COMO FUE LA REVOLUCION MEXICANA (SEGUNDA PARTE)

images-11

Muerto Carranza, comienza la etapa de transición y final del movimiento armado y se inicia la consolidación de instituciones; a la luz y bajo la afirmación y definición del que sería llamado “sistema político Mexicano”, (SPM) que partiendo de las enseñanzas del Porfiriato utilizaron para ejercer con efectividad el control político del pueblo; manejando en el discurso lo que los diferentes sectores de la población querían oír, pero haciendo lo que ya tenían previsto para controlar las acciones en beneficio del mismo grupo. Consideraron vital consolidar y mantener la hegemonía política para perpetuarse en el poder a toda costa, aparentando medios democráticos, para no desentonar con el vecino del norte. Esto fue principalmente para el beneficio político y económico de ellos mismos, sin importar mucho que también lo fuera para el país, salvo contadas excepciones.

Adolfo de la Huerta, de acuerdo al Plan de Agua Prieta, asume la Presidencia de la República en forma interina, y prepara el terreno que habría de propiciar el advenimiento de Álvaro Obregón a la Presidencia por un período constitucional de 4 años. A de la Huerta se le hizo la promesa de que volvería a la Presidencia, ahora en un nuevo período de 4 años. Posteriormente le tocaría a Calles ocupar el cargo de Presidente de México. ¡Fácil!, como un juego de niños se repartían el país: “ahora te toca a ti y después a mí, ¿he?” Ciertamente no era un juego de niños, ni siquiera un juego. Este grupo integrado por gente sencilla, sin mucha preparación académica, pero con grandes habilidades, intuición creativa, mucha astucia y firme determinación; que habían surgido al escenario político en forma modesta a partir del inicio de la Revolución de 1910 y con más importancia a partir de la revuelta orozquista y del levantamiento en contra de Victoriano Huerta; resultó ser un grupo verdaderamente astuto, hábil y visionario. A partir de varios triunfos que lo hicieron destacar y llegar a posiciones estratégicas del nuevo gobierno, guiados por su jefe Álvaro Obregón, el grupo supo hacerse respetar y urdir hábilmente un plan a largo plazo, allegándose y utilizando a destacados intelectuales, para posicionarse y al mismo tiempo para cubrir las apariencias. Demostró en cada una de sus acciones que “no se andaban por las ramas” para conseguir lo que quería, incluso la “depuración” entre ellos mismos.

Adolfo de la Huerta, aunque brevemente, desempeñó un gobierno de verdadera transición. Logra conciliar a los diferentes grupos y facciones, y momentáneamente los pacifica, prepara el camino para el advenimiento de Obregón. Además, otorga una amnistía a Francisco Villa que había tomado Sabinas Coahuila para presionar al gobierno, con el fin de lograr un armisticio, depone las armas y en compensación se le otorgan la hacienda de Canutillo, cerca de Parral, Chihuahua, para que se retire “en santa paz”. En materia cultural y educativa logra avances significativos, convoca a elecciones, las cuales gana su compañero, jefe del grupo y amigo. El 1 de diciembre de 1920 toma posesión Álvaro Obregón como Presidente de la República.

Con el grupo Sonora, precisamente con el Gobierno de Álvaro Obregón, se inicia la consolidación de un grupo y la adopción de un sistema político, que ya no dejaría el poder. Aquí se integra el Sistema Político Mexicano (SPM) con los vicios del Porfiriato y con aportaciones propias que con el tiempo fueron afinando con reglas no escritas a manera de usos y costumbres, que prevalece hasta nuestros días (aunque ya no en forma unipartidista). La personalidad de Obregón es la de un hombre sumamente inteligente y carismático, con una memoria privilegiada; era un tipo simpático, con sentido del humor y un aura de semidiós por sus “ocho mil kilómetros en campaña”. Con cinismo y tomándolo a broma reconocía que le gustaban los centenarios [1], sobre todo los ajenos, y creía que en el medio político no había quien resistiera un “cañonazo de cincuenta mil” (mil centenarios).

