La izquierda y la derecha son actualmente dos tendencias ideológico-culturales evolucionadas, en el entendimiento político de la sociedad del siglo XXI.
En México, estas dos corrientes adquieren particular relevancia porque caracterizan a las dos únicas opciones reales de gobierno, PRD-MORENA (izquierda) y PAN (derecha), que existen en el plazo inmediato para evitar a la imposición del próximo presidente de la república: el candidato del PRI (de derecha); que pretenden los poderes fácticos: los monopolios de las telecomunicaciones, radio, televisión y del poder económico; que quieren seguir libando de las mieles del poder y gozando de los privilegios que por décadas han detentado a costa del pueblo de México, actualmente en gran disparidad social y en crisis.
Por tanto, no sale sobrando reflexionar, aunque sea en forma breve y esquemática; en los antecedentes de ambas tendencias. Esto es necesario para que los mexicanos tengamos más elementos de juicio a la hora del análisis crítico para decidir nuestro voto.
Estas dos tendencias de ideología política existen desde el principio mismo de la humanidad y han evolucionado a través del tiempo; el nombre de Izquierda y Derecha, probablemente tiene su origen en la ubicación de las partes, con posiciones antagónicas, en La Assemblée Nationale de la revolución francesa; en donde en el ala izquierda se sentaban los diputados del tercer Estado: el pueblo, liderados, los moderados, por Mirabeau e integrados aquí mismo los jacobinos de Maximilien Robespierre; quienes querían el cambio radical. Y en la otra, en la ala derecha; se sentaban tanto los diputados del primer Estado: el clero, como los del segundo Estado: la nobleza; quienes por supuesto querían conservar todos los privilegios.
La burguesía, astutamente, no se ubicaba en un ala determinada porque estratégicamente nunca se quiso comprometer con una tendencia en particular. Esta surge en la edad media, integrada por los comerciantes y artesanos adinerados que se emanciparon de los señores feudales. Su nombre deriva de “burgo” que era una especie de recinto amurallado y protegido, separado de los demás; que construían los señores feudales dentro de su feudo para proteger y controlar el trabajo comercial y artesanal de las personas que con estas actividades estaban bajo su cuidado.
La burguesía florece durante la edad Media, como un nuevo estamento social integrado por personas muy hábiles para los negocios y para generar riqueza, aunque muchas veces fuera sin importar los medios, los procedimientos éticos y mucho menos la ideología política. Tenían una visión práctica, única y privilegiada para el comercio, actividad que paradójicamente se intensificó con las cruzadas y sirvió para reavivar la actividad artesanal en toda Europa; dando origen a una nueva clase social que a partir de aquí tendría una función trascendente y de gran influencia en el manejo del poder político por la relación simbiótica que éste siempre ha tenido con el poder económico.
Existen algunos conceptos desde el siglo XVIII que se identifican con las tendencias ideológicas de izquierda y derecha. Como el “progresismo” entendido como la disposición y voluntad de cambio libertario de los llamados “liberales” en la época de la reforma, identificados con la izquierda. En contraparte estaban “los conservadores”, entendidos éstos como los favorecidos con el statu quo y por tanto defensores de la tendencia a conservarlo, identificados con la derecha.
El concepto de “Estado confesional”, esto es, la liga indisoluble de la iglesia y el Estado con una exclusiva religión oficial, surgido a partir de finales del Imperio romano; se identifica con la derecha. En contraparte está el “Estado laico”, que respeta la libertad de pensamiento ideológico y religioso, surgido de las ideas que empiezan a manifestarse a partir del Renacimiento, continúan con la ilustración, y se consolidan con el surgimiento del primer Estado laico: los EUA, y con la revolución francesa a finales del siglo XVIII. Este concepto de Estado laico, que en la actualidad es aceptado tanto por la izquierda como por la derecha, se identifica más con la izquierda.
El capitalismo (identificado con la derecha) se consolida en el siglo XIX después de la revolución industrial. Aquí surge también el socialismo (identificado con la izquierda).
El “capitalismo”, tiene como base la propiedad privada, y establece la conveniencia de mantener al Estado al margen de la actividad económica de los particulares, pretendiendo que ésta sea regida única y exclusivamente por las libres fuerzas del mercado, y que los estímulos deben ser directos a las empresas y su actividad; porque “lo que es bueno para la empresa es bueno para la sociedad”. Lo cual ha quedado en entredicho con los últimos acontecimientos y con la arbitrariedad de las prácticas monopólicas y la explotación del trabajador y el consumidor que caracterizan al llamado “neoliberalismo”. Aunque en un principio los sistemas capitalistas estaban en contra de la planificación de la actividad económica, en la actualidad han visto la importancia de los planes estratégicos para el desarrollo. Este capitalismo se identifica con la derecha.
El “socialismo”, está por el uso del poder del Estado en beneficio directo de la sociedad, del ciudadano. Sin embargo esto no evitó que en los países que se caracterizaban como socialistas, existieran también importantes tendencias ideológicas conservadoras y desviaciones arbitrarias que afectaron negativamente a quienes deberían servir. En un principio los medios de producción deberían de ser propiedad del Estado aunque en la actualidad esta característica se circunscribe a los recursos y bienes nacionales, reconociendo también la conveniencia de la propiedad privada como eficiente motivador. En el socialismo se busca que la economía funcione en forma planificada. En teoría y en un principio la empresa debería ser estatal, una empresa pública que busca el bienestar de la sociedad más que la rentabilidad económica. Sin embargo en una economía globalizada como la del siglo XXI, esta teoría se volvió obsoleta, ya que la competencia se ha convertido en una competencia mundial, y en función de un mercado global totalmente abierto en donde tanto la empresa estatal como la privada son compatibles e interactúan. Los ajustes que ha tenido que hacer recientemente China ilustran lo que suceda ahora. Esta tendencia ideológica se identifica con la izquierda.
Por lo tanto, los diferentes sistemas, capitalistas y socialistas, se han tenido que mezclar tratando de hacer compatibles sus principios para poder operar en una economía de mercado globalizada. Lo cual no deja de resultar paradójico y providencial, porque ninguno de los dos sistemas por sí solo y menos en su forma ortodoxa, podría en la actualidad tener éxito y ser solución para ningún país.
Las formas extremas de ambas tendencias se han caracterizado por: el desprecio total de la dignidad de la persona y de la vida humana; por la prevalencia de los valores materiales sobre los espirituales; por el chovinismo, el dogmatismo político-ideológico; el totalitarismo y el autoritarismo en sus formas de gobierno y por la sumisión total de la voluntad y la razón a sus dogmas ideológicos, ligados muchas veces, en algunos casos, a una especie de fundamentalismo religioso y fanático. En estos casos extremos la derecha se ha identificado con actitudes fascistas y la izquierda con la demagogia dogmática inspirada en la hegemonía del proletariado y la lucha de clases. Actitudes de ambas tendencias, (afortunadamente) obsoletas y superadas por completo y además repudiadas por la mayoría de la población mundial.
En las formas extremas de ambas corrientes; a la izquierda muchas veces se le ha orillado a recurrir a la guerrilla y la derecha ha sido proclive a recurrir a las fuerzas paramilitares. Pasando ambas sobre el Estado de derecho que debería prevalecer y ser respetado como salvaguarda del ciudadano y sus derechos humanos.
Aparentemente la ideología política partidista del México en los inicios del siglo XXI, sin dejar de reconocer su diversidad, se podría decir que se divide en forma, si se quiere simplista, en estas dos grandes corrientes, a las que se ha dado en llamar “la izquierda” y “la derecha”. En términos generales la sociedad mexicana no se identifica con ninguna de las dos. En primer lugar porque no nos queda suficientemente claro qué significan cada una y, por otro lado, porque cuando más o menos se logra entender qué es lo que en teoría comprenden cada una de las dos tendencias; la ideología de una misma persona puede estar de acuerdo o en contra de algo en cada una de ellas, sin, necesariamente, estar por supuesto en contra o a favor de ninguna en particular. En realidad, estas dos grandes tendencias en el mundo, han evolucionado y se han vuelto mucho más complejas pero también más practicas, con inclinaciones orientadas, la derecha hacia la izquierda y viceversa. Ambas han ido poco a poco quitándose dogmatismos, radicalismos y posturas extremas, hasta casi afortunadamente llegar a tocarse en algunos aspectos. Sin embargo en América Latina persiste en los inicios del nuevo milenio algún radicalismo de los que hemos señalado en las dos tendencias y México no está exento de ello.
Se podría decir que en teoría, ambas ideologías evolucionadas son positivas en el sentido de que las dos, por caminos distintos, buscan lo mismo: el bienestar de la sociedad, o cuando menos eso es lo que está implícito en sus propósitos manifiestos.
Por otro lado en ambas tendencias; existen quienes exaltan sus ideologías como banderas de lucha irreconciliable con sus oponentes, no tanto porque crean fervorosamente en ellas o que así sea en la realidad, sino porque la experiencia en la mercadotecnia política les ha enseñado que de esta manera adquieren mayor clientela y fortaleza interna en su partido; lo cual los beneficiaría a ellos política y económicamente sin importar qué le suceda a México.
En estas dos tendencias (no en las extremas) han existido auténticos líderes, gente de bien, pensadores convencidos de su ideología. Esperamos que la inteligencia, la razón y el buen juicio prevalezcan en ambas tendencias partidistas y unan sus esfuerzos, primero dentro de sí mismas, y se depuren quitando en forma radical el lastre que significa aquellos personajes y prácticas evidentemente reprobables, si se quiere estar en condición de servir a México.
Lo anterior no se dará por arte de magia ni gratuitamente, sino mediante un gran esfuerzo nacional de conciliación y reconocimiento de la realidad plural de la sociedad y sus legitimas aspiraciones, con la participación de todos los estratos sociales, anteponiendo el interés del Estado mexicano, sobre el particular o partidista; para que entre todos se pueda establecer las precondiciones que propicien el cambio necesario e impostergable mediante la renovación en la base constitucional de la sociedad. Pero ante todo ejerciendo a plenitud el poder, que mediante el nuevo orden constitucional la sociedad les confiera, para hacer precisamente realidad ese Estado de derecho al que siempre se ha aspirado. En estas condiciones lo importante es lograr el cambio verdadero; si éste se logra por el lado de la izquierda o por el de la derecha, eso no importa, lo importante es que se dé.
Y si para evitar la imposición y lograr el cambio esperado; será necesaria la alianza de las dos tendencias ideológicas, que así sea, por el bien de México y para el bien de los mexicanos, que ya merecemos una oportunidad de vivir en paz para poder reconstruir al país y así poder optar por un mejor futuro para nuestros hijos, ya que; ellos ni nadie se merece lo que está pasando.
junio de 2012
Antonio Fuentes Flores.
















