LA GENTE

Miguel Angel Bonaroti

Para el capitalista la gente es el mercado que consume y a la vez el instrumento que produce; para el socialista la gente es la sociedad destinataria de la acción y los votos electorales necesarios. Los capitalistas tienen como dios al capital, a la riqueza sin limites y sin importar su origen, quien la posea o la acumule. Para el socialista su dios es el Estado, quien centraliza el poder y la propiedad.

Ni para el capitalista ni para el socialista la gente son seres humanos, personas de carne y hueso, con sentimientos y deseos muchas veces insatisfechos, seres con dignidad, con ilusiones y frustraciones, gentes con familia que atender y que educar. Gentes que sufren con la adversidad y disfrutan con la felicidad propia y de los otros, sobre todos los más cercanos. No se puede encasillar a la gente en alguno de los dos lados de una asamblea que no sirvió ni siquiera para hacer una revolución verdadera y porque la gente no tiene la idea clara de lo que son “izquierdas” y “derechas”.

Las llamadas izquierdas y derechas identificadas con el socialismo y el capitalismo, están compuestas por una absoluta minoría de individuos, muchos de ellos con muy mala memoria o un grave desconocimiento de lo que ha sido la historia de la humanidad; la lucha de la gente por evitar el abuso; principalmente el de la autoridad emanada del Estado como el poder político, o del poder económico de la gran burguesía o del poder de la religión cimentada y desvirtuada por la mentira. O de los tres poderes unidos para su provecho y para el mal de la gente; a través de las oligarquías.

Izquierdas y derechas solo nos recuerdan el origen y características de las dictaduras autoritarias y asesinas: de José Stalin con un comunismo esclavista que masacró al pueblo soviético, o la de Adolfo Hitler con  un fascismo racista con el que quiso dominar al mundo, o la de Franco y tantos gobiernos asesinos conservadores a ultranza. Estas ideologías enfermisas no tienen conciencia del origen de las guerras del siglo XX y XXI, que han masacrado  indiscriminadamente a la gente; sacrificando a su juventud, lo mejor de los pueblos, por afanes hegemónicos egoístas de las élites y por la ambición codiciosa de la especulación económica; creando la carrera armamentista por ambas tendencias y un mundo fatalmente herido por la desigualdad social y económica y la destrucción de la naturaleza, afectando para mal irreversiblemente a la Tierra.

antonio fuentes flores, a 7 de julio del 2020

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