Obregón inicia su mandato con una dualidad que, para bien y para mal, marca el inicio del sistema que prevalecería durante el tiempo. Por un lado encarga la cartera de la nueva Secretaría de Educación Pública a José Vasconcelos, quien aunque con una personalidad cuestionada por diversos motivos; comienza con el impulso de la educación de manera notable y promueve un desarrollo artístico y cultural excepcional. Se preocupa por consolidar la identidad nacional, haciendo énfasis en las manifestaciones culturales que dieron origen a México como nación; la mexica y la española. Da participación y promoción a una pléyade de valores de excepción. Impulsa el florecimiento de las artes, principalmente el muralismo con figuras como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. Promueve el humanismo en todas sus expresiones y la publicación de libros de cultura general accesibles para todos. Por otro lado, está la cara opuesta de la moneda; el manejo del poder a manera de un caudillo que no paraba en miramientos ante nada ni ante nadie para lograr sus fines. En estas condiciones, asocia a su grupo al sindicalista Luís N. Morones, líder de la Confederación Regional Obrera Mexicana, CROM, fundada por Carranza y antecesora de la CTM que crearía Cárdenas en 1936. A partir de aquí, la CROM será muy útil al gobierno como uno de tantos instrumentos para consolidar el poder político, que posteriormente utilizaría el sistema para controlar y mediatizar al movimiento obrero, utilizándolo sólo con actitud clientelar. Lo que ha hecho a través de líderes corruptos que han propiciado que el sector de los trabajadores en México sea uno de los más desfavorecidos a nivel mundial, contraviniendo así uno de los principales postulados revolucionarios.

Otra de las grandes preocupaciones de Obregón y que también ha sido y es una constante del actual sistema, aunque de diferente manera, fue la necesidad del reconocimiento de los Estados Unidos. Por lo que se entablaron pláticas entre los dos gobiernos, promovidas por Alberto J. Pani, Secretario de Relaciones Exteriores, en un edificio ubicado en las calles de Bucareli, dando así nombre a los tratados que de allí surgieron. Que en términos generales se circunscribieron oficialmente a la formación de dos convenciones; la primera (como siempre) para los reclamos de los ciudadanos norteamericanos por daños sufridos durante las guerras de revolución de 1910 a 1920. La segunda, otra convención por las mismas causas pero de 1868 a la fecha, y un acuerdo extra oficial (por debajo de la mesa) que se centraba en que los gobiernos “revolucionarios” se comprometían a mantener como letra muerta el artículo 27 constitucional. Todo esto se acordó el 13 de agosto de 1923, logrando el reconocimiento de los EUA, 18 días más tarde.

Anticipándose a las mafias de Chicago, Obregón manda fusilar al último jefe carrancista siempre fiel a don Venustiano, el general Francisco Murguía. También, ese mismo año asesinan en Parral, Chihuahua, a Francisco Villa. Y cuando deciden que el siguiente en la Presidencia será Calles, Adolfo de la Huerta se siente traicionado y se levanta en armas en Veracruz. Derrotado el ex presidente, de la Huerta emigra a los EU., Calles naturalmente es electo y toma posesión como Presidente de México el 1 de diciembre de 1924.

Plutarco Elías Calles asume la Presidencia como un potencial estadista y, contra todos los pronósticos no se convierte en alguien que puedan manejar a su antojo los Estados Unidos y los intereses norteamericanos. Es más, sólo respeta parcialmente la parte oculta adjunta a los Tratados de Bucareli y reglamenta las concesiones petroleras, al punto que el gobierno mexicano es calificado por ellos de “bolchevique”. Inicia la reconstrucción del país dando un gran impulso a la infraestructura carretera. En materia económica tiene la gran ayuda de Manuel Gómez Morín, con quien funda en agosto de 1925 el Banco de México, una de las instituciones que ha prevalecido con mayor seriedad e independencia hasta nuestros días, (siempre que las circunstancias lo han permitido). El gobierno de Calles se caracterizó por el fortalecimiento de las instituciones post-revolucionarias. Contrastan los inicios de un gobierno inteligente con los arrebatos autoritarios del Presidente Calles por la cuestión religiosa, que en 1926 había llegado a situaciones ridículas como los auspicios para la creación de la Iglesia Apostólica Mexicana, promovida por Morones, el de la CROM. Se decía que Calles, de esta manera pretendía crear una iglesia “nacionalista” independiente de Roma. A pesar de que la Revolución y la Constitución de 1917 habían establecido el Estado laico, paradójicamente, por ignorancia y oportunismo, un gobierno “emanado de la revolución” trataba de establecer ahora por interpósitas personas una Iglesia presuntamente oficial. Tal era el grado de la costumbre al paradigma del Estado confesional; porque ellos además, sabían que la Iglesia es un fuerte instrumento político para la manipulación de las conciencias, pero ingenuamente idearon algo absurdo.

