El PRI

En la actualidad la crisis en los partidos es mucho más evidente en el Partido Revolucionario Institucional, que tradicionalmente fue el partido oficial. Más que nada porque al perder en el 2000 las elecciones presidenciales, también perdió a su cabeza, que era el Presidente de la República en turno, quien les marcaba la “línea” a seguir. Sin embargo, la crisis en este partido inició desde mucho antes. Ésta podemos ubicarla, sin lugar a dudas, en 1968, cuando terminó en forma definitiva, por decisión autoritaria de la cabeza, su proceso de natural evolución y renovaciones periódicas que históricamente se habían venido dando y que incluso incluían hasta el cambio de nombre de acuerdo a la circunstancia que se daba en el país (PNR, PRM, PRI). Esto sucedió al cancelarse la intención de apertura hacia la democracia interna del partido, propuesta por su presidente, en ese entonces, el político tabasqueño Carlos Madrazo, y convertirse así, ya en forma definitiva e irreversible, en un mero instrumento de una oligarquía autoritaria cerrada y represora que detentaba el poder político para beneficio y negocio de unos cuantos, sin importar los medios, manejando la actividad pública en forma demagógica y patrimonialista, asociando en la realidad al poder político con el poder económico, formando elites empresariales favorecidas con la función pública mediante la decisión política, a través de las cuales podían lavar el dinero mal habido para así poder continuar usando la máscara del político benefactor de la sociedad (El Ogro Filantrópico), siempre “celoso” de los ideales revolucionarios, actitud falsa que ni ellos mismos creían. Esto sucedía a todos los niveles, sin más intención que fortalecer la elite política para que ésta continuara su hegemonía sobre los otros partidos y grupos políticos y sobre la sociedad misma. Se podrá argumentar lo que se quiera en descargo del sistema encarnado por el PRI, pero los hechos son contundentes. Se ha querido poner como ejemplo el relativo progreso (no necesariamente para todos) que se dio en México con el sistema político unipartidista, pero no hay que perder de vista que la sociedad es un ente vivo, dinámico, actuante, hasta cierto punto autónomo, y muchas veces el relativo progreso se da a pesar de sus estructuras e instrumentos políticos viciados, como sucedió durante el Porfiriato y continuó con el PRI.

El PRI sigue siendo la misma mafia política ligada a la oligarquía para la cual trabaja y comparte sus intereses, y a la delincuencia organizada con la cual tienen varias décadas de rentables relaciones. Aunque ahora traten de presentar un “nuevo PRI” para dar “gato por liebre” al electorado. El principal problema para el inicio de la posible renovación del PRI son: los intereses creados, la tibieza de la oposición hecha gobierno que no supo darle la puntilla al sistema político instituido por este, al monstruo casi agonizante en el 2000, y sus actuales líderes obsoletos, que difícilmente van a reconocer que lo que hicieron no estuvo bien y que hay que operar un cambio radical. Como hemos visto, muchos de estos líderes además de gastados han sido evidente y comprobadamente corruptos. Los más no se deciden a dejar el poder y dar la oportunidad a nuevas opciones más sanas, menos contaminadas, más jóvenes de edad y sanos de mente. Sería recomendable para ellos analizar lo que sucedió en Polonia, cuando “Solidaridad” derrocó al Partido Comunista, los viejos líderes comunistas totalmente obsoletos, pero con plena conciencia de su realidad, se retiraron y dejaron la renovación del partido en manos de los jóvenes, y así los comunistas pudieron volver al poder. Habría que preguntarse en dónde está la gente joven del PRI y qué papel juega o la dejan jugar en realidad, para poder operar el cambio radical que necesita ese partido. Actualmente los jóvenes solo son utilizados en forma simbólica para los propios fines de continuismo de los “dinosaurios”, quienes sí los mencionan, pero sólo para sus propósitos, por medio de un discurso difuso, nada concreto, adecuado solo para sus aparentes y en realidad imposibles intenciones de renovación. En todo caso, si se sigue con tales líderes, “los cambios” podrían ser más bien a manera de restauración, como se restauraría a una momia.

