FRAUDE ELECTORAL DE 1988 EN MÉXICO

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Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) llegó al poder mediante el fraude electoral de 1988. La “caída” del sistema a la hora crítica del conteo de votos para la elección presidencial, fue el “foco rojo” que presagiaba fraude en la elección para presidente. Ésta terminó siendo fuertemente cuestionada como fraudulenta, por todos los actores políticos con excepción (por supuesto) del PRI. Y por lo tanto considerada inválida, principalmente por los partidos de oposición contendientes. Sin embargo el sistema político (SPM) establecido por muchas décadas, actuó sin dilación, lo sacó adelante como era la costumbre y fue declarado Presidente Constitucional “de todos los mexicanos” por una Cámara de Diputados con mayoría del partido oficial (260 diputados del PRI), quienes pudieron dominar la calificación de la elección presidencial gracias a la abstención de la bancada del PAN, concertada con ese partido para éste propósito.

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Contendieron en 1988 por la Presidencia de la República: Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del general Lázaro Cárdenas del Río, que fue postulado primero por el PARM (Partido Autentico de la Revolución Mexicana) y luego por una coalición de partidos de izquierda, a los cuales se sumó el PMS (Partido Mexicano Socialista), cuando su candidato a la presidencia Heberto Castillo, el gran líder de genuino pensamiento de izquierda, hombre íntegro, con verdadero espíritu de estadista; declinó con humildad a favor de Cárdenas para no debilitar a la izquierda que recién se había unido, pudiendo así integrarse el Frente Democrático Nacional (FDN), el cual postularía a Cárdenas, como su candidato; competirían también en estas elecciones, el propio Carlos Salinas de Gortari, por el PRI; el líder empresarial Manuel J. Clouthier, por el PAN y la señora doña Rosario Ibarra de Piedra por el PT. Precisamente, en estas elecciones se daría la “caída del sistema”, como se le llamó eufemísticamente a la acción burda para el inicio del fraude electoral, realizado por órdenes del Secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, con la venia del Presidente de la República, Miguel de la Madrid Hurtado.

Bartlett aspiraba a la candidatura del partido oficial, y al ser él mismo, el Secretario de Gobernación, eran muy altas sus posibilidades; por lo que se había preparado con mucho tiempo, entre otras cosas para acondicionar un sofisticado y costoso equipo computacional que controlara el flujo de la información electoral, supuestamente para “su propia elección”. Y cuando esta no se le hizo, el aparato que mantenía hasta cierto punto en secreto tenía que ser utilizado de todas maneras y así fue; el mismo equipo computacional y el personal especializado, los utilizó en las elecciones de 1988, incluyendo una astuta previsión, dentro del software, para la separación de la información en forma confidencial y privilegiada de las casillas favorables al PRI y las que no lo eran. El problema para él, fue que en las últimas horas de la jornada electoral, los partidos de oposición, y particularmente el PAN, representado por José Antonio Gómez Urquiza –quien responsablemente se mantuvo muy atento a todo el proceso electoral y su medición cibernética— de inmediato supieron que algo andaba mal en el manejo de la información gracias a que Gómez Urquiza había apuntado todas las contraseñas para acceder a la información, incluso a la confidencial, sin que se dieran cuenta los que pretendidamente controlaban el conteo de votos vía dicho sistema computacional. De esta manera la gente del PAN descubrió el equipo especial y casualmente la información verdadera generada y no favorable al PRI. Esto fue lo que ocasionó la “caída” del sistema, provocada intencionalmente y de inmediato, cuando se vieron descubiertos, ya que el conteo de los votos no solo estaba resultando muy parejo entre los tres candidatos presidenciales principales, sino porque en el centro del país y particularmente en el valle de México, Cuauhtémoc Cárdenas estaba arrasando. Esto suponía el “grave riesgo” de que el candidato del partido oficial perdiera las elecciones, ya que lo que se veía en el conteo era precisamente el posible desenlace final. Y eso, por supuesto ellos, de acuerdo y mediante el SPM, no lo iban a permitir de ninguna manera.

En una encuesta de salida (confidencial) realizada el mismo día de las elecciones por el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) sobre estas elecciones de 1988, a la cual tuve acceso, se daba como resultado final de la elección, casi una tercera parte de la votación total a cada uno de los tres candidatos principales. Aparentemente todo terminaba en un virtual empate técnico entre los tres, con una ligera ventaja para Cárdenas. De todas formas, en esta encuesta no quedaba claro quién había sido realmente el ganador absoluto. Aunque como siempre se daba por descontado que el resultado final de las elecciones sería arreglado para favorecer al candidato oficial, razón por la cual el Consejo Coordinador Empresarial calló y no lo dio a conocer, porque además así les convenía a ellos ya que el triunfador en todo caso  sería Cuauhtémoc Cárdenas (no bien visto por los “ojos capitalistas” del consejo). Lamentablemente en forma tradicional, los empresarios aquí representados, siempre han sido y son de hecho, parte integral del SPM. (los hechos así lo demuestran)

El 13 de julio, la Comisión Federal Electoral, hizo públicos los resultados oficiales de los comicios federales con base en la información entregada por los 300 comités distritales del país”. Anunció que; “de una votación efectiva de 19.1 millones de sufragios –lo cual arrojaba un abstencionismo del 48%—, a Carlos Salinas de Gortari del PRI le correspondía 50.36%; a Cuauhtémoc Cárdenas, del FDN, 31.12 %; y al aspirante presidencial del PAN, Manuel J. Clouthier, 17.07%.”[1], en esta forma el SPM y la Comisión Federal Electoral, arreglaron la votación y la elección a favor de Carlos Salinas de Gortari. Sin embargo, para validar esto necesitaban dominar el Colegio Electoral en el Congreso, lo que se lograría con la abstención del PAN.

