LOS ESPAÑOLES

Los Reyes Católicos

Los Reyes Católicos

A finales del siglo XV, motivados por la Reconquista, se fueron consolidando y uniendo grandes reinos en la Península Ibérica, principalmente el reino de Castilla y León, quienes asumían el liderazgo en la Reconquista, tras la cual quedaba todavía el último reducto de los musulmanes en el reino de Granada. Por otro lado, junto con Castilla y León estaban: el reino de Aragón, que comprendía Valencia y Cataluña; el reino de Portugal, que comprendía la parte occidental de la Península, desde la punta de Sagres hasta Galicia, y que permanecía independiente; y el reino de Navarra, quienes nunca fueron totalmente sometido por el dominio musulmán.

La unión de dos jóvenes herederos de los reinos de Castilla y de Aragón vino a consolidar la hegemonía política necesaria para lograr tanto la expulsión del último reducto musulmán en la Península y la reconquista total, como el inicio del proceso para la unificación de lo que sería España. Se puede asegurar, sin duda alguna, que es durante este nuevo período cuando empieza a surgir España como nación, aunque estoy seguro que muchos no estarán de acuerdo conmigo en esta aseveración por la tendencia en la actualidad de llevar las autonomías al extremo y los movimientos independentistas de los llamados “países” dentro de España misma, incluso con la pretensión del uso exclusivo de sus propios idiomas.

El 19 de octubre de 1469 se unió Fernando, de 17 años de edad, príncipe heredero del trono de Aragón y rey de Sicilia, hijo de Juan II de Aragón y de doña Juana Enríquez; con la infanta doña Isabel, de 18 años de edad, hija de Juan II de Castilla y de Isabel de Portugal. Isabel había sido recién reconocida como heredera al trono y era hermana del rey Enrique IV de Castilla. Tanto ella como Fernando pertenecían a la dinastía Trastámara. A la muerte de Enrique IV en 1474, Alfonso V de Portugal, esposo de Juana la Beltraneja, hija de aquel, trata de reclamar el trono para su esposa; esto provoca una guerra de sucesión con Fernando e Isabel, definiéndose la Corona en la batalla de Albuela a favor de Isabel como reina de Castilla, aunque esto ocasionaría la separación definitiva del reino de Portugal. Al morir el padre de Fernando, se da la unificación total de Castilla y Aragón. En 1513, Fernando anexiona el reino de Navarra a Castilla, consolidándose de esta forma el poder hegemónico central, en torno al reino de Castilla, que más tarde reuniría a los diferentes reinos en uno solo unificado jurídica y socialmente entorno a una monarquía central hegemónica. Se establecerían las Cortes como órgano consultivo y democrático, pero limitadas sus funciones solamente a las de aprobar impuestos y tributos.

Fernando e Isabel restablecieron poco a poco el orden público y sometieron el poder de los nobles, que habían convertido sus territorios en verdaderos señoríos feudales independientes. De igual forma, para consolidar la hegemonía política, los Reyes enmiendan la usurpación de las cortes eclesiásticas, que se habían apropiado de las competencias de la justicia secular. Y por otra parte, recuperan la prerrogativa real de elección de los directores espirituales del reino. El encargado de establecer la Inquisición en España fue Tomás de Torquemada, quien era el confesor de la Reina. Durante la gestión de Torquemada como inquisidor de Castilla y de Aragón se realizaron autos de fe en contra de infinidad de personas, que fueron sacrificadas con un espíritu evidentemente contrario al cristianismo, a través de una institución que sirvió como un terrible instrumento político para deshacerse de enemigos y apropiarse de sus bienes.

El haberse desligado de la influencia del Papa para la nominación de las autoridades eclesiásticas consolidó la autoridad y el poder en los Reyes Católicos en forma determinante. Y mandaba un mensaje muy claro a los nobles que dada la circunstancia anterior; habían actuado con absoluta libertad para aumentar sus posiciones territoriales a su propio designio y para acumular un gran poder económico en torno a ellos, sin pagar impuestos, lo cual los hacía parecer como pequeños reinados independientes y de hecho lo eran.