Por declaraciones controversiales y acusaciones cruzadas en la prensa, por parte del clero y del gobierno, en 1926 el Presidente reacciona con el estómago y no con la cabeza. Ordena a todos los gobernadores aplicar rigurosamente el artículo 130 constitucional, reglamentándolo y prohibiendo el culto religioso en las escuelas, so pena de ser cerrados los planteles, exhibiendo así una intolerancia irracional. La jerarquía eclesiástica, mal acostumbrada al poder y a que se le rindiera pleitesía; mañosamente mando cerrar las iglesias al culto para hacer creer que era el gobierno quien lo ordenaba y engañar a la opinión publica y exaltar irresponsablemente los ánimos y el fanatismo. Por ambas partes se calientan los ánimos y se estimulan posiciones radicales irresponsables y fanáticas. Se enciende otra vez la lucha armada (la Guerra de los Cristeros) pero ahora por causas religiosas, convocada en forma contradictoria e irresponsable, paradójicamente por las autoridades eclesiásticas, al grito de guerra de: ¡Viva Cristo Rey!, Viva Santa María de Guadalupe! fue un enfrentamiento cruento, irracional, cargado de fanatismo religioso y actitudes jacobinas, y estúpidas por ambas partes. Al igual que todas las confrontaciones violentas, la guerra cristera ocasionó decenas de miles de víctimas inocentes.

En 1927, Álvaro Obregón decidió volver a presentarse para la Presidencia de la República, manipulando previamente las reformas constitucionales necesarias en acuerdo con el Presidente Calles y haciendo caso omiso del principio de no reelección por el que se había luchado. Mandó asesinar a sus principales oponentes y “gana” las elecciones. Pero él, a su vez, es asesinado por José de León Toral, el 17 de julio de 1928, mientras comía durante una apacible tarde de verano, en un acto público que le era ofrecido en el parque La Bombilla en San Ángel, al sur de la Ciudad de México. Sin habérselo propuesto, de León Toral, un fanático religioso, cortó de tajo otra etapa del caudillismo mexicano, eliminando a un nuevo dictador en potencia que, paradójicamente, tenía una actitud hacia la Iglesia católica mucho más amigable que la del propio Calles.

Por la experiencia última de Obregón, Calles se convenció de que no era viable ni aceptable proceder como Porfirio Díaz, reeligiéndose per secula seculorum. Muerto Obregón, se niega a dejar el poder; pero para guardar las apariencias, se hace designar como el “Jefe Máximo de la Revolución”, para de esta manera seguir controlando el poder que sólo en la forma ejercerían los subsecuentes “presidentes”, convirtiéndose de esta manera en el gran elector y por ese medio seguir controlando el gobierno de la República en sus tres poderes. Lo que de hecho haría el sistema político que se estaba gestando.

La presidencia dejada por Obregón, por decisión del general Calles, es sustituida por el político tamaulipeco Emilio Portes Gil mediante su designación oficial a cargo del Congreso, para asumir en forma interina el poder Ejecutivo, el 1 de diciembre de 1928, período que terminaría el 5 de febrero de 1930.

Mientras tanto el enfrentamiento cristero no terminaría sino hasta 1929 con un sinnúmero de bajas por ambos bandos, y mediante la conciliación del gobierno interino del Presidente Emilio Portes Gil. Lo que es absolutamente incomprensible; es que después de haberse cometido un craso error por parte de las autoridades eclesiásticas de ese tiempo, actuando totalmente en contra de la doctrina de Cristo, se trate como “mártires” a los que ellos mismos mandaron irresponsablemente al matadero estimulando su fanatismo y ahora en pleno siglo XXI, se pretenda canonizarlos. Paradójicamente e irresponsablemente en febrero de 2013, el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa (o él mismo) y las autoridades eclesiásticas; hicieron clamar enfáticamente en Guanajuato, el grito de guerra de los cristeros ¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva Santa María de Guadalupe!; nada menos que al Papa Benedicto XVI, utilizándolo irrespetuosamente en conflictos internos originados por el prejuicio religioso. Entregándole además un cuadro de “Cristo Rey” en donde aparece un Cristo con corona y cetro de oro y piedras preciosas [2]. Cuando la figura de Cristo siempre fue de sencillez y humildad y él había dicho, con este motivo, en forma muy clara “Mi reino no es de este mundo” [3]. No es difícil que posteriormente, al darse cuenta Benedicto XVI en lo que lo habían metido; haya sido esta, una de las muchas causas que influyeron para su abdicación.