En pláticas con José Luis Salas Cacho, quien había sido el coordinador de la campaña por la presidencia de la República, de Manuel J. Clouthier; le pregunté, cuál era la explicación para que Acción Nacional, y más aún, líderes auténticos del mismo partido, como don Luis H. Álvarez y “el Maquío”, se hubiesen prestado a validar el fraude. Respondió que ellos no habían validado ningún fraude; al contrario, lo habían denunciado. –Pero la explicación es muy simple, me dijo: “Cuando nos dimos cuenta del fraude que se estaba cocinando en la Secretaría de Gobernación, pretendidamente encubierto con la caída del sistema, fuimos los primeros que inmediatamente convocamos a los otros partidos con el objeto de informarles lo que estaba sucediendo y convocarlos a tener una rueda de prensa, precisamente para denunciar el fraude ante la opinión pública y para desconocer la elección, pidiendo su anulación. Para esto nos comunicamos y reunimos; con Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, con doña Rosario Ibarra de Piedra y con el Ing. Heberto Castillo. De inmediato nos llamó Manuel Camacho Solís; con toda seguridad “había muchos pajaritos en los cables telefónicos”, dijo con sorna, porque previamente y a propósito, habían utilizado una “línea intervenida” para hablar a Monterrey con Ramón Alberto Garza, director editorial del periódico El Norte, para informarle lo que pretendían hacer y preguntarle si sería noticia. Ya te podrás imaginar lo que contestó. Manuel Camacho por lo visto, habiéndose enterado de esto, hizo todo lo posible por disuadirnos, planteando el “interés nacional” y escenarios catastróficos si se enfrentaban los partidos por las elecciones, hasta la posibilidad misma de un golpe de Estado[2]. De todas maneras, la rueda de prensa se llevó a cabo y denunciamos el fraude, “pedimos el no reconocimiento del triunfo del PRI y en esas condiciones; solicitamos la anulación de los comicios”. Lo que pasa, me sigue explicando José Luis, “es que más tarde se descubrió por parte de algunas gentes del PAN; que tanto el PRI como el FDN, liderado por la corriente democrática salida del PRI, hicieron uso de las mañas a que estaban acostumbrados y utilizaron a los ‘fontaneros’ –llamados así por su experiencia en el arreglo de las votaciones— manipulando la votación y arreglando las actas para hacer fraude en la elección presidencial, cada quien por su lado. De tal manera que ahora el fraude no solo era mayúsculo, sino presuntamente no de un solo partido. Con el recurso de la caída del sistema, los fontaneros mayores (oficiales) arreglaron la elección en forma favorable al candidato del PRI. Francisco Javier Ovando, considerado como asistente de la campaña de Cárdenas, quien según las investigaciones de gentes del PAN, (no comprobadas), coordinaba a una parte de los fontaneros del FDN, desgraciadamente fue asesinado en Michoacán sin que su muerte fuera reclamada por ellos, ni aclarada por parte de las autoridades gubernamentales, quedando sin haber manera de probar a ciencia cierta, estos otros aspectos del fraude. Todo se agravaría unos días después al proclamarse Cuauhtémoc Cárdenas, en forma unilateral, como “Presidente electo”, rompiendo con el acuerdo que teníamos para la anulación de las elecciones”. Hasta aquí la explicación de JSC.

Don Luis H Álvarez nos dice: “Las posturas del FDN y del PAN eran distintas. Nosotros considerábamos que la serie de irregularidades hacían imposible conocer quien ganó, y la única salida era la anulación de los comicios. Cárdenas insistía en haber triunfado, cosa que no podía probar por el alto número de casillas no cubiertas por representantes de la oposición; su postura era que se limpiara la elección y se le reconociera el triunfo. [3]

Bajo estos hechos y en estas condiciones, podemos deducir que don Luis H. Álvarez pensó que no le quedaba más que considerar a la imposición de Salinas, como siempre y una vez más; como un hecho consumado, contra el cual su partido no se veía en condiciones de luchar. Lo más probable es que ante una situación de hecho, difícilmente reversible por la posición de Cuauhtémoc Cárdenas; don Luis aceptara ahora negociar en estas condiciones la neutralidad del PAN con el mismo Carlos Salinas para validar así su elección. Toda vez que al abstenerse el PAN en la votación del Colegio Electoral, que calificaría la elección presidencial, significaba que el PRI por sí mismo y con sus aliados podía sacar adelante la validación de la elección presidencial favorable a Carlos Salinas de Gortari, aun con los resultados altamente fraudulentos, como en realidad había sucedido.

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Aunque lo siguiente no es comprobable y don Luis H. Álvarez no lo reconoce en sus memorias publicadas; el favor del PAN a Salinas, sería a cambio de algo sustancial y cuando menos 5 puntos, por los que, según ellos, su partido había estado luchando. Estos, de hecho; se dieron más o menos en la siguiente forma:

1º La reforma del Artículo 27 constitucional, para que las tierras ejidales pudieran ser dadas en propiedad a los ejidatarios.

2º El establecimiento en México de un organismo defensor de los derechos humanos.

3º La reprivatización de la Banca.

4º El reconocimiento de la Iglesia Católica y

5º La reforma electoral mediante la creación de un instituto y un tribunal de lo contencioso electoral.

Durante el sexenio de Salinas, los cuatro primeros puntos se cumplieron más o menos. Sin embargo, con respecto a la reforma electoral, se hizo sólo parcialmente a propósito y sin llegar a fondo, y aunque hubo importantes avances, con la creación del Instituto Federal Electoral (IFE) el Ejecutivo siguió conservando todavía su injerencia perniciosa a través del Secretario de Gobernación quien lo presidía. Y la calificación de las elecciones continuaría a cargo del Congreso como Colegio Electoral por no haberse creado el tribunal de lo contencioso electoral que se había solicitado, ya que a Salinas, para sus propósitos a futuro, no le convenía. Esto, visto a la distancia, era una de las primeras evidencias de los afanes de continuidad de Salinas.

