules” [3], es muy probable que los griegos hayan establecido, como lo sugiere Schulten, una comunicación por tierra con Tartesos a través de un camino que iba desde Mainake, cerca de Málaga, hasta Tartesos. A últimas fechas, como lo indican los recientes descubrimientos del Carambolo; esta gran ciudad de la primer monarquía ibérica se encontraría situada aproximadamente en una ubicación cercana a donde hoy está Sevilla, o en Sevilla misma.

Argantonio, el monarca de Tartesos, fue calificado como “filo heleno”, porque ante la amenaza de los persas sobre Focea se dice que llegó a ofrecer a los griegos que se establecieran definitivamente en el territorio tartesio, lo que nunca sucedió, porque cuando Ciro conquistó Jonia y destruyó Focea, sus habitantes huyeron en sus naves hacia Alalia, la colonia que los griegos que habían fundado en Córcega en el 545 a.C, y de ahí fueron dispersados por la liga de los etruscos y cartagineses, quienes sentían amenazados sus dominios en el año 535 a.C. Para esta fecha ya probablemente había muerto Argantonio

El acoso de los persas a los griegos se prolongaría durante el inicio del siglo V hasta el IV a.C., y con posteridad a estas fechas continuó manteniéndose por varios siglos la comunicación y la influencia cultural griega sobre la Península Ibérica, en forma directa y posteriormente en forma indirecta durante el imperio romano. Todas las colonias fundadas por los helenos en las costas de Iberia actuaron como embudos que recibían del mundo griego la influencia cultural y la transmitían al resto de la Península, difundiéndose y asimilándose en todo el territorio. Así Herodoto pudo haber sido fuente primigenia de los primeros historiadores ibéricos, la geografía de Estrabón seguramente ilustró a muchos de los navegantes y viajeros de Iberia, La Ilíada y La Odisea de Homero empezaron a nutrir la imaginación ibérica con su poesía épica. El pensamiento socrático y la integridad del filósofo pudieron ser conocidos a través de los diálogos de Platón. Y la Academia de éste último, a través de la teoría de las ideas y su pensamiento científico y filosófico, debió haber influido en el pensamiento peninsular.

Los trabajos y los días de Hesíodo, y su descripción de la actividad cotidiana en el campo, debieron haber transmitido seguramente, a través de algunos estudiosos, el detalle de la cultura helénica y la gran estima que se tenía por la rectitud y el trabajo, como actividad digna y dignificante, así como el conocimiento de sus dioses y la adopción de su teogonía. La experiencia recogida de los lidios, a finales del siglo VII a.C., con la acuñación de monedas, llegó directa y actuante a Iberia a través de los griegos. El conocimiento astronómico de los babilonios y la geometría egipcia llegaron a través del conocimiento científico de Tales, oriundo de Mileto, físico-matemático jonio que descubrió el electrón frotando el ámbar, lo que le permitió establecer los principios de la electricidad y el magnetismo. Aunado todo esto al enorme conocimiento matemático de Pitágoras, sirvió considerablemente en los incipientes científicos de Iberia.

La filosofía aristotélica pudo haber fluido como si un peripatético del estagirita estuviera en cada una de las colonias ibéricas del Mediterráneo. Las hazañas guerreras de Milíciades y Temístocles debieron inspirar a los guerreros de Iberia. El teatro de Esquilo, Sófocles y Eurípides llegó para quedarse y enriquecer el espíritu del pueblo. Hipócrates y su teoría de la medicina seguramente fueron ejemplos a seguir en el inicio del conocimiento de la ciencia médica. Protágoras y su sistematización de la lengua griega, mediante el establecimiento de las primeras reglas gramaticales, deben haber ejercido su influencia en la expresión de las lenguas futuras. Indudablemente el Partenón de Ictino el Arquitecto y de Fidias el Escultor, debieron inspirar el concepto de belleza y armonía arquitectónicas que tanto habrían de influir en la cultura occidental y en el proceso que se dio al final de la Edad Media y durante el Renacimiento.

En suma, la gran experiencia de la cultura griega con la evolución de la Hélade, desde la época creto-micénica, con la invasión de los dorios y los sucesivos enfrentamientos internos y externos con hititas, lidios y medos principalmente; la idea de la polis; el concepto de la “ciudad-estado”; el pensamiento filosófico; el conocimiento científico; la manifestación del espíritu humano en la expresión artística, hasta la culminación cultural en el llamado Siglo de Pericles, con el surgimiento del primer estado federado al consolidarse la hegemonía de Atenas sobre la confederación de ciudades-estado griegas; toda esta gran tradición cultural e histórica conformó la impronta helénica en toda la Península, enriqueciendo con esto el acervo cultural de Iberia como patrimonio invaluable para el futuro, el mismo que fue trasmitido a la cultura ibérica y, a su vez, a la americana mediante la fusión que tuvo como producto a la cultura mexicana.

Es importante considerar que antes del imperio romano no existía una integración política de los pueblos que habitaban la Península Ibérica, y por lo tanto, la semilla cultural no podía tener una germinación inmediata y mucho menos un resultado de identidad cultural. Sin embargo, en la posteridad, esta semilla sembrada en cada una de las colonias griegas del Mediterráneo ibérico tuvo su fruto, beneficiándose por fuente directa, desde un principio, de la cultura que junto con la romana ha dado origen a la cultura occidental y que ha contribuido en forma determinante  para sentar las bases de la cultura universal. La cultura romana es propiamente contemporánea de la cultura griega, y jugó con ésta un proceso simbiótico, anterior en el tiempo al desarrollo del primer imperio en América; el teotihuacano.

[1] El estrecho de Gibraltar.

[2] BSH P. Bosch Gimpera.

Textos tomados del Ensayo “México y su Realidad” 3a edición de Antonio Fuentes Flores

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