Sistema politico unipartidista

Emilio Portes Gil había sido un excelente abogado y demostró ser buen político, lo cual puso de manifiesto durante el breve lapso que le tocó presidir la República, actuando conciliadoramente, respetando el papel que había asumido Calles como “Jefe Máximo de la Revolución”, pero sin descuidar su responsabilidad administrativa. Por su parte, Calles había aprendido bien la lección del legado del Porfiriato y él también ordenaba que “mataran en caliente” a todo aquel que se le opusiera o que pudiera representar un obstáculo; ejemplos sobran: ahí están presuntamente los asesinatos de Serrano y del general Gómez, previos a la elección de Obregón. Incluso se especuló que el asesinato de Obregón pudiera tener la misma factura. Este solo hecho y la forma arbitraria de ejercer el poder; lo alejan para siempre de la posibilidad de haber sido considerado como uno de los estadistas que tanto necesitaba México. Y lo ubican como un monarca absoluto, cliché que han querido repetir muchos de sus sucesores, que ante la imposibilidad constitucional de seguir en la presidencia, utilizaron el sistema político para ejercer una virtual dictadura de partido.

Después de todas las previsiones tomadas por el Maximato de Calles, para estabilizar la gobernabilidad, éste preparó hábilmente el camino para la solución de uno de los grandes problemas pendientes, tal vez el más grande de todos: el de las antiguas y nuevas facciones de grupos armados en toda la República, que amenazaban con encender, otra vez, la lucha cruenta en busca del poder, por el poder mismo ya que la ideología y los ideales revolucionarios era lo que menos les interesaba, los movía las ansias de poder al que se habían acostumbrado y la codicia que sin éste no podía ser satisfecha. Surge así, por lo tanto; una medida política hábil e inteligente para lograr consolidar el poder en el grupo autollamado revolucionario, y darle a cada facción parte del poder, o así hacérselo creer. En esta forma lograr que la actuación política de las diferentes grupos fuera a través de un partido político que los uniera e identificara a todos. Esta nueva organización tendría el objeto de consolidar la hegemonía política, para ser utilizada como pieza clave de un nuevo sistema; que tendría como misión salvaguardar y conservar el poder a toda costa. Así, en 1928, es concebido por Plutarco Elías Calles el Partido Nacional Revolucionario (PNR), que surge a la vida nacional en marzo de 1929, durante la administración del Presidente Emilio Portes Gil.

El PNR se estrena con las elecciones presidenciales de finales de 1929, en donde se enfrentaba el ingeniero Pascual Ortiz Rubio, candidato de Calles y del PNR, político michoacano culto, a José Vasconcelos, el ex secretario de educación de Obregón, quien como hemos visto, había hecho una magnífica labor en bien de la educación y la cultura y por supuesto era el candidato de los intelectuales a través del Partido Nacional Anti reeleccionista. Por supuesto, el Jefe Máximo no iba a permitir que un candidato opositor le ganase al del Partido de la revolución recién inaugurado. Y después de una elección de resultados no muy claros y muy discutidos, como serian casi todas de aquí en adelante, “ganó” el candidato del PNR. Esta sería la misma historia durante los próximos 70 años. Se iniciaba así una maquinaria política “invencible” que se adueñó del poder político y del país, aliándose al poder económico de muchos empresarios que veían en él, el mejor instrumento de progreso económico y “paz social” sin importar que no fuera de justicia social y procesos éticos.

