2 de octubre NO SE OLVIDA

Vivir-en-la-raya

Las puertas de la Escuela Nacional Preparatoria volaron hechas trizas en la madrugada del 30 de julio de 1968, los vecinos se despertaron azorados bajo el estruendo del impacto de un proyectil de arma de grueso calibre, lanzado increíblemente por una bazuca apuntada y disparada por el Ejército en contra del Antiguo Colegio de San Ildefonso. Tenían órdenes “superiores” de no pararse en miramientos ante nada ni ante nadie, y menos si “el país era objeto de una conspiración comunista”, como lo creía “a pie juntillas” su Comandante Supremo, el mismo Presidente de la República. Curiosamente, en el inmenso e histórico recinto de la antigua Preparatoria, en donde todavía retumbaba el eco ensordecedor del disparo, solo encontraron algunos estudiantes aterrorizados y a un drogadicto. El conflicto lo había iniciado unos días antes, el 22 de julio, la Secretaría de Gobernación, aprovechando un enfrentamiento entre estudiantes de la Escuela Vocacional No. 2 del IPN y los de una escuela particular, la Isaac Ochoterena, por causas baladíes como en realidad suelen ser este tipo de enfrentamientos entre pandillas de estudiantes, aquí hicieron que las cosas se complicaran gradualmente, o más bien fueron perversamente estimuladas hasta desembocar en la orquestación de una batalla campal, entre estudiantes politécnicos y universitarios a los que se sumaron los granaderos del DF, confrontación que mediante estos estímulos oficiales tuvo graves y cruentas consecuencias.

Una serie de desmanes y batallas campales se provocaron y se dieron en el centro de la Ciudad de México, entre los estudiantes que además buscaban protegerse en sus planteles de los granaderos. Todo esto se agravó al mezclarse con las manifestaciones conmemorativas de la Revolución Cubana, el 26 de julio y las marchas de protesta al Zócalo. No tardó en agudizarse el conflicto con el secuestro y quema de autobuses, que tradicionalmente era inducido por los mismos instigadores (en este caso presuntamente de la Secretaria de Gobernación), mediante el hábil manejo de la psicología de masas por medio de gente especializada, sembrada ex professo, la misma que se encargó de incitar la destrucción a pedradas de aparadores comerciales, “misteriosamente” los estudiantes encontraron a la mano las piedras suficientes. Pronto salieron a relucir, también “quien sabe de donde” las bombas Molotov, dándose además el incendio de patrullas policíacas. Todo esto tenía como objetivo la manipulación de la opinión pública para hacerle creer que la Revolución de mayo, de París, estaba siendo trasladada a la Ciudad de México por los comunistas con la intención de boicotear las Olimpiadas. El objetivo era involucrar a la Presidencia de la República y la respuesta al más alto nivel no se hizo esperar; de inmediato apareció el ejército, iniciando con la “epopeya” de la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso.

Paradójicamente, este movimiento estudiantil y las complicaciones a las que fue siendo llevado, dieron lugar a una verdadera toma de conciencia social sobre la realidad del país. Ya se empezaba cuestionar seriamente los resultados de un sistema político arbitrario, injusto y autoritario. Sin embargo esto también motivó y dio alimentó a las diversas tendencias ideológicas, con sus filias y fobias, tratando cada quien de “llevar agua a su molino”. Pero por otro lado, verdaderamente despertó la simpatía de la gente en general, principalmente de los habitantes de la Ciudad de México, la más poblada de la República, quienes veían con admiración el que por primera vez alguien se enfrentara al autoritarismo y a la “sacrosanta” figura presidencial, intocable hasta ese momento. Todo esto no era más que una semilla que germinaría más tarde. Por lo pronto el movimiento creció con manifestaciones ordenadas en donde se empezaron a plantear reclamos como la derogación del delito de disolución social, la libertad de los presos políticos, la destitución de los jefes de policía del DF, la desaparición del cuerpo de granaderos y fincar responsabilidades a los funcionarios, por actos u omisiones en el manejo de la autoridad, indemnización a los deudos de los muertos y por los destrozos sufridos en las escuelas y comercios. Sin embargo todo este despertar de los jóvenes y de la sociedad seria aprovechado, para provocar una situación de crisis política y social; porque para eso había sido estimulado, para servir a los intereses aviesos de políticos con propósitos electorales, sin importarles el sacrificio de inocentes.

Cada vez más, a medida que avanzaba el movimiento, se desacreditaba la tesis gubernamental de la conjura comunista en contra de México, a pesar de que los agentes de la Secretaría de Gobernación hacían todo lo posible por demostrar lo contrario, usando artimañas y todos los medios a su alcance. El movimiento creció enormemente con el apoyo no solo de los estudiantes y la comunidad universitaria, sino de muchos de los habitantes de la ciudad de México. En su informe el 1 de septiembre; Díaz Ordaz mintió calumniando y desprestigiando al movimiento diciendo: “hemos sido tolerantes pero todo tiene un limite” frase que provocó una ovación de pie de todos los invitados al informe y particularmente de los miembros del PRI y del Congreso mismo, con mayoría priista, que ponía de manifiesto la enorme ignorancia, servilismo o mala fe de los asistentes dicho acto.

La “Marcha del Silencio” el 13 de septiembre, fue la bofetada con guante blanco que se dio en respuesta al presidente, esta, como medida inteligente de protesta bien organizada, recorrió las calles de la Capital hasta el Zócalo, en orden y en silencio,  llegando al zócalo más de 200,000 personas. Esto naturalmente no les convenía a los instigadores originales, cuyo propósito era crear una provocación que justificara, ante la opinión pública, el uso de la “mano dura” del Gobierno. Desgraciadamente, el mismo crecimiento desmesurado del movimiento sobrepasó a sus líderes, quienes no supieron cuándo parar ni como moderarlo o canalizarlo. El Ejército invadió la Ciudad Universitaria el 18 de septiembre, y en esas mismas fechas empezó a trabajar un siniestro grupo paramilitar conocido como el “Batallón Olympia”, que había sido concebido para la seguridad de las Olimpiadas. Éste estaba integrado por miembros del Ejército y algunos miembros de los grupos paramilitares (Halcones) que el Gobierno usaba regularmente para reprimir cualquier movimiento social o sindical. Finalmente se orilló al Presidente, estimulando su paranoia anticomunista, para asestar un golpe mortal y definitivo al movimiento el 2 de octubre de 1968 con la masacre en la plaza de las tres culturas, mediante la complicidad de los medios informativos que escondieron y minimizaron la noticia, perdida más tarde entre la parafernalia de la celebración de las olimpiadas.

Textos tomados del ensayo: “México y su Realidad” e-book de Antonio Fuentes Flores

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