Por otro lado, la Inquisición probablemente tuvo como destinatarios finales a los judíos, controladores de la riqueza económica y de los recursos monetarios. De ellos se decía, como pretexto para justificar su persecución, que habían ayudado a los moros, lo cual no era difícil de imaginar dado el trato de negocios que con ellos tenían en las actividades mercantiles y financieras. Los judíos tenían una fuerte contradicción en su manera de ser; por un lado eran viajeros, médicos, escritores y científicos que contribuyeron considerablemente a la cultura de la época, sin embargo, algunos tenían desmedido apego a los bienes materiales y bien ganada fama de usureros, por esas razones, eran odiados como tales. Su riqueza era causa de envidia y a medida que declinaba el poder árabe, eran sometidos a numerosas persecuciones injustificadas. Su conversión era las más de las veces sólo aparente y obligada por la circunstancia, lo que daba ocasión para ser acusados de apostasía.

De 1481 a 1492, los Reyes Católicos se concentraron en la guerra contra Granada. Este reino, que como sabemos comprendía a Málaga y Almería, era uno de los reinos de taifas que dependía jurisdiccionalmente de Castilla y por lo tanto debía pagarle parias en oro. Propiamente, todos los árabes en España, en ese tiempo, se concentraban únicamente en este territorio, que estratégicamente estaba muy desprotegido, toda vez que al perder el dominio del estrecho de Gibraltar y por lo tanto el control de la entrada al mediterráneo, habían perdido el contacto con el norte de África; propiamente su cordón umbilical.

Isabel tomó parte directa en la guerra, lo que dio magníficos resultados en el ánimo de los atacantes castellanos. En 1489, Fernando, con más de 70,000 hombres, sitia Málaga. Después de 3 meses, la ciudad es tomada y saqueada. En abril de 1491 se inicia el sitio de Granada, un sitio con características sui géneris, en donde se dio pie para la fantasía, al recordar lo que años atrás sucedió durante la reconquista descrito poéticamente en el cantar del “Mío Cid”. Se hablaba del sitio de Granada describiendo escenas novelescas: por ejemplo, se aseguraba que día tras día se celebraban combates a manera de torneos, en los cuales participaban sitiados y sitiadores. Lo cierto es que el campamento de los Reyes Católicos, sólidamente fortificado y rápidamente construido, se convirtió virtualmente en una ciudad que tuvo por nombre “Santa Fe”, situado a 11 Km. de Granada, en el valle del Genil, uno de los afluentes del Guadalquivir, y cerca de ese río,. Finalmente, el 2 de enero de 1492., el rey Boabdil el Chico, capitula totalmente abatido y moralmente desecho; Granada, entonces, abre sus puertas a los reyes de Castilla y de Aragón. Se cuenta que la madre del Rey, la sultana Aixa, la horra (la honesta), reprendió a su hijo al abandonar el bellísimo alcázar, diciéndole: “Llora, llora ahora como mujer, el trono que no has sabido defender ni como hombre ni como rey”. Así terminaban casi ocho siglos de dominación árabe en la Península.

Cuatro meses después, por presiones de Torquemada, se promulgó un edicto en el cual se decretó la expulsión de los judíos sefaradíes que, como hemos visto, representaban uno de los grupos más cultos y trabajadores de la comunidad, no sin antes despojarlos en forma arbitraria e injusta de sus bienes. A fin de cuentas, más que su expulsión, ese era verdaderamente el objetivo que se buscaba y que se logró.

Con la unificación de los reinos de la Península, a excepción de Portugal, incluyendo el sometimiento a la fuerza del reino de Navarra, España se empieza a configurar como el Estado que sería. Más tarde se iniciaría la consolidación del imperio con la extensión territorial más grande del siglo XVI: el imperio de Carlos V de Alemania, que con el reinado de Castilla como Carlos I, sumaría a su poder los dominios pertenecientes a ese reino, entre ellos los de América. Precisamente en ese siglo, España adquiere las características de un verdadero imperio gracias a sus posesiones coloniales allende el Mar Atlántico.