Aquí, no nace el actual sistema político mexicano, (SPM) porque sus orígenes debemos ubicarlos en el Porfiriato, pero sí se consolida y perdura hasta nuestros días. Aunque hay que decirlo, ahora, a partir del siglo XXI, con una disminución en la fuerza que lo caracterizaba, por el simple hecho de haber perdido la Presidencia, que era la cabeza de todo el sistema, incluso del PRI. Esto fue después de 70 años por las primeras elecciones presidenciales ganadas por “la oposición” en el año 2000. Sin embargo, muchas de las reglas del juego y de los vicios tradicionales, no solo han prevalecido sino que han florecido y retoñado en los dos nuevos gobiernos de PAN que lo adoptaron con jubilo y desvergüenza. Esto ha sido por falta de principios, de experiencia y de conocimiento en el manejo político, por falta de decisión política y de autoridad moral de los líderes de la oposición que asumieron el mando. ¿Lo habrán asumido en realidad? Ellos pensaban medrosamente, porque así se lo hicieron creer; que los cambios eran imposibles de hacer en forma inmediata, que no se debían hacer “de la noche a la mañana”. Y no se daban cuenta que mientras tanto esperaban sentados, en medio de “arenas movedizas” que poco a poco se los fueron tragando irremediablemente. Los nuevos gobernantes, particularmente el Presidente que fue electo en el 2000; de una manera inexplicable que lo menos que denota es ingenuidad; en los hechos revitalizó al sistema que había dicho que combatiría y se alió con figuras de negro historial, como Carlos Salinas de Gortari y Elba Esther Gordillo. Aquí se repitió otra vez el mismo error que Madero cometió en 1910, aunque en diferentes circunstancias y personas, con las que no existe comparación histórica;

Por otro lado y volviendo en el tiempo, hay que reconocer que en un principio el esquema del sistema político iniciado por Calles, dio resultados efectivos al pacificar al país. Es indudable que la sociedad recibió con beneplácito la posibilidad de vivir y trabajar en paz, tal como sucedió en la época del Porfiriato. Y como en las dictaduras socialistas, también ellos se exhibían ante el mundo como una “democracia” sin el menor rubor. La creación del PNR, más que para compartir el poder, ya que eso no estaba en los esquemas que tenía en mente que el Jefe Máximo de la Revolución; era hacer sentir a los grupos o facciones que sí, que verdaderamente se estaba repartiendo el botín político y económico por medio de posiciones de poder dentro del partido y verdaderas reparticiones importantes para muchos de “la rentabilidad económica que toda actividad política conlleva”, según la lógica del sistema.

El PNR sirvió también como instrumento para el Maximato de Calles, ejerciéndolo, como hemos visto, sobre Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio, Abelardo L. Rodríguez, sobre el Legislativo, el Judicial, los gobiernos de los estados y sobre la totalidad del país. Imponiendo una cultura política de autoritarismo, mediante la simulación, la mentira, la corrupción. Todo con practicas antidemocráticas y una buena dosis de intolerancia y mano dura, aunque a veces viniera en seguida y como sistema la sobada de la espalda para tratar de dejar a todos contentos. De aquí surgiría después la metáfora de Octavio Paz; “El Ogro Filantrópico” porque se apoderaron no solo del gobierno sino del Estado mismo y porque se ejercía un férreo control que muchas veces no está de más; pero haciéndose pasar como benefactores de la sociedad, con un profundo sentido “filantrópico”. Esto no difería en nada del Porfiriato que supuestamente combatieron. Todo lo contrario, si lo vemos bien, el nuevo grupo no sólo conservó todos los vicios de la dictadura porfirista, sino que los perfeccionó, teniéndolos a bien como “sabiduría política”, “la cultura del sistema” y estructurando con éstos las bases de lo que ellos mismos llamaron desde entonces, “las reglas del juego”.

[1] Monedas de oro con valor de 50 pesos oro nacional, emitidas por Porfirio Díaz para conmemorar el centenario de la guerra de independencia

[2] “Mi reino no es de este mundo”, dejó establecido con firmeza y claridad, aunque más tarde los reyes y la alta jerarquía eclesiástica lo hicieran rey; “Cristo Rey” con corona y cetro de oro y piedras preciosas, para que se pareciera a ellos, porque ellos con su manera de ser y actuar nunca se parecerían a Jesucristo.

[3] Evangelio según San Juan 36

Textos tomados de “México y su Realidad” Ensayo de Antonio Fuentes Flores, que es

un e-book que se puede conseguir la versión en español en AMAZON

Print Friendly

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *