Influencia de los Visigodos en Hispania

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Los godos, pueblo de origen germano, habían sido también expulsados de la región del Danubio por las hordas de Atila y parte de ellos se habían asentado en las Galias, estos eran los visigodos, que tenían ahora su centro de operaciones en Tolosa, actualmente Toulouse en Francia. Desde ahí penetraron a Hispania en el 415, más tarde Teodorico I se enfrenta con grupos de suevos vándalos y alanos que habían penetrado cruzando los pirineos desde principios del siglo y los expulsa hasta el extremo poniente de la región cantábrica, particularmente en Galicia, obligando a muchos de ellos a trasladarse al norte de África.

Los visigodos, en ese tiempo no se podían imaginar que más tarde ellos mismos suplirían a Roma en el dominio de Hispania, tras el declive del Imperio de occidente en el año 476. La dominación de los visigodos en Hispania inicia con Ataulfo (410-415), quien se casa con Gala Placida en 414 y muere en el año 415; lo sucede Sigerico (415), un tradicionalista que muere asesinado después de una semana de reinado y es sucedido por Walia (415-418), un conciliador de las dos tendencias, la pro románica de Ataulfo y la tradicionalista o germánica. Walia establece su capital en Tolosa, en las Galias. En un principio Ataulfo había establecido su corte en Barcelona, sin embargo seguirán todavía por varios años utilizando a Tolosa como el principal centro de operaciones hasta en tanto no logren consolidarse en la Península, lo cual consiguen en el 507. Anteriormente con la presión creciente de los francos ejercida en su contra, deciden su concentración y consolidación como reino en Hispania, teniendo como capital Toledo, resguardándose de los francos en buena parte mediante la enorme barrera física de los Pirineos. El dominio visigodo en Hispania dura desde principios del siglo V hasta comienzos del siglo VIII.

La cultura románica prevaleciente en Hispania era superior o cundo menos similar a la de los nuevos dominadores. Los visigodos respetan la independencia jurídica y social de los pueblos de Hispania, lo que llega a institucionalizarse jurídicamente a principios del siglo VI con el Código de Alarico (484-507), que sería aplicado para los pueblos de Hispania en forma paralela al Código de Eurico (466-484), que valía para los visigodos y, entre otras cosas, prohibía los matrimonios mixtos de visigodos con otras razas. Entre los visigodos existía una gran unidad familiar en forma de patriarcado, que también se expresaba jurídicamente en su propio código. En el 552, desembarcan en la península (probablemente en Málaga) tropas bizantinas del Imperio Romano establecido en oriente y encabezado por Justiniano. No esta claro si los bizantinos fueron traídos por Atanagildo (554-567), en auxilio de Hispania contra el rey Agila (549-554) o bien la alianza inicial de los bizantinos fue con Agila quien en realidad reinaba en ese tiempo, siendo  el rebelde. Lo cierto es que este desembarco agregaba un factor más de invasión a Hispania, que por otro lado traería una rica influencia cultural positiva.

Los visigodos en principio adoptaron las estructuras, usos y costumbres establecidas por Roma durante su dominio en Hispania. Sin embargo con el establecimiento del nuevo reino trataron de hacer algunos cambios que no todos fueron para bien; centralizaron el poder como correspondía a un reinado pero le dieron mucha fuerza a los nobles asentados en diferentes partes del territorio casi a manera de señores feudales (anticipados), desapareciendo los municipios y estableciendo provincias ducales, lo que provoco con el tiempo el fortalecimiento de las provincias y los señoríos de la nobleza y la aristocracia, acentuándose la ruralización y afectándose negativamente el comercio, viniendo en demérito la actividad de la vida urbana y la cultura que esto produce, como la actividad artesanal entre otras.

Desde el punto de vista religioso los visigodos organizan su reinado bajo el principio de la emanación divina del poder utilizado por los romanos desde Constantino para validar y dar carácter sagrado al monarca en turno, sin embargo no mantenían una liga política de gobierno con los obispos arrianos, aun siendo el arrianismo la religión oficial, y no fue sino hasta el Concilio celebrado en Toledo en el 633 cuando se decreta la unión de la iglesia y el Estado después de que se estableciera la religión católica como la oficial del reino abjurando al arrianismo. Esto sucedió después de superar un sin un sinnúmero de vicisitudes como era de esperarse. La sociedad y la vida cultural fueron afectadas por la gran influencia del clero católico en las costumbres, con sus prejuicios sociales y religiosos.

Regresando un poco, en el siglo VI se da el reinado de, tal vez, el monarca visigodo más importante: Leovigildo (573-586), quien unificó Hispania mediante victoriosas batallas en contra de los bizantinos, vascones, suevos, etc. Fue un personaje visionario de gran decisión y mando, que ejerció el poder político a plenitud para llevar a cabo grandes reformas en todos los campos, entre otros en el jurídico en donde actualizo la legislación mediante su propio código, cubriendo aspectos territoriales y permitiendo ahora el casamiento entre visigodos e hispano románicos. Leovigildo consolidó la hegemonía visigoda y reafirmo su capital en Toledo, en el centro geográfico de Hispania. Todo le salía “a pedir de boca” hasta que se metió en el terreno religioso al querer imponer el arrianismo. El rey había procreado dos hijos con su esposa Teodosia: Hermenegildo y Recaredo. Hasta entonces, la monarquía había sido electiva, y él trata de hacerla hereditaria y para esto asocia al trono a su primogénito Hermenegildo y para prepararle el terreno lo envía a la Bética pero este, como “el hijo desobediente”, se rebela contra su padre al declararse abiertamente en contra del arrianismo, se autoproclama rey de Sevilla y toma las armas contra el reino de Toledo. Las consecuencias no se hacen esperar y recaen sobre los católicos, quienes sufren injustas persecuciones y el mismo Hermenegildo es pasado por las armas en el 585 por lo que la iglesia católica de inmediato lo consideró como uno de sus mártires.

Leovigildo muere y en el 586 su otro hijo, Recaredo (586-601), lo sucede y unifica las religiones convocando en el 589 al III concilio en Toledo, pero ahora en forma inversa al plan de su padre, él abjura al arrianismo y se convierte al catolicismo. Lo que no dejaba de ser una medida inteligente porque lo congraciaba con los hispano-romanos que eran mayoría y le daba más estabilidad y gobernabilidad al reino. Más adelante vinieron Sisebuto (612-621) y Suintila (621-631) quienes acabaron por expulsar definitivamente a los bizantinos de Hispania. Y posteriormente Chindasbinto (642-653), quien procede a la eliminación de sus enemigos y la confiscación de sus bienes para fortalecer al Estado. Asocia a su hijo Recesbinto, quien lo sucede en el 653, teniendo que enfrentar a un clero rebelde y retrógrado. Recesbinto fue un monarca muy activo y destacado; promulgó la unidad jurídica a través del Liber Iudiciorum. Parte de lo que fueron sus joyas se encuentran actualmente en el Museo Arqueológico Nacional en Madrid. A su muerte (672), el arrianismo trata de reactivarse; sin embargo, se elige a Wamba (672- 680), quien controla la situación religiosa e instituye el servicio militar obligatorio, antigua costumbre germánica. Finalmente, Wamba es traicionado por Ervigio, (680-687), sin que esto se haya comprobado plenamente, lo cierto es que su gobierno se apoyó mucho en la iglesia y realizo una importante reforma jurídica,

Al final de la dominación visigoda, se pone de manifiesto el ancestral fenómeno socioeconómico que se caracteriza por el gran enriquecimiento de la minoría dominadora y sus asociados, por un lado, y por el otro, el empobrecimiento de la inmensa mayoría, sin que entre ambos grupos existan escalones intermedios. Al final esto debilitaría la cohesión social y el poder político. Dicha polarización económica se acentuó con la ruralización de la economía que fortaleció un sistema pre-feudal y disminuyó el poder central del Estado. Adquieren particular relevancia el terrateniente latifundista y el encomendero, propiciado por una legislación que privilegiaba a los señores feudales en contra de los campesinos, con la complacencia, como casi siempre, del alto clero. Esta situación no se da en algunos grupos homogéneos con vocación independiente, como los cántabros y los vascones.

La injusta distribución de la riqueza y la concentración del poder político en unos cuantos ha sido desde siempre, sin ser este periodo histórico la excepción, el germen de la descomposición social que constituye la paja seca del descontento de la mayoría, fácil de encender y propagarse, sin que esto sea garantía de ninguna mejora. A fin de cuentas, el cambio tiene lugar como consecuencia lógica. Es así, como resurgen los movimientos baguadas, las revueltas campesinas y la resistencia de los vascones, lo que facilitaría y propiciaría la relativa fácil penetración de los musulmanes, misma que algunos veían con júbilo. Ervigio y Égica (687-702) ante la depresión económica de finales del siglo VII recurren a lo que después sería una costumbre en diferentes épocas y lugares, la confiscación de los bienes de los judíos aduciendo razones “religiosas” para justificar el despojo arbitrario.

Ervigio, Égica y Vitiza (702-710), últimos monarcas visigodos, consolidan el Estado pre-feudal. Su debilitamiento político se agrava tras períodos de secas, hambrunas, pestes, apatía y desesperanza de la sociedad. En el 710 sucedería un hecho que traería grandes consecuencias; a la muerte de Vitiza, Roderico quien por voluntad de su padre ya estaba reinando desde antes de morir (709-711), “en lugar de haberlo hecho su hijo Akhila” según decir y sentir de él mismo. Inconforme éste con la sucesión decretada por su padre, paradójica e imprudentemente a través de terceras personas llama en su auxilio a los musulmanes que estaban al acecho y tenían ejércitos de beréberes en Marruecos. Éstos, encabezados por Tariq ibn Ziyad responden de inmediato al llamado. Los árabes cruzan rápidamente el Estrecho de Gibraltar y penetran por un punto que después seria conocido como Algeciras, derrotando y dando muerte a don Roderico en la Batalla de Guadalete, lo que pone fin al dominio visigodo en Hispania y así se inicia la dominación musulmana en el 711.

La proporción entre los hispanos romanos y los visigodos fue de un gran contraste, toda vez que los primeros llegaban alrededor de los 5 millones y los visigodos nunca sobrepasaron los 200,000. Con el dominio visigodo, como hemos visto, se da el fenómeno de ruralización en detrimento de los centros urbanos, marcado por un cierto feudalismo práctico y material, una especie de privatización en beneficio de los terratenientes y en detrimento del concepto del Estado romano. Esto se refleja, en términos generales, en la pobreza de la expresión artística, si bien hay que reconocer que una excepción la constituyó la región de la Bética dominada por los bizantinos. Desde un principio, los visigodos remarcaron la desigualdad social al dar privilegios a las clases poderosas en detrimento del pueblo. Al final, el dominio visigodo terminó como muchos de los mismos reyes visigodos; “sin pena ni gloria”.

No cabe duda de que el que sabe lo que quiere, se prepara, se mantiene porfiado y atento a los acontecimientos en espera de su oportunidad; logra lo que se propone. Esto, en la política y en la vida misma de las personas, siempre será recompensado. Los árabes, bajo la circunstancia de una sucesión visigoda conflictiva y sabiéndola aprovechar con su acción astuta porfiada y oportuna; culminarían con la penetración a Hispania en el 711 y su dominio por casi 800 años, escribiendo así una de las páginas más brillantes en la historia universal.

 

Texto tomado del Ensayo “México y su Realidad” 3a Edición de Antonio Fuentes Flores

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