Además de la satisfacción de los puntos anteriores, hubieron otras concesiones que se comprueban por los siguientes hechos: se dio el reconocimiento de varias posiciones electorales para el PAN. La exigencia final de don Luis H. Álvarez en representación del PAN, fue que el Presidente se comprometiera, entre otras cosas, a que su régimen fuera uno de transición hacia la democracia. Esto último se refrendó mediante un documento publicado el 16 de noviembre de 1988 en la prensa nacional, denominado “Compromiso Nacional por la Legitimidad y la Democracia”. Similar al “Pacto por México” de EPN, firmado también por todos los partidos políticos. (“el prometer no empobrece”). Se veía que no conocían muy bien a Salinas, le estaban “haciendo el juego” (y siguen sin conocerlo); el 2 de julio de 1989 se dio el reconocimiento del primer gobernador de un Estado, ganado en México por la oposición, esto fue para Ernesto Ruffo, el candidato del PAN al Gobierno de Baja California, ganada, sí, pero lo más importante era que se lo reconocía el sistema; en Guanajuato, después de las elecciones de agosto de 1991 para gobernador, ganó fraudulentamente Ramón Aguirre, ex-jefe del Departamento Central de la Ciudad de México, en contra de Vicente Fox, por el PAN, y de Porfirio Muñoz Ledo, por el PRD. Mientras tanto, en las de San Luis Potosí, también por medio del fraude, ganó Fausto Zapata Loredo, por el PRI en contra del Dr. Salvador Nava Martínez, postulado por el PAN. Después de airadas protestas, marchas de resistencia civil y negociaciones con el Presidente, se decidió dar marcha atrás y otorgar la gubernatura de Guanajuato al PAN con la condición, por parte de Salinas, de que podía ser gobernador aquel que el partido designara, menos Vicente Fox. Por ello, se le dio el gobierno del Estado a Carlos Medina Plasencia, mientras que el de San Luis Potosí se le dio a Gonzalo Martínez Corbalá.

Don Luis H Álvarez le pidió también a Salinas la reforma del Artículo 82 constitucional para que los hijos de extranjeros nacidos en México pudieran ser candidatos a la Presidencia de la República, pensando, probablemente con esto conformar a Vicente Fox Quesada. Salinas lo concedió en forma diferida hasta las elecciones del 2000.

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Cuando le tocó a Diego Fernández de Ceballos, (amigo y allegado a Salinas) ser coordinador de la mayoría panista en la Cámara de Diputados, de 1991 a 1994, éste se prestó de acuerdo con el PRI y probablemente por instrucciones de Salinas, a la quema de las boletas electorales guardadas en el Congreso; borrando en esta forma toda evidencia (prueba física) del fraude electoral de 1988. En esta manera los tres principales grupos políticos partidistas en México, coparticiparon defraudando a los mexicanos en las elecciones para Presidente de la República en 1988. Y don Luis H Álvarez y el PAN, vendieron “no tan caro su amor” a Salinas de Gortari para validar su presidencia.

Es tanta la costumbre del ciudadano frente a las imposiciones del sistema, que estas acababan por ser aceptadas a regañadientes y sin chistar, porque además ha quedado comprobado que no hay líderes con la honestidad y los tamaños suficientes para enfrentarlas. En un principio, la gente totalmente engañada –debo confesar que me incluyo entre ellos— le reconocíamos a Salinas que se estaba “ganando a pulso” la Presidencia de la República por los magníficos golpes que aparentemente le dio al sindicalismo corrupto, tanto en el campo de la educación (SNTE) como en el del petróleo, con el desmantelamiento del imperio de La Quina, quien en el sexenio pasado, inconforme por la terminación del “contratismo”, y con el objeto de conseguir para el sindicato la continuidad en forma exclusiva de los contratos por las obras de mantenimiento de PEMEX; había amenazado públicamente al propio Presidente Miguel de la Madrid. La Quina ordenó al líder sindical José Sosa que, en el discurso oficial, a nombre de los trabajadores petroleros y frente al presidente, haciendo “tango” y “rasgándose las vestiduras”, le dijera: “Si se hunde PEMEX se hunde usted (señalándolo con el índice), nos hundimos todos, se hunde el país”. Con esto los sindicalistas petroleros mostraban la arrogancia y soberbia a la que habían llegado y que ya era intolerable. Salinas, sabiendo que La Quina supuestamente había también contribuido a financiar la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas, no podía dejar intacto a un enemigo de tales dimensiones.

De igual forma, actuó Salinas, aunque solo también en apariencia, contra el sindicalismo corrupto y prepotente en el campo de la educación, “golpeando” en forma contundente el poder del cacique de San Luis Potosí, Carlos Jongitud Barrios, líder “moral” del Magisterio, quien se había fortalecido políticamente a costa de la educación del país y de los maestros, a través del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), en donde sus “líderes” estaban acostumbrados a hacer de las suyas y robar impunemente. Los mexicanos creímos ingenuamente que Salinas actuaba en beneficio de la educación, afectada negativamente como hasta ahora lo ha sido por el sindicalismo corrupto, por el desprecio del sistema hecho gobierno y por la incompetencia de los secretarios.

Al final, nuestras expectativas pecaron también de candidez. Después caímos en cuenta de que estas acciones solo resultaron ser vendettas entre los grupos tradicionales de poder, y en cierta forma eran solo en cumplimiento de las reglas del SPM por parte de Salinas, para dejar sentir que se ejercería el poder sin escrúpulos ni miramientos. Salinas arregló la substitución de estos líderes corruptos en el caso de los petroleros y del Magisterio por otros igual o peor de corruptos pero controlados ahora por él, ya que se habían comprometido a ser sus incondicionales ya que los estaba encumbrando a posiciones que no son fácil de lograr. Sin embargo el estado de las cosas dentro de sus respectivos dominios, seguía igual o peor que antes. Estos líderes fueron Carlos Romero Deschamps, con los trabajadores petroleros, y Elba Esther Gordillo, en el SNTE, quienes por otro lado evidentemente resultaban faltos de lealtad para quienes suplieron, toda vez que ellos mismos habían ascendido políticamente en sus sindicatos por el apoyo recibido de los ahora caídos, a quienes en esta forma presentaban despiadadamente en calidad de “chivos expiatorios”.

Actos como los arriba descritos, suelen darse al inicio de cada sexenio, en donde el sacerdote supremo del sistema unipartidista, el Presidente de la República, presenta estas ofrendas y las sacrifica en el altar de la demagogia como muestra inequívoca de quién es el que manda. De paso, esto sirve para hacer creer a la comunidad que todo se realiza en su beneficio y que ahora sí, el cambio sí va en serio. Sí bien hay que reconocer que en cierta manera, aprovechando la acción y el escarmiento, se puso orden en términos generales, en un sindicalismo desbordado y abusivo en toda la Republica, que afectaba el sano desarrollo productivo y la vida nacional, un sindicalismo que había llegado a excesos inconcebibles como la toma del Hotel Presidente Chapultepec a punta de metralletas y bombas molotov; por el sindicato de Venus Rey, en protesta porque uno de los conjuntos musicales del hotel no pertenecía a su sindicato, incendiando para esto el vestíbulo ante el azoro de los turistas nacionales y extranjeros y huéspedes, que no podían dar crédito a lo que estaban viendo.

Salinas, economista, se rodeó de otros economistas con estudios de posgrado, principalmente en los EU. Centrados estos casi exclusivamente en uno solo de los aspectos de la problemática nacional: la economía, con un enfoque tecnócrata, utilizando el “modelo neoliberal” y por lo tanto con una actuación contradictoria por el “beneficio” parcial en favor de las grandes corporaciones industriales y comerciales y en perjuicio de la gran mayoría del pueblo de México, convirtiéndolo en sujeto de explotación permanente.  No supieron estar a la altura de la circunstancia por la que atravesaba el mundo. En la época en que Salinas asumió atropellada y arbitrariamente el poder, virtualmente por medio de un golpe de Estado; en el mundo se estaban operando grandes cambios con una tendencia generalizada hacia la democracia, a la rendición de cuentas y transparencia en la función pública, a la participación de la sociedad civil exigiendo resultados y a la reivindicación del Estado de derecho en los países más avanzados. Se estaba gestando también el derrumbe de la Unión Soviética y una revolución reivindicatoria de las libertades y los derechos de los ciudadanos ávidos de justicia. Porque la sociedad clamaba a nivel mundial por un desarrollo equilibrado, mas equitativo y una mejor calidad de vida para todos. Todo lo contrario de lo que salinas estaba ofreciendo.

En 1989 cayó el Muro de Berlín y con él caía simbólicamente el autoritarismo de regímenes antidemocráticos. Estos cambios se estaban dando también en todos los países socialistas del área de influencia de la URSS, los cuales, (de igual manera que los regímenes de gobierno mexicanos) se habían exhibido por décadas, sin rubor alguno, como “repúblicas democráticas”, cuando en realidad eran dictaduras autoritarias y totalitarias como la que Salinas aspiraba consolidar una vez más en México. Nada más anacrónico ni surrealista. Su propia soberbia y la codicia de quienes lo azuzaban lo hacía perder el nivel del piso; el haber usurpado tan fácilmente el poder en México lo hizo pensar que cualquier cosa, por descabellada que fuera, sería posible. La realidad era que el país no solo estaba estancado, sino con este tipo de gobernantes seguiría moviéndose para atrás.

A finales de 1989, al régimen de Salinas le “cayó del cielo” (si es que a esto se puede llamar así) la necesidad de los Estados Unidos para esbozar e implementar una estrategia a largo plazo para la integración del bloque económico de América, en el cual estaban considerando a México como la pieza clave de la estrategia; primero, para consolidar la fase inicial con los tres países de Norteamérica, pero principalmente porque ellos consideraban, sin faltarles razón, que  la afinidad cultural de México con el resto de países importantes resultarían esenciales y les ayudarían para su segundo y principal propósito: el de concretar en el largo plazo su propio bloque económico integrando a todo el continente americano. Esta medida era vital para los EU., para no perder ni en el corto ni en el largo plazo, la hegemonía económica que han mantenido en el mundo y que ahora se veía amenazada con el bloque europeo y en cierta forma por “los Tigres del Pacifico”. Por estas razones, a principios de 1990, buscaron integrar a México en un tratado de libre comercio con los Estados Unidos y Canadá, lo que después ellos darían a conocer como el NAFTA. En México, esto se manejó como una iniciativa y triunfo de Salinas, lo cual evidentemente era sólo una apariencia que a los EU. no le interesaba ni convenía desmentir.

Casualmente me tocó, a principios del mes de enero de 1990, acompañar al Gobernador de Nuevo León, Jorge Treviño, a presentar nuestro proyecto para el desarrollo del norte del Estado y del nuevo puerto fronterizo especializado en comercio internacional. Proyecto iniciado hacia casi 100 años por el General Bernardo Reyes gobernador del Estado en ese tiempo, que comenzó por Hacer estado fronterizo a Nuevo León y fundar la población de Colombia en 1892 en el límite de Nuevo León con Texas, contiguo a Laredo. La reunión fue en Los Pinos, en la sala de juntas del Presidente, ante él mismo y cinco de sus secretarios de Estado, entre los que estaban Fernando Solana, Secretario de Relaciones Exteriores, quien ese día tenía que ir a recibir a los Reyes de España; Ernesto Zedillo Ponce de León, Secretario de Programación y Presupuesto; Jaime Serra Puche, Secretario de Comercio y Fomento Industrial; Andrés Caso Lombardo, Secretario de Comunicaciones y Transportes; y Patricio Chirinos Calero, Secretario de Desarrollo Urbano y Ecología. Por instrucciones del Presidente, a última hora, antes de iniciar la reunión, se incorporó el Director General del Secretariado Técnico del Gabinete, José María Córdoba Montoya, que no estaba previsto por nosotros, pero que nos daba una idea de la importancia que se le estaba otorgando a la reunión, ya que se convocaba a “La Eminencia Gris” del régimen de Salinas, para que estuviera presente. Por nuestra parte También acompañando al gobernador iban los líderes industriales Jaime Benavides Pompa y Antonio I Villarreal.

