Fraude electoral de 1988 en México

Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) llegó al poder mediante el fraude electoral de 1988. La “caída” del sistema a la hora crítica del conteo de votos para la elección presidencial, fue el “foco rojo” que presagiaba fraude en la elección para presidente. Ésta terminó siendo fuertemente cuestionada como fraudulenta, por todos los actores políticos con excepción (por supuesto) del PRI. Y por lo tanto considerada inválida, principalmente por los partidos de oposición contendientes. Sin embargo el sistema político establecido por muchas décadas, actuó sin dilación, lo sacó adelante como era la costumbre y fue declarado Presidente Constitucional “de todos los mexicanos” por una Cámara de Diputados con mayoría del partido oficial (260 diputados del PRI), quienes pudieron dominar la calificación de la elección presidencial gracias a la abstención de la bancada del PAN, concertada con ese partido, para este propósito.

En la contienda electoral de 1988 por la Presidencia de la República, Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del general Lázaro Cárdenas del Río, fue postulado primero por el PARM (Partido Autentico de la Revolución Mexicana) y luego por una coalición de partidos de izquierda, a los cuales se sumó el PMS (Partido Mexicano Socialista) cuando su candidato a la Presidencia, el gran líder de genuino pensamiento de izquierda, Heberto Castillo, un hombre íntegro, con verdadero espíritu de estadista declinó a favor de Cárdenas para no debilitar a la izquierda que recién se había unido, pudiendo integrarse así el Frente Democrático Nacional (FDN), el cual lo postularía como su candidato. Competirían también en estas elecciones, el propio Carlos Salinas de Gortari, por el PRI, el líder empresarial Manuel J. Clouthier, por el PAN y la señora doña Rosario Ibarra de Piedra por el PT, en las que se daría la “caída del sistema” como se le llamó eufemísticamente a la acción burda de fraude electoral realizado por órdenes del Secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, con la venia del Presidente de la República, Miguel de la Madrid Hurtado.

Bartlett aspiraba a la candidatura del partido oficial, y al ser Secretario de Gobernación eran muy altas sus posibilidades, por lo que se había preparado con mucho tiempo, entre otras cosas para acondicionar un sofisticado y costoso equipo computacional que controlara el flujo de la información electoral, supuestamente para “su propia elección”. Y cuando esta no se le hizo, el aparato que mantenía hasta cierto punto en secreto tenía que ser utilizado de todas maneras y así fue; el mismo equipo computacional y el personal especializado, los utilizó en las elecciones de 1988, incluyendo una mañosa previsión, dentro del software, para la separación de la información de las casillas favorables al PRI y las que no lo eran. El problema para él fue que en las últimas horas de la jornada electoral, los partidos de oposición, y particularmente el PAN, representado por José Antonio Gómez Urquiza –quien responsablemente se mantuvo muy atento a todo el proceso electoral y su medición cibernética—. De inmediato supieron que algo andaba mal en el manejo de la información, gracias a que Gómez Urquiza, sin que se dieran cuenta los que pretendidamente controlaban el conteo de votos; había apuntado todas las contraseñas para acceder a la información, incluso a la confidencial. De esta manera la gente del PAN descubrió el equipo y casualmente la información verdadera y no favorable al PRI. Esto fue lo que ocasionó la “caída” del sistema, provocada intencionalmente y de inmediato, cuando se vieron descubiertos, y porque el conteo de los votos no solo estaba resultando muy parejo entre los tres candidatos presidenciales principales, sino porque en el centro del país y particularmente en el valle de México Cuauhtémoc Cárdenas estaba arrasando. Esto suponía el “grave riesgo” de que el candidato del partido oficial perdiera las elecciones, ya que lo que se veía en el conteo era precisamente la certeza del posible desenlace final. Y eso, por supuesto, el sistema no lo iba a permitir de ninguna manera.

En una encuesta confidencial, realizada el mismo día de las elecciones por el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) sobre las elecciones de 1988, a la cual tuve acceso, se le daba como resultado final de la elección, casi una tercera parte de la votación total a cada uno de los tres candidatos principales. Aparentemente todo terminaba en un virtual empate técnico entre los tres, con una ligera ventaja para Cárdenas. De todas formas, en esta encuesta no quedaba claro quién había sido realmente el ganador absoluto. Aunque como siempre se daba por descontado que el resultado final de las elecciones sería arreglado para favorecer al candidato oficial, razón por la cual el Consejo Coordinador Empresarial calló y no lo dio a conocer. El 13 de julio, la Comisión Federal Electoral, hizo públicos los resultados oficiales de los comicios federales “con base en la información entregada por los 300 comités distritales del país”. Anunció que; “de una votación efectiva de 19.1 millones de sufragios –lo cual arrojaba un abstencionismo del 48%—, a Carlos Salinas de Gortari del PRI le correspondía 50.36%; a Cuauhtémoc Cárdenas, del FDN, 31.12 %; y al aspirante presidencial del PAN, Manuel J. Clouthier, 17.07%.”1, en esta forma la Comisión Federal Electoral, arregló la votación y la elección a favor de Carlos Salinas de Gortari. Sin embargo, para validar esto necesitaban dominar el Colegio Electoral, lo que se logró con la abstención del PAN.