Algo que es preciso redefinir es la ideología del partido; si se quiere se podrán retomar los ideales de la revolución que no han cumplido, pero en el proceso de la redefinición deberá ser lo más preciso posible, filosóficamente ¿qué es lo que los mueve? o deberá mover a los miembros del partido totalmente renovado, al grado de pensarse ahora en un nuevo partido que surja de las cenizas del anterior, como el ave Fénix. El partido se ha dicho: revolucionario, nacionalista, “de izquierda atinada” pero del dicho al hecho, dice el refrán popular que existe mucho trecho. Y en este caso es cierto, porque podrá haber sido muchas cosas pero no revolucionario, de hecho el sistema político que ejerció puede ser calificado como neoporfirista, y lejos de ejercer un nacionalismo, sus líderes en los hechos siempre fueron entreguistas, solo en el discurso pudieron haber sido nacionalistas y curiosamente el mismo que postuló la “izquierda atinada”, en los hechos atendió a las demandas del macartismo de EU., caracterizado por la paranoia anticomunista y además continuó con los asesinatos de los líderes campesinos. En lo que en realidad se convirtió el PRI ideológicamente fue, paradójicamente, en conservador recalcitrante; creó un statu quo que le favorecía y en los hechos ha sido su más ferviente defensor, sin importar que esto tenga al país empantanado y al borde del colapso. Lejos de ser socialista en los hechos sus líderes han impuesto en México un capitalismo rampante que ha expulsado al trabajador hacia los EU., y ha concentrado el ingreso en unos cuantos que se han convertido en los dueños del país. Algunos de ellos son considerados entre los más ricos del mundo.

La renovación y transformación radical del PRI tradicional es una condición sine qua non para el sano equilibrio político de la República, como lo es también la de los otros partidos políticos. El PRI sigue siendo el partido con mas miembros en México y también con varios de los más experimentados políticamente, un partido con tanta gente, cuenta, si se quiere con una minoría reducida pero significativa de gente brillante y todavía no lo suficientemente maleada que puede ser la cimiente para la renovación y transformación del partido. Probablemente, y en congruencia con sus cambios anteriores, sería recomendable hasta el cambio de nombre. Deberá establecer claras premisas para el cambio: como su compromiso con la auténtica democracia, lograr una redefinición ideológica filosófica pero traducida también en una opción clara de gobierno, con una visión de lo que se quiere lograr y el compromiso programático a corto, mediano y largo plazo para hacerla realidad, definiendo en un orden prioritario los objetivos y la manera de lograrlos. Será necesaria la substitución de la estructura existente, a base de corporaciones del partido; por la primacía de cada uno de sus miembros organizados como personas libres y con libre albedrío, para evitar, entre otras cosas negativas: la explotación de los trabajadores de la ciudad y del campo a través del sindicalismo corrupto afiliado al PRI, quien con absoluta falta de respeto los manipula como cosa electoral.

En el PRI se deberá realizar también la substitución de la estructura sectorial que no hizo sino crear ínsulas de poder en función de intereses particulares que ahora, con la ausencia de la cabeza, pueden chocar conflictiva y peligrosamente entre sí. La acción partidista deberá ser ahora a través de estructuras mixtas regionales, plenamente identificadas con los intereses y cultura locales y contando con poder de decisión descentralizado, con un enfoque general y solidario a nivel local regional y nacional, por medio de un verdadero federalismo. Deberá explicar la liga al más alto nivel de gobierno con el narcotráfico y el crimen organizado, que se dio durante los gobiernos priistas y que se hizo evidente en el gobierno de Miguel de Lamadrid y deslindarse de ello.

Considerando que gran parte de la legislación existente se dio para fortalecer un sistema autoritario unipartidista que debe ser absolutamente superado, el nuevo partido deberá contraer desde el principio, el compromiso con los otros partidos para contribuir, con el consenso nacional, para hacer realidad la reforma del Estado, para definir y construir de una vez por todas, en forma plural, el Estado de derecho al que aspiramos los mexicanos y definir lo que queremos lograr ser como país.

Tomado de México y su Realidad de Antonio Fuentes Flores

 

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