Todos mis argumentos en la sesión estuvieron centrados; en la importancia de la apertura comercial de México en un mundo tendente a la globalización y a la integración de bloques económicos; en nuestros compromisos dentro del GATT, que le estaban dando una nueva y creciente dinámica al mercado exterior; en la necesidad de la reactivación económica de México y por tanto en el reforzamiento de su infraestructura, principalmente en la frontera norte. La exposición se prolongaría por espacio de 45 minutos, durante los cuales hubo preguntas del Presidente hacia nosotros y hacia sus secretarios, los que para satisfacción nuestra estuvieron muy atentos y participativos en forma positiva a lo largo de toda la exposición. Un proyecto de cruce internacional con los EU., en donde por primera vez México decía dónde, cuándo y cómo, y además en condiciones de ruptura de todos los paradigmas establecidos en materia de diseño de cruces internacionales para el transporte de carga y con una capacidad de 12,000 tráileres diarios, 4,000 por turno, cuando la capacidad estimada de Nuevo Laredo en ese tiempo era aproximadamente de 1000 tráileres diarios; no resultaba ser poca cosa y necesitaba del apoyo presidencial, no económico, porque el proyecto era autosuficiente en ese aspecto, sino político, para que el aparato burocrático no entorpeciera el proceso. Esto último era nuestro objetivo. En ese tiempo, para realizar la presentación no conocíamos el PowerPoint y la tuvimos que hacer con acetatos y una pantalla llevada por nosotros mismos. Al final, después de haber logrado nuestro propósito, nos reunimos en una esquina de la sala de juntas del Presidente en plática informal con él.

Mis ayudantes con el equipo de la presentación estaban recogiendo los instrumentos y escucharon la siguiente conversación entre Jaime Serra Puche y Córdoba Montoya, quienes se habían ido atrás de la pantalla. Jaime preguntó: ¿Cuál es la conclusión?, ¿todo para adelante? Leyendo la expresión del rostro de Córdoba, quien no emitió sonido alguno, el mismo Jaime Serra expresó: ¡Todo para adelante! Cuando me lo contaron, yo sentí una enorme satisfacción porque pensaba que se referían a nuestro proyecto. Después llegué a la conclusión de que, lo que allí se había definido realmente, era la entrada de México en el NAFTA, convencidos de su necesidad e importancia y cediendo el Gobierno Mexicano a la presión que los EU., habían ejercido al respecto. De inmediato se inició por el senado una serie de “consultas” públicas a nivel nacional, más que nada de forma y como siempre para sólo aparentar que se estaba pidiendo la opinión pública. Desgraciadamente, esta aceptación se dio hasta cierto punto precipitadamente, sin dar tiempo a negociaciones más realistas en varios sectores, sobre todo en lo referente a la producción en el campo y sin negociar los apoyos económicos necesarios en créditos blandos para la infraestructura que demandaría el crecimiento, como se dio en el caso de la Unión Europea cuando ingresaron España y Portugal en 1986, en donde la misma comunidad los ayudó económicamente a nivelarse con los demás países miembros.

A final de cuentas, este régimen cuestionado por lo ilegitimo e irregular de su elección, resultó no solo ser más de lo mismo, sino que los vicios se acentuaron y se dejó llevar más por los sentimientos e intereses personales del Presidente que por lo que le convenía al país. Reprimió durante todo su régimen al Partido de la Revolución Democrática (PRD), y cientos de sus militantes fueron asesinados impunemente. Salinas diseñó con astucia el Programa Nacional de Solidaridad (PRONASOL) con un enfoque eminentemente clientelar, como el pan que necesita el pueblo, pero vendió caro este “pan”: lo cambió por votos para los candidatos de su partido y eventualmente para el “sucesor designado”, su hasta entonces amigo Luis Donaldo Colosio.

Colosio, después de su labor al frente del PRI, por medio del cual y por instrucciones de Salinas, continuó con los fraudes electorales en toda la República –olvidándose “un poco” del compromiso con don Luis H. Álvarez de transitar hacia la democracia—. Luis Donaldo recibía una nueva súper secretaría, diseñada ex professo para la captación de votos, mediante un sistema clientelar y un gran presupuesto, para influir contundentemente, a través de sus programas, a lo largo de todo el territorio nacional: la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), cuya labor era para el “bien” de los más necesitados. Por supuesto, diseñó su programa insignia, el Programa Nacional de Solidaridad, con un enfoque de futurismo político.

Tanto esmero en el manejo electoral para el triunfo de su sucesor solo se puede explicar por el deseo obsesivo de continuidad política para él mismo. La mejor prueba de la efectividad de las medidas previstas por medio de la SEDESOL; se dio en las siguientes elecciones, en donde el PRI volvió por sus fueros, “ganando” otra vez contundentemente, en lo que también influyó determinantemente la alianza del Gobierno con las televisoras y la radio para favorecer al partido oficial. En esas elecciones, los legisladores del PRI obtuvieron mayoría en el Congreso a pesar del gran descontento popular en contra del sistema.

El régimen tomó y aceptó a priori los principios del neoliberalismo, puesto de moda por Ronald Reagan y Margaret Thatcher a favor de un mercado sin restricciones y al servicio de los grandes capitales, sin preocuparse por adecuarlos a la realidad mexicana y sin importar sus consecuencias para la gente. De esta manera, prosiguió con la apertura comercial ya iniciada con el GATT, enfocado éste más como un instrumento para controlar la inflación que como mecanismo para incentivar la competitividad de la industria mexicana; buscó la reforma fiscal, no como una estrategia integral de política económica, sino como instrumento recaudatorio, con el agravante de no disminuir sino de incrementar el gasto corriente que indirectamente sirve de instrumento electoral; realizó un agresivo programa de privatización de las empresas del Estado, como Teléfonos de México, incluyendo la reprivatización de la banca, acompañada de la creación del FOBAPROA, sin ninguna regulación protectora que evitara las prácticas monopólicas u oligopólicas, sino más bien con el propósito codicioso de participar, él y su grupo, en jugosos negocios, utilizando información privilegiada y quedándose con lo mejor.

En su administración, se despreciaron de los aspectos sociales del desarrollo, demostrándose que evidentemente le importaban bien poco, supeditándolos a los del orden económico mediante el enfoque neoliberal, que supone que estos se dan en automático mediante el crecimiento económico, con el agravante de haber tratado los aspectos sociales, sólo con un enfoque clientelista, a través del Programa de Solidaridad, manipulando y condicionando de esta manera la ayuda social necesaria. Estableció como fórmula mágica la economía de mercado basada en el principio obsoleto de las libres fuerzas de la oferta y la demanda, lo que resultó en grave perjuicio para los mexicanos, desamparados frente a las practicas monopólicas.

A sus amigos ricos, sobran ejemplos, Salinas los volvió más ricos, y a los pobres, y en general a la sociedad civil, su gobierno la dejó con menos poder adquisitivo y afectó su calidad de vida. Su régimen endosó el costo de la privatización de las paraestatales a la sociedad, porque, aunque el desprendimiento de éstas pudo haber sido una medida recomendable para evitar el dispendio, la ineficiencia administrativa, y la corrupción; dejó intactos a los monopolios, como fue el caso de Teléfonos de México. Telmex fue vendido a un solo grupo con instrucciones precisas de no fraccionar su estructura monopólica, que si bien ésta pudiera haber sido aceptable para el Estado, no lo era en manos privadas, la empresa telefónica (el monopolio) quedó en manos de Carlos Slim (quien “se ha convertido” en el hombre más ricos del mundo), evitando así la competencia que hubiera beneficiado a la sociedad. En iguales condiciones se vendió la TV publica, el canal 13 de Televisión Azteca, Por otro lado, lo que el pueblo no se explica, es en dónde quedó el dinero producto de la venta de Teléfonos de México y de tantas otras empresas del Estado, y por qué se realizó la reprivatización de la banca; sin la regulación complementaria para proteger a la gente, a las empresas y en general a los usuarios que tienen necesidad de sus servicios. Y por el contrario sí se protegió a los dueños de la banca, dándole la oportunidad de actuar como verdadero oligopolio con el objeto de resarcirse del “alto precio” pagado al Gobierno, pero ahora con cargo al usuario. Todo esto resultó inexplicable, inaceptable e injusto. La única conclusión lógica a la que se puede llegar; es la hipótesis de que el propio Presidente, a través de su grupo, por supuesto, en forma bastante discreta y difícil de comprobar, pero absolutamente irregular y falta de ética; estuvieron inmiscuidos para beneficiarse, con información confidencial y por supuesto privilegiada, tanto en el proceso correspondiente a la banca, como en la privatización del resto de las paraestatales. Lo cual fue una lamentable muestra de alta corrupción en contra del interés nacional.

En 1992, sucedió algo que podría interpretarse como un sondeo para ver las posibilidades de restablecer la reelección en México, con el objeto preparar el ambiente propicio para que se diera la propia reelección de Salinas de Gortari. “El curricán” lo lanzó Gonzalo Martínez Corbalá, gobernador substituto de San Luís Potosí. Al tratar de postularse para gobernador a pesar de que la Constitución se lo impedía. Él lo justificaba mediante el razonamiento de que al haber gobernado poco tiempo, su postulación podría ser aceptable; por supuesto modificando la Constitución. Las declaraciones contrarias de Fernando Gutiérrez Barrios, Secretario de Gobernación, “cortaron por lo sano” el asunto. Sin embargo, por esto y por su reticencia con respecto la reforma constitucional para las relaciones con la Iglesia, al inicio de 1993, Salinas “cortó por la sano” a Gutiérrez Barrios. Otra vez, el fantasma de la reelección, como en el caso de Obregón y Alemán, vuelve a surgir aquí. El que ha probado las mieles del poder omnímodo de la Presidencia de México, se siente joven y lo es; ha preparado un grupo que él supone incondicional, no solo en el ámbito político, sino también en el económico; ha demostrado que no tiene escrúpulos éticos; como Salinas, estando protegido por el sistema político que lo parió, sería ingenuo pensar que no se proponía mantener el poder a toda costa, tanto por su ambición y soberbia desmedidas, como porque, entre otras cosas, seguramente no conocía bien la historia política de México, o pretendió ignorarla.

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Cuando en noviembre de 1993 el PRI hizo público que su candidato a la Presidencia de la República era Luis Donaldo Colosio Murrieta, Secretario de la SEDESOL, el otro de los precandidatos, Manuel Camacho Solís, Jefe del Departamento del Distrito Federal, que había sido el eficiente operador político de Salinas y que se sentía con merecimientos más que suficientes para ser el candidato, reaccionó airadamente y, rompiendo las reglas del sistema, se negó a felicitar al designado, con lo que dejó ver públicamente tanto su descontento como su ingenuidad. A pesar de ser un político avezado, Camacho Solís parecía no haberse dado cuenta de que todo el aparato que se le había venido armando a Colosio, con tanto tiempo de anticipación, no era fortuito, y que las verdaderas intenciones de Salinas eran continuar en el poder a través de él. Pero no había más que hacer, por lo tanto, y de acuerdo con el Presidente, dejó la jefatura del Departamento del Distrito Federal y asumió la Secretaría de Relaciones Exteriores, lo cual pareció como un premio de consolación.

Durante ese sexenio, brotó nuevamente la guerrilla, ahora en Chiapas, se trataba de una guerrilla que tenia razón en muchos de sus planteamientos, lo cual analizaremos más adelante. En lo político, y precisamente para la sucesión presidencial, Carlos Salinas de Gortari quiso jugar con tantas cartas que a él sí se le hizo “bolas el engrudo”; el 9 de enero de 1994, al anunciar el nombramiento de Manuel Camacho Solís, ahora en calidad de Comisionado para la Paz en Chiapas, lo traicionó el inconsciente y mencionó, ante las cámaras de televisión, el Artículo 82 de la Constitución como la base jurídica que lo facultaba para dar tal nombramiento, siendo que este Artículo solo se refiere a los requisitos necesarios para ser Presidente de la República. En esa ocasión, lo que debió mencionarse al dar a conocer la designación del Comisionado, era el Artículo 89 constitucional, donde se dan a conocer las facultades y obligaciones del Presidente. El nombramiento lo hizo cuidando escrupulosamente que no se contraviniera ninguna disposición para poder ser candidato a la Presidencia de la República en cualquier momento, lo cual refuerza la hipótesis de que Salinas trataba de manejar un candidato alterno para la sucesión.images-2 Camacho nos dice: “Pedí no cobrar sueldo, no porque esto tuviera una implicación legal (sin ser miembro del Gabinete, no la tenía), sino para generar confianza en la sociedad respecto a mi tarea e independencia y, sobre todo, para darme a mí mismo el primer mensaje de exigencia absoluta: hay que dejar todo atrás, correr los riesgos que sean necesarios y pensar en todo menos en los pequeños intereses. Uno mismo debía esforzarse para ponerse a la altura de las circunstancias”.[4]