Un poco más de un cuarto de siglo antes, con la acción Enrique el Navegante, se había dado un gran impulso a la navegación. A ese noble príncipe portugués, que se distinguió tanto por su espíritu aventurero como por su afán de verdadero explorador de las rutas marítimas; se deben los astilleros de Sagres, en donde se diseñó la carabela, el nuevo modelo de navío que fue de gran ayuda en la búsqueda del camino hacia la India, lugar de origen de las codiciadas especias. Era su propósito abrir camino a los barcos mercantes portugueses para transportar los valiosos cargamentos traídos principalmente por tierra a un alto costo. Sin embargo, este deseo no pudo ser concretado sino hasta la expedición de Vasco de Gama, entre 1497 y 1499. Aún así, todos los antecedentes dejados por Enrique; también darían vigencia y apoyo a las teorías de Colón, ayudando más tarde a realizarlas. Este navegante genovés aseguraba que navegando hacia Occidente, basado en la teoría de la redondez de la tierra, se podría llegar a las Indias. Como lo demostró Juan Sebastián Elcano, en la expedición de Fernando de Magallanes, que después de encontrar el estrecho que lleva su nombre y que los conectaría con el océano que denominaron Pacifico y con las Filipinas, en donde desgraciadamente murió este; dando lugar, por lo tanto a que Juan Sebastián Elcano encabezara ahora la expedición y terminándola regresó a España, habiendo para esto realizado la hazaña de circunnavegar, por primera vez, la tierra.

Patrocinado por la reina Isabel, quien firmó en Santa Fe, las capitulaciones para la trascendente expedición de Colón, este zarpó del puerto de Palos de la Frontera, en Huelva, cerca de Moguer, el 3 de agosto de 1492. Con la bandera de almirante en la Santa María, una carabela de un poco más de 100 toneladas, y dos carabelas más pequeñas, la Pinta y la Niña, viajó junto con expertos y hábiles navegantes, como los extremeños hermanos Pinzón: “Al cabo de 69 días, después de una escala de 30 días en las Canarias, llegó a tierra firme el 12 de octubre de 1492 en lo que hoy es Republica Dominicana y Haití, esta isla sería conocida como “La Española”. A su regreso a Europa el 15 de marzo de 1493, Colon se presenta en Barcelona ante Fernando e Isabel con la evidencia de sus descubrimientos.

En viajes posteriores ante la poca cantidad de oro, Colon optó por comerciar con los indígenas vendiéndolos como esclavos, lo que era muy común en esa época. Cuando la Reina Isabel se entera, esta se opuso en forma categórica. A la muerte de Isabel, el rey Fernando más pragmático y propenso a la codicia, influenciado por sus amigos y socios, no veía mal y menos como mal negocio la trata de esclavos, sin embargo para no contravenir los designios de su difunta esposa, acepta, o yo no sé si es a él; a quien se le ocurre la idea de las encomiendas para encubrir la explotación esclavista en los territorios descubiertos, con el pretexto hipócrita de su evangelización religiosa y otro más practico; el cobro del equivalente al impuesto por su actividad económica, que el encomendero se encargaba de recabar.

El encuentro de los nuevos territorios suscitó una controversia entre Portugal, que era el imperio tradicionalmente explorador, y España, que había logrado el descubrimiento inicial. Habiendo sido dirimidas estas diferencias por el Papa Alejandro VI con la firma de un Tratado por ambas partes; el Tratado de Tordesillas firmado en 1494. En este tratado A petición de Portugal se traza una línea de demarcación de norte a sur, distante 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde (meridiano 45º 35’), lo que le daría a Portugal derechos legales sobre las tierras del Brasil, descubiertas por Cabral en 1500 durante el reinado de Juan II y Manuel I el Afortunado.

A la muerte de Fernando en enero de 1516, se dan una serie de sucesos que desembocarían en la imposición de Carlos de Habsburgo como rey de Castilla y virtualmente de España, acto a todas luces irregular, cuando menos por la dualidad que se daba con su madre Juana. “En su testamento, el Católico había dejado a Carlos, hablando en propiedad, como «gobernador de Castilla» pero sin atribuirle el título de rey, con lo cual le creaba una posición de facto, pero siempre bajo la autoridad nominal de la «reina» Juana la Loca; ahora bien, en Bruselas se quería también el titulo regio, es decir, se quería que Carlos fuera soberano también de derecho, por lo menos en iguales condiciones que su madre. Por ello, el 13 de marzo, en Bruselas, se proclamó a Carlos rey de Castilla.”[1] Esto trajo aparejado una serie de conflictos internos en los reinos de España y en Castilla misma. Sin embargo, a final de cuentas las partes en conflicto se doblegaron y aceptaron la decisión por la firme determinación de Carlos, pero más que nada por la oportuna y firme también intervención del cardenal arzobispo de Toledo, fray Francisco Ximénez de Cisneros, quien como gobernador provisional de Castilla (hasta la llegada de Carlos), pone orden y evita una guerra civil. Más tarde, en 1519, a la muerte de Maximiliano de Habsburgo, Carlos habría de ser elegido emperador de Alemania como Carlos V, lo que le costó 852,189 florines*[2], que utilizo para comprar el favor de los “incorruptibles” príncipes electores y sus séquitos. Algo que en la actualidad no sería de extrañar pero que ya desde entonces se daba en el ámbito político.