1 Miguel de la Madrid H. 825-826.

En pláticas con José Luis Salas Cacho, quien había sido el coordinador de la campaña de Manuel J. Clouthier por la presidencia de la República, le pregunté cuál era la explicación para que Acción Nacional, y más aún, líderes auténticos del mismo, como don Luis H. Álvarez y el Maquío, se hubiesen prestado a validar el fraude. Respondió que ellos no habían validado ningún fraude; al contrario, lo habían denunciado. –Pero la explicación es muy simple, me dijo: “Cuando nos dimos cuenta del fraude que se estaba cocinando en la Secretaría de Gobernación, pretendidamente encubierto con la caída del sistema, fuimos los primeros que inmediatamente convocamos a los otros partidos con el objeto de informarles lo que estaba sucediendo y convocarlos a tener una rueda de prensa, precisamente para denunciar el fraude ante la opinión pública y a desconocer la elección pidiendo su anulación. Para esto nos comunicamos con Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, con doña Rosario Ibarra de Piedra y con el Ing. Heberto Castillo. De inmediato nos llamó Manuel Camacho Solís, con toda seguridad “había muchos pajaritos” en los cables telefónicos”, dijo con sorna. Porque previamente y a propósito habían utilizado una línea intervenida para hablar a Monterrey con Ramón Alberto Garza, director editorial del periódico El Norte, para informarle lo que pretendían hacer y preguntarle si sería noticia. “Ya te podrás imaginar lo que contestó”, me dijo. “Manuel Camacho por lo visto, habiéndose enterado de esto, hizo todo lo posible por disuadirnos, planteando el “interés nacional” y escenarios catastróficos si se enfrentaban los partidos por las elecciones, hasta la posibilidad misma de un golpe de Estado”, (que paradójicamente era equiparable a lo que gobernación pretendía cometer, y cometió al final). “De todas maneras, la rueda de prensa se llevó a cabo y denunciamos el fraude, pedimos el no reconocimiento del triunfo del PRI y en esas condiciones; solicitamos la anulación de los comicios”. “Lo que pasa”, me sigue explicando José Luis, “es que más tarde se descubrió por parte de algunas gentes del PAN; que tanto el PRI como el FDN, liderado por la corriente democrática salida del PRI, utilizaron a los ‘fontaneros’ –llamados así por su experiencia en el arreglo de las votaciones— para hacer fraude en la elección presidencial, cada quien por su lado. De tal manera que ahora el fraude no solo era mayúsculo, sino presuntamente no de un solo partido. Con el recurso de la caída del sistema, los fontaneros mayores arreglaron la elección favorable al candidato del PRI. Francisco Javier Ovando, considerado como asistente de la campaña de Cárdenas, quien según las investigaciones de gentes del PAN, no comprobadas, coordinaba a una parte de los fontaneros del FDN, desgraciadamente fue asesinado en Michoacán sin que su muerte fuera reclamada por ellos, ni aclarada por parte de las autoridades gubernamentales, quedando sin haber manera de probar a ciencia cierta, estos otros aspectos del fraude. Todo esto se agravaría unos días después al proclamarse Cuauhtémoc Cárdenas, en forma unilateral, Presidente electo, rompiendo con el acuerdo que teníamos para la anulación de las elecciones”. Hasta aquí la explicación de JSC.

Don Luis H Álvarez nos dice: “Las posturas del FDN y del PAN eran distintas. Nosotros considerábamos que la serie de irregularidades hacían imposible conocer quien ganó, y la única salida era la anulación de los comicios. Cárdenas insistía en haber triunfado, cosa que no podía probar por el alto número de casillas no cubiertas por representantes de la oposición; su postura era que se limpiara la elección y se le reconociera el triunfo.2

2 Luis H. Álvarez, Medio Siglo (México: Plaza & Janes, 2006) 232.

Bajo estos hechos y en estas condiciones, podemos deducir que don Luis H. Álvarez pensó que no le quedaba más que considerar a la imposición de Salinas, como siempre y una vez más; como un hecho consumado. Lo más probable es que ante una situación de hecho, difícilmente reversible por la posición de Cuauhtémoc Cárdenas; don Luis aceptara ahora negociar en estas condiciones la neutralidad del PAN con el mismo Salinas, para validar así su elección. Toda vez que al abstenerse el PAN en la votación del Colegio Electoral, que calificaría la elección presidencial, significaba que el PRI por sí mismo y con sus aliados podía sacar adelante la validación de la elección presidencial favorable a Carlos Salinas de Gortari, aun con resultados altamente fraudulentos, como había sucedido.

Aunque lo siguiente no es comprobable y don Luis H. Álvarez no lo reconoce en sus memorias recientemente publicadas; el favor del PAN a Salinas, sería a cambio de algo sustancial y cuando menos 5 puntos, por los que, según ellos, su partido había estado luchando. Estos, de hecho; se dieron más o menos en la siguiente forma:

1o La reforma del Artículo 27 constitucional, para que las tierras ejidales pudieran ser dadas en propiedad a los ejidatarios.

2o El establecimiento en México de un organismo defensor de los derechos humanos.

3o La reprivatización de la Banca.

4o El reconocimiento de la Iglesia Católica y

5o La reforma electoral mediante la creación de un instituto y un tribunal de lo contencioso electoral.

Durante el sexenio de Salinas, los cuatro primeros puntos se cumplieron más o menos. Sin embargo, con respecto a la reforma electoral, se hizo sólo parcialmente, a propósito y sin llegar a fondo, y aunque hubo importantes avances, el Ejecutivo siguió conservando todavía su injerencia perniciosa a través del Secretario de Gobernación. Y la calificación de las elecciones continuaría a cargo del Congreso como colegio electoral. Esto, visto a la distancia, era una de las primeras evidencias de los afanes de continuidad de Salinas.

Además de la satisfacción de los puntos anteriores, hubieron otras concesiones que se comprueban por los siguientes hechos: se dio el reconocimiento de varias posiciones electorales para el PAN. La exigencia final de don Luis H. Álvarez y del PAN fue que el Presidente se comprometiera, entre otras cosas, a que su régimen fuera uno de transición hacia la democracia. Esto último se refrendó mediante un documento publicado el 16 de noviembre de 1988 en la prensa nacional, denominado “Compromiso Nacional por la Legitimidad y la Democracia”. Se veía que no conocían muy bien a Salinas, le estaban “haciendo el juego” (y siguen sin conocerlo); el 2 de julio de 1989 se dio el reconocimiento de la primer gubernatura ganada en México por la oposición, esta fue para Ernesto Ruffo, el candidato del PAN al Gobierno de Baja California, ganada, sí, pero lo más importante, reconocida por el sistema; en Guanajuato, después de las elecciones de agosto de 1991 para gobernador, ganó fraudulentamente Ramón Aguirre, ex-jefe del Departamento Central de la Ciudad de México, en contra de Vicente Fox, por el PAN, y de Porfirio Muñoz Ledo, por el PRD. Mientras tanto, en las de San Luis Potosí, también por medio del fraude, ganó Fausto Zapata Loredo, por el PRI en contra del Dr. Salvador Nava Martínez, postulado por el PAN. Después de airadas protestas, marchas de resistencia civil y negociaciones con el Presidente, se decidió dar la gubernatura de Guanajuato al PAN con la condición, por parte de Salinas, de que podía ser gobernador aquel que el partido designara, menos Vicente Fox. Por ello, se le dio la gubernatura a Carlos Medina Plasencia, mientras que la de San Luis Potosí se le dio a Gonzalo Martínez Corbalá.

Además, don Luis H Álvarez le pidió a Salinas la reforma del Artículo 82 constitucional para que los hijos de extranjeros nacidos en México pudieran ser candidatos a la Presidencia de la República, pensando con esto, tal vez conformar a Vicente Fox Quesada. Salinas lo concedió en forma diferida hasta las elecciones del 2000.

Cuando le tocó a Diego Fernández de Ceballos, ser coordinador de la mayoría panista en la Cámara de Diputados, de 1991 a 1994, éste se prestó de acuerdo con el PRI, a la quema de las boletas electorales guardadas en el Congreso; borrando en esta forma toda evidencia física del fraude electoral de 1988.

En esta manera los tres principales grupos políticos partidistas en México, coparticiparon defraudando a los mexicanos con las elecciones para Presidente de la República en 1988.

Tomado de “México y su Realidad” de Antonio Fuentes Flores.

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