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El 23 de marzo de 1994 sucedió algo que se creía superado en México. Luis Donaldo Colosio, el candidato del PRI a la Presidencia, fue asesinado en Lomas Taurinas, un barrio de Tijuana, en donde había participado en un mitin político de su partido, el PRI. Dos semanas antes, había pronunciado un valiente discurso frente al Monumento a la Revolución en la Ciudad de México en donde, mediante la autocrítica, reconocía la terrible desigualdad existente en México y hacía en esa ocasión un fuerte reproche de los resultados del sistema, lo cual fue mal visto por Salinas. En la actualidad, los asesinatos de Colosio, Ruiz Massieu y el Cardenal Posadas Ocampo siguen sin tener una explicación suficientemente clara, lógica, convincente, y siguen suscitando controversia. Estos hechos es difícil que lleguen a dilucidarse completamente, precisamente por el cumplimiento de las reglas no escritas del SPM, aunque más o menos la opinión pública tenga ya una idea formada al respecto.

En su tiempo, el mismo Carlos Salinas de Gortari fue señalado en algunos medios como el presunto autor intelectual de estos asesinatos, si bien sin conocerse ninguna prueba. En el caso Colosio, se presume que podría existir un móvil; el candidato del partido oficial a la Presidencia de la República se indisciplinó al entrar en rebeldía virtual contra el Presidente, cosa no solo imperdonable dentro del sistema político, sino a todas luces inconveniente para los verdaderos propósitos de Salinas de seguir manipulando el poder en México, y por supuesto, por el riesgo que esto podría implicar para él, ya en calidad de ex-Presidente. La hipótesis se reforzaría por la probabilidad de haber previsto un candidato alterno, aunque no exista una prueba contundente en ese sentido. En el caso del asesinato de Ruiz Massieu, su hermano Raúl, con el cual actuaba el Presidente en forma muy estrecha; fue declarado formalmente preso al ser acusado por la Procuraduría General de la República de ser el autor intelectual del homicidio. Uno de los móviles, según las averiguaciones, era la posibilidad de que éste quedara en una posición importante en la nueva administración de Zedillo y dijera todo lo que sabía sobre los actos de la familia Salinas. Todo el sexenio del ex-presidente Zedillo permaneció en uno de los penales de máxima seguridad. Y sin embargo, durante la administración de Vicente Fox, Raúl Salinas salió libre después de alguna probable negociación de Fox con su hermano Carlos Salinas. Paradójicamente Fox se había comprometido en su campaña para hacer una redada de peces gordos, que seguramente hizo con una red agujerada, porque además de no pescar a nadie de importancia política, fueron muchos los que dejó ir. En el caso del asesinato del Cardenal Posadas Ocampo y de la relación del Gobierno con el narcotráfico, que era un hecho real y probable, la alta jerarquía de la Iglesia Católica hasta ahora ha preferido guardar silencio.

El grupo, que en el ámbito político y económico Salinas debió haber constituido en torno a él, y al amparo del inmenso poder político que ejerció, utilizando información privilegiada y aprovechándose de ello para la privatización de las empresas estatales y de la banca. Además del manejo arbitrario y sin ética del erario (sobre todo la partida secreta de la presidencia que pudo disponer de ella sin rendición de cuentas); este, es un grupo que debería haber sido denunciado lo antes posible y llamando a cuentas tanto a los miembros del grupo como a su líder. Yo pensaba que esto tendría que ser hecho por un gobierno federal de la oposición, toda vez que un gobierno emanado del sistema político de acuerdo a las reglas del juego, nunca podría afectar a un ex-Presidente. Sin embargo, esto no fue así: el ex- presidente Zedillo, miembro de su propio partido, rompiendo las reglas del juego por primera vez desde tiempos del presidente Cárdenas, si bien no afecto al grupo porque no era nada fácil, sí expulsó del país a Salinas de Gortari, si no en forma expresa, sí en forma virtual. Y si bien no afectó sus bienes, esto fue tal vez por no existir la suficiente base jurídica –porque los gobiernos “revolucionarios” siempre han establecido una legislación que solapa al delincuente político y le permite delinquir impunemente, paradójicamente, dentro de la legalidad—, esta sola acción de Zedillo marcó un importante precedente histórico.

Durante todo el sexenio de Zedillo y hasta el final de su mandato, Carlos Salinas se auto-exilió en Irlanda, por ser este un país desde el cual no es fácil extraditar a los delincuentes, al no existir acuerdos ad hoc con México. Esto lo hizo Carlos Salinas de motu proprio por la espada de Damocles pendiente sobre su cabeza que significaba la voluntad política del Primer Mandatario para hacer justicia al respecto, ya que él tenia la suficiente información y el conocimiento de causa y ya había demostrado que no se iba a andar con miramientos. Sin embargo y paradójicamente con la administración de Vicente Fox; Carlos Salinas pudo regresar a México quitado de la pena. Existe la hipótesis de que alguien le vendió la idea a Fox, para utilizar la experiencia del ex presidente, asesorándolo en forma directa aquí en México, ya que se encontraba abrumado por la problemática y asustado por lo complejo del inmenso aparato de gobierno. Incluso muchos de los que gobernaron el país con Fox, en los diferentes niveles, fueron cuando menos cómplices de Salinas en la estructuración de su esfera de poder y en sus acciones delictivas.