Al llegar Carlos en 1517 a Castilla, se debe al cardenal Ximénez de Cisneros la aceptación de los castellanos a su nuevo monarca,. Fueron los consejeros flamencos de Carlos, unidos a los de Borgoña, quienes habían pretendido que Adriano de Utrecht preparara el camino y las condiciones para la venida de Carlos a Castilla y que fuera él y no otro el regente, ante el eventual fallecimiento de Fernando el Católico. Sin embargo, los limpios y brillantes antecedentes del Cardenal, aunados a su actuación prudente, inteligente, firme y cordial con Adriano de Utrecht, quien después sería Papa.

La autoridad moral y política de Ximénez de Cisneros, demostrada durante su regencia, hacen que el propio Carlos lo ratifique. Durante sus dos años de regencia, el Cardenal llevó a cabo una gran labor política en pro del joven Carlos. Al reforzar las milicias de las ciudades, evitó el peligro de que los nobles pudieran soliviantarse ante la realidad de un monarca joven rodeado de consejeros flamencos. En el sur, reforzó la defensa del país, y sobre todo saneó la economía de las órdenes militares, eliminó, todo gasto inútil con una buena administración, y hasta redujo las pensiones concedidas por Fernando e Isabel. Incluso halló tiempo en este breve período para enviar a La Española una comisión que investigara la situación de los indios, además de que realizó grandes acuerdos para evitar lo más posible el tráfico de esclavos en las colonias.

El 17 de marzo de 1517 llegó Carlos de Habsburgo a Castilla como Carlos I, rey de Castilla. Ximénez de Cisneros se retiró a su diócesis, donde moriría a los dos meses. Era el fin de una época en la que Castilla había conseguido iniciar el proceso de unificación de los reinos en uno solo, el español y comenzar con una nueva etapa: la de allende el mar. Sin embargo, el joven monarca de 17 años se vería abrumado y sobrepasado por todas las responsabilidades presentes y futuras; el 31 de octubre de 1517, para desgracia de Carlos porque ya se le consideraba el líder indiscutible de los pueblos cristianos, y para salud de la doctrina de Cristo que había sido tergiversada por el comportamiento de la alta jerarquía eclesiástica; el monje agustino Martín Lutero publica en Alemania las 95 tesis, como reacción de protesta provocada por la venta de indulgencias para la reconstrucción de la Basílica de San Pedro, en Roma y ante la cerrazón de la iglesia; se cuestiona también la autoridad del papa León X, hijo de Lorenzo de Médicis, y los escándalos y excesos por demás evidentes de la alta jerarquía la Iglesia Católica. Este hecho desencadenaría la Reforma protestante y con esto y el cisma de la propia Iglesia Católica, lo que echaba por tierra el argumento político de la unidad del cristianismo en torno a Carlos, ante su eventual llegada a la cabeza del imperio, lo cual aumentaría simbólicamente su poder

En 1519, coincidente con la conquista de México, Carlos logra asegurar el imperio heredado por su padre, el Sacro Imperio Romano Germánico, lo que lo convierte en Carlos V de Alemania y le da también el titulo de “Cesar Augusto”. Como bien sabemos, esto no se hubiera logrado sin la corrupción por el cohecho, mediante el cual obtiene el favor de los príncipes electores. Constantemente y durante toda su vida, Carlos se vería obsesionado sobremanera por los aspectos materiales y financieros, hasta el grado de casarse con Isabel de Portugal, motivado más que nada por la dote que obtendría. Lo cierto también es que para Carlos, por los múltiples asuntos que reclamaban su atención; sus colonias en América estaban muy lejos en su orden de prioridades y muy seguramente las veía, con un cierto dejo de codicia, sólo en función de lo que económicamente le podían aportar, aunque sus apologistas lo pretendan pintar –mejor que Ticiano Vecellio— como un monarca preocupado por la explotación de los indios y el futuro de la Nueva España.

En la Vera de Cáceres, en Extremadura España, sobre la sierra de Gredos, se encuentra el antiguo monasterio de Yuste. Ahí se retiró Carlos V cuando abdicó a favor de su hijo Felipe II en 1556. Hace unos años, al ir mi esposa y yo de Cáceres rumbo a Ávila, tuvimos la curiosidad de ver en dónde y cómo pasó sus últimos días el ser humano más poderoso de la Tierra, o cuando menos, uno de los más poderosos en la primera mitad del siglo XVI. Contrario a lo que se pudiera esperar, Carlos V, solo se hizo construir un pequeño palacete de unos de 1,000 m2 (aproximadamente), adosado al monasterio, con ocho estancias regulares más los jardines, los cuales le gustaba observar, que no caminar, por el problema de gota que padecía. Ahí pasó sus últimos días, aproximadamente un poco más de un año. Había llegado a Yuste el 5 de febrero de 1557 y murió en 1558. Tenía una recámara desde la cual, incluso acostado en su cama, podía ver directamente al altar mayor de la capilla. Se dice que oía misa varias veces al día. Algunos remordimientos habrá tenido tan señorial persona.

La fecha de la llegada de Carlos V a España coincide propiamente con la expedición enviada por Diego Velázquez, gobernador de la isla de Cuba, hacia Occidente para buscar tierra firme. Dicha misión estuvo al mando de don Francisco Hernández de Córdoba y fue de gran trascendencia, ya que se avistó por primera vez el 4 de marzo de 1517, tierras mexicanas a la altura de la Península de Yucatán. Bernal Díaz del Castillo[3], que había participado en esta primera expedición, atestiguó la muerte de don Francisco Hernández de Córdoba apenas hubo llegado a tierra. También participó en las otras dos expediciones enviadas por el gobernador Velázquez y nos cuenta lo siguiente:

Después de estas guerras volví segunda vez, desde la misma isla de Cuba, con otro capitán que se decía Juan de Grijalva; y tuvimos otros grandes reencuentros de guerra con los mismos indios del pueblo de Champotón, y en éstas segundas batallas nos mataron muchos soldados; y desde aquel pueblo fuimos descubriendo la costa adelante hasta llegar a la Nueva España, y pasamos hasta la provincia de Pánuco. Y otra vez de volver a la isla de Cuba muy destrozados y trabajosos……Y volviendo a mi cuento, vine la tercera vez con el venturoso y esforzado capitán don Hernando Cortés.

 Hernán Cortés, nacido en Medellín (Extremadura) en 1504, fue estudiante de la Universidad de Salamanca, se embarca hacia las colonias en las Indias recién descubiertas en busca de fortuna; con una gran ambición y absoluta determinación, invierte toda su hacienda y más, en una empresa que nunca imagino tan grande y productiva para él y para España. Su desempeño y acciones habrían de tener gran trascendencia para los acontecimientos posteriores.

A mis soledades voy,

de mis soledades vengo,

porque, para andar conmigo,

me bastan mis pensamientos.

 

No sé que tiene el aldea

donde vivo y donde muero,

que, con venir de mí mismo,

no puedo venir más lejos.[4]

 

 

[1] Federico Chabod, Carlos V y su imperio (México: Fondo de Cultura Económica, 2003) 63.

[2] Federico Chabod, Carlos V y su imperio (México: Fondo de Cultura Económica, 2003) 63.

[3] Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera

[4] Romance de Lope de Vega, siglo XVI.

Print Friendly, PDF & Email

4 pensamientos en “LOS ESPAÑOLES

  1. Muy clara y concisa esta parte de la historia española, hay personalidades muy interesantes para estudiarlas mas a fondo. Tony te felicito porque estas despertando o aumentando el interés por conocer la historia relacionada con nuestro pais.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *