CÓMO FUE LA REVOLUCIÓN MEXICANA DE 1910

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Agotado por sí mismo y ya sin el visto bueno de los Estados Unidos, termina el Porfiriato [1]. Más por el exilio de su líder que por la superación de sus vicios. El ideal maderista y la revolución de 1910, fueron los factores internos que provocaron el fin de esta dictadura. Sin embargo, a su paso apresurado e improvisado desde el punto de vista filosófico, al final dejan sin realizar el cambio radical necesario para bien de la mayoría y de la vida nacional,logrando sólo una acción reformadora, aceptable en el aspecto jurídico y una efímera participación democrática de los mexicanos, a un enorme costo social y humano. El lema del Plan de San Luis, postulado por el movimiento maderista fue: “Sufragio Efectivo, No Reelección”. Lema que al término de la revolución se usaba, sin sentido alguno en toda la correspondencia oficial. Durante mucho tiempo esta divisa [2] sólo se logró por derecho en cuanto a la no reelección, toda vez que en la práctica y de hecho nunca respondió al espíritu de la ley. Si bien es cierto que legalmente estaba impedida la reelección de las personas, esto no impidió que un mismo grupo, un mismo partido, cambiando sólo de nombre y de personas haya sido el que se perpetuase en el poder ejecutivo federal hasta llegar a constituir otra dictadura que le dio continuidad a todos los vicios del porfiriato, precisamente por ser nulo el sufragio efectivo que los autodenominados revolucionarios prometieron.

La misma actitud tímida y medrosa que se dio en la época de la Independencia cuando se luchaba en contra de la corona española al plantear la posibilidad de que gobernara en México alguien de la casa de Fernando VII, o él mismo, ahora se volvía a dar; al llegar a considerar Francisco  Madero, que podría continuar gobernando don Porfirio y que sólo se eligiera al Vicepresidente. Actitud ingenua que presagiaba ya las consecuencias que al final se dieron. Al igual que en el inicio del movimiento insurgente de independencia, en la revolución maderista los hechos de guerra exitosos se sucedieron si no con facilidad, sí con relativa rapidez. En escasos 6 meses ya se había logrado la renuncia del dictador. Indudablemente la participación de líderes guerreros como Pascual Orozco y Francisco Villa en el norte, y Emiliano Zapata en el sur, animados por un ímpetu reivindicatorio más que de cambio social, fueron el factor decisivo y lo fue también la acción del gobierno de los EU., financiando y apoyando la rebelión; dándole la espalda al dictador, quien ya no era una “garantía” para sus muy particulares intereses.

Al triunfo de la causa, Madero fue demasiado clemente y magnánimo con el enemigo, y exageradamente escrupuloso en cuanto a la legalidad de los actos. No se daba cuenta, o no quiso comprender que él mismo había iniciado un proceso revolucionario que debería llevar a cambios radicales, y que él podía y debía fijar las condiciones, las nuevas reglas. Llegó al grado de “dejar al lobo a cargo del rebaño”, al permitir que un porfirista recalcitrante se hiciera cargo, en forma interina, de la Presidencia de la República, cuando aceptó que; habiendo renunciado el presidente Porfirio Díaz, “por ministerio de ley le correspondía el cargo al Secretario de Relaciones Exteriores”, un porfirista recalcitrante. Y no quiso hacer uso del derecho que le daba haber ganado la revolución y “tener la sartén por el mango”. En esas condiciones, de acuerdo a lo aceptado en el tratado de C. Juárez, Francisco León de la Barra, quien tenía como uno de sus lugartenientes a Victoriano Huerta, asume la primera magistratura de la Nación con todas las prerrogativas que el cargo implicaba y únicamente con las limitaciones del interinato para convocar a elecciones democráticas, por primera vez en muchos años.

Sorprendentemente Madero acepta que; quienes él había derrotado tengan ahora el control del poder y del ejército. Y a sus generales que lo habían llevado al triunfo de la causa; les ordena licenciar, desarticular y «despachar a su casa» a las fuerzas revolucionarias vencedoras. La sorpresa y descontento fueron mayúsculos, ya no tanto de los jefes revolucionarios que se sentían traicionados, sino del pueblo en general que creía haber derrotado a su opresor y ahora lo veía de nuevo en el poder con nuevos bríos. Madero, además le confiaba la seguridad nacional y la suya propia, nada menos que al ejército federal que había derrotado. ¡Verdaderamente increíble!

El 7 de Junio de 1911, Francisco I Madero hizo su entrada triunfal a la Ciudad de México. En ese mismo año se realizan las elecciones, resultando él, electo Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos. Con las condiciones aberrantes establecidas por él mismo, no pudo, ni quiso consolidar un gobierno fuerte y absolutamente leal, como le aconsejaban sus colaboradores más cercanos y preclaros, como su propio hermano Gustavo Madero, Luís Cabrera y Serapio Rendón.

No es posible hacer gran cosa, ni mucho menos realizar los cambios estructurales necesarios, si cuando se gana el poder se mantiene intacto el aparato burocrático viciado y corrupto y, aún más, se conservan a los pillos y asesinos que lo han manejado. Y además, por un acto de fe, de confianza exagerada, por no decir de estúpida ingenuidad, y por una justicia que nadie reclamaba; se les confiere el poder, el mando, y se les vuelve a dar autoridad a los vencidos. Esto naturalmente resulta suicida. El trabajo de León de la Barra fue de sabotaje, centrando su acción no solo en el distanciamiento de Zapata y Madero sino tratando de provocar su enfrentamiento, utilizando a Victoriano Huerta y al general Blanquet con tal efectividad que a escasos 20 días de haber asumido Madero la Presidencia, Zapata, apoyado intelectualmente por Antonio Díaz Soto y Gama, proclama el Plan de Ayala. Éste establece que se levantaran en armas contra el “supremo gobierno” y solo las dejaran cuando los pueblos despojados, recuperen sus tierras (lo cual nunca se dio).

El resto de los grupos revolucionarios que vieron licenciadas sus tropas y se sentían traicionados, marginados, y también mantenían latente el descontento y la sensación de haber fracasado porque “una revolución que transa, sin imponer sus condiciones; es una revolución que pierde”. Algunos de ellos, como Pascual Orozco, se sublevaron en el norte, además porque no les pareció suficiente el botín logrado por su “sacrificio”. Incluso los del bando contrario, como Bernardo Reyes, se levantó en Nuevo León porque sentía ser “el verdadero heredero de don Porfirio y quien contaba con amplia experiencia como gobernante y no como los nuevos que acababan de llegar y serian unos improvisados”. También Félix Díaz se levantó en Veracruz. Aunque ambos fueron momentáneamente dominados y apresados.

Toda esta efervescencia y malestar aparente en contra de Madero, era aprovechado por quienes habían venido socavando la solidez del nuevo régimen, como los hacendados, los ricos empresarios y los militares porfiristas apoyados y orquestados por el embajador de los EE. UU., Henry Lane Wilson, que consideraba inconveniente para los intereses de las compañías petroleras estadounidenses, las reformas que pretendía Madero sobre la explotación petrolera. Todos estos conspiradores se veían ampliamente ayudados por la misma actitud del Presidente, que no alcanzaba a vislumbrar la realidad nacional. Ésta estaba plagada de verdaderos peligros a tal grado que era comparable al tránsito del presidente por un campo minado, teniendo por guía, mal intencionado, a quien plantó los explosivos. El Embajador de los EU.

Sin preocuparse por consolidar su posición y terminar el proceso del movimiento militar que lo llevó al triunfo, para Madero la tarea más grata y la que más ocupaba su tiempo y atención eran Las reformas que él como Presidente de México estaba realizando en varios de los campos de la vida nacional, en donde muchas de ellas acababan con las prebendas y privilegios de los diferentes grupos, que asociados con el poder político se habían convertido a lo largo de las diferentes épocas, en los dueños en turno del país. Sin embargo, estas reformas también eran la principal causa para desear su eliminación por parte de los intereses ilegítimos de nacionales y extranjeros.

Durante el proceso revolucionario, el gobierno de los Estados Unidos que siempre ha jugado sus cartas, apoyando interesadamente a los diferentes grupos que buscan el poder en México cobrando en grande cuando lo otorgan, tanto por el reconocimiento como por el apoyo económico, exigiendo además el pago por “daños y perjuicios” ocasionados por la guerra a los intereses de ciudadanos estadounidenses; de esta manera sacaban un provecho enorme de la situación. Sin embargo desde la caída del dictador y ahora con el nuevo gobierno, lo que pretendían era provocar y realizaron fue un golpe de Estado. En este caso, lamentablemente, los EU. mediante su perverso embajador; llegaron al extremo de promover y apoyar; no solo la usurpación de Victoriano Huerta, a quien después, viendo las consecuencias resultantes, abandonarían a su suerte; sino también el asesinato de Madero y Pino Suarez.

El caso del del Presidente Madero y del Vicepresidente Pino Suárez, dos hombres de Estado que por primera vez en 35 años, habían sido electos democráticamente por el pueblo de México; y la intervención injusta y vil del embajador de los EU., Henry Lane Wilson, con las fuerzas conservadoras más oscuras de la política en ese tiempo, bajo la presidencia de Victoriano Huerta, para urdir y ejecutar en 1913 su asesinato  son un ejemplo y un precedente digno de análisis, para que no se permita su repetición. Estos hechos son prueba de cómo una clase identificada por intereses económicos y políticos de gran corrupción, con una actitud servil hacia los EU., y el representante de un país extranjero, que con falta absoluta del debido respeto a la dignidad de una nación, con prepotencia y desprecio, excede sus funciones; causaron un daño irreparable a la nación mexicana. Lo cual resulta paradójico, sobre todo viniendo de un país que siempre se ha proclamado como el abanderado de la democracia.

Como en la etapa de independencia, lo que pudo haber sido relativamente breve, también aquí en esta nueva etapa revolucionaria, no sólo se prolongaría por un período de más de 10 años, con un enorme costo social y económico, sino que también se viciaron los principios y se contaminaron los intereses legítimos, con los intereses corruptos. Los verdaderos líderes e ideólogos honestos se vieron nulificados por los oportunistas y mercachifles de la política, que aprovecharon el proceso social y político como una gran oportunidad de hacer fortuna sin importar la pérdida de vidas y el dolor del pueblo.

A la revolución el pueblo mexicano le llamó también “la bola”, nombre que en México semánticamente significa gran acumulación. La bola de intereses mezclados, la bola de participantes con sus distintas motivaciones; la bola de ideas y estandartes, como madeja en la cual se enredan todos: como los postulados de los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón para un cambio radical hacia el socialismo, que se mezclaron con desventaja, con la actitud conservadora y reformista de los llamados revolucionarios, quedando al final todo revuelto dentro de una gran bola de polvo que difumina y hace confusas las siluetas, extraviándolo todo, confundiéndolo todo. Una bola que castigó a muchos inocentes, personas inermes que ni la debían pero sí la temían. Una bola que en pos de la justicia cometió grandes injusticias, que acabó con muchas fuentes de trabajo y de riqueza, que propició el despojo del más débil, que dejó impunes a muchos criminales y saqueadores. Una bola que repartió las tierras para volver a acumularlas en los generales “victoriosos” que reclamaban su botín; una bola que, convirtió a saqueadores y asesinos en generales, próceres de la patria. Y como en las fundiciones; hizo que la escoria subiera a las capas superiores. Pero que en cierta forma era necesaria para romper la inercia de tanta injusticia y que, al igual que en las fundiciones, también preserva o pretende preservar lo mejor que yace dentro, en las entrañas de México.

La parodia de la presidencia de Victoriano Huerta y de su pelele Pedro Lascurain Paredes, (presidente sólo por minutos), protegidos de Henry Lane Wilson, se topó en duro con la dignidad nacional. Algunos de los gobernadores de los Estados, convocados por el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, formaron mediante el plan de Guadalupe; el Ejército Constitucionalista y continuaron, otra vez, la lucha armada que habría de terminar con la caída del usurpador.

Digna de mención y reconocimiento fue la valiente intervención del doctor don Belisario Domínguez, político chiapaneco de gran valor e integridad, que llegó al Senado como Senador suplente a la muerte del titular. Este personaje excepcional actúo como un verdadero tribuno, como un verdadero Senador de la República, como hasta ahora no hemos conocido a ninguno; que a la hora de la verdad y en representación de los chiapanecos y de todo el pueblo de México se enfrentó al usurpador, casi solo, costándole la vida.

A la lucha continua se incorporan nuevos actores, como los sonorenses Álvaro Obregón, Adolfo de la Huerta y Plutarco Elías Calles, también gente de Coahuila que venía con Venustiano Carranza, como Eulalio Gutiérrez, y de varios estados de la República, como el artillero Felipe Ángeles, Roque González Garza y otros ya conocidos como Francisco Villa, Pablo González y Emiliano Zapata en el sur, este último nunca reconoció a Carranza, lo que terminó costándole la vida. Y muchos otros grupos de todo tipo que se iban sumando al proceso, desde los bien intencionados por la causa, hasta por supuesto, los que utilizaban la causa nacional para su propia causa. De inmediato se crearon diferentes facciones, que en cierta forma constituían verdaderos frentes de batalla. El principal estaba encabezado por el jefe del ejército constitucionalista, Venustiano Carranza. A quien, en principio los otros apoyaban. Otra facción estaba liderada por el jefe de la división del norte, Francisco Villa. Álvaro Obregón tenía la suya propia en el noroccidente. En el sur estaba a la cabeza Emiliano Zapata. Y en el nororiente, Pablo González. Al principio participaron activamente algunos intelectuales que trataban de darle orientación y congruencia a la lucha armada, tales como; Luis Cabrera, Antonio Villarreal, Juan Sarabia, José Vasconcelos y Antonio Díaz Soto y Gama, entre otros. Ricardo Flores Magón había emigrado hacia los EU., en donde murió más tarde encarcelado, su delito había sido promover internacionalmente el socialismo anarquista, el cual filosóficamente no era entendido.

Durante una de las batallas más importantes; la toma de Zacatecas, las fuerzas constitucionalistas estaban perdiendo terreno y hubieran perdido esa batalla, si Francisco Villa, desobedeciendo órdenes del primer Jefe Constitucionalista, no hubiera dejado Torreón y llegado muy oportunamente con la División del Norte a reforzar al general Pánfilo Natera, para la toma de los cerros del Grillo y de la Bufa, con gran intuición y determinación. Así, y aquí, fue como se ganó la batalla que marcaría la derrota definitiva de Victoriano Huerta. En estas condiciones, después de la firma de los Tratados de Teoloyucan, el 20 de agosto de 1914, hace su entrada triunfal a la ciudad de México Venustiano Carranza al frente del Ejército Constitucionalista y, de acuerdo al Plan de Guadalupe asume la Presidencia de la República.

En 1914 al pretender Carranza ser ratificado como Presidente interino, es rechazado por las facciones de zapatistas y villistas, que pedían que el nuevo presidente fuera electo democráticamente en una convención de las fuerzas revolucionarias, Carranza acepta que esa convención se lleve a cabo en Aguascalientes. Sin embargo se les “va de las manos” y la misma Convención de Aguascalientes, el 10 de octubre de ese mismo año desconoce a Carranza como Presidente y nombra a Eulalio Gutiérrez. Posteriormente, la misma Convención, dando bandazos de un lado para otro, desconoce a Eulalio Gutiérrez y nombra en su lugar a Roque González Garza como Presidente de la República, a quien más adelante substituye Francisco Lagos Cházaro, personaje poco conocido. Mientras tanto las diferentes facciones pelean unas contra otras, y la facción de la convención de Aguascalientes mantiene en su poder a la capital de la República.

A principios de 1915 Venustiano Carranza que se había trasladado a Veracruz, nombra al general Álvaro Obregón jefe de los ejércitos constitucionalistas, y en menos de un mes toman la Ciudad de México. Acto seguido, combate y derrota a la facción villista que estaba en el centro de la República. Esto, aunado a que el 19 de octubre de ese año los Estados Unidos y gran parte de los gobiernos de América, convocados por ellos; reconocen como legítimo al gobierno de Venustiano Carranza, esto trae como consecuencia que “las aguas se asienten y tomen otra vez su cauce”. Lo cual permite que más tarde en septiembre de 1916, se convoque a un Congreso Constituyente para elaborar la nueva Constitución.

Cuando Francisco Villa se entera del reconocimiento de los EE. UU. al gobierno de Carranza, reacciona enfurecido y de inmediato no pierde oportunidad de vengarse con gente inocente y finalmente llega al extremo de cometer un acto descabellado, injusto y bárbaro al llevar a cabo un ataque en los EU., a principios de marzo de 1916, en contra de la inerme población de Columbus, situada en la frontera, asesinando y saqueando por doquier, lo que motivó la expedición punitiva del ejército estadounidense a cargo del general Pershing, quien penetró a territorio mexicano (con autorización del gobierno de Carranza) en busca de Villa, sin poder encontrarlo.

Como estaba decidido, se convoca a un Congreso Constituyente que se integró con representantes de todos los Estados de la República y del Distrito Federal; de acuerdo a su población se asignaron un diputado y un suplente por cada 60,000 habitantes o fracción que pasara de 20,000. Éstos ideológicamente resultaron tanto de ideas conservadoras o de derecha, como de ideas progresistas o de izquierda y en la integración de las comisiones, prevalecieron los de ideas progresistas. Sin embargo, se dieron cuenta que el proyecto enviado por Carranza era una mera modificación, solo en la forma, de la Constitución de 1857, lo que era una evidencia más de que en lugar de una revolución para un cambio radical, lo que se estaba dando era sólo una lucha reformista y por el poder. Debido a esto, las comisiones tuvieron que revisarlo y modificarlo a fondo responsablemente, tratando de plasmar en la nueva Constitución los principios y bases jurídicas fundamentales que verdaderamente respondieran a las causas que habían provocado el movimiento social y la lucha armada del pueblo.

Intelectuales y políticos de toda la República participaron con sus ideas en la conformación de una nueva Constitución, con el objeto de establecer reformas jurídicas que fueran verdaderas reivindicaciones de las injusticias que habían prevalecido en la vida nacional, afectando el desarrollo equilibrado del pueblo de México. En estas condiciones, se puso especial énfasis en el tema agrario y de la propiedad por medio del artículo 27, en el tema del trabajo a través del artículo 123, y el tema de la soberanía popular quedó consagrado en el artículo 39 de la nueva Constitución. En el artículo 3º establecieron la obligación del Estado para proporcionar educación laica y gratuita. Así mismo se logró la inclusión del importante tema sobre las garantías individuales. Por otro lado, se subsanaba el error de la primacía del poder legislativo sobre los otros y se refrendaron las reformas constitucionales de Lerdo de Tejada, con la inclusión otra vez del Senado como cámara alta con representantes de los Estados de la República. Se fortaleció al ejecutivo con un presidencialismo positivo, si se daba la verdadera autonomía, mediante la división de poderes y el respeto entre los mismos.

De esta forma, la movilización de la sociedad civil con la participación popular y de los intelectuales patriotas, bien intencionados, fue lo que al final logró cambios substanciales. El segundo movimiento armado culminó con la Constitución de 1917, plasmando en instrumentos jurídicos algunos anhelos de libertad, justicia y democracia del pueblo de México. En este gran movimiento social se sacrificaron más de un millón de vidas en la guerra fratricida por un México mejor, pagando así, esperemos que para siempre, una cuota muy alta de sangre. Sin embargo, los mejores ideales revolucionarios continuarían siendo letra muerta por mucho tiempo, aunque el derecho los preservara, o incluso traicionados en los hechos por el mismo grupo emanado de la lucha armada que se autoproclamaría como “Revolucionario”.

Un ejemplo inmediato de la traición del autoproclamado gobierno revolucionario en los hechos, fue la ingratitud y falta de lealtad tenida con sus auténticos lideres y con el movimiento agrario encabezado por Zapata, que llevaba como lema “Tierra y Libertad”; el reclamo era que se restituyera el despojo que habían sufrido las comunidades de campesinos desde las encomiendas y durante el Porfiriato mediante el gran fraude de las compañías deslindadoras. Emiliano Zapata, tal vez el caudillo más auténtico de la Revolución Mexicana, termina víctima de su propia intolerancia y del mismo grupo revolucionario hecho gobierno, que respondía más que a los intereses del pueblo, a los intereses de los terratenientes y de la plutocracia. Por lo que lo engaña y asesinan con saña y cobardía.

La Revolución Bolchevique de octubre de 1917 contra la Rusia Zarista, coincidente con el año de la promulgación de la Constitución mexicana, tuvo cierta influencia e inspiración ideológica en algunos grupos de políticos e intelectuales mexicanos, preocupados por la explotación del hombre por el hombre y por considerar obsoleto e injusto el sistema político de la monarquía. La Primera Guerra Mundial en 1914, y principalmente la Segunda, en 1941 cambiaron para mal al mundo y alinearon a México por razones obvias con los Estados Unidos y sus aliados.

Al final de su mandato, Carranza cometió un error garrafal al querer imponer a su sucesor. Escogió para esto al Ing. Ignacio Bonillas, quien en ese entonces era el embajador de México en los Estados Unidos y casi un desconocido. Olvidó que la lucha del pueblo de México había sido precisamente por imposiciones políticas arbitrarias como la que ahora pretendía hacer, pero además aumentó su error; al subestimar y pretender marginar del proceso al héroe del triunfo armado de la Revolución, al general Álvaro Obregón, quien lo había apoyado y llevado al poder. Seguramente las intenciones de Carranza eran buenas porque durante la revolución, pero sobre todo al final de esta, la corrupción del grupo revolucionario era escandalosa, principalmente entre los generales. Tal vez la acción se pudiera explicar, que no justificar, como un doble intento del Presidente por acabar con la corrupción y con la continuidad de estos generales, convertidos, la mayoría, en verdaderos acaparadores de poder riqueza y tierras, en forma injusta y arbitraria. Sin embargo, su intento de llevar a la Presidencia a un civil cuando todavía no era tiempo y al haberlo manejado con torpeza política, le costó la vida.

Al inicio de la década de 1920, “la familia” de Sonora ya estaba integrada: la encabezaba el héroe militar de la Revolución el general Álvaro Obregón, el Ministro de Guerra, Plutarco Elías Calles, y el propio Gobernador de Sonora, Adolfo de la Huerta. Además, este grupo ya había esbozado su plan para perpetuarse en el poder, ocupándolo alternativamente ellos mismos o por medio de interpósitas personas. Lo que hizo Carranza involuntariamente, fue darles el pretexto para quitarlo de en medio y consolidar su plan.

El 23 de abril de 1920, el grupo Sonora lanzó el plan de Agua Prieta, que desconocía al presidente Carranza y nombraba al C. Adolfo de la Huerta, jefe supremo del Ejército Liberal Constitucionalista. El presidente Carranza, ante esta circunstancia, consideró que sí continuaba en la Ciudad de México estaría en grave riesgo por el avance del ejercito comandado por Adolfo de la Huerta; por lo que decide salir de la capital y dirigirse a Veracruz. Sin embargo esto no le dio el resultado esperado, porque de inmediato fue seguido por el ejército obregonista. Y en la sierra de Puebla cercaron al Presidente y a las pocas tropas leales que le quedaban. Premeditadamente no le presentaron batalla de inmediato, pero ya habían decidido su destino. Éste ocurrió en la misma sierra de Puebla, en una triste cabaña desvencijada en el poblado de Tlaxcalantongo. Era una noche negra y helada, acentuada por la oscuridad del bosque, bajo una lluvia torrencial. Aprovechando la espesura de los arboles, cobardemente acribillaron la cabaña en donde se había refugiado el Presidente, con su gente de confianza. La operación estuvo a cargo de las tropas al mando del general Herrero, un mercenario que el grupo utilizaría más tarde en otras encomiendas.

Por supuesto, en el asesinato de Carranza, como en los asesinatos similares que el sistema sabe perpetrar cuando tiene que eliminar a alguien, “no se sabe” a ciencia cierta quiénes son los autores intelectuales y materiales, incluso en esta ocasión se pretendió que había sido un suicidio. Y en cierta forma puede ser que lo haya sido, pero de la misma manera que no se le puede llamar suicidio al asesinato de Salvador Allende perpetrado por Pinochet en Chile. Tampoco a la muerte de Carranza en la sierra de Puebla. Aquí se inaugura el asesinato en la política como medida drástica y sistemática tanto para deshacerse de los enemigos, como para mandar un claro mensaje a los demás (“cabestrean o se ahorcan”).

Muerto Carranza, comienza la etapa de transición y final del movimiento armado y se inicia la consolidación de instituciones; a la luz y bajo la afirmación y definición del que sería llamado “sistema político Mexicano”, (SPM) que partiendo de las enseñanzas del Porfiriato utilizaron para ejercer con efectividad el control político del pueblo;

manejando en el discurso lo que los diferentes sectores de la población querían oír, pero haciendo lo que ya tenían previsto para controlar las acciones en beneficio del mismo grupo. Consideraron vital consolidar y mantener la hegemonía política para perpetuarse en el poder a toda costa, aparentando medios democráticos, para no desentonar con el vecino del norte. Esto fue principalmente para el beneficio político y económico de ellos mismos, sin que les importara mucho el país, salvo contadas excepciones, para guardar las apariencias..

Adolfo de la Huerta, de acuerdo al Plan de Agua Prieta, asume la Presidencia de la República en forma interina, y prepara el terreno que habría de propiciar el advenimiento de Álvaro Obregón a la Presidencia por un período constitucional de 4 años. A de la Huerta, el grupo sonora le hizo la promesa de que volvería a la Presidencia, ahora en un nuevo período de 4 años. Posteriormente le tocaría a Calles ocupar el cargo de Presidente de México. ¡Fácil!, como un juego de niños se repartían el país: “ahora te toca a ti y después a mí, ¿he?” Ciertamente no era un juego de niños, ni siquiera un juego. Este grupo integrado por gente sencilla, sin mucha preparación académica, pero con grandes habilidades, intuición creativa, mucha astucia y firme determinación. Habían surgido al escenario político en forma modesta a partir del inicio de la Revolución de 1910 y con más importancia a partir de la revuelta orozquista y del levantamiento en contra de Victoriano Huerta; resultó ser un grupo verdaderamente astuto, hábil y visionario. A partir de varios triunfos que lo hicieron destacar y llegar a posiciones estratégicas del nuevo gobierno, el grupo guiado por su jefe Álvaro Obregón, supo hacerse respetar y urdir hábilmente un plan a largo plazo, allegándose y utilizando a destacados intelectuales, para posicionarse y al mismo tiempo para cubrir las apariencias. Este grupo demostró en cada una de sus acciones que “no se andaban por las ramas” para conseguir lo que quería, incluso llegando a la “depuración” entre ellos mismos.

Adolfo de la Huerta, aunque brevemente, desempeñó un gobierno de verdadera transición. Logra conciliar a los diferentes grupos y facciones, y momentáneamente los pacifica, prepara el camino para el advenimiento de Obregón. Además le otorga una amnistía a Francisco Villa que había tomado Sabinas Coahuila para presionar al gobierno, con el fin de lograr un armisticio, Villa depone las armas y en compensación se le otorgan la hacienda de Canutillo, cerca de Parral, Chihuahua, para que se retire “en santa paz”. En materia cultural y educativa logra avances significativos, convoca a elecciones, las cuales gana su compañero, jefe del grupo y amigo. El 1 de diciembre de 1920 toma posesión Álvaro Obregón como Presidente de la República.

Con el grupo Sonora, precisamente con el Gobierno de Álvaro Obregón, se inicia la consolidación de un grupo y la adopción de un sistema político para ya no dejaría el poder. Aquí se integra el Sistema Político Mexicano (SPM) con los vicios del Porfiriato y con aportaciones propias que con el tiempo fueron afinando con reglas no escritas a manera de usos y costumbres, que prevaleció durante todo el resto del siglo XX (aunque ya no en forma unipartidista) incluso en las 3 primeras administraciones del XXI. La personalidad de Obregón es la de un hombre sumamente inteligente y carismático, con una memoria privilegiada; era un tipo simpático, con sentido del humor y un aura de semidiós por sus “ocho mil kilómetros en campaña”. Con cinismo y tomándolo a broma reconocía que le gustaban los centenarios [1], sobre todo los ajenos, y creía que en el medio político no había quien resistiera un “cañonazo de cincuenta mil” (mil centenarios).

Obregón inicia su mandato con una dualidad que, para bien y para mal, marca el inicio del sistema que prevalecería durante el tiempo:

Por un lado encarga la cartera de la nueva Secretaría de Educación Pública a José Vasconcelos, quien aunque con una personalidad cuestionada por diversos motivos; comienza con el impulso de la educación de manera notable y promueve un desarrollo artístico y cultural excepcional; se preocupa por consolidar la identidad nacional, haciendo énfasis en las manifestaciones culturales que dieron origen a México como nación: la mexica y la española; da participación y promoción a una pléyade de valores de excepción; Impulsa el florecimiento de las artes, principalmente el muralismo con figuras como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros; promueve el humanismo en todas sus expresiones y la publicación de libros de cultura general accesibles para todos.

Por otro lado, está la cara opuesta de la moneda; el manejo del poder a manera de un caudillo que no paraba en miramientos ante nada ni ante nadie para lograr sus fines. En estas condiciones, asocia a su grupo al sindicalista Luís N. Morones, líder de la Confederación Regional Obrera Mexicana, CROM, fundada por Carranza y antecesora de la CTM que crearía Cárdenas en 1936. A partir de aquí, la CROM será muy útil al gobierno como uno de tantos instrumentos para consolidar el poder político, mediante la corrupción, que posteriormente utilizaría el sistema para controlar y mediatizar al movimiento obrero, utilizándolo sólo con actitud clientelar. Lo que ha hecho a través de líderes corruptos que han propiciado que el sector de los trabajadores en México sea uno de los más desfavorecidos y mal pagados a nivel mundial, contraviniendo así uno de los principales postulados revolucionarios.

Otra de las grandes preocupaciones de Obregón y que también ha sido y es una constante del actual sistema, aunque de diferente manera, fue la necesidad del reconocimiento de los Estados Unidos. Por lo que se entablaron pláticas entre los dos gobiernos, promovidas por Alberto J. Pani, Secretario de Relaciones Exteriores, en un edificio ubicado en las calles de Bucareli, dando así nombre a los tratados que de allí surgieron. Que en términos generales se circunscribieron oficialmente a la formación de dos convenciones; la primera para los reclamos de los ciudadanos norteamericanos por daños sufridos durante las guerras de revolución de 1910 a 1920. La segunda, otra convención por las mismas causas pero de 1868 a la fecha, y un acuerdo extra oficial (por debajo de la mesa) que se centraba en que los gobiernos “revolucionarios” se comprometían a mantener como letra muerta el artículo 27 constitucional. Todo esto se acordó el 13 de agosto de 1923, logrando el reconocimiento de los EUA, 18 días más tarde.

Anticipándose a las mafias de Chicago, Obregón manda fusilar al último jefe carrancista siempre fiel a don Venustiano, el general Francisco Murguía. También, ese mismo año asesinan en Parral, Chihuahua, a Francisco Villa. Y cuando deciden que el siguiente en la Presidencia será Calles, Adolfo de la Huerta se siente traicionado y se levanta en armas en Veracruz. Derrotado el ex presidente, de la Huerta emigra a los EU., Calles naturalmente es electo y toma posesión como Presidente de México el 1 de diciembre de 1924.

Plutarco Elías Calles asume la Presidencia como un potencial estadista y, contra todos los pronósticos no se convierte en alguien que puedan manejar a su antojo los Estados Unidos y los intereses norteamericanos. Es más, sólo respeta parcialmente la parte oculta adjunta a los Tratados de Bucareli y reglamenta las concesiones petroleras, al punto que el gobierno mexicano es calificado por ellos de “bolchevique”. Inicia la reconstrucción del país dando un gran impulso a la infraestructura carretera. En materia económica tiene la gran ayuda de Manuel Gómez Morín, con quien funda en agosto de 1925 el Banco de México, una de las instituciones que ha prevalecido con mayor seriedad e independencia hasta principios del siglo XXI (siempre que las circunstancias lo han permitido). El gobierno de Calles se caracterizó por el fortalecimiento de las instituciones post-revolucionarias. Sin embargo no hace efectivo el derecho de huelga para defensa de los trabajadores y refuerza el dominio sindical para su control.

Contrastan los inicios de un gobierno inteligente con los arrebatos autoritarios del Presidente Calles por la cuestión religiosa, que en 1926 había llegado a situaciones ridículas como los auspicios para la creación de la Iglesia Apostólica Mexicana, promovida por Morones, el de la CROM. Se decía que Calles, de esta manera pretendía crear una iglesia “nacionalista” independiente de Roma. A pesar de que la Revolución y la Constitución de 1917 habían establecido el Estado laico. Paradójicamente, por ignorancia y oportunismo, un gobierno “emanado de la revolución” trataba de establecer ahora por interpósitas personas una Iglesia presuntamente oficial. Tal era el grado de la costumbre al paradigma del Estado confesional, ellos además, sabían que la Iglesia es un fuerte instrumento político para la manipulación de las conciencias, pero ingenuamente idearon algo absurdo.

Por declaraciones controversiales y acusaciones cruzadas en la prensa, por parte del clero y del gobierno, en 1926 el Presidente reacciona con el estómago y no con la cabeza. Ordena a todos los gobernadores aplicar rigurosamente el artículo 130 constitucional, reglamentándolo y prohibiendo el culto religioso en las escuelas, so pena de ser cerrados los planteles, exhibiendo así una intolerancia irracional. La jerarquía eclesiástica, astuta y mal acostumbrada al poder y a que se le rindiera pleitesía; mañosamente mando cerrar las iglesias al culto para hacer creer que era el gobierno quien lo ordenaba y engañar a la opinión publica y exaltar irresponsablemente los ánimos y el fanatismo religioso. Por ambas partes se calientan los ánimos y se estimulan posiciones radicales irresponsables y fanáticas. Se enciende otra vez la lucha armada (la Guerra de los Cristeros) pero ahora por causas religiosas, convocada en forma contradictoria e irresponsable, paradójicamente por las autoridades eclesiásticas, al grito de guerra de: ¡Viva Cristo Rey!, Viva Santa María de Guadalupe! Fue un enfrentamiento cruento, irracional, cargado de fanatismo religioso y actitudes jacobinas, y estúpidas por ambas partes. Al igual que todas las confrontaciones violentas, la guerra cristera ocasionó decenas de miles de víctimas inocentes.

En 1927, Álvaro Obregón decidió volver a presentarse para la Presidencia de la República, manipulando previamente las reformas constitucionales necesarias en acuerdo con el Presidente Calles y haciendo caso omiso del principio de no reelección por el que se había luchado. Mandó asesinar a sus principales oponentes y “gana” las elecciones. Pero él, a su vez, es asesinado por José de León Toral, el 17 de julio de 1928, mientras comía durante una apacible tarde de verano, en un acto público en el que le era ofrecido una comida en el parque La Bombilla en San Ángel, al sur de la Ciudad de México. Sin habérselo propuesto, de León Toral, un fanático religioso, cortó de tajo otra etapa del caudillismo mexicano, eliminando a un nuevo dictador en potencia que, paradójicamente, tenía una actitud hacia la Iglesia católica mucho más amigable que la del propio Calles.

Por la experiencia última de Obregón, Calles se convenció de que no era viable ni aceptable proceder como Porfirio Díaz, reeligiéndose per secula seculorum. Muerto Obregón, se niega a dejar el poder; pero para guardar las apariencias, se hace designar como el «Jefe Máximo de la Revolución», para de esta manera seguir controlando el poder que sólo en la forma ejercerían los subsecuentes «presidentes», convirtiéndose de esta manera en el gran elector y por ese medio seguir controlando el gobierno de la República en sus tres poderes. Lo que de hecho haría el sistema político mexicano SPM que se estaba estructurando.

La presidencia dejada por Obregón, por decisión del general Calles, es sustituida por el político tamaulipeco Emilio Portes Gil mediante su designación oficial a cargo del Congreso, para asumir en forma interina el poder Ejecutivo, el 1 de diciembre de 1928, período que terminaría el 5 de febrero de 1930.

Mientras tanto el enfrentamiento cristero no terminaría sino hasta 1929 con un sinnúmero de bajas por ambos bandos, y mediante la conciliación del gobierno interino del Presidente Emilio Portes Gil. Lo que es absolutamente incomprensible; es que después de haberse cometido un craso error por parte de las autoridades eclesiásticas de ese tiempo, actuando totalmente en contra de la doctrina de Cristo, se trate como “mártires” a los que ellos mismos mandaron irresponsablemente al matadero estimulando su fanatismo y ahora en pleno siglo XXI, se pretenda canonizarlos. Paradójica e irresponsablemente en febrero de 2013, el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa (o él mismo) y las autoridades eclesiásticas; hicieron clamar enfáticamente en Guanajuato, nada menos que al Papa Benedicto XVI el grito de guerra de los cristeros «¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva Santa María de Guadalupe!»;  utilizándolo irrespetuosamente en conflictos internos originados por el prejuicio religioso. Entregándole además un cuadro de “Cristo Rey” en donde aparece un Cristo con corona y cetro de oro y piedras preciosas [2]. Cuando la figura de Cristo siempre fue de sencillez y humildad y él había dicho, con este motivo, en forma muy clara “Mi reino no es de este mundo” [3]. No es difícil que posteriormente, al darse cuenta Benedicto XVI en lo que lo habían metido; haya sido esta, una de las muchas causas que influyeron para su abdicación.

Sistema político unipartidista

Emilio Portes Gil había sido un excelente abogado y demostró ser buen político, lo cual puso de manifiesto durante el breve lapso que le tocó presidir la República, actuando conciliadoramente, respetando el papel que había asumido Calles como “Jefe Máximo de la Revolución”, pero sin descuidar su responsabilidad administrativa. Por su parte, Calles había aprendido bien la lección del legado del Porfiriato y él también ordenaba que “mataran en caliente” a todo aquel que se le opusiera o que pudiera representar un obstáculo; ejemplos sobran: ahí están presuntamente los asesinatos de Serrano y del general Gómez, previos a la elección de Obregón. Incluso se especuló que el asesinato de Obregón pudiera tener la misma factura. Este solo hecho y la forma arbitraria de ejercer el poder; lo alejan para siempre de la posibilidad de haber sido considerado como uno de los estadistas que tanto necesitaba México. Y lo ubican como un monarca absoluto, cliché que han querido repetir muchos de sus sucesores, que ante la imposibilidad constitucional de seguir en la presidencia, utilizaron el sistema político para ejercer una virtual dictadura de partido.

Después de todas las previsiones tomadas por el Maximato de Calles, para estabilizar la gobernabilidad, éste preparó hábilmente el camino para la solución de uno de los grandes problemas pendientes, tal vez el más grande de todos: el de las antiguas y nuevas facciones de grupos armados en toda la República, que amenazaban con encender, otra vez, la lucha cruenta en busca del poder, por el poder mismo ya que la ideología y los ideales revolucionarios era lo que menos les interesaba, los movía las ansias de poder al que se habían acostumbrado y la codicia que sin éste no podía ser satisfecha. Surge así, por lo tanto; una medida política hábil e inteligente para lograr consolidar el poder en el grupo auto denominado revolucionario, y darle a cada facción parte del poder, o así hacérselo creer. En esta forma lograr que la actuación política de las diferentes grupos fuera a través de un partido político que los uniera e identificara a todos. Esta nueva organización tendría el objeto de consolidar la hegemonía política, para ser utilizada como pieza clave del nuevo sistema; que tendría como misión salvaguardar y conservar el poder a toda costa. Así, en 1928, es concebido por Plutarco Elías Calles el Partido Nacional Revolucionario (PNR), que surge a la vida nacional en marzo de 1929, durante la administración del Presidente Emilio Portes Gil.

El PNR se estrena con las elecciones presidenciales de finales de 1929, en donde se enfrentaba el ingeniero Pascual Ortiz Rubio, candidato de Calles y del PNR, político michoacano culto, a José Vasconcelos, el ex secretario de educación de Obregón, quien como hemos visto, había hecho una magnífica labor en bien de la educación y la cultura y por supuesto era el candidato de los intelectuales a través del Partido Nacional Anti reeleccionista. Por supuesto, el Jefe Máximo no iba a permitir que un candidato opositor le ganase al del Partido de la revolución recién inaugurado. Y después de una elección de resultados no muy claros y muy discutidos, como serian casi todas de aquí en adelante, “ganó” el candidato del PNR. Esta sería la misma historia durante los próximos 70 años. Se iniciaba así una maquinaria política “invencible” que se adueñó del poder político y del país, aliándose al poder económico de muchos empresarios que veían en él, el mejor instrumento de progreso económico y “paz social” sin importar que no fuera de justicia social y procesos éticos.

Aquí, no nace el actual sistema político mexicano, (SPM) porque sus orígenes debemos ubicarlos en el Porfiriato, pero sí se consolida y perdura hasta nuestros días. Aunque hay que decirlo, ahora, a partir del siglo XXI, con una disminución en la fuerza que lo caracterizaba, por el simple hecho de haber perdido la Presidencia, que era la cabeza de todo el sistema, incluso del PRI. Esto fue después de 70 años por las primeras elecciones presidenciales ganadas por “la oposición” en el año 2000. Sin embargo, muchas de las reglas del juego y de los vicios tradicionales, no solo han prevalecido sino que han florecido y retoñado en los dos nuevos gobiernos de PAN que lo adoptaron con jubilo y desvergüenza. Esto ha sido por falta de principios, de experiencia y de conocimiento en el manejo político, por falta de decisión política y de autoridad moral de los líderes de la oposición que asumieron el mando. ¿Lo habrán asumido en realidad? Ellos pensaban medrosamente, porque así se lo hicieron creer; que los cambios eran imposibles de hacer en forma inmediata, que no se debían hacer “de la noche a la mañana”. Y no se daban cuenta que mientras tanto esperaban sentados, en medio de “arenas movedizas” que poco a poco se los fueron tragando irremediablemente. Los nuevos gobernantes, particularmente el Presidente que fue electo en el 2000; de una manera inexplicable que lo menos que denota es ingenuidad; en los hechos revitalizó al sistema que había dicho que combatiría y se alió con figuras de negro historial, como Carlos Salinas de Gortari y Elba Esther Gordillo. Aquí se repitió otra vez el mismo error que Madero cometió en 1910, aunque en diferentes circunstancias y personas, con las que no existe comparación histórica;

Por otro lado y volviendo en el tiempo, hay que reconocer que en un principio el esquema del sistema político iniciado por Calles, dio resultados efectivos al pacificar al país. Es indudable que la sociedad recibió con beneplácito la posibilidad de vivir y trabajar en paz, tal como sucedió en la época del Porfiriato. Y como en las dictaduras socialistas, también ellos se exhibían ante el mundo como una “democracia” sin el menor rubor. La creación del PNR, más que para compartir el poder, ya que eso no estaba en los esquemas que tenía en mente que el Jefe Máximo de la Revolución; era hacer sentir a los grupos o facciones que sí, que verdaderamente se estaba repartiendo el botín político y económico por medio de posiciones de poder dentro del partido y verdaderas reparticiones importantes para muchos de “la rentabilidad económica que toda actividad política conlleva”, según la lógica del sistema.

El PNR sirvió también como instrumento para el Maximato de Calles, ejerciéndolo, como hemos visto, sobre Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio, Abelardo L. Rodríguez, sobre el Legislativo, el Judicial, los gobiernos de los estados y sobre la totalidad del país. Imponiendo una cultura política de autoritarismo, mediante la simulación, la mentira, la corrupción. Todo con practicas antidemocráticas y una buena dosis de intolerancia y mano dura, aunque a veces viniera en seguida y como sistema la sobada de la espalda para tratar de dejar a todos contentos. De aquí surgiría después la metáfora de Octavio Paz; “El Ogro Filantrópico” porque se apoderaron no solo del gobierno sino del Estado mismo y porque se ejercía un férreo control que muchas veces no está de más; pero haciéndose pasar como benefactores de la sociedad, con un profundo sentido “filantrópico”. Esto no difería en nada del Porfiriato que supuestamente combatieron. Todo lo contrario, si lo vemos bien, el nuevo grupo no sólo conservó todos los vicios de la dictadura porfirista, sino que los perfeccionó, teniéndolos a bien como «sabiduría política», “la cultura del sistema” y estructurando con éstos las bases de lo que ellos mismos llamaron desde entonces, “las reglas del juego”.

antonio fuentes flores.

 

[1] Monedas de oro con valor de 50 pesos oro nacional, emitidas por Porfirio Díaz para conmemorar el centenario de la guerra de independencia

[2] “Mi reino no es de este mundo”, dejó establecido con firmeza y claridad, aunque más tarde los reyes y la alta jerarquía eclesiástica lo hicieran rey; “Cristo Rey” con corona y cetro de oro y piedras preciosas, para que se pareciera a ellos, porque ellos con su manera de ser y actuar nunca se parecerían a Jesucristo.

[3] Evangelio según San Juan 36

Textos tomados de «México y su Realidad» Ensayo de Antonio Fuentes Flores, que es

un e-book que se puede conseguir la versión en español en AMAZON

[1] El Porfiriato se había enseñoreado del país desde 1877.

[2] Pienso que una vez que se logre plenamente el sufragio efectivo, la disposición legal de “la no reelección” deberá ser revisada para estudiar los casos en que pudiera ser derogada.

Textos tomados de «México y su Realidad» ensayo de Antonio Fuentes Flores e-book 3a Edición de venta en AMAZON

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2 pensamientos en “CÓMO FUE LA REVOLUCIÓN MEXICANA DE 1910

  1. La historia de nuestro País la han forjado seres humanos con defectos y virtudes, lo único que podemos desear es que sean mayores éstas últimas, sin embargo las circunstancias han cambiado, por medios electrónicos la gente se entera de lo que pasa, ejercicios como esta página nos ayudan a entender nuestro pasado y al mismo tiempo darnos cuenta que nuestro futuro no va a estar supeditado a la voluntad de un hombre sino que la sociedad puede influir en él.

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