Volviendo en el tiempo y tras el lamentable asesinato de Colosio, al que se llamó sin rubor “magnicidio”, Camacho, ante su previa y oportuna descalificación para la candidatura del PRI a la Presidencia de la República, señala lo siguiente:

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“El frente más difícil, sin embargo, estaba en la retaguardia. En la Ciudad de México, dentro del propio PRI y del gobierno, crecían la animadversión y hasta la envidia: ‘¿Que se siente ser tan popular y aparecer en la primera plana del New York Times?’ Entre más éxito teníamos en nuestra misión de paz, más preocupación desataba mi labor en la Ciudad de México. En la campaña del PRI, se creía a pie juntillas que toda nuestra actividad no tenía otro propósito que impulsar mi candidatura a la Presidencia […] Ellos, para tener éxito, debían posicionarse en una coyuntura donde las campañas presidenciales habían pasado al segundo lugar frente a lo que acontecía en Chiapas […] Ninguno de nuestros adversarios creyó que queríamos utilizar la fuerza que teníamos en la opinión pública para impulsar la paz. Estaban convencidos de que nuestro verdadero objetivo era alcanzar una candidatura, ya fuera sustituyendo a Colosio o desde afuera, enfrentando al PRI. En la capital de la República—en las altas esferas de la política— no importaban la paz en Chiapas, la democracia ni la justicia. Importaba el poder. Había una sola pregunta: ‘¿Va usted a ser candidato a presidente?’ […] En medio de las posiciones de unos y otros, de quienes me alentaban a lanzar mi candidatura –muchos que después vi reaccionar con cobarde oportunismo— y de quienes me amenazaban si lo hacía, transité durante diez días con el ánimo de proteger los acuerdos de Chiapas y tomar la decisión más responsable. […] Sin consultarlo con el Presidente ni con nadie, el 21 de marzo salí a declarar que no sería candidato bajo ninguna circunstancia. Mi olfato me decía que algo grande podía ocurrir; pensaba que sería una crisis económica con la cual se deslegitimaría lo avanzado en Chiapas y me harían responsable frente a la sociedad. Lo último que imagine fue que dos días después ocurriría un crimen abominable: el asesinato de Luís Donaldo Colosio”[5].

Carlos Salinas de Gortari tuvo que considerar un sin número de posibilidades, para proponer nuevo candidato, hasta la de reformar la Constitución, para habilitar y barajar como candidatos algunas de sus cartas de mayor confianza y complicidad; como por ejemplo la de Pedro Aspe, su Secretario de Hacienda, uno de los que consideraba de confianza y en un futuro, fácil de manejar. Sin embargo, por más vueltas que le dio al asunto, y ante el apremio que la situación reclamaba; con “el dolor de su corazón” tuvo que nombrar al Secretario de Educación, al cual despreciaba y al que había sacrificado, quitándole la importante cartera de la Secretaría de Programación y Presupuesto para así poder armar la SEDESOL, destinada a quien él consideraba como su “delfín”, para que la utilizara como un valioso instrumento estratégico de captación clientelar de votos, lo que en los hechos se dio. Esta fue la circunstancia que ahora violentaba todo el proceso previsto por Salinas y que en cierta forma, con el comportamiento distinto de Zedillo, quien salió electo y ahora como nuevo mandatario, su compromiso político era sólo con el Estado mexicano, y ya no estaría al servicio del ex-Presidente, esto iba a romper, momentáneamente con la continuidad del sistema y con sus reglas del juego.

Con el asesinato del candidato oficial, al final del sexenio, la economía también se violentó, provocando la caída de las reservas y la compra masiva de tesobonos con cobertura cambiaria por parte de los inversionistas para protegerse. Aunado a esto, se sumó el aumento en las tasas en los mercados internacionales y aumentó la deuda a corto plazo, constituyendo todo esto una bomba de tiempo cuya peligrosidad Salinas, como economista, conocía perfectamente, de modo que incluso al final del sexenio, se comprometió con Zedillo a devaluar el peso. Pero Pedro Aspe, en actitud mezquina y anti patriota, lo convenció de lo contrario, presentando su renuncia anticipada para que la bomba tronara en las manos del nuevo secretario de Hacienda, Serra Puche, pero ya en el tiempo del presidente Zedillo. Y para rematar, Salinas sacrificó las medidas del ajuste cambiario, absolutamente necesarias para desactivar la bomba de tiempo al final del sexenio, lo que debió haber hecho antes de la toma de posesión del nuevo Presidente. Y además se vio que lo hacia también para no entorpecer su campaña para lograr la Presidencia de la OMC (Organización Mundial del Comercio). Así, se faltó a una de las reglas no escritas del sistema político mexicano (SPM), que establece que el Presidente saliente debe limpiarle lo más posible de escombros el camino al entrante, curiosamente así se había hecho con él mismo en el final del sexenio de Miguel de la Madrid. De esta manera, aunado a un manejo imprudente por parte de las autoridades hacendarias del nuevo Gobierno, precisamente para realizar los ajustes pendientes que debió haber hecho la administración de Salinas, se precipitó la crisis económica que Salinas y su “socio” Pedro Aspe nos heredaban. Esto ocasionó que la Administración del Presidente Zedillo, iniciara con un gravísimo descalabro para la economía de los mexicanos. Sin faltar, como siempre la especulación con las divisas que en estos casos suelen aprovechar, preparándose con tiempo, los que cuentan con la información privilegiada.

Textos tomados del Ensayo “México y su Realidad” 3a Edición de Antonio Fuentes Flore

[1] Miguel de la Madrid H. 825-826.

[2] Que paradójicamente era equiparable a lo que gobernación pretendía cometer, y cometió al final. Comentario del autor.

[3] Luis H. Álvarez, Medio Siglo (México: Plaza & Janes, 2006) 232.

[4] Manuel Camacho Solís, El Desacuerdo Nacional (México: Aguilar, 2006) 250.

[5]Manuel Camacho Solís 256-259.

 

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2 pensamientos en “FRAUDE ELECTORAL DE 1988 EN MÉXICO

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